Triana. «Una Noche de Amor Desesperada»

Todos los veranos, desde hace ya bastantes años, mis primos Vicky y Víctor invitan a la familia a pasar el día en su chalet de Valdemorillo, prácticamente a la orilla del embalse de Valmayor. Como os podéis imaginar, siempre lo pasamos muy bien; hay barbacoa, piscina, partidas de mus y muchas cervezas, que disfrutamos mientras nos ponemos al día sobre lo que pasado en nuestras vidas durante el año en curso. En esta última ocasión ha habido algo diferente, Ramón y Dani han sacado sus guitarras y se han puesto a tocar; Ramón, más o menos de mi edad y con gustos musicales muy parecidos a los míos, sacó una libreta donde tenía apuntadas un puñado de canciones; Dani, un chaval de veintipocos años, lo tenía claro: «tú toca que yo te sigo». Luego me enteré que se maneja muy bien con este instrumento y que sus gustos musicales no son los habituales para un chico de su edad; en la selección musical de su dispositivo electrónico pudimos escuchar a Pink Floyd, a Gary Moore, a Scorpions o a Whitesnake, y he de reconocer que me quedé grátamente sorprendido cuando Ramón y yo mencionamos al guitarrista Alvin Lee, rápidamente dijo: «ese es el de Ten Years After, ¿no?» Yo estaba encantado con el plan y mi prima incluso nos animó para que hiciéramos una acampada, con noche de guitarras incluida.

En una reciente entrada de Territorio Sonoro, el amigo Vidal nos hablaba de la guitarra de su padre y de cómo la reparó; yo le comentaba que mi vieja guitarra española se rompió por el mástil y tuve que tirarla aunque, para entonces, ya no la tocaba, prácticamente estaba abandonada en un rincón. Pero hubo una época en la que lo intenté; entonces no existía internet, ni medios como los que hay ahora para aprender de manera económica, ni cacharritos que afinan cuando se enciende una lucecita verde, como los que llevaban Ramón y Dani; había que conformarse con lo que te pudiera enseñar algún amigo que sabía más y con algún manual donde poder ver la posición de los dedos en los diferentes acordes, lo de ir a clases particulares quedaba fuera de mis posibilidades financieras. Cuando más practicaba era durante los veranos en Almendral de la Cañada, lugar del que ya os he hablado en otras ocasiones; a veces tocaba con algún amigo, a quien acompaña en sus punteos utilizando acordes sencillos. Uno de los temas que mejor nos salía, y de los que más gustaban a quienes nos escuchaban, era «Una Noche de Amor Desesperada», de Triana.

Esta canción formó parte de su quinto álbum de estudio («Un Mal Sueño«, 1981), un trabajo de pop-rock melódico bien alejado de lo que fueron sus tres primeros discos: «El Patio» (1975), «Hijos del Agobio» (1977) y «Sombra y Luz» (1979), tres elepés excelentes, de lo mejor que ha dado el rock progresivo patrio, que apenas fueron promocionados mediante campañas de márketing o en programas de radio y televisión, al menos los dos primeros. Con el cuarto disco, «Un Encuentro» (1980) ya eran muy conocidos, aunque el estilo primigenio se había perdido; también dejaron de contar con el productor Gonzalo García Pelayo y, por qué no decirlo, Jesús de la Rosa, su líder, ya nunca estuvo ni tan creativo ni tan brillante como en esos tres míticos primeros discos. «Tu Frialdad» y «Una Noche de Amor Desesperada» fueron los dos temas más destacados de esta segunda etapa de Triana, ésta última canción incluso ha sido versionada por otros artistas, como Medina Azahara, El Barrio o Lori Meyers.

Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (V): “Streets Of Your Town” (The Go-Betweens)

Esta es una de las razones por las que me gusta Ongakumymusic, la web de nuestro invitado de esta semana, porque me permite conocer grupos y propuestas musicales que desconozco totalmente. The Go-Betweens fue un grupo de indie australiano que, según nos cuenta Whatgoesaround, tuvo una importante influencia en otras bandas de este estilo que surgieron a partir de los años ochenta. El tema que nos propone es “Streets of your Town”, perteneciente a su sexto álbum de estudio: “16 Lovers Lane” (1988). Con esta entrada damos por finalizada la semana de Whatgoesaround, ha sido un placer que nos haya hecho partícipes de sus recuerdos, y al menos yo he aprendido con sus propuestas musicales. Nos seguimos leyendo, un fuerte abrazo.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

“Viajamos hasta Australia. Nos vamos en busca de algo, de una experiencia sorprendente e inolvidable, de un amor perdido. Hasta “half a world away”, como dirían mis queridos R.E.M., hasta la otra punta del mundo.

