Traffic fue un grupo inglés de pop y rock psicodélico formado, en 1967, por Dave Mason (guitarra, mellotrón, sitar), Chris Wood (flauta, saxo, órgano, voz), Jim Capaldi (batería, percusión, voz) y Steve Winwood (voz, teclados, guitarras). La banda se creó después de que éste último abandonara The Spencer Davis Group, formación a la que ingresó cuando tenía catorce años, allá por 1963; a este grupo ya le dedicamos una entrada hace unos cuantos años. El nombre de Traffic se le ocurrió a Jim Capaldi, cuando los cuatro miembros esperaban para cruzar una calle en Dorchester (Inglaterra). El primer álbum (“Mr. Fantasy”, 1967) lo grabaron en los Olympic Studios de Londres, aunque las canciones que formaron parte de él ya las habían trabajado en una casa de campo que habían alquilado para tal propósito. Meses antes de sacar al mercado este álbum, publicaron tres singles, que no fueron incluidos en este Lp de debut aunque sí en la edición de “Mr Fantasy” en CD del año 2000; el primero de estos sencillos se tituló “Paper Sun” (con “Givin to You” en la cara B, un excelente tema). Traffic se disolvió en 1974 ó 1975, después de haber grabado siete álbumes de estudio y dos directos; si queréis saber más sobre estos discos, os recomiendo esta entrada del compañero lrotula, en la que nos habla de estos álbumes.
Volviendo a “Paper Sun”, se trata de una canción escrita por Steve Winwood y Jim Capaldi cuando aún no existía Traffic, durante una gira en la que ambos compartieron espectáculo; según podemos leer en la web PowerPop, pergeñaron la canción en una habitación de hotel. Como suele ocurrir con estos temas psicodélicos, la letra es bastante críptica; hay quien se ha aventurado a interpretarla, incluyendo el significado de “sol de papel” (aquí o aquí lo podéis ver), yo no me atrevo a tanto. La parte musical es una verdadera joya del pop psicodélico, no faltan en ella adornos folk, jazzísticos y rockeros, como es habitual en las composiciones de esta formación; en ella destaca la magnífica e inconfundible voz de Steve Winwood, la pegadiza melodía y, sobre todo, el sitar tocado por Dave Mason, que acerca esta canción a los sonidos orientales, tan característicos en aquellos tiempos de hipismo y psicodelia. El vídeo con el que encabezamos la entrada fue grabado en el Royal Museum for Central Africa de Tervuren (Bélgica). Finalizo con la versión single publicada en Estados Unidos y con una grabación en directo del año 1967.
El sexto álbum de estudio de Supertramp se tituló “Breakfast in America” (1979), fue el más exitoso de todos y con el que lograron consolidarse como grupo de referencia del pop progresivo mundial. Su portada es de las más recordadas en la historia de la música popular; en ella se puede ver una foto imaginaria tomada desde un avión, en la que aparece la ciudad de Nueva York, construida con tazas, saleros, platos, cubiertos, ceniceros, cajas de cereales o aceiteras, y la actriz estadounidense Kate Murtagh, representada como la camarera “Libby”, que sostiene en una de sus manos un zumo de naranja en un plato, aludiendo a la Estatua de la Libertad, y en la otra un menú de restaurante en el que está escrito el título del disco; en la contraportada aparecen los miembros del grupo leyendo periódicos mientras desayunan atendidos por Libby.
Al igual que ya sucediera en discos anteriores, todas las canciones están acreditadas a la dupla Rick Davies / Roger Hodgson, aunque en la práctica cada tema estuviera compuesto de manera independiente por cada uno de ellos. Era tan evidente que Davies y Hogdson tenían maneras diametralmente opuestas de entender la existencia, que inicialmente se pensó en este disco -al principio quisieron titularlo “Hello Stranger”- como una manera de evidenciar los diferentes planteamientos vitales con los que estos autores se enfrentaban a la hora de componer y hacer música; en palabras de Roger Hodgson, “nos dimos cuenta de que algunas de las canciones se prestaban realmente a dos personas que hablaban el uno del otro. Yo podía estar sometiendo su forma de pensar y él podía desafiar mi modo de ver la vida (…) Nuestras formas de vida son tan diferentes, pero le quiero. Ese contraste es lo que hace que el mundo gire y lo que hacía que Supertramp funcionara. Sus creencias son un desafío para mí y mis creencias un desafío para él”.
