De todos los grandes grupos setenteros de rock progresivo hay uno que siempre me ha sorprendido y emocionado a partes iguales. Hablo de King Crimson, la banda del genial Robert Fripp. No son, excepto para los buenos aficionados al rock sinfónico, un grupo fácil de escuchar; a menudo esconden sus melodías en complejos desarrollos experimentales, plagados de sugerentes y atrevidos sonidos distorsionados e impregnados de una atmósfera depresiva y oscura. Puede costar entrar en su mundo pero, cuando se consigue, te felicitas por ello y los escuchas una y otra vez tratando de descifrar el código que gobierna su intrincada y enigmática propuesta musical. No obstante, y a pesar de todo lo que acabo de comentar, es bien fácil comenzar con King Crimson si nunca has escuchado nada de este grupo; en una entrada anterior recomendaba el tema “Epitaph”, incluido en su primer álbum (“In the Court of the Crimson King”, 1969), una poética y triste reflexión sobre la naturaleza humana; hoy os traigo “Starless”, que forma parte del séptimo disco de los británicos, “Red”, lanzado al mercado en 1974. “In the Court of the Crimson King” y “Red” son el primer y último disco de su etapa gloriosa, un período creativo y fértil pero también convulso, caracterizado por una ida y venida constante de músicos, aunque siempre con Robert Fripp como timonel del barco. “Red” es, junto con el álbum de debut, el disco que más me gusta de King Crimson y, también, de los más asequibles y fáciles de escuchar; canciones como “Fallen Angel” o “Starless”, el tema con el que se cierra el álbum, son aptas para todos los paladares. Los primeros cuatro minutos y medio de “Starless” son de una belleza fuera de lo común; estamos ante una suave, pausada y depresiva melodía construida con mellotron y maravillosamente conducida por la guitarra, la voz del bajista John Wetton -que se ajusta como un guante a las necesidades del tema- y el saxo, que salpica la composición con una suave fragancia de jazz. Tras estos primeros minutos inolvidables, pasamos a la parte más experimental, intrigante y oscura, con un crescendo del que acaba apoderándose un saxo enérgico, vibrante y cautivador; entonces se acelera y endurece hasta volver a retomar, en el último minuto, su mágica melodía. Si al acabar os ha gustado un poco, escuchad este tema otra vez, estoy seguro que os encantará. Si lo hacéis una tercera vez os enamorará.
Autor: Raúl
Percy Sledge / The Spencer Davis Group / Leslie West. «When a man loves a woman»
Cuando un hombre ama a una mujer no puede pensar en nada más [ya se sabe que los varones no tenemos capacidad para simultanear tareas], si es mala somos incapaces de verlo, por ella gastaríamos hasta la última moneda, podríamos llegar a sacrificar a nuestros mejores amigos y hasta nuestras ocupaciones favoritas [la cerveza, el fútbol y el rock & roll], incluso, dormiríamos bajo la lluvia si así nos lo pidiera. Este entregado y apasionado planteamiento es el que nos ofrece la canción «When a man loves a woman» (1966), uno de los himnos románticos por excelencia, que tiene su origen -según cuenta Héctor Sánchez en Efe Eme– en una historia de desamor, la vivida por el cantante de soul Percy Sledge cuando fue abandonado por su novia al mudarse a Los Ángeles para trabajar como modelo; una noche, en el escenario, pidió a los músicos de su grupo (The Esquires Combo), Calvin Lewis y Andrew Wright, que tocaran un tema lento, entonces comenzó a improvisar una melodía impregnada en los sentimientos que le consumían. Entre el público se encontraba el productor musical Quin Ivy quien, maravillado por aquello, le propuso grabar un disco; así fue como nació «When a man loves a woman», inicialmente llamada «Why did you leave me baby», compuesta por el propio Sledge junto con los compañeros anteriormente citados (Lewis y Wright), a quienes Percy cedió la autoría de la canción en señal de amistad y agradecimiento. El tema fue un éxito absoluto, tanto en su momento como en años posteriores, dando lugar a un buen número de versiones; sabemos que Percy Sledge se arrepintió mucho de dejar escapar a su gran amor, ¿lo hizo también tras regalar sus derechos de autor a aquellos viejos amigos? Entre las versiones existentes de este tema habría que destacar, por la repercusión que tuvo, la de Michael Bolton, grabada en 1990, además de otras debidas a artistas como Marvin Gaye, Kenny Rogers, Barbara Mandrell, Bette Midler o Art Garfunkel; sin embargo, he preferido endurecer algo esta canción antes que perpetuar su habitual tono almibarado. Por eso, os propongo dos versiones con mucha personalidad: la del grupo The Spencer Davis Group, cantada por el joven prodigio Steve Winwood y grabada el mismo año que la de Sledge («The Second Album», 1966), cuando Steve tenía dieciocho años; y la del excepcional guitarrista y vocalista norteamericano Leslie West, cantada junto a Jonny Lang e incluida en su álbum «Still Climbing» (2013). No os perdáis esta gran versión que, a última hora, ha desbancado a la inicialmente programada, la del guitarrista de jazz Wes Montgomery.
