Gótic. «I tu que ho veies tot tan facil»

Quienes me váis siguiendo probablemente os hayáis percatado de que, en lunes alternos, trato de poner en valor a grupos españoles de pop y de rock que, de una u otra manera, han calado en mi gusto musical y, sobre todo, en mi vida. Por eso han ido apareciendo bastantes bandas setenteras de rock urbano madrileño, como Asfalto, Topo, Barón Rojo, Burning o Cucharada. Aunque con algo más de distancia, en aquellos años 70’ y 80’ también disfruté enormemente de los grupos catalanes, en líneas generales menos pasionales que los madrileños pero de una exquisited y un gusto musical fuera de lo común. Sobre todo destacaron en el rock progresivo, hablo de bandas como Máquina, Pan y Regaliz, Atila, Fusioon, Iceberg o el grupo que hoy nos ocupa: Gótic. Éstos últimos sólo publicaron un trabajo: “Escenes” (1978), completamente instrumental, en el que los teclados, las flautas y, por supuesto, el resto de instrumentos habituales nos conducen por un dulce, delicado y placentero viaje a través de un rock sinfónico armonioso y de una altísima calidad musical, yo diría que muy en la línea de los mejores Camel, pero con algunas pinceladas de jazz y un sabor mediterráneo que impregna todo el disco. Hoy no debería poner una canción, más bien el disco entero, sobre todo para que disfruten y se relajen aquellos que aún no conozcan esta maravilla (aquí tenéis el álbum completo); no obstante, para los que no tengan tiempo, ganas o tengan reservas hacia este estilo musical, os invito a una muestra de “Escenes”, su penúltimo tema: “I tu que ho veies tot tan facil”, en el que la guitarra eléctrica, la flauta y el órgano son protagonistas. La última canción, “Historia d’una gota d’aigua”, es también sensacional.

Gary Moore y Phil Lynnott. «Parisienne Walkways»

Hace algunos meses, cuando este blog aún no existía y mataba el gusanillo poniendo canciones a mis amigos de facebook, me ocupé de uno de los grandes del blues-rock de estos últimos veinticinco años: Gary Moore; entonces proponía una versión del clásico «All your love» y prometía una balada para la próxima ocasión. No ha sido fácil elegir una, y no precisamente porque tenga pocas o de mediocre interés; es precisamente una de sus especialidades, tanto en su etapa más hard como en la más blusera. Precisamente el giro de Gary Moore hacia el blues se produce, de manera explícita, con su disco «Still got the Blues» (1990) y no lo abandonará hasta su temprana muerte, en Estepona (Málaga), en el año 2011. Su faceta de baladista se intensificó con este estilo, no en vano el tema homónimo de ese gran álbum editado en 1990 es una de las canciones más conocidas del nor-irlandés. Sin embargo, yo voy a proponer otra más antigua, de su segundo álbum en solitario («Back on the streets»), publicado en 1978 y en el colaboraron algunos excompañeros de banda, y amigos, como Phil Lynnott y Brian Downey, de Thin Lizzzy, Don Aire y John Mole de Coloseum II y el batería Simon Phillips, que luego sería conocido por su trabajo en Toto. El tema elegido es el que cierra este álbum, «Parisienne Walkways», compuesto por el mencionado Lynnott y el propio Moore a partir de un tema de jazz de Denny Dorham: «Blue Bossa«, al cual enlazo para que comprobéis esta circunstancia. Al igual que hice con «All your love», os dejo con un fantástico directo, en el que Moore y Lynnot nos deleitan con este bonito tema, una avanzadilla de la música con la que, doce años después, nos maravilló este magnífico guitarrista.

