En los años setenta y ochenta ser un buen «músico de sesión» no debía ser mala cosa; eran respetados, ganaban dinero, no tenían que discutir con compañeros de grupo y, en definitiva, se limitaban a hacer su trabajo. Sin embargo, no eran conocidos por el gran público; la creatividad era otro de los aspectos que quedaban, en cierta manera, al margen de la vida profesional de estos músicos. Algunos no quisieron conformarse con este papel secundario y trataron de crear sus propios grupos desde donde potenciar todas sus posibilidades; una de estas bandas fue Toto, creada en Los Ángeles (EE.UU) durante 1976 por David Paich y Jeff Porcaro. Toto es uno de los grupos de rock más difícilmente etiquetable, en realidad su propuesta musical participa de diferentes estilos: hard rock, rock progresivo, jazz, pop y funk; el resultado es un rock melódico o AOR que, al menos en sus primeros trabajos, parece un cruce entre Boston, Earth Wind & Fire y Chicago pero más pop. A pesar de su calidad musical, recibieron muchas críticas; su guitarrista, Steve Lukather llegó a decir que eran la banda más incomprendida del mundo. La mezcolanza de estilos no ayudó mucho a ciertos críticos musicales y tampoco el nombre, odiado por algunos de los integrantes de Toto; según ellos mismos han manifestado, no significa nada y, en todo caso, fue culpa del ingeniero de sonido, al utilizar esta palabra para etiquetar las grabaciones de la banda. Con todo, algunos guitarristas importantes, como Steve Vai, dijeron de Toto que habían creado un sonido propio y único, una mezcla de géneros perfectamente armonizada; Eddie Van Halen llegó a comentar que esta agrupación estaba «colectivamente, compuesta por los mejores músicos del planeta» (Wikipedia). Tal vez su disco más famoso sea «Toto IV» (1982), donde se incluyeron éxitos tan rotundos como «Rosanna» o «Africa»; sin embargo, a mí el que más me gusta es el primero (al menos de los que conozco), publicado en 1978 y titulado igual que el grupo. Contiene canciones como «Child’s Anthem«, la más progresiva del disco; «I’ll Supply the Love«, entre el hard rock melodico y el funk; «Georgy Porgy«, con elementos de jazz y de funk; «Manuela Run«, que a mí me recuerda al sonido de Boston; la balada rock «Angela«; o el tema elegido para hoy: «Hold the Line», uno de los mayores éxitos en la historia del AOR.
Categoría: Rock
The Shadows. «Apache»
The Shadows, una de las formaciones más influyentes en el pop y el rock hecho con anterioridad a los Beatles, apareció en escena a finales de la década de los cincuenta, con los nombres iniciales de The Drifters y de Cliff Richard & The Drifters. La historia de The Shadows va ligada a la de Cliff Richard, pero podría decirse que también desarrollaron su propia carrera paralela como banda instrumental. El cuarteto original estaba compuesto por el bajista Jet Harris, el batería Tony Meehan y los guitarristas Bruce Welch y Hank Marvin, éste último uno de los primeros virtuosos de la guitarra eléctrica aplicada al rock, un innovador y, en gran medida, el responsable de ese sonido tan característico que salía de su Fender Stratocaster. El primer gran éxito de The Shadows, y con el paso del tiempo su tema más representativo, fue «Apache», un tema instrumental compuesto Jerry Lordan como homenaje a la película del mismo nombre protagonizada por Burt Lancaster y dirigida por Robert Aldrich. Inicialmente fue grabada por el guitarrista británico Bert Weedon, aunque su trabajo apenas tuvo repercusión; algunos meses después, a raíz de escuchársela tocar a su autor al ukelele, los Shadows deciden grabarla en los estudios Abbey Road de Londres, con una serie de adaptaciones y mejoras realizadas por los miembros del grupo; además del cuarteto clásico, también intervino en la grabación el propio Cliff Richard, tocando un tambor indígena que contribuía a proporcionar ese ambiente de western indio tan acertadamente retratado en este clásico del rock instrumental. Aunque en Reino Unido fue todo un éxito, en EEUU la versión que tuvo más repercusión fue la del músico danés Jørgen Ingmann. El vídeo destacado de hoy es de los que no os debéis perder, en él podéis ver a los miembros del grupo tocando relajados, sentados, fumando y con una apariencia, en su ropa y en sus movimientos, muy desenfadada, diametralmente opuesta a la que solían mostrar en televisión y en sus conciertos; aquí tenéis, por ejemplo, una de sus puestas en escena clásicas con esa coreografía guitarrera tan imitada (sin ir más lejos por nuestros Sirex), y aquí una actuación algo más reciente, del año 2003. Hay muchas versiones de «Apache», aunque ninguna como la de The Shadows, al menos desde mi punto de vista. No obstante, esto de la música es una cuestión de gustos; ¿tenéis vosotros alguna versión que os guste especialmente? Yo os voy a dejar con la grabada por Pekenikes, un grupo español del que ya me he ocupado.
