Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (V): “Streets Of Your Town” (The Go-Betweens)

Esta es una de las razones por las que me gusta Ongakumymusic, la web de nuestro invitado de esta semana, porque me permite conocer grupos y propuestas musicales que desconozco totalmente. The Go-Betweens fue un grupo de indie australiano que, según nos cuenta Whatgoesaround, tuvo una importante influencia en otras bandas de este estilo que surgieron a partir de los años ochenta. El tema que nos propone es “Streets of your Town”, perteneciente a su sexto álbum de estudio: “16 Lovers Lane” (1988). Con esta entrada damos por finalizada la semana de Whatgoesaround, ha sido un placer que nos haya hecho partícipes de sus recuerdos, y al menos yo he aprendido con sus propuestas musicales. Nos seguimos leyendo, un fuerte abrazo.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

“Viajamos hasta Australia. Nos vamos en busca de algo, de una experiencia sorprendente e inolvidable, de un amor perdido. Hasta “half a world away”, como dirían mis queridos R.E.M., hasta la otra punta del mundo.

El grupo The Go-Betweens son ese amor perdido, en el tiempo y en el espacio. Uno de los grupos por el que siento un cariño y veneración más especiales, por la belleza de sus canciones. Los “intermediarios” o “mediadores” fueron un grupo que se creó en la australiana ciudad de Brisbane en 1977 en torno a los cantantes, compositores y guitarristas Robert Forster y Grant McLennan, las almas del grupo. A ellos se añadieron más tarde Lindy Morrison a la batería, Robert Vickers al bajo y Amanda Brown con el violín, oboe, guitarra y coros, antes de su disolución a finales de 1989. Sin embargo, Forster y McLennan refundaron el grupo en el año 2000 con nuevos músicos. Desafortunadamente McLennan murió el 6 de mayo del 2006 de un ataque al corazón, y The Go-Betweens se disolvieron definitivamente.

Muchas veces me planteo la siguiente cuestión al escribir estas entradas: en cierto sentido, lamento que los artículos no sean más largos y detallados explicando la trayectoria entera de un grupo o artista, y que la revisión hecha aquí sea algo “superficial”. Aparte de que sería más dificultoso y me llevaría varios días cada entrada; nunca fue la motivación primaria ni central de este blog, y tampoco tengo vocación de wikipedia. Se hace una breve reseña biográfica para situarnos, se citan algunos datos importantes (como discografía, por ejemplo) y se presenta una canción, vinculada a unas sensaciones y unas vivencias. Eso es todo. Esta reflexión viene a cuento porque el enlace que voy a poner a continuación ilustra a la perfección lo que quiero decir. Si tuviera que escribir un exhaustivo post sobre los Go-Betweens, me gustaría que el resultado fuera como el sensacional artículo con el que he dado esta tarde: THE GO-BETWEENS, en “El rincón de la desconexión”.

El citado artículo hace un amplísimo repaso a toda la trayectoria del grupo a lo largo de tantos años. Fotografías, discografía, mejores canciones, muchos vídeos, así como una buena crítica de su estilo y sus repercusiones en otros grupos. Un artículo excelente. Cito un comentario sobre el estilo de la banda australiana tomado de esta web: “Es difícil definir qué hizo a los Go-Betweens tan especiales (…) No hicieron nada inusual o idiosincrásico, pero lo que hicieron es bello y atemporal”.

El grupo se sustentaba, antes que nada, en la brillantez de sus composiciones, basadas principalmente en la guitarra y, también, en el contraste y el equilibrio entre McLennan y Forster. Opino, y unos cuantos críticos también han señalado este punto, que la pareja McLennan-Forster ha sido uno de los tándems más importantes desde Lennon-McCartney hasta nuestros días. Sobre este particular señala dicho artículo: “El punto más fuerte de los Go-Betweens fue la composición de canciones de Forster y McLennan, descrita en aquel momento por el crítico de The Village Voice, Robert Christgau, como ‘la mayor asociación de trabajo de composición en la actualidad’. Cada uno desarrolló un estilo distintivo, pero complementario: las canciones de Forster eran angulares y llenas de angustia, haciendo mucho uso de ironía e imaginería lírica inusual, mientras que las de McLennan eran generalmente más suaves, reposadas y sensibles, sus letras se basaban a menudo en el estudio del carácter y del discurso”.

