The Beatles. “I Want You (She’s So Heavy)”

Aunque desde el punto de vista musical pueda resultar difícil de entender, el pop-rock británico y el sonido beat fueron la antesala del movimiento psicodélico y progresivo, que acabaría triunfando durante la segunda mitad de la década de 1960 en lugares como Reino Unido o California. Grupos como The Moody Blues, The Zombies, The Kinks, The Byrds o The Beatles, por citar solo algunos, comenzaron su andadura como grupos de pop y, con el paso de los años, se entregaron a lo experimental, lo psicodélico, incluso sentaron las bases de lo que acabaría conociéndose como rock sinfónico o progresivo. Cuando publiqué la entrada dedicada al tema “A Day in the Life”, perteneciente al álbum “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967), abrí un interesante debate en un grupo de Facebook especializado en rock progresivo; me acuerdo que hubo un miembro de este grupo que consideró aberrante la inclusión de un tema de los Beatles en aquel foro; sin embargo, sin que yo tuviera que intervenir, en seguida se sumaron las opiniones favorables, aquello sirvió incluso para valorar este tema de los Beatles como uno de los más característicos del rock psicodélico y, también, como uno de los precursores del rock progresivo, cuando este estilo aún no existía o estaba en período seminal. Para muchos aficionados a la música, en la trilogía formada por “Revolver” (1967), “Sgt. Pepper’s  Lonely Hearts Club Band” (1967) y “Abbey Road” (1969) -es decir, sus trabajos más psicodélicos y experimentales- está lo mejor del importante legado que han dejado los Beatles a la música popular.

Si “A Day in the Life” ya parecía un tema de rock progresivo, os sugiero que prestéis atención al tema titulado “I Want You (She’s So Heavy)”. Fue incluido en “Abbey Road” (1969), el último disco de estudio grabado por el cuarteto de Liverpool -no el último comercializado, que fue “Let it Be”, 1970-; de este álbum nos ocupamos en otra entrada, dedicada a la canción “Here Comes The Sun”, en la que comentábamos que, en aquella época, el grupo estaba prácticamente disuelto, las relaciones entre ellos apenas existían y la mayor parte del disco se grabó casi de manera individualizada, sin estar presentes los cuatro músicos a la vez en el estudio. De hecho, según nos cuentan Jean-Miguel Guesdon y Philippe Margotin en su libro Todo sobre los Beatles, la historia de cada una de sus 211 canciones (Barcelona: Blume, 2013), la última sesión de grabación (en total hubo cinco) de “I Want You (She’s So Heavy)” fue la última en la que se reunieron los cuatro Beatles en un estudio de grabación, ocurrió el 20 de agosto de 1969.

Son varias las singularidades que podemos apreciar en esta canción, compuesta por John Lennon -también acreditada a Paul McCartney- en torno a su relación de amor obsesivo que tenía con Yoko Ono: en realidad son dos canciones fusionadas, con una segunda parte instrumental y una duración de casi ocho minutos; la letra apenas está compuesta por una docena de palabras; los solos principales de guitarra no están tocados por George Harrison, sino por el propio Lennon; el sonido de órgano Hammond -tocado por el músico de soul Billy Preston– está muy presente en toda la composición, replicado por el bajo de Paul McCartney; el sonido es complejo, con múltiples capas de guitarra y empleo de instrumentos inusuales, como el sintetizador Moog, que puede escucharse muy bien justo al final de la canción; el tema finaliza de manera abrupta -por decisión del propio Lennon-, para tratar de transmitir una cierta sensación de ausencia; por último, la sensación de que estamos ante una pieza de rock progresivo es mayor de la experimentada con “A Day in the Life”, aunque también podemos observar algunos elementos de rock latino (Congas tocadas por Ringo Starr) y, sobre todo, del blues-rock y del hard rock, de hecho, es una de las canciones más “jevi” de los Beatles. Hay bastantes versiones de “I Want You (She’s So Heavy)”, pero solo voy a recomendar dos: la de Sarah Vaughan, entre el soul, el funk y el jazz, y la más rockera de Alvin Lee, líder de la banda Ten Years After.