En “Breakfast in America” se incluyeron diez canciones de corte esencialmente pop, excelentemente arropadas por el clásico sonido Supertramp, entre el rock melódico y el pop-rock progresivo, y algunas influencias procedentes del sonido Beatle (aquí lo razonan); de él se extrajeron, nada más y nada menos, que cuatro singles, a cuál más exitoso: “Goodbye Stranger”, “Take the Long Way Home”, “Breakfast in America” y “The Logical Song”. Esta última canción fue compuesta por Roger Hodgson a partir de sus experiencias en un colegio, en el que estuvo internado durante diez años. En ella reflexiona sobre la pérdida de identidad, creatividad y espontaneidad a medida que crecemos y nos dejamos someter por los dictados de la pragmática sociedad adulta, que nos educa en valores como la eficacia, la integración social o la lógica, en detrimento de la magia, la imaginación o la contemplación, tan características de la niñez; la canción nos lanza la clásica pregunta existencial: “¿Quién soy?”, y una duda en torno a los clásicos procesos de aprendizaje: “Por favor, dime lo que hemos aprendido”. En lo musical, “The Logical Song” es una excelente melodía pop, en la que destacan el piano eléctrico Würlitzer, el saxo, las castañuelas y algunos efectos de sonido, como los obtenidos con silbatos o con el “Classic Football” de Mattel (aquí lo explican). Os dejo con una actuación en directo de Supertramp interpretando “The Logical Song”, perteneciente a su álbum “Paris” (1980).
Tomad un vaso alto, añadid unos hielos, tequila y zumo de naranja, mezclad y verted un jarabe o sirope de granadina con mucho cuidado, de tal manera que se diferencien bien las dos fases o capas, una de color naranja y la otra de color rojo, como si fuera un amanecer. El “tequila sunrise” es un cóctel potente y luminoso, como debió ser la vida para algunos afortunados que, a principios de la década de 1970, disfrutaban de los placeres en lugares como Sausalito (California) -donde surgió esta bebida-, rodeados de mar, buen tiempo, hipismo, amor libre y cuantas referencias hedonistas os podáis imaginar; hace años estuve en aquella zona norte de California, en los alrededores de San Francisco, y puedo entender perfectamente por qué aquel lugar fue la ciudad del amor, las flores, la música y la vida hace ya más de medio siglo.
Cuentan las crónicas que el título de la canción que hoy nos ocupa, “Tequila Sunrise”, se le ocurrió a Glenn Frey, después de haber estado toda la noche bebiendo mientras esperaba al amanecer; la música surgió a partir de un riff de guitarra de este mismo músico, que describió a su compañero de banda, Don Henley, como “un poco Roy Orbison, un poco mexicano”. La canción fue finalmente acreditada a ambos (Frey y Henley), y se incluyó en el segundo álbum (“Desperado”, 1973) de la banda estadounidense de country-rock Eagles, a quienes ya hemos dedicado varias entradas, incluida una en torno al tema homónimo, que también formó parte de este segundo disco de los californianos. En aquel post del año 2016, publicado en homenaje a Glenn Frey, fallecido aquel año, nos referíamos a “Desperado” como un álbum conceptual, que “toma como hilo argumental a la mítica banda de forajidos del viejo Oeste conocida como Doolin-Dalton, centrándose en los aspectos humanos, en la personalidad y la vertiente romántica de estos malhechores: timbas, peleas, mujeres, alcohol, pero también asuntos como la soledad, la vida errante o la imposibilidad de enamorarse”.
En “Tequila Sunrise” lo más importante no es la historia que se cuenta, tan difusa como el raciocinio durante una plácida borrachera, sino las sensaciones que nos provoca esta canción, diferentes según el estado de ánimo en el que nos encontremos. A ello contribuye la suave narración de Glenn Frey, la guitarra acústica -sencilla, como si la tocara un amigo a la orilla del mar- y la guitarra eléctrica de Bernie Leadon, que aquí suena como una steel guitar gracias al efecto sonoro conseguido con el accesorio “B-Bender” instalado en la guitarra. Es tal la magia que tiene esta grabación que, esta vez, no os voy a proponer ninguna versión.