Esta banda de rock indie ha tenido ciertamente influencia en bandas posteriores. Nunca alcanzaron un éxito comercial notable, y han quedado en cierta manera en el recuerdo como banda de culto. Nacía de la amistad entre Forster y McLennan, de sus tiempos de estudiantes en la Universidad de Queensland. Dos jóvenes inquietos interesados en la música de Bob Dylan, Patti Smith, The Velvet Underground o los CCR. Nueve álbumes de estudio, sin contar recopilatorios, discos en directo y otros de duración extendida. De ellos tengo tres en vinilo: “Tallulah” (1987), “16 Lovers Lane” (1988) y el recopilatorio “The Go-Betweens: 1978–1990”, amén de otro recopilatorio en digital.

Es “16 Lovers Lane” un álbum absolutamente sensacional. Un puñado de grandes canciones, algunas joyas impagables. Algunos críticos han colocado este disco entre los mejores trabajos de la década de los 80. Fue probablemente su momento álgido, en cuanto a creación y a repercusión mediática. La acogida del disco en las listas de Reino Unido o Australia fue el mayor éxito en la carrera del grupo. Y fue precisamente el tema “Streets Of Your Town” el que más impactó. Maravilloso tema, hermosísimo. Una canción luminosa, optimista, llena de vitalidad, con ese principio irresistible y los acordes de guitarra. Una canción perfecta, que me retrotrae a tantas emociones, no importa los años que hayan pasado. Aquí están dos vídeos sensacionales, con imágenes del grupo y escenas de las calles de Brisbane, Sidney y Melbourne. Si jamás la habías escuchado, hoy estás de enhorabuena”.

Aquí tenéis la entrada original con todas sus imágenes.

1319914

Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (IV): “Half a World Away” (R.E.M.)

R.E.M. me recuerda a los dos años que viví en Francia (1995-1996), en aquella época era un grupo de masas; como bien nos indica nuestro invitado, una de las bandas que más discos ha vendido en la historia de la música. Siempre me alegro cuando un grupo de calidad vende discos, ojalá siempre fuera así, que los buenos fueran los que más éxito tuvieran, tanto de público como de crítica, que coparan las emisoras de radio comerciales y los concursos de cantantes, que al poner los cuarenta principales o ver programas de televisión como “La Voz”, no nos sintiéramos agredidos con música de engorde, con propuestas ramplonas, repetitivas y de calidad muy discutible. Ya sé que algunos dirán, sobre todo los de las emisoras de radio y las discográficas, que ellos se limitan a dar al público lo que quiere (el mismo argumento que se utiliza para legitimar la telebasura); yo me niego a comulgar con esas ideas, que sean otros los que les den la razón a sus interesados planteamientos. Os dejo con Whatgoesaround y su pasión por esta interesante banda norteamericana, que tanto marcó a una determinada generación.

“En una de las entradas publicadas en mi blog hablaba del amor al rock and roll. De vender tu alma, de incluso colocarla, junto con tu vida, en una balanza, y no para “ser juzgado”, sino para de alguna manera pagar una deuda inmensa… Pero no asustemos a nadie y dejemos de divagar. El amor puede ser algo metafísico, o espiritual, o psicológico, o mundano, o carnal. Y en ese (mi) amor por el rock debería poner en negrita y con mayúsculas al grupo R.E.M. La sensacional banda de Athens, Georgia, es uno de los grupos que más admiración y veneración me han despertado, y con el que tendría que poner mucho de mi parte en esa balanza imaginaria.

Los R.E.M. se formaron en 1980 y yo diría que no necesitan ni presentación. De grupo de culto o minoritario, de banda de rock alternativo pasaron, peldaño a peldaño, a golpe de magníficas canciones y magistrales álbumes, a mega estrellas mundiales vendiendo millones de discos. Los chicos del “Rapid Eye Movement”, aludiendo a esa fase del sueño tan peculiar, desarrollaron su carrera durante tres décadas, hasta disolverse amistosamente en el 2011. Una de las bandas que más discos ha vendido en toda la historia de la música (agárrense…más de 85 millones de copias), e incluidos en el Rock and Roll Hall of Fame, un museo de Ohio que inmortaliza a los más grandes en la historia de la música. No voy a escribir aquí “el Quijote” haciendo una reseña completa de los muchos álbumes de estudio que sacaron. Haría falta una entrada para cada disco. Nos dejaron algunas obras maestras como “Green”, “Murmur”, “Document”, “Lifes Rich Pageant” o “New Adventures in Hi-Fi”… Mucha, mucha tralla. Muchos quilates de rock de primera.

