Pistones es una banda madrileña, creada hacia 1980 y liderada por el cantante y guitarrista Ricardo Chirinos, que construye su nombre a partir de los de «Sex Pistols» y «Ramones. Sus primeras maquetas se escucharon en algunas emisoras de radio, lo que les permitió actuar en locales como El Jardín o Marquee-Madrid; en 1982 consiguieron el apoyo de Paco Martín, quien les acabaría publicando sus primeros mini-Lps en la compañía discográfica MR, propiedad de él mismo y de su socio Julio Ruiz. No pudieron grabar un álbum de larga duración hasta 1983, cuando publicaron «Persecución«, su mejor trabajo y uno de los discos emblemáticos del pop-rock español de aquella época. Fue producido por Ariel Rot (Tequila) y cuenta con un puñado de excelentes canciones de pop enérgico, que recuerdan en algo a las de la primera etapa de Los Secretos, pero más vigorosas, mucho más cercanas al power pop que a la new wave; temas como «Persecución», «El Pistolero», «Lo que quieres oír», «Nadie» o «Metadona» hacían presagiar una brillante carrera llena de buenos discos y de éxitos. Lamentablemente no fue así; su siguiente trabajo, «Canciones de lustre», fue grabado tres años después de “Persecución”, sin demasiada motivación y prácticamente obligados por la discográfica. Como ha reconocido el propio Juan Luis Ambite, bajista del grupo, no supieron digerir bien la fama: «Canciones de lustre no fue un disco muy acertado. Habíamos tenido una brecha de tres años sin grabar porque, después del éxito, Ricardo Chirinos se fue a la mili, a Alicante, y se le fue la olla. De algún modo nos creímos lo de la fama y lo pagamos (…) a Ricardo se le olvidó que existía Madrid. Cuando por fin volvió debíamos varios discos a Ariola. Grabamos muy de repente» (Dominguez, Salvador. Los Hijos del Rock. Los grupos hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 667). Se separaron en 1987, cinco años después se volvieron a unir para grabar «Entre dos fuegos» y, según tengo entendido, muy recientemente han vuelto a los escenarios. «El Pistolero» fue su tema estrella y, tal vez, la canción más singular del álbum, tanto en lo relativo a ritmo como a letra; el segundo tema que os propongo es mi preferido, «Metadona» es una historia enigmática, claustrofóbica, vertiginosa y opresiva, cuyo título no sé si es una metáfora o una alusión directa a aquella España de los ochenta, marcada por la heroína y los planes de desintoxicación a base del opiáceo sintético metadona. Aquí os dejo, también, una versión de “Metadona” en directo.
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¡Bienvenida al Mundo, Rita! Rita Lee. «In my Life»
“Tenía dos padres y tres madres muy felices, y mis hermanos (y mis cuñadas) estaban casados y sus matrimonios funcionaban muy bien (…) Una vez estuve a punto de casarme pero uno de los novios se rajó y yo no estuve dispuesto a cargar solo con dos mujeres y otro tipo que era bi (…) Las chicas se casaron entre ellas y formaron poco tiempo más tarde un matrimonio de tres lésbico”. Esta cita pertenece a una de las obras fundamentales de la ciencia-ficción española, Lágrimas de Luz, de Rafael Marín, publicada por primera vez en 1984, en una época en la que plantear una crítica como ésta al concepto de familia monoparental, y al disfrute del sexo sin tabúes, era algo casi necesario después de cuarenta años de dictadura franquista. En el modelo de familia pluriparental que nos plantea Rafael Marín no parecería descabellado que los niños pudieran contar con ocho, dieciséis o veinticuatro abuelos; de hecho, hoy día ya son bastante habituales las familias con seis u ocho abuelos, reestructuradas a partir de las separaciones matrimoniales y de los emparejamientos posteriores. Yo pertenezco a una de esas familias, en las que, como por arte de magia, se puede llegar a ser abuelo sin haber sido antes padre. Ya he visto nacer a dos nietos adorables –Olivia y Mario- que, desde luego, no saben distinguir entre un abuelo de sangre y un abuelo putativo. Hoy ha nacido Rita, muy lejos de España, en la brasileña ciudad de Sao Paulo, por lo que ya sumo tres nietos, lo que no está nada mal para un “no-abuelo”.
