Rush. «La Villa Strangiato»

Rush es uno de los grupos de rock progresivo más singulares y, a la vez, mas influyentes que conozco:
1.- No son ingleses, como la mayoría de las bandas progresivas o sinfónicas que se crearon a finales de los sesenta y durante los setenta, sino canadienses, del barrio de Willowdale (Toronto, Ontario).
2.- Aún continúan en activo, prácticamente sin cambios en su formación desde que el grupo fuera creado en 1968; ese año reemplazaron al bajista y vocalista Jeff Jones por Geddy Lee y, en 1974, por motivos de salud, Neil Peart sustituyó al batería John Rutsey, desde entonces la formación ha sido la misma: Alex Lifeson (guitarra), Geddy Lee (bajo, teclados y cantante) y Neil Peart (batería y letrista).
3.- Lifeson y Lee tenían quince años cuando formaron Rush, mientras que Peart -tan solo un año mayor que ellos- también se incorporó muy joven a la banda, con veintidós años. Por ello, parece lógico que, antes de grabar su primer disco, en 1974, pasaran cinco o seis años aprendiendo y perfeccionando su técnica en bares y locales musicales.
4.- Comenzaron haciendo blues-rock y hard rock, de hecho decían de ellos que eran los Led Zeppelin canadienses, lo que puede constatarse en sus primeros álbumes («Rush», 1974; «Fly by Night», 1975; y «Caress of Steel», 1975). Sin perder esta identidad musical, fueron haciendo más compleja su música hasta desembocar en el rock progresivo. Desde mi punto de vista, sus mejores trabajos son, precisamente, los de esta época, la que comprende el período 1976-1981, cuando se publicaron discos tan importantes como «2112» (1976), «A Farewell to Kings» (1977), «Hemispheres» (1978), «Permanent Waves» (1980) y «Moving Pictures» (1981).
5.- Triunfan en el rock progresivo, con obras de gran calidad, a finales de los setenta, cuando este género ya está agonizando.
6.- Es de los pocos grupos de la época dorada del progresivo que fundamentan su estilo en la confluencia de este género con el hard rock y el heavy metal, de hecho su influencia ha sido muy importante en la corriente conocida como rock neoprogresivo, representada por grupos como Marillion, IQ, Pendragon, Arena, etc., y en algunas formaciones de metal progresivo, como Dream Theather.
El tema elegido para ilustrar esta entrada es «La Villa Strangiato» con el que se cerraba el álbum «Hemispheres» (1978), una pieza instrumental creada a partir de las pesadillas de Alex Lifeson. Los cuatro cortes de este disco son fabulosos pero éste es un ejemplo único de rock progresivo virtuoso, pleno de sensaciones, matices, cambios melódicos y sorpresas instrumentales; a destacar la guitarra española (al principio del tema), la notoriedad de bajo y batería (sobre todo entre el minuto 5:13 y el 6:45) y, por encima de todo, una guitarra llena de giros y recursos técnicos increíbles que, además, cose esta pieza a través de una atractiva melodía, bien reconocible al principio y al final de esta onírica composición. Si os habéis quedado con ganas de más Rush, os recomiendo esta «pequeña guía de escucha» que, hace algunos meses, nos preparó el amigo Alex (Rock Telegram).

Yes. «Don’t Kill the Whale»