Ya con el maravilloso single “The One I Love“, del álbum “Document” (1987), alcanzan cierta notoriedad, pero es con la edición de los discos “Out of Time” (1991) y “Automatic for the People” (1992), que se ven catapultados a la fama mundial. Y no es para menos. Vaya dos discos. El primero de ellos se encarama en las listas norteamericanas y británicas. Basta decir que permanece 109 semanas en las primeras y 183 en las segundas, que vende 18 millones de copias en todo el mundo y que se lleva 3 premios Grammy. Buena parte de la culpa de todo esto la tiene el sensacional  “Losing My Religion”, pero es sabido que un corte por sí solo no suele sustentar todo un disco hasta esos extremos.

El grupo sufriría un revés cuando el batería Bill Berry tuvo que dejar la formación. Berry sufre un aneurisma cerebral durante una actuación en Suiza, en 1995. Pese a recuperarse y reintegrarse en la banda, acaba abandonándola en 1997, tras 17 años, para dar un nuevo rumbo a su vida. Sus compañeros deciden no reemplazarle en cuanto a grabación de discos se refiere, y siguen adelante como trío sacando algunos álbumes notables.

A mucha honra debo decir que no soy de los que -como millones y millones de fans- se subió al carro de R.E.M. a raíz del boom de “Losing My Religion” y del Out of Time. Les conocía de mucho antes y tenía un buen puñado de discos. Como expliqué una vez, compraba siempre la revista musical Rockdelux y fue gracias a esta publicación que les seguía de cerca. Ví a R.E.M. en directo en Barcelona, en la gira que hicieron del álbum “Monster” (1994), un trabajo con un sonido mucho más eléctrico, guitarras sucias y distorsionadas. R.E.M. tocaba en Barcelona el 18 de febrero de 1995. El 1 de marzo Berry sufría ese gravísimo percance en el Patinoire Auditorium, en Lausanne (Suiza). Lo que son las cosas, coincidiendo con la salida de “Monster”, Michael Stipe perdía a dos grandes amigos: Kurt Cobain,  de Nirvana, y el actor River Phoenix.

Y vamos con un tema precisamente de ese sensacional “Out of Time”. No será uno de los más conocidos o comerciales, pero vaya pedazo de tema: “Half a World Away”. Me fascina, me maravilla. Mi percepción personal es que Michael Stipe se encontraba en un momento creativo sublime, porque algunas de las piezas de esos dos discazos mencionados desprenden una serenidad casi mística o espiritual, una belleza y una paz que parecen apuntar hacia algo casi trascendente (ni quiero darle a esto un matiz en absoluto “religioso” ni quiero extenderme, pero me apoyo en la majestuosidad también de algunos temas del “Automatic for the People”). Este tema parece aludir al amor. Podríamos especular también, porque Stipe ha pasado por un periplo personal, emocional y sexual digno de mencionar, y quizá eso haya podido influir en un momento interior extraordinario. Quizá, sencillamente, estaba tocado por las musas del genio. Sólo hay una palabra: Excelencia.

A veces hay cosas, me topo con cosas tan hermosas, que me hacen llorar. Su hermosura, inmensa, sublime, casi -como decía- insinuando el infinito. No es tristeza, ni rabia, ni nostalgia, es belleza. Puede ser una película. Una imagen, un paisaje. Una situación. Una noticia, un acto, un gesto. Una frase, un pensamiento. La belleza interior de una persona. La belleza, tantas veces increíble, de una mujer, de un rostro femenino. O puede ser, cómo no, música. Un tema. Y es el caso de este “Half a World Away”. No son pocas las veces que he pensado que, si tuviera que abandonar este mundo, no me importaría que sonara en esos momentos esta canción, porque me iría en absoluta paz, cerrando los ojos y escuchando.

Sabemos que el inglés a veces no puede traducirse de forma literal y perfecta. “Half a World Away”: “A medio mundo de distancia, alejado medio mundo, al otro lado del mundo, en la otra punta del mundo.”

He tenido la suerte de encontrar este vídeo con una traducción altamente acertada y aceptable, así que me ahorro transcribir toda la letra en castellano. Haré sólo dos matizaciones: “Dusk” es atardecer, crepúsculo o anochecer. “My mind is racing”: Mi mente está corriendo, viajando, mi mente vuela”. Y el único error que duele a la vista es el siguiente: No es “Mirlos, hacia atrás, hacia adelante, y otoño (fall) y mantenerse y mantenerse” sino “…y caer (fall), y mantenerse y mantenerse”.