El grupo The Go-Betweens son ese amor perdido, en el tiempo y en el espacio. Uno de los grupos por el que siento un cariño y veneración más especiales, por la belleza de sus canciones. Los “intermediarios” o “mediadores” fueron un grupo que se creó en la australiana ciudad de Brisbane en 1977 en torno a los cantantes, compositores y guitarristas Robert Forster y Grant McLennan, las almas del grupo. A ellos se añadieron más tarde Lindy Morrison a la batería, Robert Vickers al bajo y Amanda Brown con el violín, oboe, guitarra y coros, antes de su disolución a finales de 1989. Sin embargo, Forster y McLennan refundaron el grupo en el año 2000 con nuevos músicos. Desafortunadamente McLennan murió el 6 de mayo del 2006 de un ataque al corazón, y The Go-Betweens se disolvieron definitivamente.

Muchas veces me planteo la siguiente cuestión al escribir estas entradas: en cierto sentido, lamento que los artículos no sean más largos y detallados explicando la trayectoria entera de un grupo o artista, y que la revisión hecha aquí sea algo “superficial”. Aparte de que sería más dificultoso y me llevaría varios días cada entrada; nunca fue la motivación primaria ni central de este blog, y tampoco tengo vocación de wikipedia. Se hace una breve reseña biográfica para situarnos, se citan algunos datos importantes (como discografía, por ejemplo) y se presenta una canción, vinculada a unas sensaciones y unas vivencias. Eso es todo. Esta reflexión viene a cuento porque el enlace que voy a poner a continuación ilustra a la perfección lo que quiero decir. Si tuviera que escribir un exhaustivo post sobre los Go-Betweens, me gustaría que el resultado fuera como el sensacional artículo con el que he dado esta tarde: THE GO-BETWEENS, en “El rincón de la desconexión”.

El citado artículo hace un amplísimo repaso a toda la trayectoria del grupo a lo largo de tantos años. Fotografías, discografía, mejores canciones, muchos vídeos, así como una buena crítica de su estilo y sus repercusiones en otros grupos. Un artículo excelente. Cito un comentario sobre el estilo de la banda australiana tomado de esta web: “Es difícil definir qué hizo a los Go-Betweens tan especiales (…) No hicieron nada inusual o idiosincrásico, pero lo que hicieron es bello y atemporal”.

El grupo se sustentaba, antes que nada, en la brillantez de sus composiciones, basadas principalmente en la guitarra y, también, en el contraste y el equilibrio entre McLennan y Forster. Opino, y unos cuantos críticos también han señalado este punto, que la pareja McLennan-Forster ha sido uno de los tándems más importantes desde Lennon-McCartney hasta nuestros días. Sobre este particular señala dicho artículo: “El punto más fuerte de los Go-Betweens fue la composición de canciones de Forster y McLennan, descrita en aquel momento por el crítico de The Village Voice, Robert Christgau, como ‘la mayor asociación de trabajo de composición en la actualidad’. Cada uno desarrolló un estilo distintivo, pero complementario: las canciones de Forster eran angulares y llenas de angustia, haciendo mucho uso de ironía e imaginería lírica inusual, mientras que las de McLennan eran generalmente más suaves, reposadas y sensibles, sus letras se basaban a menudo en el estudio del carácter y del discurso”.

Esta banda de rock indie ha tenido ciertamente influencia en bandas posteriores. Nunca alcanzaron un éxito comercial notable, y han quedado en cierta manera en el recuerdo como banda de culto. Nacía de la amistad entre Forster y McLennan, de sus tiempos de estudiantes en la Universidad de Queensland. Dos jóvenes inquietos interesados en la música de Bob Dylan, Patti Smith, The Velvet Underground o los CCR. Nueve álbumes de estudio, sin contar recopilatorios, discos en directo y otros de duración extendida. De ellos tengo tres en vinilo: “Tallulah” (1987), “16 Lovers Lane” (1988) y el recopilatorio “The Go-Betweens: 1978–1990”, amén de otro recopilatorio en digital.