Cai. «Noche abierta» / «La Roca del Diablo»
Cai fue una de aquellas formaciones que, a finales de los años setenta, llenaron la escena española de sonidos que recordaban a los grandes grupos británicos de la época dorada del rock progresivo, pero con el aroma de las guitarras y los quejíos flamencos. Fue creado en Cádiz, durante 1977, en torno al pianista Chano Domínguez, uno de nuestros músicos de jazz más afamados y valiosos, y de los que mejor han sabido ensamblar este estilo con el flamenco, de hecho, fue el único español que participó en la película de Fernando Trueba “Calle 54”, dedicada al jazz latino. Los dos primeros discos de Cai creo que son los más interesantes: “Más allá de Nuestras Mentes Diminutas” (1978), quizás el más progresivo de todos y hoy una pieza de coleccionista difícil de conseguir; y “Noche abierta” (1980), el disco que les hizo famosos, con canciones más cortas y mayor presencia flamenca. En 1981 grabaron “Canción de la Primavera” y un año después se separaron, aunque se volvieron a unir en 2007, incluso han vuelto a sacar algún disco. Hoy os propongo dos temas, ambos pertenecientes a su segundo disco: “Noche abierta”, creo que su tema más conocido y menos progresivo, y la canción con la que se cierra el LP: “La Roca del Diablo”, donde se puede apreciar bien el estilo sinfónico andaluz del grupo. Acabo con la interesantísima visión de Chano Domínguez en torno a la figura del productor musical y su influencia en la creatividad musical:
“En este disco [el primero] utilicé tres teclados italianos. Un órgano Krumer, de un solo teclado, al que le ponía efectos de phase, flanger, distorsion … También usaba un mellotrón Le Logan, sin cinta, y un sintetizador monofónico Korg (…) Algún tiempo después de grabar el disco, Javier García Pelayo se interesa por nosotros y hace de mánager nuestro. Es entonces cuando su hermano Gonzalo nos produce. Él quería que estructuráramos de una manera más sencilla y lógica las canciones: introducción, estrofa, estribillo, estrofa … Simplificamos las estructuras en relación a nuestro primer disco, que era más volado, con muchas modulaciones y temas de largo desarrollo, que eran los procedimientos musicales típicos de aquella época. Nosotros entramos en ese juego, que fue beneficioso para todos, porque se vendieron varios miles de discos. Eso sí, Gonzalo recortó un poco el espíritu de la música por la música, no enfocada simplemente como un producto. Pero así es esto” (tomado del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 429).
