Las Cinco Canciones de Salva (I): “Highway Star” (Deep Purple)

Las series de televisión antiguas a menudo contaban con un actor que prestaba sus servicios en calidad de «guest star» («estrella invitada»); solía ser uno de los protagonistas, casi siempre alguien muy conocido en el mundo del cine, un veterano de esos que, con su presencia, su personalidad y buen hacer, conseguían que el público se enganchara a la serie. El amigo Salva es la «estrella invitada» de «Las cinco canciones de tu vida«, alguien que espero siga dando vida a esta sección con sus comentarios, sus recuerdos y su buen humor. Como ya he comentado en otras ocasiones, él fue quien puso en marcha este espacio de comunicación entre blogueros y aficionados a la música desde su web «Mentalparadise»; fue todo un éxito mientras estuvo funcionando, hasta que esa misma sinceridad y pasión que caracteriza a sus iniciativas le hizo retirarse (espero que momentáneamente) de la blogosfera. Esta semana nos acompañará con sus cinco canciones, la primera de ellas coincidente con una de las mías («Higway Star«). Estoy seguro que vais a disfrutar de lo lindo, hay de todo: buena música, bonitos recuerdos, anécdotas divertidas, presencia de seres queridos y todo el amor que Salva sabe transmitir cuando habla de sus vivencias. Os dejo con sus palabras, primero una presentación en la que él mismo nos esboza cómo es y, después, con el relato que acompaña a su primera canción.

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«Me llamo Salvador Guillén Etayo y lancé mis primeros sollozos en este mundo el 26 de abril de 1967 en Logroño. Uno de los recuerdos que más nítidos están en mi mente es el de la música. Siempre estaba presente en mi casa. Mi padre era muy aficionado y tenía una buena colección de vinilos y singles de los de la época, de esos que traían dos canciones por cada lado. Recuerdo nuestras excursiones los fines de semana a Casa Erviti y a Simeón, emblemáticos establecimientos de mi ciudad donde veía con fascinación a mi padre pasar uno tras otros todos aquellos vinilos que alimentaban los cajones de ambas tiendas. Esa fue la primera semilla plantada que desembocaría en mi posterior amor/obsesión por comprar discos. Mi hermana también tuvo gran parte de culpa por traer a casa esos discos con melenudos rascatripas que hacían nuestras delicias mientras nos grabábamos cantando canciones de Queen en un viejo casete Sanyo».

Como cualquier adolescente amante de la música, el sueño que pululaba por mi mente era el de tocar en un grupo, y aunque en un principio me tuve que conformar colocándome frente a un espejo emulando los cabeceos de Status Quo, finalmente en el 86 formé parte de mi primera banda, Ophis. Bandas como ¡¡Sniff!! y sobre todo Amnesia son las que más renombre tuvieron y parece que la gente nos sigue recordando, lo que sinceramente me hace mucha ilusión. Mis más íntimos amigos saben desde hace años de mi afición por la pintura y el dibujo y hace un par de años me dediqué a plasmar mi recuerdos, reflexiones y pajas mentales de forma escrita en Mentalparadise.

No sé que más decir de mí, sin extenderme demasiado. Tal vez estas canciones os ayuden. Son un buen escaparate para conocerme un poco mejor”.

«La primera canción es LA CANCIÓN de mi vida. Y aquí sí que no exagero. Ni Status Quo ni el Rock and Roll Over de Kiss, ni tan siquiera el mítico recopilatorio de Janis Joplin que trajo mi hermana a casa es comparable con lo que sentí al escuchar esta canción de la banda que a partir de ese día se convirtió en mi preferida, y a pesar de que en la actualidad no es el grupo que más escucho, a día de hoy el simple hecho de ver escrito en un blog o una revista esas dos palabras, Deep Purple, hacen que algo en mi interior se agite y me lleve a indagar que se esconde detrás. De hecho, una manía que tengo, es que cuando descubro un nuevo blog, miro en etiquetas si el nombre de mi banda fetiche aparece y si la respuesta es afirmativa me sumerjo de cabeza y leo todo lo que se refiere a ella. Ese blog tiene asegurados de momento un comentario en cada una de las entradas y a buen seguro sumará un seguidor nuevo que añadir a su lista.