Es “16 Lovers Lane” un álbum absolutamente sensacional. Un puñado de grandes canciones, algunas joyas impagables. Algunos críticos han colocado este disco entre los mejores trabajos de la década de los 80. Fue probablemente su momento álgido, en cuanto a creación y a repercusión mediática. La acogida del disco en las listas de Reino Unido o Australia fue el mayor éxito en la carrera del grupo. Y fue precisamente el tema “Streets Of Your Town” el que más impactó. Maravilloso tema, hermosísimo. Una canción luminosa, optimista, llena de vitalidad, con ese principio irresistible y los acordes de guitarra. Una canción perfecta, que me retrotrae a tantas emociones, no importa los años que hayan pasado. Aquí están dos vídeos sensacionales, con imágenes del grupo y escenas de las calles de Brisbane, Sidney y Melbourne. Si jamás la habías escuchado, hoy estás de enhorabuena”.

Aquí tenéis la entrada original con todas sus imágenes.

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Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (IV): “Half a World Away” (R.E.M.)

R.E.M. me recuerda a los dos años que viví en Francia (1995-1996), en aquella época era un grupo de masas; como bien nos indica nuestro invitado, una de las bandas que más discos ha vendido en la historia de la música. Siempre me alegro cuando un grupo de calidad vende discos, ojalá siempre fuera así, que los buenos fueran los que más éxito tuvieran, tanto de público como de crítica, que coparan las emisoras de radio comerciales y los concursos de cantantes, que al poner los cuarenta principales o ver programas de televisión como “La Voz”, no nos sintiéramos agredidos con música de engorde, con propuestas ramplonas, repetitivas y de calidad muy discutible. Ya sé que algunos dirán, sobre todo los de las emisoras de radio y las discográficas, que ellos se limitan a dar al público lo que quiere (el mismo argumento que se utiliza para legitimar la telebasura); yo me niego a comulgar con esas ideas, que sean otros los que les den la razón a sus interesados planteamientos. Os dejo con Whatgoesaround y su pasión por esta interesante banda norteamericana, que tanto marcó a una determinada generación.

“En una de las entradas publicadas en mi blog hablaba del amor al rock and roll. De vender tu alma, de incluso colocarla, junto con tu vida, en una balanza, y no para “ser juzgado”, sino para de alguna manera pagar una deuda inmensa… Pero no asustemos a nadie y dejemos de divagar. El amor puede ser algo metafísico, o espiritual, o psicológico, o mundano, o carnal. Y en ese (mi) amor por el rock debería poner en negrita y con mayúsculas al grupo R.E.M. La sensacional banda de Athens, Georgia, es uno de los grupos que más admiración y veneración me han despertado, y con el que tendría que poner mucho de mi parte en esa balanza imaginaria.

Los R.E.M. se formaron en 1980 y yo diría que no necesitan ni presentación. De grupo de culto o minoritario, de banda de rock alternativo pasaron, peldaño a peldaño, a golpe de magníficas canciones y magistrales álbumes, a mega estrellas mundiales vendiendo millones de discos. Los chicos del “Rapid Eye Movement”, aludiendo a esa fase del sueño tan peculiar, desarrollaron su carrera durante tres décadas, hasta disolverse amistosamente en el 2011. Una de las bandas que más discos ha vendido en toda la historia de la música (agárrense…más de 85 millones de copias), e incluidos en el Rock and Roll Hall of Fame, un museo de Ohio que inmortaliza a los más grandes en la historia de la música. No voy a escribir aquí “el Quijote” haciendo una reseña completa de los muchos álbumes de estudio que sacaron. Haría falta una entrada para cada disco. Nos dejaron algunas obras maestras como “Green”, “Murmur”, “Document”, “Lifes Rich Pageant” o “New Adventures in Hi-Fi”… Mucha, mucha tralla. Muchos quilates de rock de primera.

Ya con el maravilloso single “The One I Love“, del álbum “Document” (1987), alcanzan cierta notoriedad, pero es con la edición de los discos “Out of Time” (1991) y “Automatic for the People” (1992), que se ven catapultados a la fama mundial. Y no es para menos. Vaya dos discos. El primero de ellos se encarama en las listas norteamericanas y británicas. Basta decir que permanece 109 semanas en las primeras y 183 en las segundas, que vende 18 millones de copias en todo el mundo y que se lleva 3 premios Grammy. Buena parte de la culpa de todo esto la tiene el sensacional  “Losing My Religion”, pero es sabido que un corte por sí solo no suele sustentar todo un disco hasta esos extremos.

