Las Cinco Canciones de Rockologia (III): «Hasta que se acostumbre a la oscuridad» (M-Clan)

«Para no ver el final» (2010) es el séptimo álbum de estudio de los murcianos M-Clan; allí se incluyó «Hasta que se acostumbre a la oscuridad». En una entrevista concedida por el vocalista de M-Clan (Carlos Tarque) a Juan Puchades, para la revista Efe Eme, éste le preguntaba sobre el significado del tema, tal vez el menos evidente del disco en opinión del periodista; Tarque respondió así: «Sí, tiene su cosa, está dedicada a un amigo que murió justo en los días de grabación. La letra era un poco opaca, sugería cosas. Y nos sucedió esta historia con Cristóbal, que era un amigo, también era técnico, un gran amigo, se murió a la semana de estar grabando. Y dije, ‘hostia, pero si esto lo puedo redirigir’. La canción tomó otro sentido». Nuestro invitado de esta semana nos habla de las sensaciones que se tienen cuando se ha perdido a un ser querido, del miedo a la oscuridad y de la muerte como tránsito hacia un lugar diferente donde, seguro, alguien siempre podrá salir a recibirte. Una manera de entender el final de la vida y el deseo de trascender que no necesita de religiones ni de planteamientos filosóficos, ni siquiera de soluciones pseudo-místicas como las planteadas en algunas novelas de ciencia-ficción como El Palacio de la Eternidad (1969), de Bob Shaw, una obra que os recomiendo a todos los amantes de la Space Opera de especulación metafísica.

«Una canción de despedida, una canción de muerte. En el fondo este hermoso tema de M-Clan es tan dulce como tétrico: la canción del que se queda para el que se va, el tranquilo llamado a aquellos que le aguardan al otro lado: “hasta que se acostumbre a la oscuridad os pido que le hagáis un lugar, no cerréis la puerta, no dejéis de hablar”. A principios de 2011 falleció mi última abuela, la que me crió de pequeño, mi grandmother (mi gran madre, qué acertada palabra). Y este tema de M-Clan daba vueltas por ahí. E irremediablemente lo asocié. Lo escucho, aún hoy, y la recuerdo aquellos últimos días. El tema tiene un crescendo delicioso donde el protagonismo acaba recayendo en quien se va: “eh, vosotros, no sé si estáis ahí, por qué no contestáis o es que no me oís, hasta que me acostumbre a la oscuridad…”. Esta canción cambió mi forma de entender la muerte. Ahora me imagino, más o menos, el otro mundo. Gente esperándome. Grabada por los murcianos en su álbum ‘Para no ver el final'».

Las Cinco Canciones de Rockologia (II): «Love of my Life» (Queen)

En la entrada que en su día dediqué a esta canción os confesaba que «Love of my Life» es mi canción preferida de Queen, junto con «Bohemian Rhapsody». Fue compuesta por Freddie Mercury con una base de piano clásica, a la que se incorporaron algunos fragmentos de arpa y guitarra a cargo de Brian May, aunque en directo Mercury la solía cantar con el único acompañamiento de una guitarra de doce cuerdas tocada por May. «Love of my Life» es una preciosa historia de amor, verdadera y sincera, libre de tópicos y convencionalismos, que nos recuerda el romance que vivieron Freddie y Mary Austin; duró varios años, hasta que la fama y, sobre todo, la homosexualidad de Mercury se hicieron patentes. Entonces me pareció un tema perfecto para celebrar «San Valentín», algo bien diferente de lo que ha motivado a nuestro invitado para seleccionar esta canción entre las cinco de su vida. No os digo más porque no quiero destripar su relato.

«Hace muchos años (en un reino junto al mar) una mujer que aún me quiere se quedó embarazada. Fue largo y difícil. Desde el principio no había muchas esperanzas y, tras dos amagos de aborto, nos atacó el fantasma de la depresión. La tercera vez sonaba en casa esta canción de Queen. Me acerqué al ombligo de mi mujer y susurré la letra. Igual no os hacéis idea de lo ridículo del momento: una pequeña plegaria blasfema suplicando “amor de mi vida, no me abandones, has robado mi corazón, me has dejado desierto, ¿no lo ves? tráelo de vuelta”. Las contracciones pararon. Los meses siguientes, cada vez que volvía a asustarnos, arrimaba mi boca a ese ombligo y cantaba insistentemente “Love of my Life”. Quizá no fue determinante, pero me gusta pensar que gracias a esta canción y al poder de la plegaria Mercury amplificada por un ombligo el milagro sucedió. Esta canción cambió mi vida: me trajo una hija. Aún se la canto cada cumpleaños a mi hoy adolescente. Por cierto, la original apareció en el álbum de 1975 «A Night at the Opera». Os pego el vídeo con la letra».