Chicago. «If you leave me now»
Las grandes orquestas de jazz, habitualmente conocidas como «Big Bands», aparecen en los años veinte para consolidarse entre 1935 y 1950. Además de su ámbito de actuación natural, el swing, también tuvieron presencia e influencia en otros estilos, como el blues, el R&B, las orquestas latinas, incluso el rock. El acercamiento del jazz al rock se evidencia con la inclusión de instrumentos de viento que, hasta mediados de los sesenta, eran poco habituales, como trompetas, saxos o trombones. Estas big bands de rock solían tener entre siete y diez miembros, pocos para el estándar habitual de una big band de jazz pero muchos para lo que solía ser un grupo de rock. Entre ellas podemos destacar a CCS, Blood Sweat & Tears y, en determinadas épocas, formaciones tan conocidas como Santana o la protagonista de hoy: Chicago. Inicialmente se llamó Chicago Transit Authority, nombre con el que sacaron su primer disco, en 1969, aunque acabarían abandonándolo debido a problemas de índole legal. En 1970 lanzaron su segundo álbum («Chicago II»), donde se incluyó su gran éxito «25 or 67 to 4». Esta es la época dorada del Chicago big band, tal vez su etapa de mayor calidad, donde el rock y el jazz convivían en perfecta armonía gracias a la inclusión de la sección de viento, que se acoplaba con eficacia y naturalidad a la instrumentación típica del rock. Tras algunos discos dentro de estos parámetros, comienza su etapa de mayor éxito comercial y, con ella, un nuevo sonido más próximo al soft rock o al AOR, en el que la balada se erigió en su recurso estrella. A esta época pertenece uno de sus temas más conocidos, «If you leave me now», una canción compuesta por el bajista y cantante de la banda, Peter Cetera, que apareció en el álbum «Chicago X» (1976). Estamos ante una de las canciones preferidas para acompañar momentos románticos, una melosa historia de amor contada por alguien que se resiste a perder a su amada. Para los que preferís los directos, aquí tenéis una de sus actuaciones en la que interpretan este tema. Por cierto, existen muchas versiones a cargo de otros intérpretes, ¿hay alguna que os guste especialmente?
The Beatles / Whitesnake / The Jimi Hendrix Experience / Los Coronas. «Day Tripper»
Hace algunas semanas comentaba en Mentalparadise que aún no había aparecido ninguna canción de Whitesnake en La Guitarra de las Musas. Fernando, administrador del interesante blog Tu Lisa, yo Conda, me dijo lo siguiente: «Si permites sugerencia, Whitesnake hizo una estupenda versión de Day Tripper de los Beatles. Con otra versión que dejo a tu elección, tienes ya el trío para una de tus fantásticas entradas de canción con varias perspectivas». Muchas gracias, Fernando, por tus amables palabras y por el obsequio en forma de idea. «Day Tripper», a pesar de ser una canción bien conocida de los Beatles y de contener uno de los más famosos riff de guitarra que se recuerdan, nunca llegó a formar parte de ninguno de los álbumes de estudio de este grupo, más allá de los habituales recopilatorios. Fue grabada durante las sesiones de «Rubber Soul» (1965) y publicada como sencillo, en las navidades de 1965, junto con el tema «We can work it out», lo que dio lugar a un single con dos caras A. Al parecer, la autoría principal se debe a John Lennon, aunque Paul McCartney contribuyó con algunos versos. Esta lisérgica canción es posible que haga referencia a los llamados en aquella época «hippies de fin de semana», es decir, aquellos que, de vez en cuando, se ponían las camisas de flores para escuchar música psicodélica. El segundo vídeo que podéis ver es el correspondiente a la ya comentada versión de Whitesnake, que forma parte del primer álbum de estudio de los británicos: «Trouble» (1978). La tercera propuesta es la de la banda The Jimi Hendrix Experience, recogida en el álbum en vivo «BBC Sessions», publicado en 1998 a partir de materiales procedentes de actuaciones de este grupo en los programas de radio de la BBC. Hoy voy añadir un cuarto vídeo, perteneciente a un grupo al que hace tiempo también quería dar cabida aquí: Los Coronas; los madrileños, con su estilo surf-rock y un sonido fronterizo a lo spaguetti western, nos ofrecen una interesante versión instrumental con mucho sabor. Por supuesto que no son las únicas versiones de esta canción, tal vez a vosotros os gusten otras, a mi también me agradan las de Grateful Dead, Otis Redding, Anne Murray, ELO, James Taylor, Cheap Trick, José Feliciano o los españoles La Orquesta Mondragón y Asfalto, ésta última incluida en un singular disco con versiones de los Beatles, publicado en fechas relativamente recientes a partir de materiales anteriores a sus primeros discos de rock urbano progresivo