Genesis. “Supper’s Ready”

Alguien me dijo una vez que lo importante en la poesía no es lo qué se cuenta sino cómo se cuenta, la emoción que puede generar la palabra cuando queda liberada de su función expositiva o narrativa. Con la música sucede algo similar, uno puede quedarse maravillado, enamorado, entregado a una canción que apenas comprende, me imagino que algo parecido a lo que pueden llegar a sentir los amantes del arte abstracto o yo mismo, cuando trato de comprender lo que nos quiso contar Stanley Kubrick con su fascinante y enigmática “2001: Una Odisea del Espacio”. Hoy os quiero hablar de una de las cimas del rock progresivo, probablemente el tema más alabado y querido de Genesis; “Supper’s Ready”, con sus veintitrés minutos de duración, fue compuesto por los cinco miembros clásicos de la banda (Tony Banks, Phil Collins, Peter Gabriel, Steve Hackett y Mike Rutherford), aunque es probable que Banks, Gabriel y Collins fueran los principales artífices; se incluyó en el álbum titulado “Foxtrot” (1972), el cuarto Lp del grupo (el segundo tras la llegada de Collins y Hackett). Este disco es uno de los mejores y más representativos de la banda; situado entre “Nursery Cryme” (1971) y “Selling England by the Pound” (1973), representa la esencia de Genesis: complejidad musical y literaria, influencias procedentes del folk, teatralidad, grandilocuencia y delicadeza. “Foxtrot” es un disco maravilloso, imprescindible, que finaliza con una obra de arte titulada “Supper’s Ready”, una suite progresiva dividida en siete movimientos, una pieza  onírico-surrealista muy compleja, que tiene su origen en una experiencia extrasensorial vivida por Peter Gabriel y su esposa Jill en la casa donde vivían los padres de ésta. Fue entonces cuando Gabriel, según sus propias palabras, decidió escribir “una historia épica acerca del bien y del mal” en la que incluyó una historia de amor, referencias bíblicas y de la cultura griega clásica, y alusiones a la vida política británica, un texto probablemente lleno de simbología y metáforas, difícil de descifrar, que acompaña a una música convertida en poesía, delicada y emocionante, justo lo que precisaba esta existencial composición.

El vídeo que preside esta entrada fue creado por el artista Nathaniel Barlam a partir de unos cuatrocientos dibujos; con ellos, a modo de cómic, Barlam nos ofrece una sugerente interpretación de esta historia (en este enlace lo podéis leer con más detalle). Hoy os voy a proponer algo diferente, en función de dónde deseéis situaros; a los seguidores del rock progresivo (y, por supuesto, a quienes os queráis animar) os aconsejo que escuchéis de nuevo “Supper’s Ready” mientras veis el vídeo de Barlam; el resto podéis transformar esta críptica canción en una historia de amor, escuchando solamente los primeros dos minutos y medio y el final del tema (a partir del minuto 20:15). Aquí os dejo otro vídeo, de 1972, con una interpretación en directo de esta suite, y aquí uno más reciente, debido al que fuera guitarrista de esta banda, Steve Hackett.

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Imán Califato Independiente. “Darshan”

Imán Califato Independiente es una banda de rock sinfónico arábigo-andaluz creada en 1976 en torno al bajista Iñaki Egaña, el guitarrista Manuel Rodríguez, el batería Kiko Guerrero … y el gurú Maharaji, por el que sentían auténtica devoción los miembros de esta banda, también los que se integraron poco tiempo después, como el teclista Marcos Mantero, y otros compañeros que acabaron abandonando este proyecto (Pablo Becerra, Federico Cordón o Luis Delgado). Primero se instalaron en Madrid (en el barrio de Fuencarral), después en Jerez (en casa de Kiko Guerrero) y, finalmente, en el Puerto de Santa María, donde vivieron en comuna, incluso con un cocinero especializado en comida vegetariana; así nos lo cuenta Marcos Mantero:

«Acabamos viviendo todos juntos en el Puerto de Santa María, en una casa medio en el campo, en el Camino del Águila (…) Tenía un pequeño terreno con una especie de nave que había sido utilizada como tostadero de pipas de girasol. La forramos toda con colchones desechados de la Base de Rota y la convertimos en nuestro local de ensayo».