Aquí podéis ver un vídeo de este tema interpretado en uno de esos shows “unplugged” para televisión. Un tema, por cierto, sin batería, y con el sonido maravilloso de esa mandolina y ese teclado que suena a clavecín».

Aquí tenéis la entrada original, con todas sus imágenes y la letra original de esta canción.

Paul Natkin

Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (III): “Birthday” (The Sugarcubes)

He aquí una de esas artistas con las que confieso tengo una deuda porque, por alguna razón que ni yo mismo sé, nunca me ha dado por explorar su discografía, y eso que hay justificación para ello: es una gran voz, tiene una excelente capacidad para interpretar y transmitir, y su propuesta musical es atrevida, experimental y vanguardista. Por lo tanto, hoy me voy a callar y voy a dejar a Whatgoesaround que nos hable de esta gran artista islandesa; para ello ha elegido el tema “Birthday”, perteneciente al primer disco de Sugarcubes, grupo al que perteneció Börk. Antes de ponerme en serio con ella, tengo que cumplir otra promesa, la que le hice al amigo Antonio: ver “Bailar en la Oscuridad”, una película que, por razones que expliqué en su blog (Diccineario), siempre fui reacio a su visionado.

«La gran, la genial, la inclasificable, la creativa, la sorprendente, la vanguardista, la inquieta, la influyente cantante islandesa Björk. La lista de calificativos que podría aplicársele a esta música, compositora y artista sería casi interminable. Este talento descomunal de la música venido del frío se ha convertido por derecho propio en una de las figuras de la escena musical -y creativa- más importante e influyente de las tres últimas décadas. Acceder a la entrada que la wikipedia tiene dedicada a ella y ponerse a alucinar es todo uno, porque los logros de esta mujer son apabullantes. Se estima que ha vendido entre 20 y 40 millones de discos. 30 de sus singles han logrado colocarse entre los top 40 en todo el mundo, 22 de ellos en las listas británicas. Una lista kilométrica de premios -entre ellos 5 BRIT Awards y 14 Grammys-, de distinciones, reconocimientos y críticas positivas por parte de la prensa de toda índole. Reconocida como una de las cantantes, voces o artistas más importantes de la historia de la música -de los últimos 30 años y de todos los tiempos-. Totalmente de acuerdo. Por no hablar de su dilatada trayectoria y de las muchas actividades artísticas en las que ha estado involucrada, entre ellas el cine. Bueno, esto es sólo un repaso así por encima. Para quitarse el sombrero.

Cosa muy distinta es que pueda gustar o no su estilo o el tipo de música que hace. Björk no es una artista fácil de asimilar, para nada. Siempre vanguardista, experimental, imprevisible, jugando con los estilos y con la electrónica. Pero no puede negarse la descomunal importancia e influencia de su propuesta pop.

Para los no muy metidos en esto de la música, puede resultar hasta incómoda y un hueso duro de roer. Para los más aficionados a seguir al corriente de todo lo que se cuece, un nombre que siempre aparece. Ciertamente, se puede vivir sin Björk, como se puede vivir sin Springsteen, sin Sinatra, sin los Rolling Stones, sin Madonna o sin Pink Floyd, aunque quitar a cualquiera de ellos de la ecuación es…un crimen imperdonable.

Pero Björk Guðmundsdóttir (tela marinera…) no apareció así de repente, “out of the blue” como dicen los ingleses. Tiene un pasado musical y un grupo previo (en realidad varios) y quizá este punto lo desconoce mucha gente. Pues allá vamos…

Me saltaré la parte en la que explica que la niña -y nunca mejor dicho- se enrola en una escuela de música con seis años y empieza a estudiar piano clásico y flauta. También la fase en la que como adolescente forma parte de varias bandas musicales (una de sólo chicas, de punk, u otra de jazz fusion…), el hecho de que sacó un álbum a la edad de 11 años, o todas sus colaboraciones, actuaciones y contactos con músicos y gente del mundillo artístico o radiofónico de Islandia.

De toda esta vorágine de actividad, formaciones y ediciones de discos, acabaría emergiendo un grupo que adoptó el nombre de The Sugarcubes (Sykurmolarnir en islandés, o “los terrones de azúcar”) en 1986. Un grupo que básicamente fue un quinteto, pero en el que hubo una serie de cambios con el tiempo (de teclista, por ejemplo). Los principales miembros ya tenían experiencias en varios grupos, como se ha dicho, con discos editados, pero la más experimentada era la propia Björk.