El grupo sufriría un revés cuando el batería Bill Berry tuvo que dejar la formación. Berry sufre un aneurisma cerebral durante una actuación en Suiza, en 1995. Pese a recuperarse y reintegrarse en la banda, acaba abandonándola en 1997, tras 17 años, para dar un nuevo rumbo a su vida. Sus compañeros deciden no reemplazarle en cuanto a grabación de discos se refiere, y siguen adelante como trío sacando algunos álbumes notables.

A mucha honra debo decir que no soy de los que -como millones y millones de fans- se subió al carro de R.E.M. a raíz del boom de “Losing My Religion” y del Out of Time. Les conocía de mucho antes y tenía un buen puñado de discos. Como expliqué una vez, compraba siempre la revista musical Rockdelux y fue gracias a esta publicación que les seguía de cerca. Ví a R.E.M. en directo en Barcelona, en la gira que hicieron del álbum “Monster” (1994), un trabajo con un sonido mucho más eléctrico, guitarras sucias y distorsionadas. R.E.M. tocaba en Barcelona el 18 de febrero de 1995. El 1 de marzo Berry sufría ese gravísimo percance en el Patinoire Auditorium, en Lausanne (Suiza). Lo que son las cosas, coincidiendo con la salida de “Monster”, Michael Stipe perdía a dos grandes amigos: Kurt Cobain,  de Nirvana, y el actor River Phoenix.

Y vamos con un tema precisamente de ese sensacional “Out of Time”. No será uno de los más conocidos o comerciales, pero vaya pedazo de tema: “Half a World Away”. Me fascina, me maravilla. Mi percepción personal es que Michael Stipe se encontraba en un momento creativo sublime, porque algunas de las piezas de esos dos discazos mencionados desprenden una serenidad casi mística o espiritual, una belleza y una paz que parecen apuntar hacia algo casi trascendente (ni quiero darle a esto un matiz en absoluto “religioso” ni quiero extenderme, pero me apoyo en la majestuosidad también de algunos temas del “Automatic for the People”). Este tema parece aludir al amor. Podríamos especular también, porque Stipe ha pasado por un periplo personal, emocional y sexual digno de mencionar, y quizá eso haya podido influir en un momento interior extraordinario. Quizá, sencillamente, estaba tocado por las musas del genio. Sólo hay una palabra: Excelencia.

A veces hay cosas, me topo con cosas tan hermosas, que me hacen llorar. Su hermosura, inmensa, sublime, casi -como decía- insinuando el infinito. No es tristeza, ni rabia, ni nostalgia, es belleza. Puede ser una película. Una imagen, un paisaje. Una situación. Una noticia, un acto, un gesto. Una frase, un pensamiento. La belleza interior de una persona. La belleza, tantas veces increíble, de una mujer, de un rostro femenino. O puede ser, cómo no, música. Un tema. Y es el caso de este “Half a World Away”. No son pocas las veces que he pensado que, si tuviera que abandonar este mundo, no me importaría que sonara en esos momentos esta canción, porque me iría en absoluta paz, cerrando los ojos y escuchando.

Sabemos que el inglés a veces no puede traducirse de forma literal y perfecta. “Half a World Away”: “A medio mundo de distancia, alejado medio mundo, al otro lado del mundo, en la otra punta del mundo.”

He tenido la suerte de encontrar este vídeo con una traducción altamente acertada y aceptable, así que me ahorro transcribir toda la letra en castellano. Haré sólo dos matizaciones: “Dusk” es atardecer, crepúsculo o anochecer. “My mind is racing”: Mi mente está corriendo, viajando, mi mente vuela”. Y el único error que duele a la vista es el siguiente: No es “Mirlos, hacia atrás, hacia adelante, y otoño (fall) y mantenerse y mantenerse” sino “…y caer (fall), y mantenerse y mantenerse”.

Aquí podéis ver un vídeo de este tema interpretado en uno de esos shows “unplugged” para televisión. Un tema, por cierto, sin batería, y con el sonido maravilloso de esa mandolina y ese teclado que suena a clavecín».

Aquí tenéis la entrada original, con todas sus imágenes y la letra original de esta canción.