Las Cinco Canciones de Rockologia (I): «Tocaba correr» (Ñu)

El mundo bloguero del rock cuenta con una web que haríais bien en seguir todos los que améis este género; Rockologia es un espacio consolidado, con varios años de experiencia, donde tienen cabida los diferentes sub-estilos en los que se organiza el rock a través de una serie de secciones que vertebran los contenidos de esta bitácora: «Algunos discos que sigo escuchando», «Arte-Rock», «Blues para novatos», «Casi famosos», «Crítica: Ahora estoy escuchando …», «Crítica: discos míticos y pequeños tesoros», «Discos que cumplen años», «Escuchando libros», «Guerra de Décadas», «Las mejores canciones de …», «Lugares míticos», «Productores, compositores y otros personajes», «Sexo en el rock», «Versioneando: las mejores versiones de …» y «Versioneando: Versión Española». Sé que muchos de vosotros ya conocéis Rockología, sólo espero que os animéis alguno más porque se trata de un blog hecho con conocimiento y rigor, donde se aprenden muchas cosas, además de ser ameno y divertido. Esta semana podremos disfrutar de cinco canciones rockeras llenas de recuerdos, tres de ellas a cargo de grupos españoles; por ejemplo ésta primera, el tema «Tocaba correr» de Ñu, la banda de Jose Carlos Molina, una de las más longevas y reconocidas del panorama patrio, con la que nuestro invitado ha querido personalizar sus inicios en el R&R.

«Con la canción del lunes quiero transportaros a mis inicios en esto del rocanrol. Por una vez comencemos por el origen: mi primer concierto. Fue, quizá el año 86, en una carpa de Leganés, Madrid, con Ñu como cabeza de cartel. Bien es cierto que en aquella ocasión no pudo sonar “Tocaba correr”, la canción de hoy, porque fue editada dos años más tarde. Sin embargo, al elegir un tema he intentado fundir dos historias en una, dos historias iniciáticas, la de mi primer concierto y la de mis horas de colegas, recreativos, cigarros robados, litronas, parque, bares de barrio y mucha, mucha música ruidosa. Horas de girar casetes, leer revistas de música y compartir. “Tocaba correr” me lleva a aquella comodidad juvenil y, de paso, sirve de homenaje a una generación de músicos únicos, los que cambiaron mi vida incendiando la hoguera del rocanrol. Para quien le interesen los datos, se publicó en 1988 cerrando el disco ‘Vamos al lío'».

Rainbow. «Spotlight Kid»

 

