Boston. «Don’t look back»

No es habitual que un ingeniero del prestigioso MIT acabe dedicándose a la música de manera profesional. Tom Scholtz, el líder de la banda norteamericana Boston, se graduó en este centro donde probablemente adquirió una serie de conocimientos de gran utilidad para su carrera musical; incluso se llegó a extender el rumor de que el primer trabajo de esta banda («Boston«, 1976), del que nos hemos ocupado en otra ocasión a propósito de la conocidísima canción «More than a feeling«, fue compuesto con un programa informático; mientras, en la radio se escuchaban cuñas publicitarias como la que decía: «Boston: mejor música gracias a la Ciencia» (Roberts, David. Crónicas del Rock. Una historia visual de las 250 mejores bandas de todos los tiempos. Barcelona, Lunwerg, 2013; págs. 82-83). En aquel primer álbum es donde se encuentra la quintaesencia de Boston: un hard rock melódico con una producción muy cuidada, con un sonido cristalino, algunas influencias procedentes del rock progresivo y, ante todo, la pretensión de llegar al gran público utilizando las premisas de lo que se ha venido en denominar «Adult Oriented Rock» (AOR). El segundo disco, titulado «Don’ look back», se publicó en 1978 y en él se incluyeron ocho cortes todos compuestos por Tom Scholtz, aunque él siempre quiso haber contado con una canción más; de hecho, la cara B de este Lp sólo dura quince minutos. Lo cierto es que el metódico y concienzudo Scholtz se vió sorprendio y violentado por la compañía discográfica (CBS), que no quiso conceder más tiempo a la banda para la preparación de su segundo álbum; de tal manera que prácticamente lo publicaron a partir de la maqueta provisional que recibieron del grupo, para desesperación de Scholtz quien reconoció que habría necesitado unos seis meses más para pulir el trabajo. El malestar entre el guitarrista y la discográfica fue a más, hasta el extremo de verse involucrados en una serie de demandas y pleitos, en los que unos reclamaban indemnizaciones por no haber entregado a tiempo algunos materiales, mientras que la banda acusó a la compañía de no beneficiarles con los royalties a los que tenían derecho. No volvieron a grabar otro disco hasta ocho años después, ya con el grupo desmembrado, el titulado «Third Stage» (1986), donde se recogía la conocida balada «Amanda». Volviendo a «Don’t look back», con todos sus problemas que hemos comentado, me sigue pareciendo un trabajo interesante, tal vez no tanto como el primero pero con buenos temas: «It’s easy«, «Don’ be afraid«, «A man i’ll never me» o el que titulado igual que el disco, el más popular de este álbum.

En recuerdo de Sib Hashian (1949-2017), batería del grupo Boston en los álbumes «Boston» (1976) y «Don’t Look Back» (1978)

Las Cinco Canciones de JakeSnake (V): «A man I’ll never be» (Boston)

Hoy día los chavales de catorce o quince años tienen de todo, incluso modernos y costosos smartphones, donde pueden escuchar la música que les dé la gana. En los años setenta la cosa era más complicada, al menos para los que procedíamos de familias humildes como la mía; me acuerdo que grababa en cintas de marca completamente desconocidas (y así me iba …) y medité mucho antes de comprar mis primeras casetes; aún me acuerdo cuáles fueron: «El Patio» (Triana), «Relayer» (Yes), «Aqualung» (Jethro Tull) y «Boston» (Boston). De este último disco ya me ocupé en su momento, a través del tema «More Than a Feeling» o «Más que un sentimiento», el título que aparece en mi cinta. Desde hace tiempo tenía ganas de que esta banda volviera a aparecer en La Guitarra de las Musas; de hecho, tengo preparada una entrada con el tema tal vez más conocido de su segundo álbum: «Don’t look back»; por eso, cuando vi que JakeSnake elegía otra canción de ese mismo disco me llevé una alegría. En concreto, ha elegido la balada «A man I’ll never be», un tema precioso con el que ha querido recordar y homenajear a su abuelo; no os perdáis su relato porque os va a emocionar, ni su penúltima frase donde se condensa, de manera brillante, todo el amor y el respeto que puedes sentir hacia quien quieres y admiras. Muchas gracias, Jake, por esta semana tan intensa y emotiva que nos has regalado, y por todas las elogiosas, más bien «ruborizantes», palabras que me has dedicado. Recordad que el blog de Jake es Musicae Memorandum. Un abrazo muy fuerte.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