Pero hablamos de “Highway Star”. El periodista Jordi Bianciotto inicia su libro Deep Purple. La saga con una descripción de cómo descubrió a un grupo que cambió su percepción de ver y entender la música, que hace que me sienta plenamente identificado con él: “A comienzos de 1979, el autor de este libro tenía catorce años y la película “Deep Purple Rises Over Japan”, proyectada en una atrevida sesión de cine-forum del colegio le pasó por encima y nada volvió a ser lo mismo”. Yo no estuve en esa proyección pero las sensaciones que sentí al escuchar «Highway Star» son muy similares. En mi caso fue algo después, en 1981, y también con catorce años cuando un compañero de clase me dejó “Made in Japan” y para mí también nada volvió a ser lo mismo.

Si tuviera que poner una fecha concreta que marque mi bautismo de fuego en esto del rock, sin duda sería el 5-12-1981. Contaba por entonces, como ya he dicho, catorce años y si bien desde pequeño había escuchado música de todos los estilos y mi colección de vinilos hacía tiempo que había comenzado a crecer, los discos que ésta albergaba aunque enraizados dentro de los parámetros de la música rock, venían influidos en parte por la música que escuchaba en la radio o veía en programas de televisión. Canciones de Status Quo, Miguel Ríos, Queen o los clásicos discos de éxitos donde siempre se colaba alguna canción rockera. Recuerdo un “Disco de Oro Epic” de 1978, que escondía entre sus surcos “Don´t Look Back” de Boston, un tema de Peter Frampton titulado “I Can´t Stand It No More” o “Logical Song” de Supertramp. Por lo demás, me alimentaba de los discos de mi hermana que me llevaba una ventaja de cinco años.

Pero ese cinco de diciembre, con las mil pesetas que dio mi abuela (era su cumpleaños y las abuelas hacían esas cosas), hice la mejor inversión de mi vida. Me compré “Made in Japan” de Deep Purple. Unas semanas antes me lo había prestado un compañero de clase y lo que sentí al escuchar “Highway Star” y concretamente el famoso punteo, es difícil de explicar. Así que mi objetivo prioritario a partir de ese día fue hacerme con la discografía completa, de un grupo que ignorante de mí, no sabía que llevaba cinco años fuera de órbita. Cuarenta y cuatro años después de su publicación, sigue siendo uno de mis favoritos y aunque con el tiempo se ha visto relegado en favor de otros, Deep Purple como banda, “Made in Japan” como disco y “Highway Star” como canción, siguen siendo en gran medida los culpables de que me iniciara en la senda del rock».

Deep Purple. «Child in Time»

