Las Cinco Canciones de Begoña (II): «Since I’ve Been Loving You» (Led Zeppelin)

Begoña nos habla de esos temas rockeros que han protagonizado sus «momentos tiernos» durante la adolescencia, esos que siempre hacían su aparición y que muchos esperábamos con la típica ansiedad generada por los subidones hormonales propios de la edad. Ella nos habla de muchos grupos y de muchas canciones, lugares comunes para muchos de nosotros, sobre todo los que tenemos una cierta edad; para representar este «momento tierno» ha elegido a Led Zeppelin, en concreto un corte perteneciente al álbum «Led Zeppelin III» (1970): «Since I’ve Been Loving You», aunque el vídeo nos muestra una actuación en directo, creo que recogida en el DVD «The Song Remains the Same» (1976). Ya sabéis, aún disfrutaréis más de este tema si lo escucháis bien acompañados/as.

«Momento tierno»
Baladitas un montón, en guateques, peñas de pueblo y las discotecas de entonces. Sentidas pasiones adolescentes en los tempranos 80, en los que una canción no duraba solo un verano, sino unos cuantos, con lo que te recuerdan demasiadas vivencias. Las típicas bailadas mil veces: «Stay» (Jackson Brown), «The Logical Song» (Supertramp), «Stairway to Heaven» (Led Zeppelin), «Angie» (The Rolling Stones), «Hotel California» (Eagles), «Dust in the Wind» (Kansas), «If you leave me now» (Chicago), Janis, Bonnie Tyler, Rod Stewart, Scorpions y otras tantas… esas sensaciones! Voy con «Since I´ve been loving you», me sabe muy rica y da muy buen juego.

Las Cinco Canciones de Begoña (I): «Child in Time» (Deep Purple)

Esta semana nos visita Begoña, una persona muy querida, por mí y por toda mi familia, alguien a quien nos sentimos muy unidos a pesar de las dificultades y lo convencionalismos que habitualmente rodean a las rupturas sentimentales entre miembros de un mismo clan. Me ha alegrado mucho su participación en esta sección de las cinco canciones de tu vida, porque Begoña es una de las responsables de que exista La Guitarra de las Musas y es parte de su comunidad desde mucho antes de que ésta existiera, cuando me refugiaba en aquel «Rincón del Abuelo» en facebook, que trataba de hacerse visible entre frases célebres y de autoayuda, chistes, fotos y proclamas políticas de la más variada ideología. Esta semana lo vais a pasar muy bien porque Begoña es una persona que derrocha energía y que siente la música con mucha intensidad, al igual que sucede con todos los proyectos y actividades en los que se involucra. Le ha debido resultar muy difícil escoger sólo cinco canciones y, tal vez por eso, nos propone muchas más, aunque agrupadas en torno a las cinco reglamentarias y a cinco «momentos» inolvidables: «momento de enganche al rock», «momento tierno», momento descoyunte», «momento impulso» y «momento cuelgue, un planteamiento que me encantó desde el mismo momento que leí sus textos. Su selección de temas bien podría haberla firmado yo mismo: tendremos hard rock, progresivo, rock psicodélico y heartland rock. Comenzamos con «Child in Time», de Deep Purple, un tema que apareció hace poco en esta web, su «momento de enganche al rock».

Momento de enganche al rock
«Me llegó con Deep Purple, en el cole, allá por el 79, ni siquiera escuchándoles a ellos directamente, sino al «compi» José Taboada (hoy guitarra de Zenet) tocando «Smoke on the Water», entre otras. Con los Purple hice una inmersión total y de ahí ya sin parar al resto: Led Zeppelin, AC/DC, Iron Maiden, Judas Priest, Black Sabath, DIO … Hay tantas que me llenan que cuesta elegir, me voy a quedar con el amplio espectro de «Child in Time».

