Muddy Waters / Canned Heat / Rory Gallagher. «Got my mojo working»

Las grandes figuras del blues han ejercido una influencia notable en muchas de nuestras adoradas estrellas del rock. Si en otra ocasión comentaba que el tema “Little Red Rooster”, de Willie Dixon, ha sido objeto de numerosas versiones por músicos de rock, hoy podemos decir algo parecido con la canción “Got my mojo working” que, además de interpretada por grandes figuras del blues (B.B. King, Otis Rush, Etta James, Buddy Guy, etc.), ha sido versionada por artistas como J.J. Cale, Eric Clapton, Rory Gallagher, Canned Heat, Mandfred Man o Johnny Winter, por mencionar sólo algunos. Esta canción fue escrita en 1956 por Preston Foster y grabada, por primera vez, por la cantante de soul y gospel Ann Cole (ésta es su versión), aunque quien la popularizó fue Muddy Waters, incluso la adaptó y modificó su letra, lo que dio lugar a un litigio por los derechos de autor correspondientes a este tema. Muddy Waters es una de las grandes figuras del blues, es considerado como el padre del estilo “Chicago Blues” y ha tenido mucho ascendente en los pioneros británicos del R&B, del blues-rock y del hard rock; artistas y grupos como Cream, The Rolling Stones, Eric Clapton, Led Zeppelin, Jimi Hendrix o Angus Young (AC/DC) han hecho versiones de sus temas o, simplemente, han manifestado abiertamente su admiración por él. El “mojo” es un amuleto, normalmente sometido a hechizo, que suele protegerse en una pequeña bolsa de cuero; puede estar compuesto de semillas de calabaza, tierra de un cementerio o huesos de animales. Este amuleto se empleaba (me imagino que aún habrá quien lo siga utilizando) para atraer la buena suerte, conseguir los favores del ser querido, etc., siempre bajo las premisas del Hoodoo o magia utilizada tradicionalmente por la población afroamericana de los Estados Unidos. Elegir tres versiones, como podéis comprender, es complicado; la de Muddy Waters parece obligada, después os propongo la del grupo Canned Heat, acelerada y comprimida en menos de tres minutos de vibrante boogie rock, y finalmente una apuesta decididamente rockera, la del guitarrista irlandés Rory Gallagher.

Orchestral Manoeuvres in the Dark. «Enola Gay»

Hay fechas que conviene tener siempre presentes en nuestra memoria, acontecimientos que jamás deberían ser arrinconados por el irremediable paso del tiempo. El 6 de agosto de 1945, finalizando la II Guerra Mundial, los Estados Unidos arrojaron a «Little Boy» sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y, tres días después, a «Fat Man» sobre Nagasaki. «Little Boy» y «Fat Man» fueron los nombres con los que se bautizó a las primeras bombas atómicas lanzadas sobre territorios habitados; unos días antes se había realizado el primer ensayo atómico exitoso en el desierto de Alamogordo (Nuevo México), en el marco del Proyecto Manhattan, un ambicioso plan científico con el que, en poco más de dos años y gracias a un nutrido grupo investigadores del más alto nivel (Robert Oppenheimer, Enrico Fermi, Richard Feynman, etc.), se lograron canalizar los planteamientos de Einstein y la nueva Física del átomo (descubrimiento de las partículas subatómicas, Radiactividad y Mecánica Cuántica) hacia fines bélicos. Pocas veces en la Historia de la Ciencia se han conseguido unos resultados prácticos tan exitosos y contundentes como con el Proyecto Manhattan; está claro que entonces hubo el interés político, los científicos y el dinero necesario para ello. «Little Boy» fue lanzada, a las 8:15 horas, por un bombardero cuatrimotor de la clase Boeing B-29 Superfortress bautizado con el nombre de «Enola Gay», en honor de la madre de su piloto: Enola Gay Tibbets. La detonación provocó la muerte de unas ochenta mil personas, además de otros tantos heridos y destruyó la mayor parte de la ciudad. Treinta y cinco años después de esta masacre el grupo británico de synth pop, Orchestral Manoeuvres in the Dark (OMD), lanzaba su segundo álbum de estudio («Organisation», 1980), que comenzaba con el tema «Enola Gay» en recuerdo de aquel triste acontecimiento. La canción aparecía en un momento de controversia en el Reino Unido, en torno a la decisión de Margaret Thatcher de permitir en aquel país la presencia de misiles nucleares norteamericanos. En el vídeo podéis ver la letra, con claras alusiones a la hora del lanzamiento y con una irónica metáfora sobre una madre que se siente orgullosa de su hijo.

Electric Light Orchestra. «Confusion»