Sólo publicaron dos álbumes: «Imán Califato Independiente» (1978) y «Camino del Águila» (1980), dos excelentes trabajos progresivos impregnados de jazz-rock y de influencias hindúes, mediterráneas, arábigas y andaluzas. El grupo se disolvió en 1980, aunque se han reunido esporádicamente en alguna que otra ocasión. Marcos Mantero nos habla de las posibles razones que pudieron motivar la ruptura:

«No sé exactamente a qué se debió la disolución de Imán, aunque fui yo el que decidió dejar el grupo y, a partir de eso, se disolvió. Quizás no supimos adaptarnos al cambio de vivir en una especie de comunidad hippie, donde ni siquiera nos repartíamos el dinero, sino que cada uno cogía lo que necesitaba, a pasar a la formación de parejas, matrimonios, niños …»

En cuanto a su estilo, Mantero reconoce claramente influencias de bandas como Pink Floyd o Weather Report, aunque también está presente en ellos, al menos así me lo parece a mí, el clásico sonido de la «Escena Canterbury» y los aromas catalano-mediterráneos característicos de bandas como Iceberg, algo que se evidencia en temas como el que hoy os propongo: «Darshan», una mini-suite instrumental de nueve minutos de duración perteneciente a su primer álbum, cálida y cambiante, con la guitarra y los teclados luciendo a gran nivel, al igual que la sección rítmica. El resto de temas de este disco son igual de buenos, en especial el que ocupa toda la cara A, «Tarantos del Califato Independiente«, que estoy seguro va a cautivar a todos los aficionados al rock progresivo.

Las citas están tomadas del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; págs. 415-420.

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King Crimson. «Prince Rupert Awakes»

Los primeros años de King Crimson fueron un ir y venir de músicos, atraídos -y a la vez repelidos- por el magnetismo que ejercía el carismático líder de la banda, Robert Fripp. Tras un primer álbum excepcional (“In The Court of the Crimson King”, 1969), uno de los discos pioneros del rock sinfónico, grabaron “In The Wake of Poseidon” (1970) en modo trío (Robert Fripp, Greg Lake y Peter Sinfield) con una serie de músicos de apoyo. En el siguiente trabajo, “Lizard” (1970), sólo quedaban Robert Fripp (guitarra, mellotron y teclados) y Peter Sinfield (teclados, letras) con respecto a la formación original; a ellos se unieron Gordon Haskell (bajo, voz), Andy McCulloch (batería) y Mel Collins (saxofón, flauta), y una serie de músicos adicionales (Keith Tippett, Robin Miller, Mac Charig, Nick Evans y Jon Anderson), responsables de la complejidad y riqueza instrumental que se exhibe en este Lp, un trabajo diferente de los dos anteriores, más inclinado hacia el jazz-rock, de gran sensibilidad y con un aporte magistral de la sección de viento. Esta formación fue la más efímera de todas en la historia de King Crimson; Haskell y McCulloch nunca se sintieron a gusto en la banda, tal vez por la propuesta musical de Fripp, extraña para ellos, de tal manera que esta alineación no llegó a actuar en directo, al menos al completo; y algo parecido ha venido sucediendo con los temas de este álbum, los grandes olvidados en las actuaciones en vivo del Rey Carmesí; en los últimos años, Fripp se ha animado a tocar algunas partes, incluso en el año 2009, dentro de la iniciativa “Edición 40 Aniversario”, este álbum fue remasterizado con la colaboración de Steven Wilson, de la banda Pocurpine Tree.

