La historia del grupo madrileño Asfalto se remonta a 1972, aunque no disponen de una primera formación estable hasta 1975. Tras un homenaje a los Beatles (no figura en su discografía, aunque yo, en su momento, pude hacerme con este trabajo), publican su primer álbum (“Asfalto”, 1977), en el que se incluyen canciones tan conocidas como “Capitán Trueno”, “Rocinante” o, la elegida para hoy, “Días de Escuela”. El estilo de este mítico Lp fluctúa entre el rock urbano y el progresivo, una circunstancia que, probablemente, propició la ruptura del grupo, del que salieron José Luis Jiménez y Lele Laina para crear, inmediatamente, otra de las bandas importantes que tuvo el rock madrileño durante los años previos a “La Movida”: Topo (hace unos meses me ocupaba de este grupo y de su tema “Mis Amigos”). Mientras que Topo optó, claramente, por el rock urbano, Asfalto fue incrementando su gusto por el progresivo, algo especialmente evidente en sus siguientes trabajos. “Días de Escuela” es un claro ejemplo de esa conjunción de intereses, entre el concepto aguerrido de Topo y el más elegante de Asfalto; el resultado es esta historia, que cuenta cómo eran aquellos años (allá por los 60’) en los que los alumnos formaban “frente a una cruz y a ciertos retratos” y donde los himnos fascistas aún estaban presentes, una época de leche en polvo, queso americano y estufas que no calentaban “ni a Dios”. Dedicada a todos/as los que son padres y madres: “Y ahora tú qué pensarás, si cuando más me oprimían más amé la libertad. Y es a ti a quién canto hoy. Enseña a tu hijo, enseña a tu hijo a amar la libertad”.
Categoría: Rock
Genesis. «Firth of Fifth»
De todas las grandes bandas de rock sinfónico que nacieron a finales de la década de los sesenta y comienzos de los setenta, Genesis es, tal vez, la que mejor ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y, lo que es más importante, a los cambiantes paladares de los aficionados a la música. Tras su formación en 1968 y un primer disco de corte folk-pop, publicaron cinco álbumes que siguen siendo obras de referencia de este género. En 1975 abandonó el grupo su carismático líder, Peter Gabriel, para iniciar una exitosa carrera en solitario. El bastón de mando recayó en el batería Phil Collins que, de manera paulatina, fue alejando al grupo de lo que empezaba a ser un estilo anticuado, para acercarlo a sonidos más próximos al pop y al rock melódico. “Firth of Fifth” es la tercera canción de “Selling England by the Pound” (1973), uno de los mejores discos de Genesis. Estamos ante nueve minutos y medio de rock sinfónico excepcional, construido sobre un melodioso hilo conductor a cargo de Peter Gabriel y un poderosa presencia de los teclados y la flauta, que impregnan toda la composición; sin embargo, lo más interesante de esta pieza, lo verdaderamente emocionante, es el solo de guitarra de Steve Hackett, que comienza en el minuto 5:48 para transformarse, a partir del 6:30, en una maravillosa réplica de la parte interpretada a la flauta minutos antes. Dos minutos para recordar, de los más bellos que se pueden escuchar en el rock progresivo.
The Rolling Stones / Rick Wakeman / M Clan. «Paint it Black»
Si la canción protagonista de la última entrada fue la antibélica “Querida Milagros”, de El Último de la Fila, hoy nos ocupamos de uno de los temas que más me gustan de los Rolling Stones, “Paint it Black” (1966), habitualmente asociado a la Guerra del Vietnam por su inclusión en videojuegos, series y, sobre todo, películas –la más conocida es “La Chaqueta Metálica”, del gran maestro Stanley Kubrick- asociados a este conflicto bélico. Sin embargo la canción no habla de la guerra, sino de dolor y desesperación por la pérdida de alguien querido, donde lo negro simboliza la muerte y se repite de manera obsesiva; al parecer la idea la tomaron de los funerales de la Reina Victoria, cuando se pintaron puertas y rejas de ese color. Fue compuesta por Keith Richards y Mick Jagger, aunque intervinieron en ella todos los miembros del grupo, que aceleraron la canción e introdujeron algunos de sus elementos más característicos, como el hipnótico riff de sitar de Brian Jones y la enérgica batería de Bill Wyman, con esa entrada inolvidable al comienzo de la canción. Existen muchas versiones debidas a grupos de Hard y Metal, como las de W.A.S.P., Anvil, Type O Negative, The Black Dahlia Murder o, incluso, Deep Purple; sin embargo, me he decidido por otra instrumental francamente sorprendente, la debida al ex miembro de la banda de rock progresivo Yes, Rick Wakeman, uno de mis teclistas preferidos. La última tenía que ser para un grupo español; bien podría haber sido la de Los Salvajes o, incluso, la de Medina Azahara, pero ese “Todo negro” de M Clan, grabado en directo (“Sin enchufe”, 2001), creo que aún sigue estando en la memoria de todos.
