Buck Owens / Leon Russell / D. Watson, R. Skaggs and E. Scruggs. «Roll in My Sweet Baby’s Arms»

Buck Owens nació en Texas, aunque se crió en Arizona y acabó estableciéndose en California. Sin apenas pisar la escuela, se puso a trabajar mientras trataba de compatibilizar esta actividad con la práctica de la música. En los años cuarenta ya había creado el grupo Skillet Lickers, después se trasladaría a Bakersfield (California); allí fundó la banda The Playboys Schoolhouse y, en 1963, el grupo que lo acompañó durante el resto de su carrera: The Buckeroos, cuyo bajista era Merle Haggard, otro de los grandes del country. A Buck Owens se le considera el padre del sonido Bakersfield; tal y como y nos cuenta Eduardo en su imprescindible River of Country, un estilo «opuesto al que creara Chet Atkins, el Nashville. Aunque Owens empezó utilizando elementos del country más tradicional, como los fiddles o la pedal steel guitar, también demostro su versatilidad y capacidad de adaptación incorporando a sus canciones elementos del rock & roll, tan en boga en los años 60 y 70″. Aunque desde aquí hemos reivindicado a formaciones como The Byrds o The Flying Burrito Brothers por su importancia en la creación del country-rock, este fenómeno no puede entenderse sin el establecimiento previo del sonido Bakersfield por Buck Owens. Hoy le recordamos con un clásico del country de origen popular, «Roll in My Sweet Baby’s Arms», una canción tradicional americana probablemente desarrollada a partir de otras composiciones, como «Bang Bang Rosie», «Bang Away Lulu» o «My Lula Gal». La grabación más antigua que existe es la de Buster Carter & Preston Young, de 1931, aunque la más conocida, y la que sirvió como referencia para posteriores a adaptaciones, fue la que publicaron Lester Flatt y Earl Scruggs en 1951. Buck Owens sacó su versión veinte años después, en el álbum titulado «Ruby», mientras que Leon Russell lo hizo en 1973, al incluirla en su disco titulado «Hank Wilson’s Back!» Antes de ofreceros la tercera opción de hoy, no estaría de más recordar otras interpretaciones que se han hecho de este tema, como las debidas a The New Lost City Ramblers, George Jones & Melba MontgomeryRoy Acuff, Johnny Paycheck, Glen Campbell, Flying Burrito Brothers (a partir del minuto 13:37), Sleepy LaBeef, Nitty Gritty Dirt Band (con Willie Nelson) o la más actual perteneciente al dúo formado por Chris Thile y Michael Daves. En el último vídeo podemos ver una actuación en directo a cargo de Doc Watson, Ricky Skaggs y Earl Scruggs, el mismo de aquella versión de 1951. Ya sé que se trata de una canción diferente, pero no quiero finalizar esta entrada sin recordar a la banda española Desperados; en los ochenta se dieron a conocer gracias a la canción «Molly«, que a mí me recuerda mucho a «Roll in My Sweet Baby’s Arms»; no os perdáis el vídeo, grabado en el Parque de Atracciones de Madrid.

Santi Picó. «Lago de Cristal» / «Oasis» / «Moonflower»

En la entrada dedicada al “Tema del Müll”, del grupo Pegasus, mostraba mi admiración por los músicos catalanes que, durante los años setenta, conformaron el llamado rock laietano y que, en los ochenta, cultivaron un jazz-rock mediterráneo de una gran calidad; entonces mencionaba a Max Sunyer, Josep Mas “Kitflus”, Rafael Escoté o Santi Arisa, músicos imprescindibles para poder entender la historia reciente de la música hecha en España. Hoy quiero hablaros del guitarrista Santi Picó, un barcelonés al que también podríamos incluir dentro de este selecto grupo, de hecho las colaboraciones entre todos ellos han sido siempre muy habituales. Tal vez alguno lo conozcáis gracias a su paso, durante los ochenta, por el grupo de música electrónica Neuronium; por ser uno de los miembros fundadores del proyecto “Guitarras Mestizas”, en el que también participaron Max Sunyer, David Palau, Joan Vinyals y José Gómez “Chicuelo”; por su trabajo como músico para anuncios publicitarios de televisión, por ser telonero de Marillion en alguna ocasión; por su Santi Picó Blues Band o, tal vez, por su relativamente reciente “Loop Project”, junto con el músico Adrià Grandia. Sin embargo no hay mucha gente que sepa de él por sus cuatro discos en solitario: “La Llave de Plata” (1979), “Oasis” (1980), “Mágica Medianoche” (1984) y “Miskatonic II” (1992). Éste último es el más electrónico de todos, un poco en la órbita de Neuronium, aunque en su trabajo anterior también se pueden apreciar estas influencias. Mis preferidos son los dos primeros, con temas tranquilos, ese tipo de música que transmite paz y sosiego y que, por momentos, recuerda al estilo de Al Di Meola o de Carlos Santana. No resulta muy fácil seguir a este artista a través de youtube, por lo que os sugiero que lo hagáis a través de spotify (aquí tenéis el enlace a su obra en este canal de música). Mientras tanto, por si queréis ver si realmente merece la pena, os voy a proponer algunos temas; los dos primeros, “Lago de Cristal” y “Oasis”, pertenecen a su segundo Lp (“Oasis”), que contó con la colaboración de Evarist Ballús (batería), Josep Mas “Kitflus” (teclados), Ricardo Hochberger (percusiones) y Rafael Escoté (bajo). El tercer tema destacado es una versión del conocido “Moonflower” de Santana, incluido en el primer álbum del proyecto “Guitarras Mestizas”. Por último, aquí os dejo una interpretación de “Tubular Bells”, en el ámbito del mencionado “Loop Project”, que intuyo no os va a dejar indiferentes, ya sea para bien o para mal.