La portada original de “Lizard”, obra de Gini Barris, está diseñada a partir de las palabras “King Crimson”, de tal manera que, en cada letra de ornamentación medieval, aparecen incluidas imágenes que representan las enigmáticas letras escritas por Peter Sinfield para este disco, donde el simbolismo alegórico es protagonista. La cara A del álbum está ocupada por los temas “Cirkus”, “Indoor Games”, “Happy Family” (con alusión implícita a la separación de los Beatles) y “Lady of the Dancing Water”; mientras que en la B se incluye la suite “Lizard”, dividida en cuatro movimientos. Con el ánimo de llegar al mayor número de oyentes posible, esta vez he preferido poner sólo la primera parte (“Prince Rupert Awakes”), una de las baladas más bonitas del rock progresivo, un trabajo brillante a las guitarras, al piano y al mellotron, con la presencia inconfundible de Jon Anderson, el cantante de Yes, en la parte vocal. Para los que os animéis a escuchar la suite completa (también la tenéis al final de la entrada), os dejo enlaces a las partes restantes: «Bolero: The Peacock’s Tale«, «The Battle of Glass Tears» y «Big Top«. Si alguien tiene dificultades con el reproductor SoundCloud, puede intentar escuchar el tema protagonista de hoy en este enlace de youtube, aunque es probable que acaben eliminándolo, porque no es fácil escuchar a King Crimson a través de los canales habituales (youtube o spotify).

 

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Budgie. «Parents»

Budgie es una banda galesa, formada en 1967 por el bajista y vocalista Burke Shelley, el batería Ray Phillips y el guitarrista Tony Bourge, aunque en los inicios también contaron con Brian Goddard (guitarra), cuando el grupo se llamaba Hills Contemporary Grass y, posteriormente, Six Ton Budgie. No consiguieron grabar su primer álbum (“Budgie”) hasta 1971, ya bajo la denominación que conocemos; el segundo (“Squawk”) salió al mercado un año después; y el tercero, el titulado “Never Turn Your Back on a Friend”, lo hizo en 1973. Estos tres primeros álbumes, y tal vez los dos siguientes (“In For he Kill”, 1974; y “Bandolier”, 1975), constituyen a mi entender la obra más importante de Budgie, una banda que, a mediados de los setenta y durante los ochenta, acabó practicando un heavy metal más convencional, de acuerdo a los gustos de la época. Tal y como puede comprobarse en su página web, aún continúan en activo, aunque el único miembro de la formación original es Burke Shelley. En estos primeros discos a menudo se les compara con Black Sabbath, incluso con Rush; a mi entender tienen un sonido propio, en el que alternan canciones hardrockeras muy potentes con temas suaves y melódicos, algo que incluso se puede apreciar dentro de una misma canción; por estilo se sitúan entre el hard rock y el rock progresivo. Muchos aficionados al heavy metal han conocido a Budgie gracias a las versiones que han realizado de sus temas bandas tan conocidas como Iron Maiden, Metallica, Van Halen o Judas Priest, por mencionar algunas. El mejor álbum de esta formación tal vez sea el tercero, “Never Turn Your Back On a Friend”, con portada del ilustrador habitual de Yes, Roger Dean, que cuenta con temas tan buenos como “Breadfan”, publicado como single, aunque quienes realmente lo hicieron popular fueron los estadounidenses Metallica, que lo incluyeron como cara B de su single “Harvester of Sorrow” (1988); “You Know I’ll Always Love You”, una preciosa balada acústica; “You’re the Biggest Thing Since Powdered Milk”, uno de los temas más progresivos, con un solo de batería muy interesante al inicio de la canción y una aportación al bajo sensacional; o “Parents”, una de esas melodías de fragancia progresiva que tanto me gusta escuchar en bandas de hard rock, emocionante en su música y en su letra, con el conflicto generacional como telón de fondo. En 2003 se remasterizó el álbum y se incluyeron tres bonus track, uno de ellos una versión acústica de “Parents” que os dejo en este enlace.

