En anteriores entradas me ocupaba de algunas canciones que, entiendo, son representativas del periodo seminal del rock & roll; de un lado aquellas aportadas por la comunidad negra, como «What’d I say» o «Caldonia» y, por otro, temas como «Jambalaya«, procedentes de country. La gran contribución de Elvis Presley en la creación del rock & roll radica en su capacidad para fusionar ambas propuestas, hasta entonces bastante compartimentadas; Elvis se movía y cantaba como si fuera un afroamericano pero aportando también la cultura característica del colono americano. Si hay una canción que representa bien este espíritu esa es «Jailhouse Rock»; fue escrita por Jerry Leiber y Mike Stoller, dos compositores bien conocidos en aquella época, que ya tenían en su haber temas como «Stand by me«, y lanzada al mercado, en la voz de El Rey en 1957. Ese mismo año se estrenaba el largometraje musical del mismo nombre, dirigido por Richard Thorpe e interpretado por el mismísimo Elvis Presley, cuya capacidad como actor nunca ha estado a la altura de sus cualidades musicales, a pesar de las muchas películas que rodó. Es normal que un tema tan emblemático como éste haya tenido muchas versiones; desde las más clásicas, como las de Jerry Lee Lewis, Tom Jones, Carl Perkins, Adriano Celentano o las de los españoles Enrique Guzmán, Bruno Lomas o Miguel Ríos, hasta las más cercanas al hard rock. En este sentido, es bastante curioso constatar la abundante cosecha de versiones de esta índole: ZZ Top, Mötley Crüe, Patti Smith o las dos seleccionadas para acompañar la original de Elvis: la que nos dejó el grupo británico Queen, incluida en el álbum en directo «Queen Rock Montreal» (2007), aunque es probable que ya la tocaran desde los inicios del grupo, formando parte de un «Rock & Roll Medley»; y la grabada por The Jeff Beck Group en su álbum «Beck-Ola» (1969), en el que participaron, además de este excepcional guitarrista, Rod Stewart y Ronnie Wood.
The Supremes. «Wonderful! Wonderful!»
A comienzos de 1959 el compositor y empresario musical Berry Gordy creaba, en Detroit, la casa discográfica «Tami Records» que, poco tiempo después, se convertiría en «Motown Records», una productora musical de gran éxito en los años sesenta, especializada en soul, R&B, pop y, en general, música negra. A la Motown pertenecieron artistas y grupos como The Marvelettes, The Temptations, Martha & the Vandellas, Stevie Wonder, The Jackson Five, Rare Earth, The Isley Brothers o The Supremes, inicialmente conocidas como The Primettes hasta que, en 1961, firman por este sello discográfico y cambian definitivamente su nombre. Estuvieron en activo hasta 1977, aunque su etapa dorada fue la comprendida entre 1961 y 1970, año en el que Diana Ross abandona el grupo para iniciar una exitosa carrera en solitario. El trío clásico, el que tuvo mayor proyección, estuvo formado por Florence Ballard, Mary Wilson y Diana Ross, quien acabó por arrinconar a la que, hasta entonces, había sido la solista: Florence Ballard. Hasta tal punto fue así que, entre 1966 y 1967, Diana Ross conseguía cambia el nombre del trío por el de Diana Ross & The Supremes. Ballard no aguantó y acabó abandonando el grupo, y su propia vida; en 1976, cuando su enemiga triunfaba en solitario, moría de un infarto, como un juguete roto, olvidada, pobre y alcoholizada. En el año 2007 se estrenó «Dreamgirls», la historia del trío vocal «Dreamettes» -en clara alusión a The Supremes-, donde se escenifica esta historia. «Wonderful! Wonderful!», incluida en su álbum «I hear a symphony» (1966), probablemente no es su tema más conocido pero siempre me acuerdo de él por su inclusión en la serie Expediente X, en concreto en el capítulo titulado «Home«, donde se nos narra una truculenta historia de seres deformes y de una familia de esas que, de vez en cuando, aparecen en el cine de terror norteamericano («La matanza de Texas», «Las colinas tienen ojos», etc.) La versión que aparece en la serie es la de Johnny Mathis, tal vez la más conocida, aquí la podéis escuchar; yo, sin embargo, me quedo con la elegancia y el buen hacer de las Supremes.