Una banda considerada de post-punk, avant-pop, indie pop o rock alternativo, si es que esto de las etiquetas sirve para encuadrar a los artistas. En su música se perciben influencias y similitudes con los grupos B-52’s o los Talking Heads, con un estilo muy peculiar, un sonido algo cortante y por supuesto el sello distintivo de la voz de la artista y su manera asombrosa de dar forma a las partes vocales. Sacaron tres álbumes de estudio: “Life’s Too Good” (1988), “Here Today, Tomorrow Next Week!” (1989) y “Stick Around for Joy” (1992), álbumes algo irregulares pero con una factura personalísima, eso es innegable. El que impactó más y supuso toda una sorpresa fue el primero, por supuesto. De ese Life’s Too Good, probablemente el mejor y aclamado unánimemente por la crítica británica y estadounidense, extraerían el single que nos ocupa: “Birthday”, todo un bombazo, fue un éxito indie en las islas británicas, donde fue bastante radiado. Fue John Peel, conductor de las míticas “Peel Sessions” en la BBC Radio 1, quien dio a conocer el tema. También tendría repercusión radiofónica en los EEUU.

Aquí está, el asombroso “Birthday”, votado single del año por la crítica británica. Para mí es un tema perfecto. Ya no es sólo la voz. También toda la parte instrumental es soberbia: el ritmo, las percusiones, los toques de viento. Y lo que hace Björk con la voz es increíble. No hay palabras. Un dominio total, con subidas, bajadas, gruñidos… Parece un ser llegado de otro mundo o de otra dimensión, quizá mágica, quizá etérea, quizá élfica…

El tema en directo. Björk está aquí tan dulce, tan tierna, tan absolutamente encantadora, que me la comería como un flan (soy malo). Ah, no, que era un terrón de azúcar. Un tema sobresaliente, con el que Björk y sus Sugarcubes nos lanzaron de cabeza a la post-modernidad sonora… Para los curiosos e interesados, he encontrado este interesante artículo con “10 temas esenciales de Björk”.

Aquí tenéis la entrada original con todas sus imágenes.

sugarcubes-bw-picxzxzx

Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (II): “Hide in your Shell” (Supertramp)

Ya son varios los amigos los que han pasado por “Las Cinco Canciones de tu Vida”, y yo diría que todos hasta ahora hemos concedido un gran protagonismo a los recuerdos de adolescencia; Whatgoesaround no es una excepción, lo vimos en la canción de ayer y hoy vuelve a hablarnos de sus años de instituto, de los viajes de fin de curso, de las personas que facilitaron su gusto por la música (es evidente que las mujeres han sido claves en el despertar musical de Whatgoesaround …), y también de Supertramp. Está claro que somos casi de la misma edad porque yo tuve una época, también cuando iba al instituto, en la que no paraba de escuchar a esta banda; muchos de los recuerdos que vertí en esta sección, cuando hablé de “Shine on you Crazy Diamond”, bien podrían haber servido para cualquiera de las piezas más sinfónicas de Supertramp. “Hide in your Shell” (aquí podéis escuchar la versión original) formó parte del álbum “Crime of the Century”, “su cumbre creativa”, como dice Whatgoesaround. Para mi gusto, el mejor disco de los británicos.

“Podría decirse que Supertramp fue el grupo que abrió mis oídos y mi mente hacia la música y los siete reinos del pop-rock, que afortunadamente son muchos más de siete y trascienden todo tipo de etiquetas. Así que la mítica banda británica significa muchísimo para mí en ese sentido, porque llegué a adorarles y a estar absolutamente colgado de su música durante varios años.

Fue en 1974 cuando Supertramp sacó al mercado su tercer álbum de estudio, el disco que les lanzó al estrellato mundial y que quizá -sólo quizá, porque los 3 discos que le siguieron son formidables- fue su cumbre creativa. Por lo menos eso han manifestado algunos de sus miembros en algunas entrevistas.