The Doobie Brothers. «Long Train Running»
Como bien sabéis, WordPress nos brinda la posibilidad de agrupar nuestras entradas a través de un sistema jerazquizable de categorías, en mi caso lo utilizo para clasificar las canciones por géneros o estilos musicales. No es una operación nada fácil y, de hecho, suelo dudar antes de asignar la categoría correspondiente; hoy ha sido uno de los días que más me ha costado decidirme. Al final he incluido a «Long Train Running» en la categoría de rock sureño, más que nada por no abrir una nueva que, en realidad, no sé si existe: «Soul-rock». Este tema pertenece al tercer álbum de estudio de los californianos The Doobie Brothers, un grupo inclasificable que tan pronto hace country rock, boogie rock, funk como rock con pinceladas góspel. Me acuerdo que los conocí gracias a una cinta de grandes éxitos, en la que se sucedían los temas por orden cronológico; los primeros eran de country rock y rock sureño, mientras que los siguientes eran más cercanos al jazz y al funk, tal vez debido a la presencia del gran músico Michael McDonald, incorporado a la banda en 1976. El grupo se había formado seis años antes, en 1970, tratando de incorporarse al movimiento hippie que tanto seguimiento tenía en California; no en vano, inicialmente se llamaron «Hermanos Canuto» (otras fuentes usan otro nombre: «Canuto de Marihuana»). Tras un primer disco homónimo que apenas tuvo repercusión, lanzaron «Toulouse Street» (1972) y «The Captain and Me» (1973), el álbum en el que se incluyó la canción de hoy, a la postre uno de sus mayores éxitos, un tema compuesto por Tom Johnston, el cantante y guitarrista de la banda y, también, uno de sus fundadores. Este tema tiene uno de los intros de guitarra más conocidos del rock y un ritmo que parece el de un tren en marcha, sin duda, una de las grandes canciones de los setenta. Os recomiendo que, después de escuchar la versión de estudio, prestéis atención a este directo, pleno de recursos y riqueza instrumental, donde se pueden ver -nada más y nada menos- que dos baterías y un percusionista. Hay varias versiones de este tema, como las realizadas por Traks, Bananarama (con los Gipsy Kings) o el grupo español La Unión que, por cierto, tuvo bastante éxito durante los años noventa. Aquí os dejo enlace a la entrada que, sobre este grupo, escribió el compañero Juanlu en su blog 365 RadioBlog.
Muddy Waters / Small Faces / Led Zeppelin. «You Need Love» / «You Need Loving» / «Whole Lotta Love»
Si hay un grupo en la historia del rock que porta el dudoso honor de contar con numerosos «parecidos razonables» y «plagios» entre sus canciones, ese es Led Zeppelin. Aquí tenéis una lista con temas de esta banda «inspirados por otros autores», nada más y nada menos que una veintena, entre ellos obras tan conocidas como «Dazed and Confused», «Stairway to Heaven» o el tema de hoy, «Whole Lotta Love». En algunas ocasiones, a pesar de los parecidos razonables y tal vez por no existir demanda judicial, la atribución original hacia alguno o todos los miembros de Led Zeppelin se ha mantenido; en otras, han tenido que ser los jueces quienes han acabado modificando la autoría final de las canciones, es el caso, por ejemplo, de «Whole Lotta Love», inicialmente declarado como de todos los componentes del grupo y que, tras la demanda de Willie Dixon, ganada en 1985, se obligó a que este grande del blues fuera incluido en los títulos de crédito. El asunto arranca en 1963, cuando Muddy Waters graba el tema «You Need Love», compuesto por Willie Dixon, en un single editado por el sello Chess. Tres años después, los británicos Small Faces sacaban al mercado su primer álbum («Small Faces, 1963), del que formaba parte el tema «You Need Loving», bajo la autoría de Ronnie Lane y Steve Marriott, aunque con un parecido evidente con el tema de Dixón, incluso en el título. Por último, en 1969, sale a la luz el segundo trabajo de Led Zeppelin («Led Zeppelin II»), con «Whole Lotta Love» a la cabeza, un tema con la estructura melódica y parte de la letra de Willie Dixon (la otra parte era de Robert Plant, lo que probablemente les libró del cambio de atribución total de la canción a favor de Dixon), cantado al estilo de Steve Marriott y con un riff de guitarra de Jimmy Page de esos que han pasado a la historia. Las palabras de Robert Plant hablan por si solas: «El riff era el de Page. Estaba ahí antes que nada. Yo pensé, ‘bueno, y ¿qué canto?’ Eso era, un pequeño ‘robo’. Ahora felizmente compensado. Por aquel entonces, había muchas conversaciones sobre qué hacer y se decidió que estaba tan lejano en el tiempo (7 años, de hecho), que… bueno, sólo te pillan cuando tienes éxito. Así es el juego» (Wikipedia). Curiosamente, la autoría de «You Need Loving», el tema de los Small Faces, continúa siendo la original, tal vez porque Dixon nunca les demandó. Para finalizar, nada más comentaros que se han hecho a algunas versiones de «Whole Lotta Love», como las debidas a Tina Turner, Javier Vargas, Santana & Chris Cornell, The Hollywood Vampires, Francesca Michielin, Mago de Oz o Sugarpie & The Candymen, entre otros.