Porcupine Tree. «I Drive the Hearse»

Steven Wilson es uno de los músicos más creativos y brillantes que aún conserva el rock. De formación autodidacta, es productor e ingeniero de sonido, compositor, cantante y toca varios instrumentos, entre ellos la guitarra y los teclados. Ha colaborado con bandas como King Crimson, Marillion, Opeth o Yes, por mencionar sólo algunas, y es el creador y líder de la formación británica Porcupine Tree, creada en 1987 por Steven Wilson y Malcolm Stocks casi como si fuera un juego en homenaje a las grandes bandas de los setenta; llegaron a crear una biografía ficticia del grupo, con nombres de músicos y de discos publicados, incluso hacían creer que se conocieron en un festival de rock durante los años setenta y que algunos habían pasado por la cárcel. Grabaron algunos temas en un estudio propio montado por Wilson y, lo que empezó como una broma, acabó consolidando en un grupo al que empezaron a apoyar las compañías discográficas, con actuaciones en directo que obligaron a montar una verdadera banda. Editaron su primer trabajo en 1991 («On the Sunday of Life») y , desde entonces, han publicado una decena de álbumes, el último («The Incident«) en el año 2009, precisamente el trabajo del que nos ocupamos en esta entrada. Porcupine Tree es habitualmente englobado en la categoría de rock progresivo, sobre todo en sus comienzos, luego irían incorporando otros estilos, como el metal progresivo, la música industrial y otros sonidos claramente experimentales, de tal forma que resultan difíciles de etiquetar puesto que aúnan lo clásico y lo vanguardista, la complejidad y la sencillez, los tonos suaves y rugosos al mismo tiempo, a menudo en el mismo disco, incluso en la misma canción. El propio Wilson casi siempre ha tratado de huir de la etiqueta de rock progresivo, y suele dar mucha importancia al trabajo de producción como algo fundamental para conseguir las texturas y los sonidos característicos de Porcupine Tree. «The Incident» es un álbum doble, en el que el primer disco está ocupado por una sola canción de cincuenta y cinco minutos que, a su vez, está dividida en catorce movimientos; estas piezas narran los eufemísticamente denominados «incidentes» por las autoridades locales o gubernamentales que, en realidad, esconden historias trágicas o conflictos de carácter social, a menudo tratados con frialdad por quienes nos gobiernan. Con este planteamiento Wilson nos hace viajar por un sendero casi surrealista, alocado, construido sobre un sonido pulcro, envolvente e intimista, que transmite melancolía y desasosiego gracias a una brillante composición donde se alternan fases melódicas y acústicas con sonidos industriales y elementos procedentes del metal progresivo. Sé que soy un pesado, pero esta obra debe escucharse en su totalidad para poder apreciar su brillantez y originalidad, y para poder comprender que el movimiento número catorce, «I Drive the Hearse» (ésta es la versión de estudio), no es más que el epílogo de esta historia, el final de un complicado viaje, un merecido descanso.