Kano y los Bulldogs / Los Secretos / Los Coronas. “Sobre un vidrio mojado”

Dicen que la década de 1980 fue la “edad de oro del pop español”, incluso han comercializado discos y eslóganes explicitando esta afirmación. Desde luego, el movimiento fue potente, tuvo el respaldo del gran público y un arranque coincidente en el tiempo con el movimiento contracultural conocido como “Movida”. Hubo muchos grupos, portadores de influencias musicales diversas: punk, glam rock, new wave, country-rock, synth pop, etc. Pero pocas veces se reconoce la influencia que tuvo en estos grupos (incluso en los más transgresores) la herencia del pop que se hizo en España (y Latinoamérica) durante los años sesenta; tuvo tal relevancia en su momento, tanto desde el punto de vista musical como social, cultural y para la modernización del país que, como mínimo, debería compartir con los ochenta ese título honorífico de “edad de oro del pop español”. Al igual que sucede con la copla, el flamenco o los boleros, el pop de los sesenta está con nosotros gracias a nuestros padres, a menudo grabado en un lugar recóndito de nuestra memoria, escondido y rechazado de manera consciente, como mecanismo reivindicativo de identidad generacional.

En casi todos los grupos de los ochenta, sobre todo los posteriores a la “Movida”, está presente la huella de aquellos pioneros españoles y latinoamericanos de los sesenta, ya sea de manera consciente o inconsciente. Uno de los grupos donde mejor se aprecian estas influencias es en Los Secretos, banda mítica del pop español –aún en activo-, de cuyos orígenes ya hablamos en una entrada anterior, dedicada a la versión de “Déjame” ejecutada por la malagueña Anni B Sweet. Es verdad que el sello distintivo de Los Secretos, en cuanto a sonido se refiere, es el country rock, prácticamente desde sus primeras maquetas, cuando se llamaban Tos, y especialmente visible en discos como “El primer cruce” (1986) o “La calle del olvido” (1989). Sin embargo, los primeros Lps son trabajos más entroncados en la vieja tradición española y latinoamericana del pop sesentero; prestad atención a temas como “Déjame”, “Ojos de perdida”, “Me aburro” o “Niño mimado”, todos del primer disco (“Los Secretos”, 1981), incluso la portada del álbum (al final de la entrada la podéis ver), en seguida os daréis cuenta de esta circunstancia. De ello se debió percatar el periodista musical Juan de Pablos, quien les sugirió que hicieran una versión, para su primer disco, de una canción que él pensaba se adaptaba muy bien a su estilo. Se trataba de un tema titulado “Sobre un vidrio mojado”, compuesto por el uruguayo Roberto Fernando Alonso y el argentino Mario Pierpaoli, que fue grabado en 1969 por el grupo uruguayo Kano y los Bulldogs, creado en 1964 y radicado, desde 1966, en Buenos Aires (Argentina).

Una vez escuchado el original de Kano y los Bulldogs y la archiconocida versión de Los Secretos, os propongo una tercera opción, la del grupo de surf rock madrileño Los Coronas (unos habituales de este blog); se trata de una interpretación instrumental, que formó parte del lanzamiento que se hizo con motivo del 35 aniversario del primer álbum de Los Secretos. Acabo con dos directos de Los Secretos interpretando esta canción para dos programas de televisión: “Popgrama” y “Qué noche la de aquel año”; dos versiones punk, una a cargo del grupo argentino Boom Boom Kid y otra de la banda uruguaya Trotsky Vengaran; una más en tono intimista, de Alejo Stivel; y, finalmente, la de Los Secretos y Alejo Stivel, recogida en el homenaje a Enrique Urquijo, celebrado en el año 2019.

