Uriah Heep. «Salisbury»

Algunas de mis piezas preferidas de rock progresivo no se deben a grupos englobables en esta categoría, sino a bandas de hard rock; es el caso de temas como «April» (Deep Purple»), «Kashmir» (Led Zeppelin) o el elegido para hoy, la suite «Salisbury», perteneciente a los británicos Uriah Heep, de los que ya me he ocupado con anterioridad a propósito de la canción titulada «Sympathy«, perteneciente al álbum «Firefly» (1977). Esta formación, inicialmente llamada «Spice», se creó a finales de los años sesenta en torno a David Byron (voz) y Mick Box (guitarra); en 1970 cambiaron su nombre por el de Uriah Heep, que tomaron del clásico de Charles Dickens «David Copperfield», y también entró a formar parte de la banda el teclista Ken Hensley, quien acabaría convirtiéndose en el principal compositor del grupo. Tras un primer álbum titulado «Very ‘eavy … Very ‘umble» (1970), publicaron «Salisbury» (1971), un disco que no suele figurar entre los preferidos por los seguidores de esta banda, tal vez porque no estaba aún definido su característico estilo, volcado hacia el hard rock, que caracterizó sus trabajos posteriores. Sin embargo, yo lo tengo entre mis favoritos; hay canciones hadrockeras, como «Bird of Prey» o «Time to live«; baladas acústicas bellísimas, como «Lady in Black«, el tema más conocido de este Lp y uno de los mayores éxitos de Uriah Heep; y, por supuesto, la suite progresiva del mismo título. Con sus más de dieciséis minutos, «Salisbury» es una de esas joyas progresivas ocultas en la discografía de Uriah Heep. En su concepción y ejecución intervino una orquesta sinfónica formada por más de veinte instrumentos, donde destaca especialmente la sección de viento. Desde mi punto de vista, es una de las mejores muestras de rock orquestado que conozco; al contrario de otros experimentos de esta índole, donde la orquesta y los músicos de rock a menudo interpretan la música sin atisbo alguno de miscibilidad (por ejemplo, en el mencionado «April», la orquesta actúa sólo en la parte central del tema, sin que los músicos de Deep Purple intervengan), en «Salisbury» la orquesta está perfectamente integrada, acoplada y presente en toda la composición. Estamos ante una suite épica, llena de sorpresas, giros y de una gran riqueza melódica; os aconsejo que la escuchéis más de una vez, sólo así podréis apreciar sus detalles. Además de los aspectos orquestales, me gustaría destacar el órgano, verdadera columna vertebral de este tema; la voz; y el solo de guitarra que comienza en el minuto 11:27.

Sha-Na-Na. «Those Magic Changes»

Es difícil precisar cuando nos convertimos en adultos y, lo que es más importante, qué acontecimientos y comportamientos definen este estadio. Seguro que se han escrito toneladas de literatura sobre el asunto, haciendo hincapié en el control emocional, la integración familiar y social, la percepción objetiva de la realidad o la responsabilidad. Existe un parámetro que nos ayuda a saber cuánta juventud hemos perdido: la empatía, el recordar y comprender el comportamiento de los jóvenes como algo que también formó parte de nuestras vidas. Pensar que nuestra infancia y juventud fue mejor que la de ellos, incluso hacérselo saber con tono autosuficiente o recriminatorio, suele ser síntoma de mala memoria y de ruptura con lo que un día fuimos. Por ejemplo, los de mi generación tendemos a criminalizar el botellón sin haber estado en ninguno, probablemente porque, en el fondo, sabemos que nosotros hacíamos algo parecido cuando teníamos su edad. Tal vez no ensuciábamos tanto, aunque tampoco estoy muy seguro que recogiéramos las litronas vacías de los parques y de otros lugares donde nos reuníamos. Para los amnésicos, recuerdo que a finales de los setenta, con quince o dieciséis años, teníamos todo un abanico de posibilidades; además de los parques (en mi caso también la Casa de Campo, muy cercana a mi instituto), hacíamos fiestas en locales vacíos que nos dejaban, en la calle, en la playa e, incluso, en las aulas cuando estaban vacías y sabíamos que contábamos con la complicidad de ciertos profesores.