Queen. «Love of my life»
«A Night at the Opera» es el álbum que más me gusta de los británicos Queen. En él se incluyen mis dos canciones preferidas de esta banda: «Bohemian Rhapsody«, que ya ha aparecido en este blog, y «Love of my life». Ésta última fue compuesta por el gran Freddie Mercury con una base de piano clásica, a la que se incorporaron algunos fragmentos de arpa y guitarra a cargo de Brian May. Aquí podéis apreciar la belleza de esta canción, tal y como fue inicialmente concebida y grabada en 1975. Sin embargo, para mi gusto, se convierte en una pieza excepcional cuando es interpretada en directo, sin arpa ni piano, sólo con la exquisita guitarra de doce cuerdas de Brian May y la inigualable voz de Freddie Mercury; de hecho, en América Latina siempre era recibida con gran entusiasmo y, a menudo, era el propio público quien la cantaba. Detrás de la canción hay una gran historia de amor, protagonizada por el propio Freddie y su gran amor: Mary Austin. Comenzaron su relación poco tiempo después de constituirse el grupo y vivieron juntos durante varios años, hasta que la fama y, sobre todo, la homosexualidad de Mercury se hicieron patentes. A pesar de todo, la relación entre ellos siempre fue muy buena; el cantante, en una entrevista realizada en 1985, llegó a decir: «todos mis amantes me preguntan por qué no puedo reemplazar a Mary Austin, pero eso es sencillamente imposible. La única amiga que tengo es Mary y no quiero a nadie más. Para mí, ella es como una esposa. Para mí era como un matrimonio. Confiamos el uno en el otro, eso me basta» (Wikipedia); Mary, por su parte, dijo de Mercury que cuando murió creyó perder a su amor eterno, sintió que había tenido un matrimonio, que habían permanecido juntos en los buenos y en los malos tiempos, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad y que sólo la muerte les podría separar; cuando esto ocurrió, Mary fue una de las principales beneficiarias de su legado material. Me parece una preciosa historia de amor, verdadera y sincera, libre de tópicos y convencionalismos, muy apropiada para el día de mañana. Como ya os dije el miércoles, os deseo un bonito y enamorado día de San Valentín. Por cierto, si alguien desea manifestar su amor por este blog puede hacerlo en este enlace («Premios 20Blogs 2014»), eso sí antes os tenéis que registrar ¡Muchas gracias!
Peggy Lee / Renato Carosone / The Shadows. «Johnny Guitar»
El western es, en mi opinión, el género cinematográfico peor tratado por la intelectualidad del Séptimo Arte, y digo esto porque hay muchas películas del oeste que trascienden la aventura, la acción y el simple divertimento para adentrarse en el estudio psicológico de sus personajes, a menudo algo más que violentos pistoleros aficionados a las prostitutas y el alcohol. Para aquellos que os negáis, casi por principios estéticos y morales, a dar una opción a este género pero amáis los papeles atormentados, débiles en su aparente fortaleza y, en definitiva, complejos, os estáis perdiendo algo grande con largometrajes como “Centauros del Desierto”, “Solo ante el peligro”, “El hombre que mató a Liberty Valance”, “Pasión de los fuertes”, “Sin Perdón” o el protagonista de hoy: “Johnny Guitar” (1954), rodado durante el auge de la “Caza de Brujas” por un director, Nicholas Ray, que colaboró con perseguidos por el Macarthismo. Por varias razones lo tengo entre mis westerns preferidos: por el magistral uso que se hace del color, por su puesta en escena como si fuera una obra de teatro, por el drama psicológico que se plantea, por el hecho de que el duelo de “machitos” aquí se sustituya por un enfrentamiento entre dos mujeres y, por supuesto, por la omnipresente canción de Peggy Lee (letra) y Víctor Young (música), con el mismo título que la película y que, en opinión de algunas personas (yo no lo tengo tan claro), guarda ciertas similitudes melódicas con la «Danza española número 5 (‘Andaluza’)”, del maestro Enrique Granados. Vamos primero con la propuesta original de la norteamericana Peggy Lee, precisamente la que aparece en este atípico western donde las mujeres son protagonistas; a continuación, la versión del cantante napolitano Renato Carosone; y, para finalizar, la instrumental de los británicos The Shadows. Este año el día de San Valentín cae en sábado, un día poco frecuentado por este blog, por ello he decidido adelantar la efeméride a esta cita con las versiones (el viernes volveré con otra canción romántica). En “Johnny Guitar” encontraréis una de las escenas más rabiosamente románticas jamás rodada –aquí la podéis ver-; la primera parte del diálogo entre Johhny y Vienna es de los que no se olvidan:
Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna: A tantos como mujeres tú, me imagino.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: ¡Pero si no me he movido!