Por supuesto, estamos hablando del disco “Crime of the Century”. Unos pocos años después, andaba yo cursando el B.U.P. en un instituto de Barcelona y fue en aquellas épocas que Springsteen se cruzó en mi camino a través de una mágica cinta de cassette, y después de él el resto del universo rock. Pero en realidad, antes de que apareciera el Boss ya se habían instalado Supertramp hacía algún tiempo. Como explico en la entrada de ayer, que retrotrae a mis inicios musicales, había un grupo de chicas que venían juntas de otros centros e hicieron una buena piña. Ahí nos metimos 3 ó 4 afortunados chicos, y fue gracias a ellas que la música de esta banda empezó a calarme. Es curioso, porque el otro foco musical en torno al cual orbitaban Isa, Montse, Asun y compañía era…, sí, Lluís Llach. Los numerosos discos y algunas grandes canciones del cantautor catalán las volvían loquitas. Además, por el hecho de ser catalano-parlantes muchas de ellas las cantaban y versionaban a la guitarra. Así que ya os podéis imaginar, más de 2 y 3 excursiones al más puro estilo Cumbayá. Y entonces llegó esa excursión al final -juraría- de 2º de B.U.P. Nos fuimos a un camping de Colera, en la provincia de Girona. Ya bastante al norte, cerca de Portbou y la frontera con Francia. Lo que más recuerdo de aquella excursión son las largas noches de paseos, payasadas y aventuras varias por las rocosas playas de aquella localidad…y la música omnipresente y mágica del grupo.

Andábamos saltando de roca en roca, venciendo escolleras y haciendo las típicas cosas que se supone se hacen en esos casos: correr descalzos y mojarse o acurrucarse un rato aquí y otro allí envueltos en mantas, entre el misterio de esos escondites…y la música de la banda británica. Pero  lo más curioso es que el radiocassette nos acompañaba siempre, y teclados y voces de Davis, Hodgson y compañía inundaban las noches al igual que la luna.

Pese a la importancia y la enorme significación personal de los 3 magníficos álbumes que vendrían a continuación (“Crisis? What Crisis?” en 1975, “Even in the Quietest Moments” en 1977 y “Breakfast in America” en 1979), el impacto que me produjo ese “Crime of the Century” no es fácil de olvidar.

Y desde luego, me conozco esos 4 discos de memoria y podría detallar todos sus temas uno por uno. En el disco que nos ocupa, podría decir que el tema que me parece más flojo y espeso es el “Asylum”, corte que cierra la cara A. Tampoco es nada del otro mundo el tema “Bloody Well Right”, pese a que gozó de bastante difusión y éxito. Curiosamente, el famoso y editado como single “Dreamer” tampoco me vuelve loco. Está bien en algunos pasajes, pero demasiado comercial comparado a otros. Además, esos falsetes de voz tan típicos del grupo me llegaban a agobiar por momentos. A mi madre le cargaba bastante el grupo, y en casa siempre les llamaba medio en broma “los piojosos” por sus largas melenas. La razón era también esos juegos de voces algo estridentes y una música para ella pesada (“vaya coñazo”), aunque con el paso de los años llegó a soportarlos…y a reconocerlos al instante (¿por qué será?)

De la cara B también puede decirse que el tema que en principio parecería más flojo (“If Everyone Was Listening”) en realidad es un pedazo de canción, mientras que el que da título al disco y lo cierra parece sustentarse en un arreglo de piano muy simplón, pero que resulta hipnótico y fascinante a partes iguales. Y quedarían por reseñar las que para mí son las tres joyas del disco (junto con el propio “Crime of the Century”): “Rudy”, “School” y “Hide in Your Shell”.

“Rudy” es un tema impresionante, una obra maestra del rock sinfónico, progresivo o como diantres quieran calificarlo: se llega a emular el discurrir de un tren a través de una historia personal. Magistral, no hay otra palabra. ¿Qué decir de “School”? El tema lo co-escribieron Hodgson y Davies y tiene diferentes partes instrumentales alternadas con voz, creando un crescendo memorable y una eclosión/solo final de piano que es de lo mejor que he escuchado jamás. Mágico, fascinante, evocador al máximo. Como el mismo “Hide in Your Shell”, que posee un hermoso estribillo y una gran letra. La forma en que canta Roger Hodgson es sublime.

Y es que siempre he tenido un “problema” y una debilidad con este grupo: Mi absoluta predilección por las composiciones y la voz de Hodgson frente a Davies. “Y Hide in Your Shell” lo escribió él, así que queda todo bastante claro. Siempre recordaré los pasajes de esta canción entre las rocas de las playas nocturnas de Colera, y en muchas posteriores escuchas en casa. Más tarde pude ver a Supertramp en directo. Fue en la gira para presentar su álbum “Famous Last Words”, publicado en 1982. En la portada se ven unas tijeras a punto de cortar la cuerda floja de un equilibrista, y así empezó justamente el concierto: Con las tijeras prestas a dar el corte fatal y a derribar al funambulista. Fue emocionante. Por supuesto, donde mejor pueden apreciarse los detalles es en la versión de estudio original. Magníficos arreglos, impresionantes coros y crescendo final, como era su costumbre”.

