Suzi Quatro. «If You Can’t Give Me Love»

Casi todas las mujeres que han triunfado en el rock han sido teclistas, guitarristas o cantantes; baterías y percusionistas ha habido menos, y algo parecido sucede con las bajistas. Suzi Quatro ha sido una de las primeras bajistas que ha destacado en el mundo del rock, aunque también hay que reconocer que gran parte de su éxito se debió a su aspecto, a su estética ligada al cuero y a su faceta como cantante. Nacida en Detroit (EE.UU.), ya tocaba los bongos en el grupo de jazz de su padre. Estudió piano, aunque pronto se inclinaría por el rock creando, junto a sus hermanas Patti y Nancy, el grupo femenino The Pleasure Seekers; en opinión de la amiga Marta (We Are Rock), «una de las garage bands más importantes por el valor técnico de la banda y por la influencia que tuvo en artistas posteriores como Patti Smith, Chrysse Hynde o Joan Jett». Editaron su primer single en 1964, años después el grupo acabaría rebautizándose como Craddel, ya con un sonido algo más agresivo. A comienzos de los setenta Suzie abandonó Craddle para iniciar su carrera en solitario. Publicó su primer álbum en 1972 («Suzie Quatro») y en los años siguientes saldrían al mercado otros trabajos de hard rock melódico que tuvieron un cierto seguimiento; sin embargo, el éxito definitivo llegaría con «If you Knew Suzi …» (1978), un álbum menos rockero y más cercano al pop-rock en el que se incluyeron algunas versiones como «Tired of Waiting» -de los Kinks-, «Rock and Roll, Hoochie Koo» -de Rick Derringer, grabado por primera vez por Johnny Winter– o «Breakdown» -de Tom Petty-, además de temas compuestos por el productor Mike Champman y el compositor Nicky Chinn, y los debidos a la propia Suzi Quatro y al guitarrista Len Tuckey, que acabaría siendo el primer marido de la bajista. El disco comenzaba con dos de las canciones más exitosas de Suzi Quatro: «If you can’t me love» y «Stumblin’In«, esta segunda interpretada a dúo con Chris Norman, cantante de la banda Smokie. A mediados de los ochenta su carrera musical ya estaba en decadencia, aunque entonces empezó a trabajar como actriz y a aparecer en reality shows. Aún continúa en activo, reviviendo sus tiempos de gloria y, según tengo entendido, presentando semanalmente un programa en la BBC Radio2. Os dejo con «If you can’t me love», uno de los primeros singles que me compré (en El Rastro, de segunda mano) y que aún conservo aunque esté un poco deteriorado, como puede comprobarse en la imagen que dejo al final de la entrada.

 

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Nicky Hopkins. «Edward»

La historia del rock está llena de héroes anónimos, de músicos que, con su profesionalidad y dedicación han colaborado al engrandecimiento de este género. Algunos consiguieron saltar al estrellato en algún momento de su vida, es el caso, por ejemplo, de Jimmy Page o de los miembros del grupo Toto; otros, sin embargo, vivieron siempre al margen de la fama, arropados por el éxito de otros. El pianista inglés Nicky Hopkins fue uno de ellos. Nacido en 1944, comenzó a tocar el piano a una edad muy temprana; a comienzos de los sesenta ya formaba parte de la banda Screaming Lord Sutch’s Savages, en la que también militaron figuras del rock tan destacadas como Ritchie Blackmore, Jimmy Page, Mick Abrahams o Jeff Beck; y, más tarde, se enrolaría en una de las formaciones pioneras del R&B británico: The Cyril Davies All Stars. Sin embargo, su delicada salud –sufría de la Enfermedad de Crohn- le obligó a alejarse de las giras, comenzando así su carrera como músico de sesión. Durante los años sesenta y setenta, Nicky Hopkins trabajó para buena parte de los mejores grupos y artistas del momento: The Kinks, The Rolling Stones, The Beatles, Donovan, The Who, Jeff Beck, Jerry García, Cat Stevens, Jefferson Airplane, Steve Miller Band, Joe Cocker, Marc Bolan, etc. Ese piano que suena en algunos de los temas más conocidos de estos grupos –y de otros- es el de Hopkins, en ocasiones bien notorio, otras veces oculto o situado de manera secundaria en la canción. Aunque su contribución como músico de sesión es excepcional, también grabó algún disco en solitario, como “The Tin Man Was a Dreamer”, su segundo trabajo de estudio, para el que contó con la colaboración de artistas tan destacados como George Harrison, Mick Taylor, Bobby Keys o Jim Price. Es un disco francamente recomendable, con una producción y unos arreglos muy cuidados, que incluye temas rocanroleros (“Speed on”, “Banana Anna” o “Pig’s Boggie”), otros más orientados hacia el folk-rock (“Waiting for the Band”), baladas (“The Dreamer”) y el resto son canciones son de pop-rock con elementos psicodélicos y jazzísticos; es el caso de “Edward”, realmente la versión de un tema anterior que Hopkins escribió para el grupo psicodélico Quicksilver Messenger Service, del que también formó parte. La versión primigenia de “Edward” se titulaba “Edward, The Mad Shirt Gringer”, duraba más de nueve minutos y fue incluida en el álbum “Shady Grove” (1969).