Paul Natkin

Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (III): “Birthday” (The Sugarcubes)

He aquí una de esas artistas con las que confieso tengo una deuda porque, por alguna razón que ni yo mismo sé, nunca me ha dado por explorar su discografía, y eso que hay justificación para ello: es una gran voz, tiene una excelente capacidad para interpretar y transmitir, y su propuesta musical es atrevida, experimental y vanguardista. Por lo tanto, hoy me voy a callar y voy a dejar a Whatgoesaround que nos hable de esta gran artista islandesa; para ello ha elegido el tema “Birthday”, perteneciente al primer disco de Sugarcubes, grupo al que perteneció Börk. Antes de ponerme en serio con ella, tengo que cumplir otra promesa, la que le hice al amigo Antonio: ver “Bailar en la Oscuridad”, una película que, por razones que expliqué en su blog (Diccineario), siempre fui reacio a su visionado.

«La gran, la genial, la inclasificable, la creativa, la sorprendente, la vanguardista, la inquieta, la influyente cantante islandesa Björk. La lista de calificativos que podría aplicársele a esta música, compositora y artista sería casi interminable. Este talento descomunal de la música venido del frío se ha convertido por derecho propio en una de las figuras de la escena musical -y creativa- más importante e influyente de las tres últimas décadas. Acceder a la entrada que la wikipedia tiene dedicada a ella y ponerse a alucinar es todo uno, porque los logros de esta mujer son apabullantes. Se estima que ha vendido entre 20 y 40 millones de discos. 30 de sus singles han logrado colocarse entre los top 40 en todo el mundo, 22 de ellos en las listas británicas. Una lista kilométrica de premios -entre ellos 5 BRIT Awards y 14 Grammys-, de distinciones, reconocimientos y críticas positivas por parte de la prensa de toda índole. Reconocida como una de las cantantes, voces o artistas más importantes de la historia de la música -de los últimos 30 años y de todos los tiempos-. Totalmente de acuerdo. Por no hablar de su dilatada trayectoria y de las muchas actividades artísticas en las que ha estado involucrada, entre ellas el cine. Bueno, esto es sólo un repaso así por encima. Para quitarse el sombrero.

Cosa muy distinta es que pueda gustar o no su estilo o el tipo de música que hace. Björk no es una artista fácil de asimilar, para nada. Siempre vanguardista, experimental, imprevisible, jugando con los estilos y con la electrónica. Pero no puede negarse la descomunal importancia e influencia de su propuesta pop.

Para los no muy metidos en esto de la música, puede resultar hasta incómoda y un hueso duro de roer. Para los más aficionados a seguir al corriente de todo lo que se cuece, un nombre que siempre aparece. Ciertamente, se puede vivir sin Björk, como se puede vivir sin Springsteen, sin Sinatra, sin los Rolling Stones, sin Madonna o sin Pink Floyd, aunque quitar a cualquiera de ellos de la ecuación es…un crimen imperdonable.

Pero Björk Guðmundsdóttir (tela marinera…) no apareció así de repente, “out of the blue” como dicen los ingleses. Tiene un pasado musical y un grupo previo (en realidad varios) y quizá este punto lo desconoce mucha gente. Pues allá vamos…

Me saltaré la parte en la que explica que la niña -y nunca mejor dicho- se enrola en una escuela de música con seis años y empieza a estudiar piano clásico y flauta. También la fase en la que como adolescente forma parte de varias bandas musicales (una de sólo chicas, de punk, u otra de jazz fusion…), el hecho de que sacó un álbum a la edad de 11 años, o todas sus colaboraciones, actuaciones y contactos con músicos y gente del mundillo artístico o radiofónico de Islandia.

De toda esta vorágine de actividad, formaciones y ediciones de discos, acabaría emergiendo un grupo que adoptó el nombre de The Sugarcubes (Sykurmolarnir en islandés, o “los terrones de azúcar”) en 1986. Un grupo que básicamente fue un quinteto, pero en el que hubo una serie de cambios con el tiempo (de teclista, por ejemplo). Los principales miembros ya tenían experiencias en varios grupos, como se ha dicho, con discos editados, pero la más experimentada era la propia Björk.

