Van Morrison. «Moondance»

En opinión de algunos críticos y especialistas musicales, «ningún hombre blanco canta como Van Morrison»; la voz aguda de sus primeros discos ha sido calificada como «tierna, suplicante y quejumbrosa», un timbre bien diferente del que utiliza en sus últimos discos, una especie de rugido profundo lleno de matices, ideal para hacer frente a su ecléctico planteamiento musical y a su longeva carrera artística. Aun siendo un excelente recurso, que Van Morrison maneja de manera magistral, lo cierto es que aquella voz de cantante soul que lucía en sus inicios es, con permiso de Steve Winwood, de lo mejorcito que un hombre blanco ha dado al R&B. En una entrada anterior, la dedicada al tema «Gloria«, recordábamos sus primeros pasos en el mundo de la música. En 1967 inició su carrera en solitario, tras abandonar Them, el grupo del que formaba parte. Grabó su primer Lp («Blowin’ Your Mind!», 1967) con el sello discográfico Bang Records, en él se incluyó la conocida canción «Brown Eyed Girl«. Sin embargo, nunca se sintió muy satisfecho con aquel trabajo, de tal manera que hizo todo lo posible para rescindir el contrato y firmar con Warner. En 1968 publicaba «Astral Weeks», para muchos el mejor álbum del irlandés y uno de los mejores discos de todos los tiempos; un trabajo místico, hipnótico y delicado, que ha sido comparado con el impresionismo francés y con la poesía celta; pese a que las críticas fueron muy buenas, no tuvo un gran éxito popular. Su siguiente Lp, el que hoy nos ocupa, se tituló «Moondance» (1970); fue producido y compuesto íntegramente por Van Morrison utilizando esa misma amalgama de estilos presentes en «Astral Weeks», pero en un tono más rockero y optimista, y dando un protagonismo mayor a la sección de viento (saxos, clarinete y flauta). Es el otro gran disco de Van Morrison, para mi gusto incluso superior a «Astral Weeks», donde no hay ni una sola canción que no esté a la altura; casi todas («And it Stoned Me«, «Crazy Love«, «Caravan«, «Into the Mystic«, «Everyone«, etc.) merecen un lugar destacado hoy, pero me voy a decidir por «Moondance» -la más conocida y la que más versiones tiene-, por ese embriagador ritmo de swing jazz, por el excelente trabajo de saxo, teclados y flauta, y porque la voz de Van Morrison suena maravillosamente bien.

Bo Carter / Merle Haggard / Wynton Marsalis y Eric Clapton. «Corrine Corrina»

Durante el primer tercio del siglo XX el blues y el country parecían dos estilos antagónicos; de un lado la música de los antiguos esclavos estadounidenses, de otro las viejas melodías de los colonos blancos, a menudo procedentes de la patria irlandesa. Antes de que entraran en proceso de reacción para dar lugar al R&R, durante los años 30 y 40 hubo algunos trasvases o préstamos entre estas, a priori, irreconciliables maneras de concebir la música y la vida. El amigo Eduardo, desde su imprescindible River of Country, a menudo nos habla de estos tempranos procesos de mestizaje; el otro día, precisamente cuando preparaba esta entrada, nos regalaba una deliciosa versión de «Corrine Corrina», grabada en 1939 e interpretada por las hijas de Maybelle Carter: Helen (12 años), June (diez años) y Anita (seis años). A pesar de que es un tema que se suele asociar con el country, gracias al interés mostrado por pioneros como la mencionada Carter Family, Bob Wills & The Texas Playboys o Roy Newman & His Boys, lo cierto es que «Corrine Corrina» (también conocida como «Corrina Corrina») es un tema que originalmente fue grabado por el músico de blues Bo Carter, probablemente a partir de otros temas que, a su vez, bebían de la tradición popular negra. Lo interesante de estas adaptaciones country, sobre todo las dos últimas que acabo de mencionar, es que ya tienen un cierto aroma a R&R, cuando a este estilo aún le quedaban unos cuantos años para eclosionar. Por ello, no es de extrañar que los pioneros del R&R también quisieran versionar este clásico: Jerry Lee Lewis, Bill Haley, Big Joe Turner, incluso algunos rockabilly posteriores, como Sleepy La Beef. Por supuesto, también ha sido interpretada por gente del blues y del blues-rock, como Muddy Waters, Steppenwolf o Eric Clapton (bajo el título de «Alberta», como la versión de 1930 de los Jackson Blue Boys, titulada «Sweet Alberta«). Mención aparte merece la de Bob Dylan, con cambio en la melodía. En cuanto a las tres destacadas de hoy, voy a inclinarme por la original de Bo Carter; después por una gran versión en directo (muy cortita) a cargo del músico country Merle Haggard; y, por último, una excepcional performance perteneciente al disco «Play de Blues: Live From Jazz At Lincoln Center» (2011), de Wynton Marsalis y Eric Clapton; de verdad, no os la perdáis, y no sólo por Wynton y Eric, la nómina de músicos es excelente, Taj Mahal incluido.

Las Cinco Canciones de Eduardo (V): «Ev’rytime We Say Goodbye» (Ella Fitzgerald)

Cuando veo el respeto y la veneración que profesan músicos y cantantes por el cancionero estadounidense, esos grandes temas escritos para Broadway o para Hollywood por autores como George Gershwin, Irving Berlin, Jerome Kern o Cole Porter, siempre pienso que en España no hemos querido, ni sabido, valorar lo nuestro. El mundo del jazz se ha volcado con estos autores estadounidenses, actualizándolos y dignificándolos con adaptaciones y versiones que han ayudado a mantener vivo el género. Con nuestro patrimonio musical no ha pasado lo mismo; el flamenco, por ejemplo, apenas ha sido sometido a revisión, son pocos quienes se han animado a fusionarlo con otros estilos, aunque cuando esta situación se ha producido los resultados hayan sido fabulosos y esperanzadores, es el caso de las iniciativas jazzísticas llevadas a cabo por genios como Pedro Iturralde o Paco de Lucía.