En 1969 Deep Purple ya era una banda conocida y gozaba de un cierto éxito, sobre todo en EE.UU. Habían grabado tres buenos álbumes, pero con un estilo no muy definido donde se mezclaban temas (tanto propios como versiones) psicodélico-pop con otros más rockeros, incluso progresivos; de hecho, en aquella época estaban etiquetados como banda de rock sinfónico. Los líderes, Jon Lord y Ritchie Blackmore, decidieron dar un giro a su planteamiento musical, tratando de acercarlo a lo que ya estaba haciendo Led Zeppelin. Para ello necesitaban un nuevo bajista y, sobre todo, un nuevo vocalista; ambos fueron encontrados en un grupo llamado Episode Six; Ian Gillan (cantante) y Roger Glover (bajo) se unieron así a los ya mencionados Lord (teclados) y Blackmore (guitarra), y al batería Ian Paice. Estos cinco músicos constituyeron la formación más exitosa que ha tenido Deep Purple, conocida como «Mark II», y una de las más importantes que ha habido en la historia del rock. Blackmore tomó las riendas del siguiente Lp; según cuenta Jordi Bianciotto en su libro Deep Purple. La Saga (Barcelona: Quarentena Ediciones), debió decirle algo así a Jon Lord: «ahora me toca a mí; si esto no funciona me quedaré tocando con orquestas el resto de mis días». El resultado fue «In Rock» (1970), uno de los álbumes que ayudarían a crear un nuevo estilo, el hard rock; mientras que Led Zeppelin contribuyó a este género desde el blues-rock, Deep Purple lo hizo con una propuesta más contundente y rocosa, con menos influencias procedentes del blues y más de la psicodelia y lo progresivo. Un ejemplo de esto último es el tema con el que se cerraba la cara A, «Child in Time», de diez minutos de duración, con alusiones a la Guerra Fría y creado a partir de una improvisación de Lord sobre el tema «Bombay Calling» de los californianos «It’s a Beatiful Day». En esta maravilla de canción destacan los teclados de Lord, el fabuloso solo de guitarra de Blackmore y la prodigiosa voz de Ian Gillan, con una interpretación y un alarde vocal pocas veces superado. Ésta es la versión de estudio, la que formó parte de «In Rock»; sin embargo, existe una que aún considero mejor, la del directo «Made in Japan» (1972), la finalmente elegida para hoy. Ian Gillan versionó esta canción para su primer álbum en solitario («Child in Time», 1976); también lo ha hecho Ritchie Blackmore, bajo el título «Mond Tanz / Child in Time«, en su disco «The Village Lanterne» (2006); incluso Jon Lord la ha tocado en directo, al igual que otros intérpretes como Ingwie Malmsteen.

Muddy Waters / Alexis Corner / The Allman Brothers Band. «I’m Your Hoochie Coochie Man»

La Exposición Universal de Chicago, celebrada entre mayo y octubre de 1893, tuvo como tema principal el cuarto centenario del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Sin embargo, todo lo que tenía que ver con el «Orientalismo» gozaba de una gran aceptación entre la sociedad occidental de aquella época. Los promotores de la Exposición no dudaron en construir una pequeña villa egipcia, con su propio show («The Algerian Dancers of Morocco»), lleno de bailarinas que movían su cuerpo de una manera escandalosa a ojos del puritanismo americano; ni que decir tiene que fue todo un éxito y un gran negocio. Una de aquellas bailarinas, Spyropoulos, vestida como una zíngara y conocida como «Pequeño Egipto», destacaba sobre las demás; sus movimientos sensuales de brazos, caderas y cintura fueron muy imitados y difundidos en otras zonas del país por chicas ligeras de ropa, llamadas «hootchi kootchi dancers». El término «Hoochie Coochie» acabó empleándose para designar al baile ejecutado con las partes púdicas de la mujer y, por extensión, a todo lo que tenía que ver con el sexo o la práctica sexual. La letra de «I’m Your Hoochie Coochie Man» nos habla de sexo, de alguien con gran éxito entre las mujeres y, también, de magia como herramienta para la seducción. Fue escrita por Willie Dixon, en 1954, para Muddy Waters, el primero en grabarla; Dixon le debió decir algo así: tengo esta composición, coge la base musical, repítela y no te olvides de la letra; el resultado es una canción convertida en acto sexual, una de las obras fundamentales en la historia del blues. Por supuesto, la han interpretado otros bluesman norteamericanos, como Buddy Guy o Freddie King, además de bastantes músicos de british blues, como Eric Clapton, John Mayall, The Graham Bond Organisation, Mick Abrahams, Jon Lord with the Hoochie Coochie Men and Jimmy Barnes o Alexis Corner, uno de los padres del blues británico, que va a ser el segundo vídeo de hoy. También hay aproximaciones desde el género beat, por ejemplo la versión de Manfred Man; cercanas al hard rock, como las de Steppenwolf o Motörhead; y también en la órbita del rock sureño, es el caso de la tercera versión que destacamos, la de los estadounidenses The Allman Brothers Band, incluida en su segundo álbum de estudio: «Idle wild South» (1970).