¿Es Electric Light Orchestra un grupo de rock progresivo? Desde luego si nos limitamos a juzgar por esta canción, no. Pero lo cierto es que, cuando se crea esta banda, allá por 1970, su intención fue la de fusionar el pop y el rock con elementos e instrumentos procedentes de la música clásica, como violines, chelos e instrumentos de viento. Los líderes fundadores de ELO fueron Roy Wood y Jeff Lynne, quienes acometieron juntos los trabajos que dieron lugar a su primer álbum (“The Electric Light Orchestra / No Answer”) y, en parte también, los de su segundo trabajo (“ELO2”). Durante la grabación de este último disco, Roy Wood abandonó la formación dejándola en manos de Lynne que, poco a poco, fue reduciendo el peso de los instrumentos clásicos y acercando el sonido hacia posiciones más cercanas al pop. Puede decirse que los primeros discos de ELO tienen un cierto tono sinfónico pero, a pesar de lo que opinan algunos seguidores del rock progresivo, para mi gusto suenan algo raro; las guitarras, los violines y violonchelos juntos no llegan a empastar y el resultado final es un pastiche algo indigesto. Tiene gracia que con los estilos musicales ocurra como con los géneros cinematográficos; un drama, aunque sea un pestiño, siempre tiene mejor prensa que una película de acción o una comedia, aunque éstas sean excelsas. Con ELO ha pasado algo parecido; sus primeros trabajos suelen tener mejores críticas, tal vez por tener esa etiqueta de pop-rock sinfónico, mientras que su disco más pop, “Discovery” (1979), a menudo es tildado de producto comercial y de poca calidad. Yo no estoy de acuerdo, a mi me parece que es su mejor álbum; tiene un sonido propio, tal vez algo grandilocuente pero bien equilibrado y, lo que es más importante, incluye un puñado de interesantes canciones que se sitúan entre el pop-rock y la música disco, temas como “Shine a little love”, “Don’t bring me down”, “Last train to London”, “The Diary of Horace Wimp” o la que os propongo: “Confusion”, compuesta por Jeff Lynne y con una importante presencia de los teclados y el “vocoder” -o codificador de voz-, un artilugio inicialmente diseñado para las telecomunicaciones que acabó siendo utilizado como instrumento musical por grupos de klautrock, como los alemanes Kraftwerk.

Slade / Quiet Riot / Devin Townsend. «Cum on feel the noize”

Purpurinas, peinados imposibles, calzados con plataformas, vestimentas brillantes, estampados de leopardo, maquillaje a raudales y una deliberada reivindicación del travestismo y la ambigüedad sexual son algunas de las señas de identidad que caracterizaron a los grupos de glam-rock, un estilo musical que tuvo su apogeo durante los primeros años de la década de los setenta y que, en cierta manera, fue la antesala del movimiento punk. En lo musical, se caracterizó por la sencillez y la frescura a partir de composiciones en las que predominaba el rock & roll y el hard rock. Uno de los grupos que podríamos englobar dentro de esta tendencia -yo diría que pioneros- fueron los británicos Slade, descubiertos y lanzados a la fama por Chas Chandler, el que fuera antiguo bajista de The Animals y productor musical de Jimi Hendrix. Comenzaron su andadura en 1969 bajo el nombre de “Ambrose Slade”; su primer disco fue publicado en 1969, aunque el que les acabó por encumbrar fue el titulado “Sladest” (1973), donde se incluyó su gran éxito “Cum on feel the noize”. La provocación típica del glam, en el caso de Slade, trascendió lo meramente estético; sus faltas de ortografía premeditadas fueron una constante en su carrera y, en este caso, es habitual ver esta canción bajo el título “Come on feel the noise”, probablemente escrito correctamente y sin la implicación eyaculatoria que tiene la primera palabra. Diez años después, esta canción fue rescatada por la banda estadounidense de heavy metal y glam metal Quiet Riot, al incluirla en su tercer trabajo de estudio (“Metal Health”, 1983); fue todo un éxito e, incluso, ayudó a que los propios Slade fueran más conocidos en los Estados Unidos. Además del original de Slade y de la conocidísma versión de Quiet Riot, os voy a proponer otra que, en realidad, no sé si realmente es una versión; me refiero al tema acústico “Quiet Riot”, del músico canadiense Devin Townsend, que formó parte de su álbum “Ki” (2009). Por supuesto que existen más versiones, quizás la más conocida sea la de Oasis (aquí la dejo), pero si os gusta alguna otra no tenéis más que incluirla en vuestros comentarios.

Héroes del Silencio. «Héroe de Leyenda»

No es muy habitual que los libros sobre rock se ocupen de grupos españoles, salvo que sean textos de temática específicamente hispana. David Roberts, en su libro Crónicas del Rock. Una historia visual de las 250 mejores bandas de todos los tiempos (Barcelona: Lunwerg, 2013) ha tenido a bien considerar a formaciones europeas, e incluso de otros lugares como China, Japón o América del Sur, como dignas de merecer un hueco entre los doscientos cincuenta grupos más importantes de la historia del rock; no es fácil pero hay alguna banda española que lo ha conseguido, como los aragoneses Héroes del Silencio. Así se expresa David Roberts cuando habla de ellos: «Los Héroes del Silencio fueron una de las bandas de rock más populares surgidas en Europa continental. Formados en Zaragoza en 1984, su lealtad a su idioma natal los convirtió en pieza importante del movimiento Rock en español de los noventa. Su estilo dramático y grandilocuente les proporcionó popularidad duradera en Europa y América Latina. Su sonido con toques góticos y su imagen visual provocaron comparaciones con bandas postpunk británicas como The Cult y The Mission». Sus cuatro discos de estudio han sido incluidos, por la revista musical Al Borde, entre los doscientos cincuenta mejores álbumes de rock iberoamericano de todos los tiempos; la revista Rolling Stone los ha considerado como el segundo mejor grupo de rock español de la historia, tras El Último de la Fila; y, en 2007, fueron homenajeados en reconocimiento a sus más de seis millones de discos vendidos. Tuvieron actividad entre 1984 y 1996, no sólo en España, también fuera de nuestras fronteras, quizás más en su última etapa, la más cercana al hard rock. Su primer disco, en cambio, está más próximo al pop-rock; fue publicado, bajo el título de «El mar no cesa», en 1988 y finaliza con «Héroe de Leyenda», un tema que ya había sido grabado un año antes en un EP con cuatro canciones. Fue su primer éxito y en él ya podemos reconocer el estilo ampuloso y épico característico de este grupo, sus letras ambiguas y trascendentales, y el liderazgo de una de nuestras más reconocidas figuras del pop-rock actual: Enrique Bunbury. Aquí os dejo, también, la versión realizada por el grupo de rock mexicano Zoé.