Las Cinco Canciones de Nostromo (IV): “Sr. Troncoso» (Triana)

A lo mejor lo he contado alguna vez, la primera cinta que me compré en mi vida fue «El Patio» de Triana. Calculo que tendría en torno a catorce años. Acostumbrado a mis grabaciones de la radio en cintas Belair y KDK (no confundir con TDK, que eran las buenas, tal y como nos contó Nostromo el martes), una cinta comprada era para mí como un tesoro. Me acuerdo perfectamente dónde la compré, en un lugar y en unas circunstancias bien singulares. Fue en el mercado de mi barrio, en una tienda pequeña que vendía bombillas y enchufes; en el mostrador tenían un cacharro de esos que giran, como los que había hasta hace poco en las gasolineras (bueno, me imagino que aún quedará alguno con «cedés»). Tuvo que ser en verano o en navidades porque trabaja allí mi hermana, que aprovechaba las vacaciones para ganar un dinerillo y, de paso, charlar y hacer relaciones públicas con todo el mercado; si yo tenía catorce años, ella debería tener doce … No sé cuándo, pero no mucho tiempo después me hice con el segundo trabajo de Triana, también en casete; de él nos habla Nostromo, en concreto del tema «Sr. Troncoso».

«No soy muy de flamenco o por lo menos eso es lo que pienso, aunque haciendo una ligera reflexión, me doy cuenta de que mis flirteos con él han sido más numerosos de los que en un principio creía, eso sí, siempre aderezado con rock o blues: Triana, Lole y Manuel, El último de la Fila, Medina Azahara, Veneno, Paco de Lucia, Alameda…

Para mí Triana es especial, si algún día tuviese que votar por la mejor banda española de todos los tiempos, seguro que estarían en mi hipotético pódium, lo que ya no sé es en qué altura. No solo por sus maravillosos tres primeros discos, ni por su rock «flamencoprogre», ni por su creatividad, ni por su fusión de estilos a la postre embrión del rock andaluz -con permiso de Smash-, a parte de todo eso por lo de siempre, por los recuerdos.

Nunca olvidaré los sonidos de El patio en la mañana de una lejana primavera, en aquella casa de estudiantes (eso ponía en mi DNI) de Los Carriles, recostado en el poyete de la escalera del ídem (patio), admirando un bucólico prado verde y sonando Todo es de color de Manuel Molina. Antes ya había hecho palmas sordas con Abre la puerta, disfrutado de la psicodelia de Sé de un lugar o tarareado la lisérgica En el lago.

Hijos Del Agobio (1977) es un álbum más denso y complicado, las cosas empezaban a irles bien, su primer disco rulaba sin apenas promoción, la agenda se iba apretando de conciertos y aprovechaban cualquier hueco para grabar. Un trabajo más progresivo, donde también se meten en política con gritos de libertad en una España que quería desperezarse. La que da nombre al Lp es quizás la más conocida, pero a mí la que más me emocionaba era Sr Troncoso.

Sr. Troncoso suena sencilla y agradable, inconfundible la voz de Jesús de la Rosa con sus guitarras acústicas y percusiones, más el añadido de una palmeada guitarra eléctrica de Antonio García de Diego tocando a lo Zeppelin. Es un canto a la esperanza para los malos momentos, un soplo de aire fresco cuando todo huele a podrido, una invitación a ver el interior de algo que no nos llama la atención, una canción triste, ¡sí!, sobre Leopoldo ‘el legía’, un hombre que a los palos de la vida les devolvía una sonrisa. Simple y llanamente entrañable.

P.D.- Ya estaba casi terminada esta publicación, cuando el amigo Raúl ha hecho lo propio sobre el Sr. Troncoso, casualidades de la blogosfera. Un post es como un hijo que debe de nacer, el del autor de esta impecable bitácora siempre será el primogénito 😉»