Aquí tenéis la entrada original, con todas sus imágenes y la letra original de esta canción.

supertramp1

Las Cinco Canciones de Whatgoesaround (I): «Bobby Jean» (Bruce Springsteen)

Whatgoesaround es el pseudónimo de nuestro invitado de esta semana en las Cinco Canciones de tu Vida, palabra originada a partir de la contracción de “What Goes Around Comes Around”, título de una de las canciones de Justin Timberlake. Es el responsable del blog Ongakumymusic, una palabra construida a partir del japonés; como nos indica el propio autor: «la forma de decir “(A mí) me gusta la música” o “Amo la música” es la siguiente: 私は音楽が好きです… que se lee de la siguiente forma: “Watashi wa ongaku ga suki desu”. “Watashi” es “yo”, el pronombre personal. “Ongaku” es música (音楽), y cuando algo te gusta, sea lo que sea, se expresa diciendo “tal cosa”… ga suki desu (好きです). De ahí el nombre de este blog». La música es una de las grandes pasiones de Whatgoesaround: «Es algo tan hermoso… Me gusta desde hace muchos años, desde antes de ser un adolescente. He crecido con ella. Tengo cientos de vinilos de los antiguos, discos redondos de verdad. Y muchas cintas de cassette (de ésas que acababan sonando fatal, enrollándose y rompiéndose), así como una buena colección de compact discs. Todo esto antes de internet y la era digital, por supuesto. Los años vuelan de una forma pasmosa y brutal. Así que he decidido abrir un blog sólo para comentar temas musicales. Principalmente serán canciones sueltas con su correspondiente vídeo en YouTube u otros portales, pero veremos a dónde nos lleva esta aventura. Es una lástima no compartir con otras personas tantos temas formidables, no difundirlos, darlos a conocer y también descubrir cosas nuevas». Pues me parece una loable declaración de intenciones, creo que compartir es el principal objetivo de todos los que nos movemos por la blogosfera.

Ya he comentado alguna vez que, cuando me invitan a una casa, siempre me pongo a mirar la música que guarda el anfitrión, pregunto por aquellos artistas o grupos que no conozco y pido poder escucharlos; en casa ajena nunca se me ocurriría sugerir un disco de esos que conozco bien, prefiero que sea al contrario, que me sorprendan con sonidos nuevos para mí aunque, finalmente, no acaben siendo siempre de mi agrado. Ongakumymusic es como ese amigo que te pone su música, esa con la que no estás muy familiarizado, en mi caso cierto tipo de pop actual y algunas formaciones que podríamos englobar dentro del movimiento indie; es en estos blogs donde más aprendo y, por lo tanto, donde menos suelo expresar mis opiniones en forma de comentarios, no porque no me haya parecido interesante lo que he escuchado y leído, simplemente porque no quiero decir ninguna tontería motivada por el desconocimiento.

No me quiero enrollar más porque los testimonios de Whatgoesaround son algo más extensos de lo que es habitual en este blog, así que, excepto hoy, el resto de los días voy a tratar de ser muy breve. Las cinco canciones de nuestro invitado ya fueron publicadas en su blog; salvo alguna pequeña modificación de carácter contextual y las transcripciones de las letras que aparecen en algunas de las entradas, el texto que leeréis en La Guitarra de las Musas es el original; también he suprimido las imágenes, con el fin de acomodar el relato a la austeridad característica de este blog, eso sí siempre dejaré un enlace al post original y una imagen al final. Comenzamos con los años de instituto, una chica (Maite) y el tema de Bruce Springsteen «Bobby Jean».

«Bruce Springsteen ha sido el músico que más me ha impactado, conmovido e influenciado, sin duda alguna.

Y ahí estaba yo, cursando el B.U.P. en el Instituto Ausias March de Barcelona. El centro queda en la parte alta de la ciudad, en el barrio de Pedralbes y al lado de la llamada Zona Universitaria (la urbana, no el campus de Bellaterra). Recuerdo perfectamente que teníamos que subir y bajar cada día una calle llamada González Tablas y que ésta tenía -y tiene- una pendiente considerable. Dejabas al subir el famoso Cuartel del Bruc a la derecha, cerca de la Diagonal. En cualquier caso, el instituto quedaba bastante alejado de mi casa. Conocí a mucha gente, hice amistades -como cualquier chico o chica que aterriza en un instituto después del EGB- y así pasaron los cursos primero y segundo. Y entonces, en un momento dado hubo una reestructuración de las clases en tercero de B.U.P. En aquellos tiempos teníamos que escoger asignaturas orientadas hacia las letras o hacia las ciencias -yo, letras, de toda la vida- sobre todo al hacer el C.O.U. pensando en la Universidad. No recuerdo los motivos, pero se reestructuraron clases y se mezclaron alumnos, apareciendo de nuevos entre los grupitos de los ya conocidos. Y apareció ella: Maite. Qué chica y qué grandísima persona. Inteligente, súper simpática y súper enrollada. Además tenía un cuerpazo impresionante, porque se dedicaba a hacer gimnasia y danza.