Tina Turner, la reina del rock, nos dejó el pasado 24 de mayo, a consecuencia de las múltiples enfermedades (cáncer intestinal, insuficiencia renal, accidente cerebrovascular, etc.) que venía padeciendo desde el año 2013. De raíces afroamericanas, cheroqui y navajo, Anna Mae Bullock (su verdadero nombre) no debió gozar de una infancia excesivamente feliz: vivió mucho tiempo -junto con su hermana- en casa de su abuela paterna, debido a la dejadez de funciones de sus padres, y tuvo que trabajar desde muy joven obligada por su madre, de quien llegó a decir que nunca la quiso. Nació en Brownsville (estado de Tennessee -EE.UU.-), en el año 1939, pero fue en San Louis Este (estado de Illinois) donde se inició como cantante, concretamente en el Manhattan Club, donde habitualmente actuaban Ike Turner y su banda. El idilio (musical y personal) entre Ike y Anna Mae fue casi inmediato; ella le dejó sin palabras y él le enseñó algunos de los rudimentos y fundamentos elementales para cantar en público. Anna Mae se incorporó como cantante al grupo y, hacia 1960, Ike decidió que tomara el nombre artístico de Tina, y que la banda se denominara Ike & Tina Turner. El éxito no tardó en llegar; tras su primer single (“A Fool in Love”, 1960), llegarían grabaciones muy exitosas, como “It’s Gonna Work Out Time”, “I Idolize You”, “River Deep – Mountain High” -canción que tiene entrada propia en este blog- o el tema que hoy nos ocupa: “Proud Mary”. Lamentablemente, la historia de Tina Turner junto a su marido Ike también tuvo una horrible cara B; tal y como nos cuenta Marta en su web We Are Rock,
“en el escenario todo era magia, luces y color, pero una vez se apagaban los focos, se encendía el fuego del infierno. Tina conoció a Ike siendo una adolescente pueblerina recién llegada a la ciudad, cayó rendida a sus pies y él le enseñó una base musical que ella supo desarrollar como nadie, pero Tina no le debía nada, aunque él le hacía creer que sí. Pronto Ike la dejó embarazada y se casó con ella, con el único objetivo de mantener la mina de oro a su lado. Los maltratos físicos no empezaron como tal hasta después del parto del primer hijo del matrimonio, pero los maltratos psicológicos estaban presentes desde el principio y durante mucho tiempo Tina los justificaba con el estrés que Ike padecía. Antes de actuar en Los Angeles en un show de 1968, Tina trató de suicidarse ingiriendo 50 pastillas de Valium después de una fuerte pelea con Ike.”
En 1978, Tina consiguió separarse de Ike, y se animó a iniciar una exitosa carrera en solitario, al principio un tanto titubeante y, durante la década de 1980, verdaderamente deslumbrante; aquí os dejo una fabulosa grabación en directo de 1988, interpretando “Proud Mary”. Al igual que sucedió con muchos de los temas que incluyó Ike Turner en su repertorio, “Proud Mary” era realmente una versión, en este caso de John Fogerty, líder de la banda californiana Creedence Clearwater Revival, a la que ya hemos dedicado varias entradas. Este tema fue incluido en el segundo álbum de estudio de la Creeedence, con ese clásico estilo tan característico de ellos, entre el country rock, el rock sureño y el R&R (es el primer vídeo que presentamos en este post).
Esta canción nos habla de alguien que dejó su trabajo como lavaplatos en Memphis para viajar en el “Mary Elizabeth” -uno de esos barcos a vapor con paletas que navegaban desde Nueva Orleans a lo largo del Mississippi- en busca de nuevas oportunidades; aunque para Tina Turner, durante los años ochenta, quizás significó algo más, tal vez un grito reivindicativo y una expresión de autoafirmación y libertad.