La edad dorada del rock progresivo comenzó a declinar a finales de los años setenta, en gran medida debido al vigoroso empuje de otros movimientos musicales, como la New Wave y, sobre todo, el punk, que se declararon abiertamente contrarios a los postulados musicales y estéticos propuestos por los grandes dinosaurios del rock sinfónico. En España, los años 1978 y 1979 fueron francamente desconcertantes; apenas tenía quince o dieciséis años pero me acuerdo de escuchar los grandes clásicos de este estilo publicados varios años antes, como si fuera algo de rabiosa actualidad y, también, de renegar de los ultimos trabajos de estos mismos grupos por considerar que vulneraban la esencia misma del rock progresivo. Cuando salió al mercado «Tormato», en 1978, escuchaba «Fragile«, «Close to the Edge«, «Relayer» y «Going for the One», cuatro obras maestras que empequeñecieron, incluso sepultaron, los siguientes trabajos de Yes, asentados en una época y con unos músicos que hacían imposible perpetuar viejas glorias. «Tormato» no ha sido un disco bien tratado, ni por la crítica ni por los aficionados de Yes; su producción fue problemática y deficiente, las canciones no parecían responder a ningún patrón conceptual y no había ninguna de las largas suites características de este grupo, tampoco se respetó el nombre inicialmente propuesto («Yes-Tor», un enclave situado en el condado británico de Devon, con ciertas connotaciones de tipo mágico o místico) y, por si esto fuera poco, en la portada tampoco estuvieron muy afortunados. Acostumbrados al excelente trabajo de Roger Dean, el grupo Hipgnosis (que ya había realizado la portada del disco anterior, «Going for the One»), no estuvo muy brillante; de hecho, según cuentan los biógrafos de esta banda, el tomate que allí aparece es el que lanzó Rick Wakeman cuando vio la portada por primera vez. El último desaguisado, como váis a poder comprobar, lo protagonizó el vídeo-clip que se utilizó para promocionar «Don’t Kill the Whale», un pegadizo tema ecologista con un excelente trabajo del guitarrista Steve Howe. Sinceramente, a pesar de todo, me parece un disco interesante aunque no pueda compararse en calidad con los anteriores. Aquí lo podéis escuchar entero, incluso con bonus tracks; además de «Don’t Kill The Whale» hay otros temas también interesantes, como «Madrigal» o «Release, Release«, bien diferentes uno del otro. En el año 1978 lo repudié; hoy, con más años y menos dogmatismo militante, disfruto escuchándolo.

Crucis. «La triste visión del entierro propio»

Crucis fue una banda argentina de rock progresivo creada en 1974 por un grupo de amigos y compañeros del colegio: Daniel Oil (teclados), José Luis Fernández (bajo), Daniel Frenkel (batería) y Gustavo Montesano (guitarra y voz); antes de grabar ningún disco ya habían abandonado los tres primeros, siendo sustituidos por Pino Marrone (guitarra), Aníbal Kerpel (teclados) y Gonzalo Farrugia (batería), mientras que Gustavo Montesano acabaría asumiendo las labores de bajista. Con esta formación grabaron, con RCA, su primer disco en 1976 (“Crucis”) y, un año después, su segundo y último trabajo, “Los delirios del Mariscal”, para muchos su obra más madura, aunque yo prefiero la espontaneidad del primero. Las portadas de estos álbumes (al final de la entrada los podéís ver) fueron diseñados por Juan Oreste Gatti, un artista argentino bien conocido por su trabajo de diseño gráfico para las películas de Pedro Almodóvar, aunque también ha colaborado con otros cineastas, como John Malkovich, Fernando Trueba o Alex de la Iglesia y, por supuesto con grupos españoles de “La Movida” y con buena parte de las bandas juveniles de rock argentino anteriores a la Dictadura. Ésta es, precisamente, una de las razones que influyeron en la temprana disolución de la banda, allá por 1977-1978; Gustavo Montesano ha manifestado en alguna occasion que la Dictadura les obligó a escapar de su país, algunos se fueron a México, otros a Los Ángeles (California) y él mismo emigró a España para trabajar con el productor Jorge Álvarez. Lo que más llama la atención de Crucis es la calidad instrumental de sus componentes, la gran riqueza melódica de sus composiciones y su original propuesta, donde se pueden observar influencias de varios de los grupos británicos de rock progresivo más conocidos (ELP, Camel, Genesis, etc.) pero siempre con un marchamo propio, un sonido made in Crucis. Los temas instrumentales son soberbios aunque no puedo decir lo mismo de las partes cantadas, de hecho, tal vez sean el talon de aquiles de esta formación. Aquí podéis escuchar su primer disco, “Crucis”; siete canciones a cual mejor, que no os van a defraudar. Si antes preferís escuchar algún tema concreto, os propongo “La triste vision del entierro propio”, creo que apta para amantes del progresivo y, también, para los que no lo son tanto, donde se puede apreciar un gran trabajo de teclados y guitarra.

Crucis_1976_Crucis

Crucis-LosDeliriosDelMariscal

Camel. «Rhayader» / «The Snow Goose» / «La Princesse Perdue»