Vetusta Morla. «La Mosca en tu Pared»

«Qué harías tú si al despertar fuera un insecto en tu pared. Algo sutil, gran angular que nada cuenta y todo ve. Si al despertar siguiera allí, qué harías tú pudiendo ser la disección de un bisturí». Así empieza «La Mosca en tu Pared», un tema incluido en «La Deriva«, el tercer álbum de estudio de los madrileños Vetusta Morla. Esta interesante banda fue creada, a finales de los noventa, por seis estudiantes del Instituto José Luis Sampedro de Tres Cantos. No tuvieron nada fácil sus inicios pues, en plena vorágine de «triunfitos», ninguna discográfica se atrevió con ellos. No obstante, entre 2001 y 2005 fueron haciéndose un nombre en los circuitos indie hasta que lograron grabar su primer Ep («Mira»). Hacia 2006 deciden abandonar sus respectivos trabajos y ocupaciones profesionales para dedicarse por entero a la música. Graban su primer álbum en 2008 («Un Día en el Mundo»), un excelente trabajo que el crítico musical Santiago Alcanda llegó a calificar como «el mejor primer disco de un grupo en la historia del rock español». En 2011 publicaban su segundo disco («Mapas») y en 2014 el ya mencionado «La Deriva«, un trabajo quizás algo más rockero que los anteriores pero en el que siguen presentes las principales señas de identidad que han hecho de Vetusta Morla el grupo indie más exitoso de España y, probablemente, el que más premios atesora, sin duda merecidos, por combinar mejor que nadie la calidad musical y los textos metafóricos con un sonido comercial apto para todos los públicos. Mis temas preferidos de este álbum son «La Deriva«, «Golpe Maestro«, «Fuego» y, por encima de todos ellos, «La Mosca en tu Pared», una inquietante composición que cuenta con una intro de piano y con una parte central, llena de efectos musicales que, por momentos, parecen querer transformar la canción en una pieza de rock progresivo. En cuanto a la sugerente letra, me remito a la interpretación dada por los propios componentes del grupo: «Es la historia de una transformación, de la capacidad de estar observando todo. Hablar de donde te gustaría estar. Sería como poner una cámara en la habitación de alguien o en la vida de alguien» (Colectivo de Raro Propósito) . «Cuenta las cosas desde la perspectiva de una mosca y tiene un punto bastante voyerístico. Hasta lascivo a veces (…) Habla precisamente de ese momento en que estás observando algo que sabes que está mal, que no está moral o socialmente aceptado, pero frente a lo que tú no puedes hacer nada, al menos aparentemente. De cómo empieza a cómo acaba cambia mucho. Tiene una parte intermedia muy extraña en la que se van relatando nombres de insectos en inglés con una programación bastante esquizofrénica. Recuerda al universo kafkiano, a la metamorfosis, a la transformación profunda» (Hoyesarte.com).

¡Hemos ganado!