Teniendo en cuenta que esto es un blog de música, al principio pensé en canciones, como “Lovely Rita” (Beatles), «A Rita» (Chico Buarque) o “Rita” (Hombres G), que pudieran servir para festejar este momento; también traté de repasar las cantantes que conozco con ese nombre: la italiana Rita Pavone, la jamaicana Rita Marley, la estadounidense Rita Coolidge, la portuguesa Rita Guerra o, incluso, la propia Rita Hayworth que, aunque doblada por Anita Ellis, se prestó a interpretar un par de conocidísimos temas en la película “Gilda”. Sin embargo, tenía que ser la brasileña Rita Lee; Nacho, el padre de la pequeña Rita, nos explicó hace muy poco que, para Caetano Veloso, “la esencia de Sao Paulo se encuentra resumida en Rita Lee”, un verdadero símbolo afectivo y cultural de aquel país. “In my Life” es una nana pop que John Lennon escribió evocando su infancia y en la que trató de reflexionar sobre su pasado. Su letra se presta a diferentes interpretaciones; estoy seguro que Isa y Nacho sabrán hacer suyo este tema y, más aún, si lo canta Rita Lee (aquí podéis escuchar otra versión de esta canción en portugués).
«Hay lugares que recordaré toda mi vida,
aunque algunos han cambiado.
Algunos para siempre, no para mejor,
algunos se han ido y algunos permanecen.
Todos esos lugares tienen sus momentos
con amantes y amigos que aun puedo recordar.
Algunos han muerto y algunos viven,
en mi vida los he amado a todos.
Pero de todos esos amantes y amigos
no hay nadie que pueda compararse a ti.
Y estos recuerdos pierden su sentido
cuando pienso en el amor como algo nuevo.
Aunque sé que nunca perderé el afecto
por las personas y cosas que estuvieron antes,
sé que a menudo pararé y pensaré en ellas,
en mi vida te amo más a ti».
Crowded House. «Don’t Dream it’s Over»
El pop es a la música como la comedia al cine, un género a menudo criticado y minusvalorado por sus planteamientos amables, su cercanía con el gran público y su aparente simplicidad artística y vital. Los prejuicios, y algunas actitudes de pretendida superioridad intelectual, a menudo contribuyen a condenar a comedias y grupos de pop que, sin siquiera poder demostrar su valía, ya cuentan con el desprecio inicial de aquello que alegremente se etiqueta como «obra menor». Ya comentaba algo parecido con ocasión de la entrada dedicada a la canción «True«, del grupo Spandau Ballet; entonces trataba de poner en valor este tema y, en general, a esta banda, hoy me gustaría hacer algo parecido con Crowded House, una formación creada durante 1985 en Nueva Zelanda, con miembros de aquel país y de Australia. Liderada en torno a la figura de Neil Finn (guitarrista, cantante y compositor de la mayoría de los temas), Crowded House nace de las cenizas dejadas por un grupo anterior, Split Enz -creado en 1972- que, a su vez, dio lugar a otro conocido como The Mullanes; éstos, al trasladarse a Los Ángeles (EE.UU.), acabarían llamándose Crowded House, en alusión al lugar donde, de manera apretada, convivieron durante la grabación de su primer álbum. «Crowded House» (1986) es un excelente disco de pop, pop-rock y new wave, elegante y de una gran calidad; su mejor trabajo, el que los encumbró y también el que acabó por lastrar, casi desde sus inicios, su carrera. Está lleno de buenas canciones, de esas que has escuchado mil veces pero no sabes muy bien de quién son; de entre todas ellas me voy a quedar con «Don’t Dream it’s Over», un poético tema que nos habla de la grandeza de la libertad, del amor, de la complicidad en la lucha y de la fuerza de los sentimientos. He elegido un vídeo en el que podéis ver la letra en español, no obstante, os animo también a que veáis el sugerente videoclip que, en su día, fue utilizado como herramienta promocional. Tal vez conozcáis alguna versión interesante de esta canción que queráis compartir; a mí, por ejemplo, me gustan las de Paul Young, Diana Krall o la del español Pedro Javier Hermosilla, titulada «Un agujero en el alma».