Algunas personas de mi edad dicen que ahora se bebe más; es probable que sea así, aunque realmente no lo sé y, sinceramente, me imagino que todo dependerá del grupo de amigos y de la actitud individual de cada chaval. Tampoco sé, y es algo que me gustaría saber, qué papel desempeña la música en los botellones. En nuestras fiestas era fundamental; la escuchábamos, hablábamos de ella, bailábamos y era la aliada perfecta para poder acercarse a las chicas. En 1978 había un película de moda entre la juventud, «Grease»; su banda sonora era una de las imprescindibles en nuestras reuniones; tenía canciones alegres y con cierto aire rocanrolero, como «Summer Nights«, «You’re the one that I Want«, «Greased Lightnin«, «Hound Dog» o «We Go Together«; y, por supuesto, otras más íntimas, como «Blue Moon«, «Hopelessly Devoted to You«, «Sandy«, «It’s Raining on Prom Night» o «Those Magic Changes», la canción destacada de hoy (aquí podéis ver la secuencia de la película en la que aparece esta melodía). Está interpretada, como muchos de los temas de «Grease», por Sha-Na-Na, un grupo norteamericano de doo-wop creado a finales de los años sesenta, que llegó a participar en el Festival de Woodstock -creo que actuaron delante de Jimi Hendrix-. Tal vez a alguno de vosotros «Those Magic Changes» os parezca una horterada cursi. Yo tengo mucho cariño a esta canción; forma parte del cordón umbilical de mis recuerdos, me sigue sirviendo como referencia para no perder la perspectiva, mantener alguna opción de juventud y mitigar cualquier arrebato de intransigencia generacional.

Eric Clapton. «Tears in Heaven»

El 19 de marzo de 1991 Eric Clapton había llevado a su hijo Conor al circo y al día siguiente iban a ir a juntos al Zoo; Clapton lo tenía que recoger en el apartamento de Nueva York donde estaban alojados junto con la actriz italiana Lori del Santo, esposa de Eric y madre de Conor. Según ha manifestado Lori en alguna entrevista, Conor estaba entusiasmado con los elefantes del circo y no paraba de correr y jugar al escondite bajo la vigilancia de la niñera, sobre todo durante el cuarto de hora que la actriz utilizó para evaluar una propuesta de trabajo que le acababa de llegar por fax. Conor se escapó del apartamento y consiguió entrar, a pesar de la oposición del portero, en la habitación donde éste estaba limpiando. Sea como fuere, acabó cayendo desde un piso 53 por la ventana que acababa de abrir el portero para ventilar el cuarto. En una entrevista concedida a Time, Clapton expresó con estas palabras la triste noticia que recibiría de su esposa: «Ese día el teléfono sonó y Lori me dijo que mi hijo estaba muerto. Traté de creer que era un error. Hasta que llegué al edificio y vi a la policía. Fui al sanatorio para reconocerlo. Luego, partí a verlo otra vez a la funeraria para disculparme por no haber sido un padre mejor» (consultado en www.elreporte.com.uy). Esta última afirmación tenía que ver con sus años anteriores, en los que estuvo más pendiente de acabar con sus adicciones que de compartir el tiempo con su hijo. Este duro golpe, lejos de hundirlo de nuevo en las drogas y el alcohol, fue su tabla de salvación; su deseo de honrar a Conor lo salvó. Unos meses después escribía una canción, junto con Will Jennings, que comenzaba con los siguientes versos: «Sabrías mi nombre si te viera en el cielo? ¿Sería lo mismo si te viera en el cielo?». «Tears in Heaven» fue sólo una canción que, al principio, Clapton utilizaba para aliviar su dolor, hasta que su amiga Lili Fini Zanuck la escuchó y le pidió que se la cediera para la B.S.O. de la película que estaba rodando («Hasta el límite«, 1991), aquí podéis escuchar la primera versión de este tema. Después, en 1992, se editó como single y formó parte del álbum «Unplugged» (1992), con el que «Mano Lenta» se quiso sumar a la fiebre por «lo desenchufado» propiciada por la cadena musical MTV. A pesar de manejarse sin su habitual guitarra eléctrica, consiguió hacer un gran álbum y, lo que es más importante, emocionó a todo el mundo con esta sencilla y estremecedora balada; es la versión que podéis ver en el vídeo de hoy; también tenéis ésta otra, con subtítulos en inglés y en español. Por supuesto, también han versionado este tema otros intérpretes, sin embargo me siento incapaz de escuchar una pieza tan íntima, un canto tan desgarrado y sincero, en boca de otros que no sean el padre de Conor.