Rush. «La Villa Strangiato»
Rush es uno de los grupos de rock progresivo más singulares y, a la vez, mas influyentes que conozco:
1.- No son ingleses, como la mayoría de las bandas progresivas o sinfónicas que se crearon a finales de los sesenta y durante los setenta, sino canadienses, del barrio de Willowdale (Toronto, Ontario).
2.- Aún continúan en activo, prácticamente sin cambios en su formación desde que el grupo fuera creado en 1968; ese año reemplazaron al bajista y vocalista Jeff Jones por Geddy Lee y, en 1974, por motivos de salud, Neil Peart sustituyó al batería John Rutsey, desde entonces la formación ha sido la misma: Alex Lifeson (guitarra), Geddy Lee (bajo, teclados y cantante) y Neil Peart (batería y letrista).
3.- Lifeson y Lee tenían quince años cuando formaron Rush, mientras que Peart -tan solo un año mayor que ellos- también se incorporó muy joven a la banda, con veintidós años. Por ello, parece lógico que, antes de grabar su primer disco, en 1974, pasaran cinco o seis años aprendiendo y perfeccionando su técnica en bares y locales musicales.
4.- Comenzaron haciendo blues-rock y hard rock, de hecho decían de ellos que eran los Led Zeppelin canadienses, lo que puede constatarse en sus primeros álbumes («Rush», 1974; «Fly by Night», 1975; y «Caress of Steel», 1975). Sin perder esta identidad musical, fueron haciendo más compleja su música hasta desembocar en el rock progresivo. Desde mi punto de vista, sus mejores trabajos son, precisamente, los de esta época, la que comprende el período 1976-1981, cuando se publicaron discos tan importantes como «2112» (1976), «A Farewell to Kings» (1977), «Hemispheres» (1978), «Permanent Waves» (1980) y «Moving Pictures» (1981).
5.- Triunfan en el rock progresivo, con obras de gran calidad, a finales de los setenta, cuando este género ya está agonizando.
6.- Es de los pocos grupos de la época dorada del progresivo que fundamentan su estilo en la confluencia de este género con el hard rock y el heavy metal, de hecho su influencia ha sido muy importante en la corriente conocida como rock neoprogresivo, representada por grupos como Marillion, IQ, Pendragon, Arena, etc., y en algunas formaciones de metal progresivo, como Dream Theather.
El tema elegido para ilustrar esta entrada es «La Villa Strangiato» con el que se cerraba el álbum «Hemispheres» (1978), una pieza instrumental creada a partir de las pesadillas de Alex Lifeson. Los cuatro cortes de este disco son fabulosos pero éste es un ejemplo único de rock progresivo virtuoso, pleno de sensaciones, matices, cambios melódicos y sorpresas instrumentales; a destacar la guitarra española (al principio del tema), la notoriedad de bajo y batería (sobre todo entre el minuto 5:13 y el 6:45) y, por encima de todo, una guitarra llena de giros y recursos técnicos increíbles que, además, cose esta pieza a través de una atractiva melodía, bien reconocible al principio y al final de esta onírica composición. Si os habéis quedado con ganas de más Rush, os recomiendo esta «pequeña guía de escucha» que, hace algunos meses, nos preparó el amigo Alex (Rock Telegram).