«Por fin, que pensarán algunos, llega mi última colaboración en La Guitarra de las Musas. En primer lugar he de pedir disculpas por haber tardado tanto en realizar las 5 canciones de mi vida, creedme cuando os digo que dispongo de poco tiempo y que me ha costado una barbaridad decidir el quinteto sobre el que referir, de verdad que se me quedan decenas de bandas y cientos de canciones de mi vida en el tintero. Y en segundo y último, me gustaría recordar que, la primera vez que entré por estos lares, tan sólo me hicieron falta 15 minutos para darme cuenta de que estaba ante un gran blog; tanto, que me permití el lujo de afirmar que estaría entre los tres finalistas (asegurar que finalmente vencería me pareció una falta de respeto hacia los demás participantes) de aquel concurso del que es actual ganador. Por la parte que me toca, y sin ánimo ninguno de parecer petulante en absoluto, es el mejor sucesor, en lo que a palmarés de concurso se refiere, que uno pudiera imaginar y/o desear. A ver si me expreso bien, que un blog como éste tenga el Premio 20Blogs revaloriza el que nosotros conseguimos justamente un año antes. Dicho queda.

No he sido capaz de encontrar un tamaño de fuente tan grande como para poder expresar de manera justa el enorme GRACIAS que me gustaría transmitir. Quizá no sea necesario, estoy seguro que Raúl sabe cuán agradecido y orgulloso me siento de poder intervenir en La Guitarra de las musas. Para mí ha sido un honor, un privilegio, un lujo… de todo corazón.

En este sentido, mi agradecimiento va más allá al hecho de poder escribir unas líneas en un lugar tan prestigioso como lo es éste, va más bien dirigido hacia la oportunidad de poder plasmar todos los sentimientos, inquietudes, recuerdos, miedos que uno tiene a través de la música, esa pasión que nos une, y que algunos, mediante el formato Blog, usamos muchas veces a modo de desahogo. Y es que la de hoy es sin ningún género de duda, la entrada más dura que escribí jamás.

Llegados a este punto, me es imposible no rememorar la entrada de Salva en esta misma bitácora sobre «Back in black». Y no, no es por AC/DC, sino por la figura del abuelo. Me encantó aquello de «nada más alejado del Rock que mi abuelo«, algo que yo sin duda también pudiera afirmar. No sé si las casualidades existen o si el destino está ya escrito, lo cierto es que la noche en la que falleció mi abuelo, mientras me dirigía hacia la casa de mi Tete, se oyó la canción de hoy. En verdad que no recuerdo muy bien de cómo pude llegar, las lágrimas en mis ojos y las imágenes de mi abuelo Paco en mi cabeza apenas sí me permitían ver la carretera. Lo que sí puedo asegurar es que en aquel preciso momento, en la radio de mi coche, sonaba «A man I´ll never be».

Cuando comentaba anteriormente lo de las casualidades, no lo hacía porque a mi Tete también le encanten Boston, sino más bien por aquello de el hombre que nunca seré. Soy perfectamente consciente de que la letra del tema poco o nada tiene que ver con mi experiencia en concreto, realmente habla sobre la impotencia de un hombre por no ser capaz de colmar las expectativas de su chica, de como, por muy duro que lo intente, él nunca será el hombre que ella imagina en su mente, pero entenderéis que yo haya asimilado la canción como un recuerdo indeleble hacia ese gran hombre que fue mi abuelo, alguien que sólo supo responder a todas las dificultades e injusticias que la vida le planteó con amor hacia sus seres más queridos y con respeto y educación hacia todos los demás.