Traffic. “Paper Sun”

Traffic fue un grupo inglés de pop y rock psicodélico formado, en 1967, por Dave Mason (guitarra, mellotrón, sitar), Chris Wood (flauta, saxo, órgano, voz), Jim Capaldi (batería, percusión, voz) y Steve Winwood (voz, teclados, guitarras). La banda se creó después de que éste último abandonara The Spencer Davis Group, formación a la que ingresó cuando tenía catorce años, allá por 1963; a este grupo ya le dedicamos una entrada hace unos cuantos años. El nombre de Traffic se le ocurrió a Jim Capaldi, cuando los cuatro miembros esperaban para cruzar una calle en Dorchester (Inglaterra). El primer álbum (“Mr. Fantasy”, 1967) lo grabaron en los Olympic Studios de Londres, aunque las canciones que formaron parte de él ya las habían trabajado en una casa de campo que habían alquilado para tal propósito. Meses antes de sacar al mercado este álbum, publicaron tres singles, que no fueron incluidos en este Lp de debut aunque sí en la edición de “Mr Fantasy” en CD del año 2000; el primero de estos sencillos se tituló “Paper Sun” (con “Givin to You” en la cara B, un excelente tema). Traffic se disolvió en 1974 ó 1975, después de haber grabado siete álbumes de estudio y dos directos; si queréis saber más sobre estos discos, os recomiendo esta entrada del compañero lrotula, en la que nos habla de estos álbumes.

Volviendo a “Paper Sun”, se trata de una canción escrita por Steve Winwood y Jim Capaldi cuando aún no existía Traffic, durante una gira en la que ambos compartieron espectáculo; según podemos leer en la web PowerPop, pergeñaron la canción en una habitación de hotel. Como suele ocurrir con estos temas psicodélicos, la letra es bastante críptica; hay quien se ha aventurado a interpretarla, incluyendo el significado de “sol de papel” (aquí o aquí lo podéis ver), yo no me atrevo a tanto. La parte musical es una verdadera joya del pop psicodélico, no faltan en ella adornos folk, jazzísticos y rockeros, como es habitual en las composiciones de esta formación; en ella destaca la magnífica e inconfundible voz de Steve Winwood, la pegadiza melodía y, sobre todo, el sitar tocado por Dave Mason, que acerca esta canción a los sonidos orientales, tan característicos en aquellos tiempos de hipismo y psicodelia. El vídeo con el que encabezamos la entrada fue grabado en el Royal Museum for Central Africa de Tervuren (Bélgica). Finalizo con la versión single publicada en Estados Unidos y con una grabación en directo del año 1967.

Los Tigres del Norte. “La Banda del carro rojo”

En tiempos de la Revolución mexicana, durante la década de 1910, se hicieron populares una serie de composiciones musicales, que tenían su origen en el romance español. Tenían como principal objetivo narrar acontecimientos reales, eran algo así como periódicos populares que informaban y, también, ensalzaban a los héroes locales con visiones épicas de las batallas y los hechos que se generaban en su entorno próximo. Así es como nacen los corridos, también conocidos como mañanitas, ejemplos, versos, tragedias, relaciones o coplas. Estas historias de grandes hombres de la Revolución, de batallas, bandoleros, asesinatos, ejecuciones, accidentes o desastres naturales fueron, poco a poco, evolucionando hacia otros temas, como las drogas, muy presentes en la cultura mexicana del siglo XX más reciente.

En este contexto aparecen los narcocorridos, un subgénero del corrido mexicano tradicional en el que los hechos que se narran están relacionados con el mundo de las drogas, el narcotráfico, la violencia, el dinero, la corrupción, los enfrentamientos entre la policía y los traficantes, la influencia cultural que ejercen estas actividades ilícitas en la sociedad y, en general, todo lo que se ha venido en denominar “narcocultura”. Durante la década de 1970, momento en el que este género inicia su apogeo, algunos grupos y artistas de narcocorridos fueron perseguidos por los narcotraficantes; y, también en ocasiones, por los representantes de la ley, por considerar que hacían apología del crimen organizado. En la actualidad, el narcocorrido ha evolucionado hacia un movimiento casi clandestino, que tiene su hábitat natural en internet, entre las comunidades mexicanas que viven en Estados Unidos, con contenidos más explícitos y violentos (torturas, armas, secuestros, venganzas, etc.); es lo que coloquialmente se conoce como “narcocorrido alterado”, un movimiento que busca acomodo en la red, ante la persecución del gobierno mexicano, que prohíbe estas manifestaciones en medios habituales como la radio o la televisión. Si queréis saber más sobre los narcocorridos, os recomiendo el artículo de Luis Ómar Montoya Arias y Juan Antonio Fernández Velásquez, titulado “El narcocorrido en México”, publicado en 2009 por la revista Cultura y Droga, 14(16): 207-232.