Leadbelly / Leon Rusell / Ry Cooder. «Goodnight Irene»

Huddie William Ledbetter («Leadbelly») fue un músico estadounidense nacido en Mooringsport (Luisiana) en 1888, conocido por su virtuosismo con la guitarra de doce cuerdas y por una convulsa vida, que le llevaría varias veces a prisión. La primera en 1915, acusado de golpear a un hombre y de portar una pistola; en aquella ocasión consiguió huir y cambió de identidad aunque, en 1918, fue nuevamente encarcelado, esta vez por matar al esposo de su prima en un pelea; tras pasar siete años en prisión, volvió a escapar e intentó ahogarse en un lago, pero fue capturado de nuevo y recluido en la penitenciaria de Dallas. Allí consiguió introducir una guitarra, con la que animaba los días a sus compañeros, a los guardias, incluso al propio gobernador de Texas, quien no dudó en llevar a su familia y amigos para disfrutar del talento de Leadbelly; éste acabaría escribiendo una canción, «Please Pardon Me», en la que pedía perdón al gobernador por sus actos. Finalmente consiguió que le excarcelaran por buena conducta; sin embargo, años más tarde se vio involucrado en una reyerta, en la que Leadbelly acabó hiriendo de gravedad a un hombre; fue nuevamente confinado a prisión por intento de homicidio, esta vez en Angola (Luisiana). En 1933 los etnomusicólogos John y Alan Lomax estaban inmersos en un proyecto de recuperación del patrimonio musical norteamericano, a través de grabaciones de blues y folk realizadas, entre otros sitios, en las prisiones del sur de los Estados Unidos. Así fue como conocieron a Leadbelly, con quien grabaron muchas canciones; entre ellas la ya mencionada «Please Pardon Me» y su tema más conocido: «Goodnight Irene, una canción popular grabada por primera vez por él en 1934, que se convirtió en un gran éxito a partir de 1950, apenas unos meses después de su fallecimiento. Las primeras interpretaciones fueron las de The Weavers, Frank Sinatra y Red Foley & Ernest Tubb. Desde entonces no han cesado las versiones; la lista de artistas es grande y de gran calidad: Missisipi John Hurt, Johnny Cash, Little Richard, The Kingston Trio, Jerry Lee Lewis, Pete Seger, Tom Waits, Brian Ferry, Keith Richards, Clifford Jordan, John Martyn, Eric Clapton o Van Morrison. Los dos vídeos que acompañan al de Leadbelly pertenecen a sendas versiones de Leon Rusell y Ry Cooder (acompañado al acordeón por el Flaco Jiménez, del grupo Texas Tornados); no sé si son las mejores versiones posibles (hoy hay mucha competencia), simplemente me he dejado llevar por el buen feeling que me transmiten ambas.

Susan Santos. «Rattlesnake» / «Skin & Bones» / «Stop Drivin’ Me Crazy»

«Dices que eres músico y la siguiente pregunta es: sí, ¿pero a qué te dedicas?» Esta frase pertenece a Susan Santos y, según cuenta en esta entrevista ofrecida por lennon.es, tiene mucho que ver con la percepción que se tiene del oficio de músico en España. Hace algunas semanas os hablaba de Friday Frolics, un excelente grupo de folk-celta que, a pesar de su calidad, apenas es conocido; con Susan Santos ocurre algo parecido, es una de las mejores guitarristas que tenemos en el país (yo al menos no conozco ninguna mejor), compone sus canciones, canta bien y es pionera en España de un género, como el blues, habitualmente dominado por hombres. Una vez más, tengo que dar las gracias a la amiga Marta, la persona que más sabe de rock hecho por mujeres, por aquella invitación que me hizo para participar en un crowdfunding, que Susan Santos había lanzado con el objetivo de obtener fondos para grabar su cuarto disco de estudio, «Skin & Bones» (2016); es la primera vez que participo en un proyecto de micro-mecenazgo y, he de decir, que me ha gustado mucho la experiencia; tengo la sensación de haber apoyado una causa justa, de una manera más eficaz y provechosa para el músico que limitándome a comprar su disco. Según nos cuenta en su página web, Susan aprendió de manera autodidacta; y, tras pasar por varios grupos, en el año 2009 deja su trabajo de profesora de guitarra para trasladarse a Madrid. Ha tocado en salas importantes y ha compartido escenario, tanto en EE.UU. como en Europa, con figuras tan destacadas como Jimmie Vaughan, Joe Bonamassa, The Fabulous Thunderbirds, Joe Lois Walker, Buddy Whittington o Sugar Blue. El blues-rock de Susan es cálido y elegante, con pinceladas procedentes de otros estilos como el country, el funk, incluso el jazz fusión; es zurda, toca tanto con púa como con los dedos y es una consumada especialista con el dobro, como puede comprobarse en este vídeo. Desde aquí podéis acceder a casi toda su discografía; para que la vayáis conociendo, os recomiendo estos tres temas de «Skin & Bones»: «Rattlesnake», el rockabilly «Skin & Bones» y el más blusero «Stop Drivin’ Me Crazy», mi corte preferido de este disco. Para que comprobéis su desempeño, aquí tenéis una actuación en directo, del año 2014, en los Conciertos de Radio 3. Lástima que Susan Santos haya nacido en España, si lo hubiera hecho en Estados Unidos se estaría hablando de la nueva Bonnie Raitt. El 17 de mayo hará la presentación de este nuevo disco en la madrileña sala Boite; ya tengo comprada la entrada, así que espero poder ir al concierto.