No sé, a veces tengo la sensación de que esa noche marcó un punto de inflexión en mi vida, un antes y un después. Si bien, hasta que mi abuelo se marchó tenía la impresión de estar viviendo la vida, tras Él (y Ellas dos), parece que sólo la recuerdo. Sería injusto afirmar, especialmente para las personas que me quieren y me acompañan en mi vida, que no soy feliz, pero lo cierto es que sin ellos tres ya nunca será lo mismo.
Y es que aquella noche de 2007, súbitamente, pasé de ser un chico a ser un hombre. Pero no como mi abuelo, pues Él fue el hombre que yo nunca seré, o mejor dicho, el hombre que yo nunca seré capaz de ser.

Gran abrazo a todos, nos seguimos leyendo, hasta siempre».

 

Las Cinco Canciones de Antonio (II): «If you leave me now» (Chicago)

«If you leave me now» ya ha tenido cabida en este blog, allá por marzo de 2015; entonces comentaba que Chicago tuvo una primera etapa de una gran calidad, donde el rock y el jazz convivieron en armonía, en gran medida gracias a la inclusión de instrumentos de viento. Sin embargo son más conocidos por su segunda etapa, más cercana al soft-rock, al AOR y la balada, género en el que se especializaron. Esta canción apareció en el álbum «Chicago X» (1976); estamos ante una de las canciones preferidas para acompañar momentos románticos, una melosa historia de amor contada por alguien que se resiste a perder a su amada. Seguro que vosotros también tenéis vuestra canción romántica preferida, y seguro que por alguna razón muy concreta …

«Iba a continuación del sensual «Sharring the night together» de Dr. Hook como segundo tema de la primera cinta de cassette que me grabaron y una de las que con mayor ahínco y nostalgia he tratado de conservar desde entonces. Con los años, otras baladas (casi siempre vinculadas, en mayor o menor medida, a algún recuerdo sentimental) han ido conformando mi selección particular de lentas, pero ninguna de ellas ha conseguido desbancar del primer puesto a esta arrebatadora joya musical compuesta por Peter Cetera».

Rainbow. «Spotlight Kid»

 

La mayor parte de aficionados al heavy metal, purplemaniacos y seguidores de Rainbow -la banda creada en 1975 por el líder de Deep Purple Ritchie Blackmore- coinciden en indicar su preferencia por los primeros trabajos de esta formación, en particular aquellos en los que coincidieron Cozy Powell, Ronnie James Dio y Ritchie Blackmore: «Rising» (1976), «Long Live Rock’ n’ Roll» (1977) y «On Stage» (1977); o en los que intervinieron al menos dos de ellos: «Ritchie Blackmore’s Rainbow» (1975) y «Down to Earth» (1979). Sin embargo, a mí siempre me ha gustado mucho el que fue grabado después de todos los que acabo de mencionar: «Difficult to Cure» (1981), un álbum con el que Blackmore quiso acercar Rainbow a un mayor número de oyentes, para lo cual suavizó su sonido, lo hizo más comercial y trató de aproximarlo al AOR. Ronnie James Dio ya había abandonado el grupo en el disco anterior («Down to Earth», 1979); fue sustituido por Graham Bonnet, un interesante cantante que, sin embargo, no se ajustaba al perfil deseado por Blackmore para su grupo. Cuando ya estaba grabándose «Difficult to Cure«, Bonnet abandonó Rainbow y, en su lugar, entró Joe Lynn Turner, ex-vocalista de la banda Fandango, portador de un registro vocal parecido al del cantante de Foreigner, justo lo que buscaba Ritchie. Tal y como nos cuenta Jordi Bianciotto (Deep Purple. La Saga. Barcelona: Quarentena Ediciones, 2012), el batería Cozy Powell -que acabaría siendo uno de los músicos de referencia del heavy metal que habría de llegar-, decidió abandonar Rainbow cuando escuchó «I Surrender», uno de los temas estelares de «Difficult to Cure«. Sin Dio ni Powell, el sustrato metalero se suavizó y, de paso, Blackmore se quitó de en medio a dos pesos pesados que, si hubieran seguido en el grupo, probablemente le habrían restado protagonismo. A pesar de mis simpatías por este álbum, he de reconocer que se trata de un trabajo un tanto deslabazado, donde tan pronto podemos encontrar temas de clara inclinación AOR («Magic» o «Freedom Fighter«), otros con influencias del funk («No Release«), piezas rocanroleras («Can’t Happen Here«), baladas para el lucimiento de Blackmore («Vielleicht Das Nächste Mal«) o canciones que nos recuerdan a Deep Purple, como «Difficult to Cure» o el tema destacado de hoy: «Spotlight Kid», probablemente mi preferido de Rainbow -junto con «Stargazer»-, con ese fabuloso duelo guitarra/teclados a ritmo de speed metal que está en la base de lo que, poco tiempo después, habría de llamarse power metal, y esa letra de Roger Glover que nos habla de alguien al que el público adora, el centro de atención, un artista enamorado de los focos, ¿tal vez Ritchie Blackmore?

Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (II): “Hide in your Shell” (Supertramp)

Ya son varios los amigos los que han pasado por “Las Cinco Canciones de tu Vida”, y yo diría que todos hasta ahora hemos concedido un gran protagonismo a los recuerdos de adolescencia; Whatgoesaround no es una excepción, lo vimos en la canción de ayer y hoy vuelve a hablarnos de sus años de instituto, de los viajes de fin de curso, de las personas que facilitaron su gusto por la música (es evidente que las mujeres han sido claves en el despertar musical de Whatgoesaround …), y también de Supertramp. Está claro que somos casi de la misma edad porque yo tuve una época, también cuando iba al instituto, en la que no paraba de escuchar a esta banda; muchos de los recuerdos que vertí en esta sección, cuando hablé de “Shine on you Crazy Diamond”, bien podrían haber servido para cualquiera de las piezas más sinfónicas de Supertramp. “Hide in your Shell” (aquí podéis escuchar la versión original) formó parte del álbum “Crime of the Century”, “su cumbre creativa”, como dice Whatgoesaround. Para mi gusto, el mejor disco de los británicos.

“Podría decirse que Supertramp fue el grupo que abrió mis oídos y mi mente hacia la música y los siete reinos del pop-rock, que afortunadamente son muchos más de siete y trascienden todo tipo de etiquetas. Así que la mítica banda británica significa muchísimo para mí en ese sentido, porque llegué a adorarles y a estar absolutamente colgado de su música durante varios años.

Fue en 1974 cuando Supertramp sacó al mercado su tercer álbum de estudio, el disco que les lanzó al estrellato mundial y que quizá -sólo quizá, porque los 3 discos que le siguieron son formidables- fue su cumbre creativa. Por lo menos eso han manifestado algunos de sus miembros en algunas entrevistas.

Por supuesto, estamos hablando del disco “Crime of the Century”. Unos pocos años después, andaba yo cursando el B.U.P. en un instituto de Barcelona y fue en aquellas épocas que Springsteen se cruzó en mi camino a través de una mágica cinta de cassette, y después de él el resto del universo rock. Pero en realidad, antes de que apareciera el Boss ya se habían instalado Supertramp hacía algún tiempo. Como explico en la entrada de ayer, que retrotrae a mis inicios musicales, había un grupo de chicas que venían juntas de otros centros e hicieron una buena piña. Ahí nos metimos 3 ó 4 afortunados chicos, y fue gracias a ellas que la música de esta banda empezó a calarme. Es curioso, porque el otro foco musical en torno al cual orbitaban Isa, Montse, Asun y compañía era…, sí, Lluís Llach. Los numerosos discos y algunas grandes canciones del cantautor catalán las volvían loquitas. Además, por el hecho de ser catalano-parlantes muchas de ellas las cantaban y versionaban a la guitarra. Así que ya os podéis imaginar, más de 2 y 3 excursiones al más puro estilo Cumbayá. Y entonces llegó esa excursión al final -juraría- de 2º de B.U.P. Nos fuimos a un camping de Colera, en la provincia de Girona. Ya bastante al norte, cerca de Portbou y la frontera con Francia. Lo que más recuerdo de aquella excursión son las largas noches de paseos, payasadas y aventuras varias por las rocosas playas de aquella localidad…y la música omnipresente y mágica del grupo.