El pasado jueves se celebró la gala de los prestigiosos Premios 20Blogs promovidos por el periódico 20 Minutos que, para esta décima edición, contó con un importante elenco de firmas patrocinadoras, imprescindibles para dar soporte económico a esta iniciativa cultural. Finalizado este acto, tras el cual La Guitarra de las Musas se alzó con el primer puesto en la categoría de «Música», una chica se acercó a mí preguntándome si era un empresario interesado en colaborar económicamente con un proyecto editorial que trataba de poner en marcha. Es evidente que mi edad le debió de confundir; es normal, porque la población bloguera de esa noche se situaba entre los treinta y los cuarenta y tantos, yo era de los finalistas más viejos. El monologuista que amenizó la velada, Nacho García, bromeó en torno al mundo de los blogs, un ecosistema donde hay gente muy moderna haciendo cosas muy vanguardistas. En el fondo, esa era también la idea que yo tenía en torno a este mundillo, un lugar donde el envoltorio tenía tanta o más importancia que los contenidos y donde la gente joven partía con una relativa ventaja. Precisamente por eso pensaba que el jurado de estos premios, personas experimentadas en el mundo de la cultura, la comunicación y las nuevas tendencias, nunca se fijaría en un blog sin artificio alguno, quizás austero en exceso, sin apenas imágenes, sustentado únicamente a base de música y palabras. He de reconocer que estaba equivocado.

Entiendo que uno de los valores más importantes que tiene La Guitarra de las Musas es su comunidad, una de las mejores; educada, sabia y muy fiel. Por ello, quiero agradecer a todos los que me habéis aupado a esta privilegiada posición: familiares, amigos, seguidores del blog y, por supuesto, al jurado y a todo el equipo de 20 Minutos, porque sin ellos, sin vosotros, este sueño nunca se hubiera podido cumplir. También quiero agradecer, muy especialmente, a mi hermano Carlos, por su complicidad y su apoyo -fraternal y logístico- durante la gala.

Llegamos a Caixa Forum poco antes de las ocho, aunque no pudimos entrar hasta casi las ocho y media. Nos recibieron con un aperitivo, en el mismo lugar -el hall que antecede al auditorio- donde luego pudimos comer y beber celebrando el resultado. Éramos muchos, yo diría que prácticamente todos los nominados, cada uno con su acompañante, además de otros invitados, periodistas, miembros del jurado, etc. La gala fue presentada por Frank Blanco, conocido por su trabajo en La Sexta, y los premios fueron entregados por personalidades y profesionales de los medios de comunicación.

En el vídeo grabado por mi hermano podéis ver, en su totalidad, la entrega del premio al mejor blog de música; también podéis escuchar nuestros gritos (contenidos) al recibir la buena noticia. El premio me lo entregó Marta Vázquez, periodista de Rock FM, rockera, simpática y muy guapa, que se alegró muy sinceramente del premio que acababan de otorgarme. Mis competidores fueron Musimales, un gran blog que no conocía hasta hace unas semanas, y El Gramófono, la web del amigo Ángel, un lugar lleno de sensibilidad musical, que recomiendo a todo el mundo; el año que viene te toca a ti, Ángel. Ya sé que, tanto tú como los buenos amigos que me siguen, os habéis alegrado de este galardón, casi tanto como si os lo hubieran concedido a vosotros. Ni que decir tiene, es algo que me emociona y confirma que formo parte de la mejor comunidad bloguera posible. También quiero tener unas palabras para Chus, de El Espacio de Chus, quien el mismo día nos deseó toda la suerte posible a sus tres blogs amigos finalistas: Martes de Cuento, Pensando en la Oscuridad y La Guitarra de las Musas; hicimos pleno, ganamos los tres.

El premio al blog más votado se lo llevó Escuela de Bonsai Online y la ganadora absoluta fue Marián García, autora de Boticaria García; farmacéutica como yo y formada en las mismas aulas universitarias que quien os habla. A la satisfacción de ver como una colega recibía el gran premio, se unió el hecho de compartir alegría con Arturo Pérez-Reverte, premiado en la categoría de «Personalidad online» quien, en un brillante discurso, puso en valor a los blogs como «la voz libre en un mundo que no siempre lo es». Os dejo con el material gráfico y videográfico de la noche. De nuevo, muchas gracias, besos y abrazos para todos.

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Con las autoras de «Pensando en la Oscuridad» y «Martes de Cuento»

Si queréis ver los vídeos oficiales del evento, lo podéis hacer en la web de estos Premios.