He de decir que estoy encantado con el tema con el que se despide Eduardo, después de esta fabulosa semana con sus canciones y sus recuerdos. Y qué mejor que despedirse con «Ev’rytime We Say Goodbye», uno de los clásicos de Cole Porter, escrito en los años cuarenta. Hay muchas interpretaciones -no descarto ocuparme de él en algún miércoles de versiones-, pero nuestro invitado ha querido que sea Ella Fitzgerald quien nos deleite con su excepcional manera de cantar. Ha sido un placer contar con tu presencia y tu buen gusto musical, muchas gracias por haber compartido con nosotros estas cinco canciones, esas cinco porciones de tu vida. Un fuerte abrazo.

«Hemos llegado al final de mis cinco propuestas y ninguna canción más apropiada para terminar la semana que este clásico sobre las despedidas. Como en otra de las canciones de mi selección, este tema lo tengo muy asociado con otro programa de radio, La calle 42, que estaba dedicado a la comedia musical de Broadway y, en menor medida, del West End de Londres. Estuvo muchos años en antena y, cuando terminó, lo hizo con esta canción. De entre todas las frases que se han escrito en la historia de la música (y que yo conozca, claro), una de las mejores pertenece a esta canción –no es de extrañar, Cole Porter era un gran letrista–, y es: “¿Por qué los dioses de allá arriba, que lo deben saber todo, piensan tan poco en mí, y te dejan marchar?” Aunque multitud de cantantes la han hecho suya, una de las versiones más conocidas es la de Ella Fitzgerald, con esa voz leal y cristalina».

Las Cinco Canciones de Eduardo (IV): «You’re driving me crazy» (Guy Lombardo)

Si tuviéramos la suerte de tener a nuestra disposición una máquina del tiempo o un dispositivo tele-transportador, como en «Star Trek», que nos permitiera realizar visitas musicales a tiempos pasados, seguro que cada uno de nosotros daría un uso bien diferente a estos improbables inventos. Os digo algunos de mis posibles viajes: Festival de Woodstock, algunos de los conciertos de Deep Purple que dieron lugar al «Made in Japan», estar presente en la grabación del documental «Pink Floyd at Pompeii», una fiesta de graduación americana como la de la película Grease, un garito lleno de humo -como el Birdland- donde escuchar a Sarah Vaughan o a Billie Holiday, o un baile de esos, muy elegantes, donde tocara cualquier big band: Glen Miller, Benny Goodman, Arti Shaw, Duke Ellington o la propuesta que nos trae Eduardo: Guy Lombardo.

«Otros de mis recuerdos más vivos es cuando recorría las tiendas de discos de Madrid en busca de algún tesoro, a menudo descatalogado y muchas veces de saldo. Una de esas tiendas era «La Metralleta», en el centro de la ciudad. Allí encontré una recopilación de éxitos de los 30 y 40 en un CD doble, que grabé en un MP3 ya obsoleto y que, sin embargo, sigo conservando. Lo solía escuchar en el metro cuando volvía del trabajo. La canción con la que se abría era ésta que os traigo hoy, la más antigua de las cinco que he seleccionado. Tiene varias versiones, pero la del disco era la de la orquesta de Guy Lombardo».

 

Django Reinhardt / Jim Capaldi / Willie Nelson. «The Anniversary Song»

Hoy os traigo un vals de esos que se escuchan en las bodas y en las fiestas de los pueblos: «Waves of the Danube», también conocido con el título de «The Anniversary Song». Se trata de un tema compuesto, en 1880, por el músico rumano Ion Ivanovici, dedicado a Emma Gebauer -esposa del editor musical Constantin Gebauer- que, en 1926, fue utilizada por Yun Sim-Deok para componer «In Praise of Death«, según algunas fuentes la primera canción popular de Corea. De Rumanía a Corea, pasando por París donde la canción fue tocada en la Exposición Universal de 1889, «Waves of the Danube» llegó a los Estados Unidos donde la volvieron a reinventar de la mano de Al Jolson y Saul Chaplin, quienes la dotaron de letra, a la vez que el mencionado Chaplin adaptaba la partitura de Ivanovici. Al Jolson la grabó en 1947, permaneciendo catorce semanas en la lista de éxitos; a partir de entonces ha sido versionada, ya con el título que le dieron Jolson y Chaplin: «The Anniversary Song», por artistas como Dinah Shore, Guy Lombardo, Glenn Miller Orchestra, Artie Shaw, Andy Russell and Paul Weston o el guitarrista Django Reinhardt con el apoyo del grupo de jazz Quintette du Hot Club de France, ésta va a ser la primera de las versiones destacadas de hoy. «The Anniversary Song» también ha sido interpretada por cantantes como Andy Williams, Joni James y, al parecer, Frank Sinatra o Rosermary Clooney, aunque de estos dos últimos no he podido encontrar pruebas que lo corroboren. La segunda versión que recomiendo es la del batería de Traffic Jim Capaldi, con la que se cerraba su álbum de debut en solitario, titulado «Oh How We Danced» (1972); aunque a alguno de vosotros os pueda parecer un atrevimiento inadecuado, a mí se me antoja una gran versión, un ejemplo de cómo un vals puede convertirse en una pieza de rock. Para finalizar, un acercamiento al country de la mano de Willie Nelson, con su hermana Bobbie al piano, una versión incluida en su disco «Willie’s Stash, Vol. 1: December Day», publicado en diciembre de 2014.