Steely Dan. «Do it again»

Hay bandas que necesitan del directo para expresarse y comunicar en toda su plenitud, que vibran y nos hacen vibrar cuando suben al escenario (seguro que cada uno de nosotros tiene su preferida). Otras, en cambio, prefieren la tranquilidad y los medios técnicos que ofrecen los estudios de grabación, los estadounidenses Steely Dan son un ejemplo de ello. Más que un grupo deberíamos hablar de un dúo, el formado por los excelentes músicos Walter Becker y Donald Fagen que, en la medida que lo creían oportuno, utilizaban otros instrumentistas -algunos de renombre- en la grabación de sus discos. Este grupo-dúo funcionó entre 1972 y 1980, durante ese período publicaron siete álbumes (más algún recopilatorio), después se separaron y, años después, volvieron a retomar la actividad. «Do it again» pertenece a su primer disco, titulado «Can’t buy a thrill»; es, tal vez, su canción más conocida y en ella podemos apreciar bien su estilo: un rock melódico muy sofisticado, cercano al pop y, sobre todo, al jazz. Estamos ante un grupo bastante singular que, aunque por concepto musical, podríamos alinearlo junto a otras formaciones de jazz-rock como Chicago o Blood, Sweat & Tears, tienen un toque pop y cierto aire sureño que es muy característico de ellos; tampoco me parece que sea el clásico grupo de rock melódico o AOR, mas que nada por la complejidad de algunas de sus propuestas, no siempre del gusto del gran público.

Asfalto. «Días de Escuela»

La historia del grupo madrileño Asfalto se remonta a 1972, aunque no disponen de una primera formación estable hasta 1975. Tras un homenaje a los Beatles (no figura en su discografía, aunque yo, en su momento, pude hacerme con este trabajo), publican su primer álbum (“Asfalto”, 1977), en el que se incluyen canciones tan conocidas como “Capitán Trueno”, “Rocinante” o, la elegida para hoy, “Días de Escuela”. El estilo de este mítico Lp fluctúa entre el rock urbano y el progresivo, una circunstancia que, probablemente, propició la ruptura del grupo, del que salieron José Luis Jiménez y Lele Laina para crear, inmediatamente, otra de las bandas importantes que tuvo el rock madrileño durante los años previos a “La Movida”: Topo (hace unos meses me ocupaba de este grupo y de su tema “Mis Amigos”). Mientras que Topo optó, claramente, por el rock urbano, Asfalto fue incrementando su gusto por el progresivo, algo especialmente evidente en sus siguientes trabajos. “Días de Escuela” es un claro ejemplo de esa conjunción de intereses, entre el concepto aguerrido de Topo y el más elegante de Asfalto; el resultado es esta historia, que cuenta cómo eran aquellos años (allá por los 60’) en los que los alumnos formaban “frente a una cruz y a ciertos retratos” y donde los himnos fascistas aún estaban presentes, una época de leche en polvo, queso americano y estufas que no calentaban “ni a Dios”. Dedicada a todos/as los que son padres y madres: “Y ahora tú qué pensarás, si cuando más me oprimían más amé la libertad. Y es a ti a quién canto hoy. Enseña a tu hijo, enseña a tu hijo a amar la libertad”.

Genesis. «Firth of Fifth»

De todas las grandes bandas de rock sinfónico que nacieron a finales de la década de los sesenta y comienzos de los setenta, Genesis es, tal vez, la que mejor ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y, lo que es más importante, a los cambiantes paladares de los aficionados a la música. Tras su formación en 1968 y un primer disco de corte folk-pop, publicaron cinco álbumes que siguen siendo obras de referencia de este género. En 1975 abandonó el grupo su carismático líder, Peter Gabriel, para iniciar una exitosa carrera en solitario. El bastón de mando recayó en el batería Phil Collins que, de manera paulatina, fue alejando al grupo de lo que empezaba a ser un estilo anticuado, para acercarlo a sonidos más próximos al pop y al rock melódico. “Firth of Fifth” es la tercera canción de “Selling England by the Pound” (1973), uno de los mejores discos de Genesis. Estamos ante nueve minutos y medio de rock sinfónico excepcional, construido sobre un melodioso hilo conductor a cargo de Peter Gabriel y un poderosa presencia de los teclados y la flauta, que impregnan toda la composición; sin embargo, lo más interesante de esta pieza, lo verdaderamente emocionante, es el solo de guitarra de Steve Hackett, que comienza en el minuto 5:48 para transformarse, a partir del 6:30, en una maravillosa réplica de la parte interpretada a la flauta minutos antes. Dos minutos para recordar, de los más bellos que se pueden escuchar en el rock progresivo.