Tras este pequeño homenaje a Tina Turner, nos tomamos unas vacaciones blogueras, volveremos en septiembre ¡Feliz Verano para todos!
El rock no vivió sus mejores momentos en España durante la década de 1980, no al menos en todas sus vertientes y estilos. El pop nuevaolero y transgresor de “La Movida” casi liquidó el R&R; así sucedió con las bandas de rock sinfónico surgidas durante los años setenta, en muchas ocasiones abocadas a una existencia efímera debido a los nuevos gustos del público y al abandono de las compañías discográficas. Tampoco lo pasaron muy bien las bandas históricas del rock urbano, sobre todo las más entroncadas en la tradición psicodélica y progresiva, como Asfalto, Topo o Cucharada; dentro de este movimiento, los que obtuvieron un mayor respaldo del público fueron Leño, quizás porque fueron aceptados, como suyos, por el único movimiento rockero organizado que quedó tras el ciclón nuevaolero: los “jevis”. De hecho, el heavy metal soportó el rock patrio durante gran parte de los años ochenta y noventa; los que amamos el rock siempre deberíamos estarles agradecidos.
De entre los grupos de aquella época, hubo dos que tienen el honor de ser considerados como los representativos de ese movimiento musical y social: Barón Rojo y Obús. A los primeros les hemos dedicado un par de entradas (“Concierto para ellos” y “Perversiones”). Los segundos se dieron a conocer, en 1981, cuando ganaron el Festival de Rock Villa de Madrid y “teloneraron”, precisamente, a Barón Rojo, que acababan de iniciar con éxito su andadura musical. Obús discutió a Barón Rojo el trono del heavy metal en España, y por lo tanto del rock, con temas como ”Va a estallar el obús”, que tiene el honor de ser el primer sencillo de heavy metal que alcanzó el número 1 en la lista de Los 40 Principales -meses después lo conseguiría Barón Rojo, con el tema “Los rockeros van al infierno”-. Este tema de Obús fue incluido en su primer álbum, un excelente trabajo de la discográfica Chapa, que contó con arreglos de Luis Cobos y producción de Tino Casal; Paco Laguna, guitarrista de la banda, nos cuenta cómo fue aquello de trabajar con una figura rutilante como Tino Casal:
“Recuerdo cuando Luis Soler trajo por vez primera a nuestro local de ensayo en la calle Santa Juliana, en Vallecas, a Tino Casal. Conocerlo fue impactante: un hombre a la vanguardia musical y de la moda, con aquellos ropajes que lucía, parecía un marciano bajando por el bulevar. La basca flipaba en colores al verlo, y nos preguntaban qué hacía con nosotros. La verdad es que trabajamos muy a gusto con él. Tenía excelentes ideas y, además, era una bellísima persona”
Domínguez, Salvador. 2004. Los hijos del Rock. Los grupos hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE; págs. 891-892.
Paco Laguna nos ofrece un dato importante de este grupo: procedían de Madrid, del carismático barrio de Vallecas. Los que hemos vivido allí (en mi caso unos diecinueve años), no podemos más que emocionarnos cada vez que vemos el vídeo promocional de “Va a estallar el obús”, grabado íntegramente en Vallecas; en él podemos ver imágenes del “Scalextric” de Puente de Vallecas, de la Avenida de la Albufera, de las estaciones de El Pozo y Entrevías o del límite entre Vallecas y Moratalaz; el videoclip comienza con unas imágenes memorables, que ya son historia del rock suburbial, la de los miembros de la banda desayunando café con churros. Para los que hayáis entrado en arrebato nostálgico, como me ha pasado a mí preparando esta entrada, os recomiendo éste otro documento reciente, en el que se puede ver a los dos miembros originales de Obús aún en activo -Fortu Sánchez y Paco Laguna- comiendo churros y recordando cómo fueron aquellos años en los que Obús conquistó al público español con su energía, sus canciones y sus inolvidables muñequeras de pinchos. Aquí les podéis ver en directo, con el tema que nos ocupa, y aquí tenéis una actuación para televisión, concretamente para el programa “Aplauso”; por último, os dejo la grabación de “Va a estallar el obús” recogida en el álbum “En Directo 21-2-1987”.