La música que llevo escuchando desde mi adolescencia, con sus lógicos e inevitables encuentros y desencuentros, es la que más estimula mis recuerdos y, también, con la que menos objetivo soy; por eso, si os digo que el disco «The Snow Goose» (1975) es una de las obras de referencia del rock progresivo, a lo mejor pensáis que es una exageración. Fue el tercer álbum de la banda británica Camel, que editó su primer trabajo homónimo en 1973; del segundo ya nos hemos ocupado en una entrada anterior, dedicada al conocido tema «Lady Fantasy» y al concepto de «Escena Canterbury». En abril de 1975 publicaban su álbum quizás más importante, «The Snow Goose», un trabajo conceptual y totalmente instrumental basado en la obra homónima del escritor Paul Gallico; en un principio se pensó en incluir una parte narrada a partir del propio texto original, sin embargo el autor no lo permitió al creer, erróneamente, que el grupo tenía relación con la marca de cigarrillos Camel. Incluso hubo que abandonar la idea de llamarlo como el cuento; no se obtuvieron los permisos, por lo que acabó titulándose «Music Inspired by The Snow Goose». En España se publicó como álbum doble, incluyéndose su anterior trabajo («Mirage») y con la portada de éste, la de la cajetilla de tabaco. Héctor Mario Gómora ha realizado un excelente trabajo descriptivo de esta obra, tanto de los aspectos relativos a la percepción que esta maravilla musical ejerce en el oyente, como en lo tocante a la preciosa historia del farero Rhayader, la joven Fritha y el malherido «Ganso de las Nieves» que, tras su curación, acabaron llamando «La Princesa Perdida». Hoy más que nunca, os sugiero que escuchéis el disco entero, para que os podáis imaginar esta preciosa historia y disfrutéis con la música de Camel. Si no lo habéis hecho nunca, os va a sorprender por su profundidad y delicadeza; no obstante, y aunque tengo la sensación de mutilar esta obra, os propongo que vayáis escuchando estos tres cortes: «Rhayader», dominado por la flauta y la melodía que irá apareciendo en otros temas del disco; «The Snow Goose», donde la guitarra de Andrew Latimer -uno de los guitarristas más elegantes y sensibles que conozco- es la protagonista; y «La Princesse Perdue», en el que se pueden apreciar los arreglos de la Orquesta Sinfónica de Londres. En el año 2013, Camel realizó una gira donde volvieron a tocar íntegramente este disco, después de treinta y cinco años o más sin hacerlo; el amigo Alex (RockTelegram) tuvo la suerte de verlos en Londres, imagino que no lo olvidará nunca.

The Moody Blues. «The Voice»

Cuando el pasado octubre me ocupaba del tema «Nights in White Satin«, de los británicos The Moody Blues, mi amiga Begoña, desde facebook, me expresaba su admiracion por este grupo y los buenos recuerdos que tenía de ellos, en especial del tema «The Voice». En aquel momento me comprometí con ella a incluirlo en este blog; además, es un placer dedicárselo, fue una de las primeras seguidoras que tuve cuando empecé a aparecer en internet y, desde entonces, ha venido siguiendo, y participando, de este proyecto musical. Tras la publicación de «Days of Future Passed» (1967), el álbum más importante de esta formación y en el que se incluyó la mencionada «Nights in White Satin», realizaron algunos trabajos meritorios, como «In Search of the Lost Chord» (1968), «To our Children’s Children’s Children» (1969) o «On the Threshold of a Dream» (1969), recientemente adquiridos en vinilo por el amigo Vidal, responsable del blog Territorio Sonoro. Tras estos fértiles años sesenta, se disolvieron en 1974 y volvieron a reunirse en 1977, aunque pronto les abandonaría el teclista Mike Pinder, uno de los miembros fundadores de la banda. Fue sustituido por el suizo Patrick Moraz, un músico muy interesante que ya había formado parte de la banda progresiva Yes entre 1974 y 1976; entró a reemplazar al gran Rick Wakeman y, con él, Yes nos dejó uno de sus mejores discos: «Relayer» (1974). La mano del suizo se hizo notar en «Long Distance Voyager» (1981), con el que los Moody Blues regresaron a la calidad musical y, también, al necesario reconocimiento de los aficionados, que convirtieron este Lp en un gran éxito. Sin abandonar sus señas de identidad sinfónicas, supieron adaptarse a los nuevos gustos musicales y ofrecieron a su público un disco muy interesante, en el que el pop, los elementos acústicos y las bellas melodías vocales compartían espacio con los teclados, las flautas y los recursos electrónicos. En algunos temas me recuerdan a los californianos Eagles y, otras veces, su sonido se acerca al de la Electric Light Orchestra, como en el tema «Gemini Dream«, uno de los más conocidos de este disco; el otro fue «The Voice», con esa inolvidable intro a cargo de Patrick Moraz. Os recomiendo que escuchéis todo el disco (aquí lo podéis hacer); además de estos dos temas comentados, hay otros muy interesantes, como «Meanwhile«, «Talking out of Turn«, «In my World» o «Nervous«.