Las Cinco Canciones de Eduardo (III): «Bohemian Rhapsody» (Queen)

Aquí tenéis la canción rockera de Eduardo, probablemente el tema más aplaudido y venerado de Queen: «Bohemian Rhapsody» y, para quien les habla, mi preferido de esta gran banda. Ya salió en este blog, cuando daba sus primeros pasos; entonces dije de ella que es una canción sin estribillo y, sin embargo, un gran clásico. Todo gracias a una eficaz mezcla: rock sinfónico + rock duro + la inigualable voz de Freddie Mercuy. Para mi gusto Queen tiene de todo, cosas que no me agradan mucho, como en general sus últimos discos, y también maravillas como ésta; un historia desgarradora, mecida por el piano y agitada por la increíble guitarra de Brian May. Eduardo, es tu turno.

«No todo eran canciones “lentas” en mi fonoteca particular. También había espacio para el rock. Una de las que me ha gustado desde siempre –y que significó una revolución en mi formación musical– fue ésta de Queen ¿Qué me atrajo de ella? Quizá su título tan evocador, “Rapsodia Bohemia”, que remitía a la música clásica, las famosas Rapsodias Húngaras de Liszt, o a la insuperable «Rhapsody in Blue» de Gershwin».

 

Las Cinco Canciones de Salva (III): “Back in Black ” (AC/DC)

Con este relato (también me ha pasado con la canción que saldrá el viernes) se me saltaron las lágrimas la primera vez que lo leí. Yo también viví unas sensaciones parecidas a las de Salva con mi abuelo materno, con el pasaba mucho tiempo; vivía al lado de la Casa de Campo de Madrid, por lo que íbamos a menudo a pasear, a coger setas y piñones que, luego, en el patio que tenían mis abuelos iba abriendo con un piedra antes de comérmelos. Yo era pequeño cuando él falleció, pero le recuerdo perfectamente, como si aún estuviera con nosotros. Gran tema el que nos propone Salva para tratar de digerir una pérdida como esa, veamos qué nos cuenta.

«Nadie duda de que la música es uno de los hilos conductores que mejor conecta nuestros recuerdos. Tanto los buenos como aquellos que preferiríamos olvidar, pero que ocasionalmente asoman la cabeza para recordarnos que esta vida no es un camino de rosas. Siempre hay canciones que nos retrotraen hasta esas situaciones vividas que, por más que lo intentemos, no podemos olvidar. Uno de mis discos favoritos, me transporta a uno de los peores momentos de mi vida. Visto desde la distancia, hace casi treinta y tres años, el lado oscuro de ese momento se ha difuminado en el recuerdo, pero no puedo evitar cada vez que lo escucho, transportarme a ese día aciago en que con tan solo dieciséis años, el mundo se me vino encima.

Nada más alejado del rock que mi abuelo, pero esta canción inevitablemente me recuerda a él. Desde que era pequeño me llevaba y traía del colegio y los sábados bien temprano venía a buscarme e íbamos a andar por las afueras de un Logroño más reducido que el actual. Nuestros pasos nos conducían por caminos sembrados de huertas y vaquerías y saciábamos nuestra sed en los pozos de las casas que encontrábamos a nuestro paso. Me encantaba accionar arriba y abajo la palanca de la bomba y ver como poco a poco iba manando el agua fría y cristalina. Deliciosa. Cogíamos moras, endrinas para hacer pacharán. Avellanas, nueces, almendrucos o caracoles. Cuando teníamos hambre, en cualquier punto del camino y con cuatro ramas preparábamos una pequeña hoguera y asábamos choricillo o panceta atravesados en un palo, vuelta y vuelta hasta que estaban a punto para comer. Años más tarde se uniría un nuevo compañero. Alex, mi perro no el blogero, jajaja.