Johnny: Dime algo bonito.
Vienna: Claro ¿Qué deseas oír?
Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado estos cinco años.
Vienna: Todos estos años te he esperado.
Johnny: Y que habrías muerto si no hubiese venido.
Vienna: Habría muerto si tú no hubieras venido.
Johnny: Y que todavía me quieres como yo te quiero a ti.
Vienna: Te quiero como tú me quieres a mi.
Johnny: Gracias.
¡Espero que el sábado tengáis un bonito día de San Valentín!
Nacha Pop. «Chica de ayer»
Hay canciones que, más allá de su calidad musical, son recordadas por lo que representan, por sus valores históricos, sociológicos o culturales. «Chica de ayer» es uno de los temas emblemáticos de la «Movida madrileña», un himno romántico de mi generación, uno de los iconos más venerados por quienes vivimos aquellos divertidos y provocativos años. Pertenece a Nacha Pop, un grupo que nunca fue muy de mi agrado (otra cosa es este tema en concreto, que siempre me gustó), creado en 1978 cuando Antonio Vega acaba su servicio militar en Valencia y regresa Madrid; allí contacta con su primo Nacho García Vega y con Carlos Brooking, antiguos miembros del grupo Helicopter, formado por estudiantes del Liceo Francés de Madrid (por cierto, muy cerca de mi casa). En 1980 graban su primer disco («Nacha Pop») y participan en eventos como el homenaje a Canito o el concierto de Ramones en la plaza de toros de Vista Alegre, donde actuaron como teloneros. En aquel primer álbum se incluyó «Chica de ayer», compuesta por Antonio Vega cuando apenas tenía diecisiete años; el productor musical fue el conocido músico Teddy Bautista, que decidió aumentar la velocidad de la canción, al parecer, influenciado por el tema «Do you Believe in Magic?» de la banda The Lovin’ Spoonful. «Chica de ayer» es una inconcreta y adolescente historia de amor cargada de melancolía, en la que se desliza una referencia precisa a un bar de copas de Madrid, «El Penta», situado en la calle de La Palma, uno de los locales característicos de la «La Movida», junto con otros como «La Vía Láctea», «Rock-Ola» o «El Sol». Según he podido leer, hace algunos años, algunas tiendas de música especializadas, como «Discos Melocotón», y ciertos medios de comunicación, como la revista «Efe Eme» o el programa de Radio 3 «Sonideros», detectaron un parecido razonable entre «Chica de ayer» y el tema «La Caza del bisonte«, grabado por el italoargentino Piero de Benedectis en 1976 y publicado en España, como single, durante 1980 -precisamente el mismo año en que salió a la luz la canción de Antonio Vega-; en realidad, «La Caza del bisonte» era una adaptación al castellano del tema italiano «La Caccia al Bisonte«, compuesta por Ivano Fossati y Oscar Prudente; he dejado enlace a ambas versiones ¿Qué opináis vosotros?