Una banda considerada de post-punk, avant-pop, indie pop o rock alternativo, si es que esto de las etiquetas sirve para encuadrar a los artistas. En su música se perciben influencias y similitudes con los grupos B-52’s o los Talking Heads, con un estilo muy peculiar, un sonido algo cortante y por supuesto el sello distintivo de la voz de la artista y su manera asombrosa de dar forma a las partes vocales. Sacaron tres álbumes de estudio: “Life’s Too Good” (1988), “Here Today, Tomorrow Next Week!” (1989) y “Stick Around for Joy” (1992), álbumes algo irregulares pero con una factura personalísima, eso es innegable. El que impactó más y supuso toda una sorpresa fue el primero, por supuesto. De ese Life’s Too Good, probablemente el mejor y aclamado unánimemente por la crítica británica y estadounidense, extraerían el single que nos ocupa: “Birthday”, todo un bombazo, fue un éxito indie en las islas británicas, donde fue bastante radiado. Fue John Peel, conductor de las míticas “Peel Sessions” en la BBC Radio 1, quien dio a conocer el tema. También tendría repercusión radiofónica en los EEUU.

Aquí está, el asombroso “Birthday”, votado single del año por la crítica británica. Para mí es un tema perfecto. Ya no es sólo la voz. También toda la parte instrumental es soberbia: el ritmo, las percusiones, los toques de viento. Y lo que hace Björk con la voz es increíble. No hay palabras. Un dominio total, con subidas, bajadas, gruñidos… Parece un ser llegado de otro mundo o de otra dimensión, quizá mágica, quizá etérea, quizá élfica…

El tema en directo. Björk está aquí tan dulce, tan tierna, tan absolutamente encantadora, que me la comería como un flan (soy malo). Ah, no, que era un terrón de azúcar. Un tema sobresaliente, con el que Björk y sus Sugarcubes nos lanzaron de cabeza a la post-modernidad sonora… Para los curiosos e interesados, he encontrado este interesante artículo con “10 temas esenciales de Björk”.

Aquí tenéis la entrada original con todas sus imágenes.

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Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (II): “Hide in your Shell” (Supertramp)

Ya son varios los amigos los que han pasado por “Las Cinco Canciones de tu Vida”, y yo diría que todos hasta ahora hemos concedido un gran protagonismo a los recuerdos de adolescencia; Whatgoesaround no es una excepción, lo vimos en la canción de ayer y hoy vuelve a hablarnos de sus años de instituto, de los viajes de fin de curso, de las personas que facilitaron su gusto por la música (es evidente que las mujeres han sido claves en el despertar musical de Whatgoesaround …), y también de Supertramp. Está claro que somos casi de la misma edad porque yo tuve una época, también cuando iba al instituto, en la que no paraba de escuchar a esta banda; muchos de los recuerdos que vertí en esta sección, cuando hablé de “Shine on you Crazy Diamond”, bien podrían haber servido para cualquiera de las piezas más sinfónicas de Supertramp. “Hide in your Shell” (aquí podéis escuchar la versión original) formó parte del álbum “Crime of the Century”, “su cumbre creativa”, como dice Whatgoesaround. Para mi gusto, el mejor disco de los británicos.

“Podría decirse que Supertramp fue el grupo que abrió mis oídos y mi mente hacia la música y los siete reinos del pop-rock, que afortunadamente son muchos más de siete y trascienden todo tipo de etiquetas. Así que la mítica banda británica significa muchísimo para mí en ese sentido, porque llegué a adorarles y a estar absolutamente colgado de su música durante varios años.

Fue en 1974 cuando Supertramp sacó al mercado su tercer álbum de estudio, el disco que les lanzó al estrellato mundial y que quizá -sólo quizá, porque los 3 discos que le siguieron son formidables- fue su cumbre creativa. Por lo menos eso han manifestado algunos de sus miembros en algunas entrevistas.

Por supuesto, estamos hablando del disco “Crime of the Century”. Unos pocos años después, andaba yo cursando el B.U.P. en un instituto de Barcelona y fue en aquellas épocas que Springsteen se cruzó en mi camino a través de una mágica cinta de cassette, y después de él el resto del universo rock. Pero en realidad, antes de que apareciera el Boss ya se habían instalado Supertramp hacía algún tiempo. Como explico en la entrada de ayer, que retrotrae a mis inicios musicales, había un grupo de chicas que venían juntas de otros centros e hicieron una buena piña. Ahí nos metimos 3 ó 4 afortunados chicos, y fue gracias a ellas que la música de esta banda empezó a calarme. Es curioso, porque el otro foco musical en torno al cual orbitaban Isa, Montse, Asun y compañía era…, sí, Lluís Llach. Los numerosos discos y algunas grandes canciones del cantautor catalán las volvían loquitas. Además, por el hecho de ser catalano-parlantes muchas de ellas las cantaban y versionaban a la guitarra. Así que ya os podéis imaginar, más de 2 y 3 excursiones al más puro estilo Cumbayá. Y entonces llegó esa excursión al final -juraría- de 2º de B.U.P. Nos fuimos a un camping de Colera, en la provincia de Girona. Ya bastante al norte, cerca de Portbou y la frontera con Francia. Lo que más recuerdo de aquella excursión son las largas noches de paseos, payasadas y aventuras varias por las rocosas playas de aquella localidad…y la música omnipresente y mágica del grupo.