Hoy el hierro y el hormigón han borrado todo rastro de aquellos paseos que ahora ocupan mi memoria. Siempre con su inseparable bastón, que lo mismo servía para apartar la maleza en busca de caracoles, gancho para bajar las ramas de los frutales que encontrábamos por el camino y aplacar el apetito o como arma. La de culebras que perecieron a golpes de cachaba a la voz de «¡la madre que te parió! ¡muere bicha!» Creo que yo fui el hijo que nunca tuvo porque sentía autentica devoción por mí. Pedro, que así se llamaba -a mí otro abuelo, Alberto, no lo llegué a conocer-, era un abuelo de los de antes. De los de boina, zapatilla de esparto y palillo en la boca. Su rostro, curtido por años de sol y trabajo en el campo, estaba esculpido con surcos tan profundos como los que labraba a golpe de azadón en su Navarra natal. Religioso a su manera, se ponía hecho un pincel para ir a misa; traje, corbata y zapatos bien lustrados, siempre tenía un «¡Cagüen Dios!» en la comisura de los labios haciendo compañía al Celtas sin boquilla que parecía estar pegado a su boca. Solo lo apartaba de ella para con los dedos pulgar e índice quitarse las briznas de tabaco que se adherían a su lengua. No se si fue de tanto fumar o simplemente porqué su fecha de caducidad expiró a los setenta años, un cáncer de pulmón se lo llevó cuando yo tenía dieciséis años.

Ese día, el que murió mi abuelo, no aguantaba estar en casa. Simplemente me asfixiaba estar encerrado e incapaz de seguir escuchando los comentarios que se hacen en estos casos, cogí a mi perro Alex y mi walkman – los recordáis – con una copia que me había hecho del “Back in Black” y me marché a andar. Siempre, y no es por decirlo, pero siempre que escucho este disco y esa canción, “Back in Black” me acuerdo de ese momento con mi perro, del lugar por el que estuve paseando, que ya no existe porque se ha llenado de casas, y del nudo en la garganta que mi estupidez adolescente se negaba a deshacer».

 

Las Cinco Canciones de Salva (I): “Highway Star” (Deep Purple)

Las series de televisión antiguas a menudo contaban con un actor que prestaba sus servicios en calidad de «guest star» («estrella invitada»); solía ser uno de los protagonistas, casi siempre alguien muy conocido en el mundo del cine, un veterano de esos que, con su presencia, su personalidad y buen hacer, conseguían que el público se enganchara a la serie. El amigo Salva es la «estrella invitada» de «Las cinco canciones de tu vida«, alguien que espero siga dando vida a esta sección con sus comentarios, sus recuerdos y su buen humor. Como ya he comentado en otras ocasiones, él fue quien puso en marcha este espacio de comunicación entre blogueros y aficionados a la música desde su web «Mentalparadise»; fue todo un éxito mientras estuvo funcionando, hasta que esa misma sinceridad y pasión que caracteriza a sus iniciativas le hizo retirarse (espero que momentáneamente) de la blogosfera. Esta semana nos acompañará con sus cinco canciones, la primera de ellas coincidente con una de las mías («Higway Star«). Estoy seguro que vais a disfrutar de lo lindo, hay de todo: buena música, bonitos recuerdos, anécdotas divertidas, presencia de seres queridos y todo el amor que Salva sabe transmitir cuando habla de sus vivencias. Os dejo con sus palabras, primero una presentación en la que él mismo nos esboza cómo es y, después, con el relato que acompaña a su primera canción.

——————————————————

«Me llamo Salvador Guillén Etayo y lancé mis primeros sollozos en este mundo el 26 de abril de 1967 en Logroño. Uno de los recuerdos que más nítidos están en mi mente es el de la música. Siempre estaba presente en mi casa. Mi padre era muy aficionado y tenía una buena colección de vinilos y singles de los de la época, de esos que traían dos canciones por cada lado. Recuerdo nuestras excursiones los fines de semana a Casa Erviti y a Simeón, emblemáticos establecimientos de mi ciudad donde veía con fascinación a mi padre pasar uno tras otros todos aquellos vinilos que alimentaban los cajones de ambas tiendas. Esa fue la primera semilla plantada que desembocaría en mi posterior amor/obsesión por comprar discos. Mi hermana también tuvo gran parte de culpa por traer a casa esos discos con melenudos rascatripas que hacían nuestras delicias mientras nos grabábamos cantando canciones de Queen en un viejo casete Sanyo».