La mayor parte de aficionados al heavy metal, purplemaniacos y seguidores de Rainbow -la banda creada en 1975 por el líder de Deep Purple Ritchie Blackmore- coinciden en indicar su preferencia por los primeros trabajos de esta formación, en particular aquellos en los que coincidieron Cozy Powell, Ronnie James Dio y Ritchie Blackmore: «Rising» (1976), «Long Live Rock’ n’ Roll» (1977) y «On Stage» (1977); o en los que intervinieron al menos dos de ellos: «Ritchie Blackmore’s Rainbow» (1975) y «Down to Earth» (1979). Sin embargo, a mí siempre me ha gustado mucho el que fue grabado después de todos los que acabo de mencionar: «Difficult to Cure» (1981), un álbum con el que Blackmore quiso acercar Rainbow a un mayor número de oyentes, para lo cual suavizó su sonido, lo hizo más comercial y trató de aproximarlo al AOR. Ronnie James Dio ya había abandonado el grupo en el disco anterior («Down to Earth», 1979); fue sustituido por Graham Bonnet, un interesante cantante que, sin embargo, no se ajustaba al perfil deseado por Blackmore para su grupo. Cuando ya estaba grabándose «Difficult to Cure«, Bonnet abandonó Rainbow y, en su lugar, entró Joe Lynn Turner, ex-vocalista de la banda Fandango, portador de un registro vocal parecido al del cantante de Foreigner, justo lo que buscaba Ritchie. Tal y como nos cuenta Jordi Bianciotto (Deep Purple. La Saga. Barcelona: Quarentena Ediciones, 2012), el batería Cozy Powell -que acabaría siendo uno de los músicos de referencia del heavy metal que habría de llegar-, decidió abandonar Rainbow cuando escuchó «I Surrender», uno de los temas estelares de «Difficult to Cure«. Sin Dio ni Powell, el sustrato metalero se suavizó y, de paso, Blackmore se quitó de en medio a dos pesos pesados que, si hubieran seguido en el grupo, probablemente le habrían restado protagonismo. A pesar de mis simpatías por este álbum, he de reconocer que se trata de un trabajo un tanto deslabazado, donde tan pronto podemos encontrar temas de clara inclinación AOR («Magic» o «Freedom Fighter«), otros con influencias del funk («No Release«), piezas rocanroleras («Can’t Happen Here«), baladas para el lucimiento de Blackmore («Vielleicht Das Nächste Mal«) o canciones que nos recuerdan a Deep Purple, como «Difficult to Cure» o el tema destacado de hoy: «Spotlight Kid», probablemente mi preferido de Rainbow -junto con «Stargazer»-, con ese fabuloso duelo guitarra/teclados a ritmo de speed metal que está en la base de lo que, poco tiempo después, habría de llamarse power metal, y esa letra de Roger Glover que nos habla de alguien al que el público adora, el centro de atención, un artista enamorado de los focos, ¿tal vez Ritchie Blackmore?

José Feliciano / Los Coronas & Arizona Baby. «La Cárcel de Sing Sing»

José Feliciano es uno de los más importantes activos con los que cuenta Puerto Rico en el ámbito del bolero y la balada romántica. Algunas fuentes dicen que fue el primer artista latino en adentrarse en el difícil mercado de la música en inglés, aunque a mí me gusta más cantando en español. Grabó su primer Lp en 1964, cuando tenía diecinueve años y, desde entonces, ha publicado más de sesenta álbumes, algunos de ellos de gran éxito. Ya apareció por aquí, cuando este blog daba sus primeros pasos; entonces compartió espacio con el grupo español Los Rodríguez, a propósito del tema «La Copa Rota«. En esta ocasión le acompañan Los Coronas -banda madrileña de rock instrumental- y Arizona Baby -Grupo de folk-rock indie procedente de Valladolid-. «La Cárcel de Sing Sing» es una canción compuesta por el dominicano Bienvenido Brens, que narra la historia de un prisionero de esta conocida penitenciaría del Estado de Nueva York, construida en 1825 y tristemente popular por su historial de ejecuciones en la silla eléctrica, condenado a muerte por matar a su mujer y al amante de ésta. El estribillo es de lo más explícito, en la línea romántica y trágica de ciertas canciones latinoamericanas que, en estos últimos años, vuelven a retomarse gracias a los narcocorridos, género del que hablaremos en otra ocasión: «Yo tuve que matar a un ser que quise amar. Aunque aún estando muerta yo la quiero, al verla con su amante a los dos los maté. Por culpa de ese infame moriré». «La Cárcel de Sing Sing» ha sido interpretada por cantantes diversos, tal vez el más conocido sea el bolerista colombiano Alci Acosta (ésta es su versión), aunque quien la popularizó fue José Feliciano en los años sesenta. En el primer vídeo de hoy, que espero no supriman o invaliden, lo podemos ver con su inseparable guitarra, tocándola con gran sentimiento y maestría, y cantando con su carisma habitual; en el segundo, tenemos a Los Coronas & Arizona Baby, con una versión grabada en uno de los habituales conciertos de Radio 3, aunque también fue incluida en el interesantísimo álbum «Dos Bandas y un Destino» (2011), resultado de la gira que realizaron ambas formaciones en el año 2010. La interpretación de Los Corizonas se aleja del bolero canalla para adentrarse en los sonidos fronterizos, como si estuviéramos escuchando la banda sonora de un spaghetti western; me encanta la trompeta, sobre todo a partir del minuto 2:20.