Nosotros nos vamos a quedar en la segunda etapa de los narcocorridos, la que tuvo lugar durante las décadas de 1970 y 1980. Y lo vamos a hacer con uno de los grupos más representativos de este estilo fronterizo: Los Tigres del Norte, una agrupación originaria de Sinaloa (México), creada en 1968 en la localidad estadounidense de San José, en el estado de California. El tema que proponemos es uno de los más conocidos de este género, “La Banda del carro rojo”, que cuenta la historia de Lino Quintana y su banda, un narcotraficante de principios de 1970, que el músico Paulino Vargas inmortalizó a partir de un rastreo de este personaje en periódicos y archivos policiales; parece que a Lino Quintana lo mataron en Nuevo México, cuando salía de Dexter. Si no me equivoco, la primera grabación de esta canción fue la del grupo Los Alegres de Terán, de 1972, aunque quienes la popularizaron fueron Los Tigres del Norte, que la incluyeron en su álbum titulado “La Banda del carro rojo” (1976); aquí os dejo una interpretación en directo de este narcocorrido. El grupo español Puro Relajo ha grabado una versión de este tema, en cuyo vídeo promocional se recrea la historia narrada en la canción.

Sonny Boy Williamson II / New York Dolls / Rory Gallagher. “Don’t Start Me Talkin’”

New York Dolls fue una banda estadounidense de protopunk y glam rock creada en 1971 y disuelta entre 1975 y 1977. Con dos álbumes de estudio en su haber, fue uno de los grupos de referencia para los Sex Pistols, la formación británica que acabaría por elevar el punk a fenómeno de masas. Influenciados, a su vez, por músicos del ámbito del garage rock, el glam rock el protopunk y el R&B como David Bowie, Marc Bolan, The Stooges, MC5 o The Rolling Stones, apostaron por un sonido enérgico, contundente y sencillo, que acompañaron con una estética travestida y carnavalera, en la que no faltaba la ropa de mujer, los tacones, los pantalones ajustados y los peinados cardados. Tras un primer Lp (“New York Dolls”, 1973) sin apenas éxito entre el público, publicaron el titulado “Too Much Too Soon” (1974), que tampoco caló demasiado aunque, con el paso de los años, ha acabado convirtiéndose en uno de los discos de culto del protopunk. En él se incluyeron temas compuestos por ellos -recordemos quienes eran: David Johansen (voz), Arthur “Killer” Kane (bajo), Terry Nolan (batería), Sylvain Sylvain (guitarra, voz) y Johnny Thunders (guitarra, voz)- y algunas versiones como la que hoy nos ocupa (“Don’t Start Me Talkin’”), un blues compuesto por Aleck Miller, más conocido como Sonny Boy Williamson II.

Fue el primer sencillo que Sonny Boy grabó para la discográfica Checker Records -antes había trabajado para Trumpet Records-; lo hizo con un grupo de músicos excepcional: Otis Spann (piano), Muddy Waters (guitarra), Jimmy Rogers (guitarra), Willie Dixon (bajo) y Fred Below (batería). Este primer registro de “Don’t Start Me Talkin’” fue publicado en 1955. Si no me equivoco, no se volvió a grabar este tema hasta la década de 1960, entonces lo harían Junior Wells o The James Cotton Blues Band, entre otros. Como habréis podido observar, las dos versiones que he elegido para acompañar al original son bastante cañeras; la de New York Dolls ya la hemos puesto en contexto; la otra, la del excelente guitarrista irlandés Rory Gallagher, fue incluida en su décimo álbum de estudio, titulado “Defender” (1987). Si os apetece seguir escuchando versiones de este tema, podéis probar con las de Bob Dylan, The Doobie Brothers, John Hammond, The Yarbirds, Dion, The Climax Blues Band, Dr. Feelgood, Etta James, Bobby Rush, Gary Moore, Willie “Big Eyes” Smith, Fenton Robinson o Peter Green Splinter Group.