Como cualquier adolescente amante de la música, el sueño que pululaba por mi mente era el de tocar en un grupo, y aunque en un principio me tuve que conformar colocándome frente a un espejo emulando los cabeceos de Status Quo, finalmente en el 86 formé parte de mi primera banda, Ophis. Bandas como ¡¡Sniff!! y sobre todo Amnesia son las que más renombre tuvieron y parece que la gente nos sigue recordando, lo que sinceramente me hace mucha ilusión. Mis más íntimos amigos saben desde hace años de mi afición por la pintura y el dibujo y hace un par de años me dediqué a plasmar mi recuerdos, reflexiones y pajas mentales de forma escrita en Mentalparadise.

No sé que más decir de mí, sin extenderme demasiado. Tal vez estas canciones os ayuden. Son un buen escaparate para conocerme un poco mejor”.

«La primera canción es LA CANCIÓN de mi vida. Y aquí sí que no exagero. Ni Status Quo ni el Rock and Roll Over de Kiss, ni tan siquiera el mítico recopilatorio de Janis Joplin que trajo mi hermana a casa es comparable con lo que sentí al escuchar esta canción de la banda que a partir de ese día se convirtió en mi preferida, y a pesar de que en la actualidad no es el grupo que más escucho, a día de hoy el simple hecho de ver escrito en un blog o una revista esas dos palabras, Deep Purple, hacen que algo en mi interior se agite y me lleve a indagar que se esconde detrás. De hecho, una manía que tengo, es que cuando descubro un nuevo blog, miro en etiquetas si el nombre de mi banda fetiche aparece y si la respuesta es afirmativa me sumerjo de cabeza y leo todo lo que se refiere a ella. Ese blog tiene asegurados de momento un comentario en cada una de las entradas y a buen seguro sumará un seguidor nuevo que añadir a su lista.

Pero hablamos de “Highway Star”. El periodista Jordi Bianciotto inicia su libro Deep Purple. La saga con una descripción de cómo descubrió a un grupo que cambió su percepción de ver y entender la música, que hace que me sienta plenamente identificado con él: “A comienzos de 1979, el autor de este libro tenía catorce años y la película “Deep Purple Rises Over Japan”, proyectada en una atrevida sesión de cine-forum del colegio le pasó por encima y nada volvió a ser lo mismo”. Yo no estuve en esa proyección pero las sensaciones que sentí al escuchar «Highway Star» son muy similares. En mi caso fue algo después, en 1981, y también con catorce años cuando un compañero de clase me dejó “Made in Japan” y para mí también nada volvió a ser lo mismo.

Si tuviera que poner una fecha concreta que marque mi bautismo de fuego en esto del rock, sin duda sería el 5-12-1981. Contaba por entonces, como ya he dicho, catorce años y si bien desde pequeño había escuchado música de todos los estilos y mi colección de vinilos hacía tiempo que había comenzado a crecer, los discos que ésta albergaba aunque enraizados dentro de los parámetros de la música rock, venían influidos en parte por la música que escuchaba en la radio o veía en programas de televisión. Canciones de Status Quo, Miguel Ríos, Queen o los clásicos discos de éxitos donde siempre se colaba alguna canción rockera. Recuerdo un “Disco de Oro Epic” de 1978, que escondía entre sus surcos “Don´t Look Back” de Boston, un tema de Peter Frampton titulado “I Can´t Stand It No More” o “Logical Song” de Supertramp. Por lo demás, me alimentaba de los discos de mi hermana que me llevaba una ventaja de cinco años.

Pero ese cinco de diciembre, con las mil pesetas que dio mi abuela (era su cumpleaños y las abuelas hacían esas cosas), hice la mejor inversión de mi vida. Me compré “Made in Japan” de Deep Purple. Unas semanas antes me lo había prestado un compañero de clase y lo que sentí al escuchar “Highway Star” y concretamente el famoso punteo, es difícil de explicar. Así que mi objetivo prioritario a partir de ese día fue hacerme con la discografía completa, de un grupo que ignorante de mí, no sabía que llevaba cinco años fuera de órbita. Cuarenta y cuatro años después de su publicación, sigue siendo uno de mis favoritos y aunque con el tiempo se ha visto relegado en favor de otros, Deep Purple como banda, “Made in Japan” como disco y “Highway Star” como canción, siguen siendo en gran medida los culpables de que me iniciara en la senda del rock».