Led Zeppelin. «Kashmir»

«Physical Graffiti» (1975) fue el primer trabajo de Led Zeppelin tras el relativo descanso que se tomaron después de la grabación de «Houses of the Holy» (1973) y las multitudinarias giras que vendrían después; también fue el primer álbum grabado para el sello Swan Song, creado en 1974 por los propios miembros de la banda y, para algunos, la última gran obra de los británicos. Se trata de un doble Lp con temas nuevos y otros descartados de discos anteriores. En él tienen cabida nuevos sonidos y propuestas musicales; Jimmy Page lo llamaría la conexión CIA (celta-india-árabe), sin duda un trabajo pionero en el terreno de la fusión musical. A destacar la portada, según dicen llena de elementos simbólicos, incluso se comenta que el hombre que aparece sentado en las escaleras es John Bonham; en ella podemos ver un clásico edificio neoyorkino, en este caso el situado en St. Marks Place (Greenwich Village); la portada del vinilo original estaba troquelada con cortes en las ventanas. Uno de sus temas más importantes es «Kashmir», en opinión de Robert Plant «la canción definitiva de Led Zeppelin»; recordemos que el vocalista llegó a aborrecer el gran clásico de la banda, «Stairway to Heaven«, sobre todo en los directos donde se aburría presenciando el largo solo de Page. En «Kashmir» Plant está soberbio, más expresivo y comunicativo que nunca, contándonos una historia sobre un viajero en el espacio y el tiempo, en el que se mezclan las sensaciones reales con las imágenes oníricas; la instrumentación es elegante, compleja y muy valiente, con un Page en plena experimentación con los sistemas de afinación y muy interesado en el sitar, con John Paul Jones a cargo de los teclados y el mellotron, con nuevos efectos en la batería e, incluso, con músicos de fuera de la banda haciéndose cargo de los arreglos orquestales, algo poco habitual en la obra de Led Zeppelin. Parece que la letra fue escrita por Robert Plant mientras viajaba por el desierto del Sáhara en Marruecos, a pesar de que la canción hace referencia a la región de Cachemira. Con sus inconfundibles elementos de música arábiga e india, es la gran aportación de Led Zeppelin al rock progresivo, una de sus canciones más importantes y de las imprescindibles en los directos, como éste que podéis ver aquí o éste otro, del año 2007, cuando se reunieron para ofrecer un único concierto en el O2 Arena de Londres, en el que sustituyeron al fallecido John Bonham por su hijo Jason.

Bob Dylan. «Hurricane»

Rubin «Hurricane» Carter fue un boxeador estadounidense que compitió en la categoría del peso medio durante los años 1961 a 1966, fecha en la que fue arrestado -junto con su amigo John Artis- como sospechoso de un triple asesinato que había tenido lugar en New Jersey. Fueron condenados a tres cadenas perpetuas por un jurado formado exclusivamente por personas blancas, en el que los prejuicios raciales y las irregularidades de todo tipo presideron el juicio; Carter y Artis siempre negaron su implicación en los asesinatos, pasaron sin problemas el detector de mentiras y no fueron reconocidos por los testigos como autores de los asesinatos. Ya en prisión, y varios años después, Rubin «Hurricane» Carter publicó una autobiografía (The Sixteenth Round, 1974), que llamó la atención de famosos como Muhammad Ali o Bob Dylan; este último llegó a reunirse con Carter en la cárcel y, tras quedar convencido de su inocencia, organizó algunos algunos conciertos benéficos, trató siempre de reivindicar su no culpabilidad e, incluso, escribió una canción (junto con Jacques Levy), «Hurricane», dedicada a este sucio asunto. La presión social y mediática propiciada por la canción de Dylan, así como las marchas de protesta para reclamar un nuevo juicio, encabezadas por Muhammad Ali, consiguieron reabrir el caso; sin embargo, Artis y Carter fueron nuevamente condenados, esta vez por el testimonio de un delincuente que, ya en dos ocasiones, había cambiado su historia. Tres años después, en 1979, un grupo de canadienses, y la propia opinión pública, volvieron a la carga, esta vez con mejores resultados para Carter; en 1985, un juez federal dictaminó que la fiscalía había actuado de mala fe en los juicios anteriores, unos procesos plagados de declaraciones bajo coacción, pruebas falseadas, corrupción policial y claras evidencias de racismo. «Hurricane» pasó casi veinte años en prisión; tras su puesta en libertad, dedicó el resto de sus días (falleció en 2014) a defender a otros en la misma situación que él. La canción de Bob Dylan apareció en el Lp «Desire» (1976) y, a pesar de su larga duración, fue comercializada como single. En esta ocasión Dylan deja a un lado su vertiente más críptica y poética para construir un relato detallado de los hechos, como si fuera un periodista dando cuenta de la noticia (aquí podéis ver la letra). Pero también hubo detractores de este tema, que acusaron a Dylan de parcialidad a la hora de contar la historia de Carter, sobre todo en lo relativo a la glorificación que hace de su carrera deportiva y a la ocultación de su pasado violento en reformatorios; algún periodista también le ha acusado de haber construido la historia utilizando numerosas licencias artísticas.