B.B. King / The Crusaders / Joe Bonamassa. «The Thrill is Gone»

«B.B. King, el rey del ‘blues’, entusiasmó anoche a los 8.000 espectadores que llenaban el Palacio de los Deportes». Éste es el titular que dedicó El País al concierto que ofreció B.B. King el 14 de mayo de 1984 dentro la programación de las fiestas de San Isidro de Madrid. Yo fui uno de aquellos 8.000 entusiastas que, una vez apareció el maestro en el escenario, no se volvió a sentar hasta que finalizó el evento. Como ya he comentado en alguna ocasión, creo que es el mejor concierto que he visto en mi vida, la impresión que me dio es la de que B.B. King parecía haber nacido en un escenario, de hecho puede decirse que prácticamente murió en ellos; enfermo de diabetes e hipertensión, casualmente falleció otro 14 de mayo, treinta y un años después de aquel concierto en Madrid, a los ochenta y nueve años. De ellos, casi la mayoría los pasó con una guitarra en la mano, su querida «Lucille»; nacido en una familia pobre de Misisipi, a los doce años ya formaba parte de un coro gospel, donde aprendió los primeros acordes a la guitarra de la mano del predicador. En 1946 dejó de recoger algodón y marchó a Memphis, donde inició su carrera musical proponiendo un estilo en el que mezclaba la modernidad de la gran urbe con sus orígenes rurales. Grabó su primer álbum en 1956 («Singin’ the Blues») y en el año 1969 ya estaba publicando el que hacía el número diecisiete, titulado «Completely Well». En él se incluyó una canción de Rick Darnell y Roy Hawkins inicialmente grabada por éste último en 1951; «The Thrill is Gone» pasó desaparcebida hasta que B.B. King la versionara en 1969, convirtiéndose en uno de los mayores éxitos de su carrera, imprescindible en sus directos y que ha interpretado junto a otros artistas en ocasiones diversas: Gladys Knight, Eric Clapton, Gary Moore, Richie Sambora, The Manhattan Transfer, Tracy Chapman, Stevie Wonder, Willie Nelson, Barbara Mandrell, Pavaroti, etc. Para la segunda versión de hoy hemos traído a The Crusaders (con Randy Crawford), banda de jazz con la que B.B. King trabajó durante su carrera profesional; en tercer lugar vamos a escuchar otra versión en directo, a cargo del guitarrista Joe Bonamassa que, según he podido leer, a los cuatro años tocaba la guitarra, a los siete hacía blues y a los doce fue telonero del propio B.B. King. Pero existen más versiones, por ejemplo os recomiendo las de Aretha Franklin, Little Milton, Chicken Shack, Luther Allison, Jerry Garcia & David Grisman, The Marshall Tucker Band, Joe Satriani, Steve Vai & Friends, Leslie West o Dishwalla.

George Harrison. «Got My Mind Set on You»

Los años setenta fueron buenos para George Harrison; tras el relativo ostracismo al que estuvo sometido durante su etapa beatle, eclipsado por Paul McCartney y John Lennon, logró verter toda la creatividad que tenía guardada en álbumes de gran calidad, como «All Things Must Pass» (1970), «Living in the Material World» (1973) o » Dark House» (1974). El asesinato de Lennon, ocurrido el 8 de diciembre de 1980, fue el punto de inflexión en su carrera; apenas tenía relación con él cuando falleció, tampoco debió gustarle no aparecer citado en su autobiografía, además Harrison se vio obligado a recluirse en su casa por el miedo a que atentaran también contra su persona. Tampoco estaba excesivamente contento con el reconocimiento que crítica y público estaban dando a sus últimos trabajos. Ya sea por alguna de estas razones, por todas ellas o por el creciente interés que estaba mostrando por otras actividades, como la producción cinematográfica -llegó a fundar la compañía HandMade Films, propietaria de películas como «La Vida de Brian» o «Time Bandits»-, lo cierto es que Harrison abandonó temporalmente su carrera musical tras la publicación del disco «Gone Troppo» en 1982. Cinco años más tarde reaparecería con «Cloud Nine«, un álbum producido por su amigo Jeff Lynne (líder de E.L.O.), que también contó con la colaboración de otros amigos y compañeros bien conocidos en el mundo de la música, como Ringo Starr, Eric Clapton, Elton John, Jim Keltner, Gary Wright o Jim Horn. La idea de Harrison era hacer un álbum alejado de los planteamientos intelectuales manejados en sus anteriores trabajos, reflexivos y musicalmente complejos; para ello, pensó en una canción como single: «Got My Mind Set on You», un tema pegadizo y de letra intrascendente que conocía desde su etapa beatle, y que fue rechazado por Lennon y McCartney cuando les propuso versionarlo y grabarlo. Esta canción fue compuesta por Rudy Clark e inicialmente fue grabada por el cantante estadounidense de R&B James Ray en 1962. La cara B de este single está ocupada con el tema «Lay His Head«, aunque inicialmente estaba previsto que fuera «Handle With Care«, grabado junto con Bob Dylan, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison, el germen de un proyecto posterior conocido como The Travelling Wilburys. El otro tema famoso de «Cloud Nine» es «This is love«, aunque no es el único; también destacan otros, como «Cloud Nine«, «Just for Today» o «Devil’s Radio«. Para finalizar, aquí os dejo la versión extendida de «Got My Mind Set On You», publicada en formato 12″.