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Las Cinco Canciones de Salva (V): “No queda sino batirnos ” (Mago de Oz)

Mago de Oz es, probablemente, el grupo más querido y odiado (prácticamente a partes iguales) del rock español. Sin ser un loco de esta banda, me considero entre los primeros, incluso me gusta su tendencia al pastiche y la amalgama de estilos. Hoy Salva se desnuda ante nosotros y nos cuenta algo que, en su día, no quiso contar en su web; entiendo que se ha tenido que armar de mucho valor para querer hablar de ello y para rescatar esta canción, que no escucha desde hace mucho tiempo. En su momento ya le dije que me emocioné cuando leí su relato por primera vez, y hoy he vuelto a sentir lo mismo. Creo que ese estilo suyo, directo y apasionado, es el que le hizo conectar con mucha gente cuando tenía «Mentalparadise», desde entonces todos nos sentimos un poco huérfanos. Ha sido un placer volver a recordar estas cinco canciones, esas cinco porciones de tu vida. Gracias, amigo.

«Esta canción no estaba en mi anterior lista. Tampoco es una de mis favoritas, me gusta sí, como tantas otras de Mago de Oz, pero ésta en concreto llevo sin escucharla casi tres años. Para ser exactos se cumplirán tres años el 29 de mayo. Pero es importante porque, de una manera bien diferente a «Highway Star» o «Fast as a Shark», no cambió mi vida pero sí que marca un antes y un después en ella.

Ese día recibí una de esas llamadas de teléfono que, no por esperadas, no dejan de sacudir toda tu existencia. Cuando mi mujer me llamó al trabajo para comunicarme los resultados de unas pruebas que le habían realizado hacía varias semanas, todo a mí alrededor desapareció. En cuestión de segundos, mi mente visualizó una vida sin mi mujer, haciéndome cargo de mi hija pequeña, y un enorme muro se levantaba ante mí, que incapaz de atravesarlo me sumía en un pozo de desesperación. Salí pitando del trabajo para ir al hospital y en el coche estaba sonando esta canción, que a primera escucha es muy alegre y positiva, pero en aquellos momentos su estribillo, ese que dice «Y verás que en la vida hay que sufrir, y verás que en la vida hay que luchar, y al final si eres fuerte ganarás. No queda sino batirnos, no queda sino luchar» , tocó lo más hondo de mi alma y no pude contener las lágrimas, al tiempo que golpeaba el volante sin comprender por qué esto nos estaba pasando a nosotros.

Ese muro que se levantó en un primer momento y que creía incapaz de atravesar, con los días, apenas me llegaba a los tobillos. Nuestras vidas transcurrían entre una falsa normalidad disfrazada en ocasiones de autentica felicidad, empañada por continuas visitas al hospital, largas sesiones de quimioterapia, dudas, miedos y en ocasiones de un olvido total de lo que estaba ocurriendo. Al menos por mi parte. Sabía que mi mujer era incapaz de desprenderse del miedo que la invadía y que se me pegaba a la piel cada vez que la abrazaba.

Afortunadamente a día de hoy la enfermedad está controlada, pero con el cáncer ya se sabe, bueno, en realidad no se sabe. Mejor vivir el día a día, el pasado no vuelve y el futuro no existe, así que vivamos el presente.

Y por supuesto seguiré sin escuchar esta canción, no sé durante cuánto tiempo, porque a pesar de lo que decía más arriba de que el pasado no vuelve, esos son recuerdos que prefiero queden escondidos».

Y éstas han sido cinco de las canciones de mi vida. Quiero dar las gracias a Raúl por rescatar esta sección que en su día nació en Mentalparadise y que sabrá llevar de forma magistral.

Un abrazo a todos».