Andábamos saltando de roca en roca, venciendo escolleras y haciendo las típicas cosas que se supone se hacen en esos casos: correr descalzos y mojarse o acurrucarse un rato aquí y otro allí envueltos en mantas, entre el misterio de esos escondites…y la música de la banda británica. Pero  lo más curioso es que el radiocassette nos acompañaba siempre, y teclados y voces de Davis, Hodgson y compañía inundaban las noches al igual que la luna.

Pese a la importancia y la enorme significación personal de los 3 magníficos álbumes que vendrían a continuación (“Crisis? What Crisis?” en 1975, “Even in the Quietest Moments” en 1977 y “Breakfast in America” en 1979), el impacto que me produjo ese “Crime of the Century” no es fácil de olvidar.

Y desde luego, me conozco esos 4 discos de memoria y podría detallar todos sus temas uno por uno. En el disco que nos ocupa, podría decir que el tema que me parece más flojo y espeso es el “Asylum”, corte que cierra la cara A. Tampoco es nada del otro mundo el tema “Bloody Well Right”, pese a que gozó de bastante difusión y éxito. Curiosamente, el famoso y editado como single “Dreamer” tampoco me vuelve loco. Está bien en algunos pasajes, pero demasiado comercial comparado a otros. Además, esos falsetes de voz tan típicos del grupo me llegaban a agobiar por momentos. A mi madre le cargaba bastante el grupo, y en casa siempre les llamaba medio en broma “los piojosos” por sus largas melenas. La razón era también esos juegos de voces algo estridentes y una música para ella pesada (“vaya coñazo”), aunque con el paso de los años llegó a soportarlos…y a reconocerlos al instante (¿por qué será?)

De la cara B también puede decirse que el tema que en principio parecería más flojo (“If Everyone Was Listening”) en realidad es un pedazo de canción, mientras que el que da título al disco y lo cierra parece sustentarse en un arreglo de piano muy simplón, pero que resulta hipnótico y fascinante a partes iguales. Y quedarían por reseñar las que para mí son las tres joyas del disco (junto con el propio “Crime of the Century”): “Rudy”, “School” y “Hide in Your Shell”.

“Rudy” es un tema impresionante, una obra maestra del rock sinfónico, progresivo o como diantres quieran calificarlo: se llega a emular el discurrir de un tren a través de una historia personal. Magistral, no hay otra palabra. ¿Qué decir de “School”? El tema lo co-escribieron Hodgson y Davies y tiene diferentes partes instrumentales alternadas con voz, creando un crescendo memorable y una eclosión/solo final de piano que es de lo mejor que he escuchado jamás. Mágico, fascinante, evocador al máximo. Como el mismo “Hide in Your Shell”, que posee un hermoso estribillo y una gran letra. La forma en que canta Roger Hodgson es sublime.

Y es que siempre he tenido un “problema” y una debilidad con este grupo: Mi absoluta predilección por las composiciones y la voz de Hodgson frente a Davies. “Y Hide in Your Shell” lo escribió él, así que queda todo bastante claro. Siempre recordaré los pasajes de esta canción entre las rocas de las playas nocturnas de Colera, y en muchas posteriores escuchas en casa. Más tarde pude ver a Supertramp en directo. Fue en la gira para presentar su álbum “Famous Last Words”, publicado en 1982. En la portada se ven unas tijeras a punto de cortar la cuerda floja de un equilibrista, y así empezó justamente el concierto: Con las tijeras prestas a dar el corte fatal y a derribar al funambulista. Fue emocionante. Por supuesto, donde mejor pueden apreciarse los detalles es en la versión de estudio original. Magníficos arreglos, impresionantes coros y crescendo final, como era su costumbre”.

Aquí tenéis la entrada original, con todas sus imágenes y la letra original de esta canción.

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