Andábamos saltando de roca en roca, venciendo escolleras y haciendo las típicas cosas que se supone se hacen en esos casos: correr descalzos y mojarse o acurrucarse un rato aquí y otro allí envueltos en mantas, entre el misterio de esos escondites…y la música de la banda británica. Pero  lo más curioso es que el radiocassette nos acompañaba siempre, y teclados y voces de Davis, Hodgson y compañía inundaban las noches al igual que la luna.

Pese a la importancia y la enorme significación personal de los 3 magníficos álbumes que vendrían a continuación (“Crisis? What Crisis?” en 1975, “Even in the Quietest Moments” en 1977 y “Breakfast in America” en 1979), el impacto que me produjo ese “Crime of the Century” no es fácil de olvidar.

Y desde luego, me conozco esos 4 discos de memoria y podría detallar todos sus temas uno por uno. En el disco que nos ocupa, podría decir que el tema que me parece más flojo y espeso es el “Asylum”, corte que cierra la cara A. Tampoco es nada del otro mundo el tema “Bloody Well Right”, pese a que gozó de bastante difusión y éxito. Curiosamente, el famoso y editado como single “Dreamer” tampoco me vuelve loco. Está bien en algunos pasajes, pero demasiado comercial comparado a otros. Además, esos falsetes de voz tan típicos del grupo me llegaban a agobiar por momentos. A mi madre le cargaba bastante el grupo, y en casa siempre les llamaba medio en broma “los piojosos” por sus largas melenas. La razón era también esos juegos de voces algo estridentes y una música para ella pesada (“vaya coñazo”), aunque con el paso de los años llegó a soportarlos…y a reconocerlos al instante (¿por qué será?)

De la cara B también puede decirse que el tema que en principio parecería más flojo (“If Everyone Was Listening”) en realidad es un pedazo de canción, mientras que el que da título al disco y lo cierra parece sustentarse en un arreglo de piano muy simplón, pero que resulta hipnótico y fascinante a partes iguales. Y quedarían por reseñar las que para mí son las tres joyas del disco (junto con el propio “Crime of the Century”): “Rudy”, “School” y “Hide in Your Shell”.

“Rudy” es un tema impresionante, una obra maestra del rock sinfónico, progresivo o como diantres quieran calificarlo: se llega a emular el discurrir de un tren a través de una historia personal. Magistral, no hay otra palabra. ¿Qué decir de “School”? El tema lo co-escribieron Hodgson y Davies y tiene diferentes partes instrumentales alternadas con voz, creando un crescendo memorable y una eclosión/solo final de piano que es de lo mejor que he escuchado jamás. Mágico, fascinante, evocador al máximo. Como el mismo “Hide in Your Shell”, que posee un hermoso estribillo y una gran letra. La forma en que canta Roger Hodgson es sublime.

Y es que siempre he tenido un “problema” y una debilidad con este grupo: Mi absoluta predilección por las composiciones y la voz de Hodgson frente a Davies. “Y Hide in Your Shell” lo escribió él, así que queda todo bastante claro. Siempre recordaré los pasajes de esta canción entre las rocas de las playas nocturnas de Colera, y en muchas posteriores escuchas en casa. Más tarde pude ver a Supertramp en directo. Fue en la gira para presentar su álbum “Famous Last Words”, publicado en 1982. En la portada se ven unas tijeras a punto de cortar la cuerda floja de un equilibrista, y así empezó justamente el concierto: Con las tijeras prestas a dar el corte fatal y a derribar al funambulista. Fue emocionante. Por supuesto, donde mejor pueden apreciarse los detalles es en la versión de estudio original. Magníficos arreglos, impresionantes coros y crescendo final, como era su costumbre”.

Aquí tenéis la entrada original, con todas sus imágenes y la letra original de esta canción.

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