Johnny Winter. «Johnny B. Goode» / «Jumpin’ Jack Flash» / «Sweet Home Chicago»
“Estoy escuchando en Rock FM ahora mismo que Johnny Winter ha muerto. Vaya palo. Dedícale algo en la guitarra de las musas amigo”. Así se expresaba ayer Salva, cuando me contestaba a un comentario que le había realizado en su blog Mentalparadise. Las entradas de los viernes las suelo dedicar a aquellos estilos que caminan conmigo desde siempre, que han dejado una huella imborrable en mi gusto musical: el rock progresivo, el rock psicodélico, el rock melódico, el hard rock o el género en el que destacó Johnny Winter, el blues-rock, en este caso tal y como lo entendían en los estados americanos del sur. Nacido en 1944, en la ciudad texana de Beaumont, mostró interés por la música desde niño, primero con el clarinete y el ukelele, luego con la guitarra el instrumento que lo encumbró y lo llevó a participar en el Festival de Woodstock (1969). Un año antes había grabado su primer trabajo, “The Progressive Blues Experiment” (1968). Desde entonces no ha dejado de publicar discos y de actuar en directo; de hecho, según he podido leer, la muerte le sobrevino ayer mismo en un hotel de Zurich, donde se alojaba con motivo de la gira que estaba realizando por Europa. Nos ha dejado uno de los pioneros del blues-rock con una manera de entenderlo muy próxima al hard rock, por su actitud en el escenario y por su contundente y aguerrida manera de cantar y tocar la guitarra. Los que ya me váis conociendo sabréis de mi interés por las buenas versiones; hoy os voy a dejar dos superclásicos interpretados por este albino desgarbado que, lamentablemente, ayer nos dejó: Johnny B. Goode, de Chuck Berry, y Jumpin’ Jack Flash, de los Rolling Stones; para finalizar, os enlazo a una entrada anterior de este blog, una increíble “Jam Sessión” a cargo de un grupo de guitarristas de tronío, entre ellos un ya mermado Johnny Winter, haciendo frente al conocidísimo tema de Robert Johnson “Sweet Home Chicago”. Descanse en paz.
Canción número 100: Jethro Tull. «Elegy»
Este blog cumple hoy su canción número cien. Muchísimas gracias a todos por haber tenido la paciencia de aguantar mis propuestas y parrafadas; y, sobre todo, por vuestra contribución, en forma de aprobaciones y comentarios, sin ella probablemente no hubiera llegado a la centena. Para celebrarlo mañana nos vamos, Bonustrack y yo, al concierto que Jethro Tull tiene programado en Madrid. En alguna ocasión he manifestado que este es uno de los grupos que están conmigo desde mi adolescencia (de esto hace ya muchos años) y, sin embargo, nunca los he llegado a ver en directo; para mi es un acontecimiento que supera lo musical, espero que me transporte a aquellos años del instituto en los que lucía mi chapita de Ian Anderson prendida en mi jersey. Como soñar es gratis, allá van los temas que me gustaría escuchar mañana: «Dharma for one», «It’s breaking me up», «A song for Jeffrey», «A new day yesterday», «Bouree», «Teacher», «Living in the past», «Driving song», «Sweet Dream», «Thick as a brick», «Minstrel in the Gallery», «Cold wind to Valhalla», «Black Satin Dancer», «Requiem», «Aqualung», «Cross-Eyed Mary», «My Good», «Locomotive Breath», «Too Old to Rock ‘n’ Roll: Too Young to Die!», «Songs from the Wood», «Hymn 43» y «Elegy». La última de esta lista pertenece al álbum «Stormwatch» (1979), para mi gusto el último gran trabajo de este grupo; a partir de aquí les perdí un poco la pista y, he de decir, que lo que he ido escuchando de ellos ya no me ha gustado tanto. «Elegy» es la única canción del disco que no está compuesta por Ian Anderson, sino por el teclista David Palmer. En esta actuación en directo, de donde está tomado el video de hoy, dedicaron este bellísimo tema instrumental a su bajista John Glascock, fallecido en 1979.