T. Rex / Radio Futura / Virgin Steele. «Ballrooms of Mars» / «Divina»
No todos los artistas que viven de la música se enorgullecen de su pasado; hay algunos, como Radio Futura, que siempre han renegado de su primer trabajo: «Música Moderna» (1980). De hecho, pasaron dos años hasta que grabaron «La estatua del jardín botánico«, el tema que, a la postre, les convertiría en un grupo nuevo. He visto a Radio Futura en un par de ocasiones y en ambas me marché con un regusto agridulce; la primera debió ser hacia 1984, en aquellas fiestas de San Isidro que siempre contaron con la complicidad y el apoyo del alcalde Enrique Tierno Galván; la segunda cuando se estaban separando y, he de decir, que estuvieron fríos y poco comunicativos, los que triunfaron aquel día fueron los gallegos Siniestro Total, que actuaron de teloneros y estuvieron vibrantes y divertidos. En ambas ocasiones, a pesar de las peticiones reiteradas del público, no consintieron en tocar canciones de su primer disco, en particular la más aclamada: «Divina (los bailes de Marte)», una versión del tema de Marc Bolan «Ballrooms of Mars» a la que Herminio Molero, fundador de Radio Futura, cambió la letra para adaptarla a las circunstancias españolas del momento y poderla dedicar a una de las integrantes del grupo Kaka de Luxe, Olvido Gara, más conocida como Alaska: «Te veo bailar con pegatinas en el culo y mueves con tu ritmo la cara de tus fans. Eres una bruja de oro, eres un pequeño gángster. Estuviste con Kaka de Luxe pero no te oí cantar». Como acabamos de comentar, el original fue compuesto por el líder de la banda británica de glam rock T. Rex (sobre su trágica muerte nos hemos ocupado en una entrada anterior, dedicada a la cantante Gloria Jones), y fue incluido en la banda sonora de la película «Escuela de rock«. Además del original de Bolan y la versión de Radio Futura, os propongo una tercera: la del grupo neoyorquino de heavy metal Virgin Steele, que forma parte de su disco «Life Among The Ruins» pero no de su edición original de 1993, sino de la reedición que se hizo en 2012, que contó con veinte canciones más en un segundo disco. También es interesante la de Richard Barone, el que fuera cantante del grupo The Bongos. Sobre la que perpetraron Raphael y Alaska mejor no comentar nada, habla por sí sola siempre que os atreváis con ella.
Los Toreros Muertos. «Mi agüita amarilla»
Cuando uno echa la vista atras se da cuenta de que, a pesar de lo que puedan dictar las leyes de la física, el tiempo pasa más lento con veintitantos que a partir de los cuarenta, cuando todo parece que se acelera y consumes años como si fueran cervezas en verano. Precisamente de cervezas, y de otras bebidas espirituosas, va la entrada de hoy, en recuerdo de aquellos años en los que te apuntabas a cualquier sarao al que te invitaran «¿Te acuerdas de aquel día en el que íbamos todos ‘pedo’?» Esta es una pregunta que, de vez en cuando, me hace mi amiga Mariola cuando queremos recordar aquella época de “Chema y los muerte”; entonces nos echamos unas risas y le recuerdo que, en realidad, era ella la que evidenciaba tal estado de embriaguez. Pero, en el fondo, los dos sabemos que aquellas fiestas eran tremendas y que íbamos todos muy perjudicados. La canción estrella de esas farras era “Mi agüita amarilla”, del grupo Los Toreros Muertos, toda una oda a la cerveza, la juerga y el buen humor. Pertenece a su primer álbum, publicado en 1986 con el jocoso título de “30 años de éxitos” y está lleno de canciones a cual más divertida: ”Yo no me llamo Javier”, “Twist’ as loca”, “Soy un animal” o “Necesito un avalista”; todas ellas muy representativas del estilo transgresor y gamberro de esta banda, con un sonido entre el pop, el rock, el punk, la new wave, incluso con algunos temas a ritmo de twist, cha cha cha o pasodoble. Los Toreros Muertos tuvieron actividad entre 1984 y 1992 aunque, a partir del año 2007, se reunieron y creo que aún continúan ofreciendo algunos conciertos con las viejas canciones de siempre. Su líder, Pablo Carbonell, es bien conocido en el mundo del cine, de la televisión y del espectáculo, casi siempre explotando sus cualidades cómicas y de showman. Una de las señas de identidad de Los Toreros Muertos eran sus letras; a menudo se les ha comparado con los gallegos Siniestro Total, también muy divertidos, aunque yo diría que el humor de Los Toreros es más elegante, tal vez más intelectual. De hecho, “Mi agüita amarilla” (aquí tenéis una curiosa versión en inglés), además de un homenaje a la cerveza, no es más que una inocente canción educativa sobre el ciclo de agua y sobre las consecuencias medioambientales de la diuresis cervecera.