Sí, realmente Maite estaba como un tren, pero no la recuerdo por eso -que también- precisamente. Maite era muy buena persona, simpática y abierta. Nos hicimos amigos ya avanzado el curso. Además surgieron otros vínculos con ella y su familia. Maite me pidió si podía darle clases particulares de matemáticas a uno de sus hermanos, y accedí. Así estuve en su casa de Sarrià muchas veces, conocí a sus padres y a dos hermanas mayores tanto o más enrolladas que ella. El curso fue llegando a su fin, y éramos muy buenos amigos -sólo amigos-. Y de repente aparece un día y se presenta con una cinta de cassette y me dice: “Toma. Un regalo para ti”. ¿Qué contenía esa cinta? Porque casi iba a marcar un antes y un después en mi personalidad. Contenía la grabación de este disco. Palabras mayores de la historia del rock moderno. Estamos hablando aproximadamente de 1981/82, porque “The River” se publicó en 1980. Conocía a Springsteen de nombre, pero sinceramente no me había interesado por sus canciones o su pasado (mi faceta de dron en modo “búsqueda”, ávido de nueva música justo estaba comenzando tímidamente). Además, mi crecimiento musical vino de la mano de grupos como Pink Floyd, la ELO, Genesis y muy principalmente Supertramp -un sonido diametralmente opuesto al del Boss-. También empezaba a irrumpir cada vez más claramente Bowie, pero a Springsteen no le había hecho casi ni caso. Simplemente había escuchado por la radio sus hits “Sherry Darling” y, sobre todo, “Hungry Heart”, que me parecía una canción bastante pegadiza. Es posible que esta oveja despistada hubiera acabado llegando al redil springsteeniano en unos meses, o un año o dos, pero un ángel llamado Maite bajó de los cielos con el martillo de Thor en forma de rock.

Recuerdo las primeras escuchas de la cinta. Me chocó el sonido, su contundencia, y no me fue fácil. El corte que abre el disco, y que es un auténtico trallazo rock, “The ties that bind”, es en cierto modo algo áspero porque empieza con esas guitarras y con esa aparente “falta de melodía”. Tonterías. Serían las manías de un niño que aún no había abrazado la nueva “religión”, el ruido salvaje pero coherente, el despelote eléctrico, la descarga de energía que iba a despertarme a mí y a muchos. Unos cuantos martillazos de Thor, y por supuesto ya no podía dejar de escuchar una obra maestra como “The River”.

Llegó entonces el fin de curso. Se organizó una salida con todos los elementos ad hoc: cena, bebida a destajo, desmadre, a bailar a un local y quizá hasta sexo para los más espabilados. Entre los cuales no puede decirse que estuviera yo. Fue la noche en que pude enrollarme con Maite y no lo hice. Yo era bastante tímido por aquel entonces -hay que ver cómo cambiarían las cosas con los años- y ni se me ocurrió soñar que pudiera tener una mínima posibilidad con mi súper amiga, la chica casi perfecta, el trenazo descarrilado. Qué idiota. Maite se enrolló con otro esa noche y acabaron en la cama.

Todo esto me lo explicó tiempo después, diciéndome también que ella barajaba al otro -Pau- y a mí. Aún seguimos siendo amigos durante un tiempo, incluso Pau y yo hicimos buenas migas -él se iniciaba en la programación informática y me enseñó bastantes cosas-. Salíamos muchas veces, cogíamos unas cogorzas del quince, hablando en plata, y nuestras vidas seguían -ellos pillaban y yo no-. Hasta que Maite y Pau cortaron. Ella acabó conociendo a un chico danés que también estaba como un auténtico tren -físico de vikingo quebrantahuesos, para entendernos- y al final se fue a vivir a Dinamarca con él. Nunca más volví, nunca más la he vuelto a ver. Debo suponer que seguirá viviendo allí. ¿Qué puedo hacer? Recordarla. Amarla ahora a través de este pequeño relato. Dedicarle quizá y cantarle mentalmente el “Copenhague” de Vetusta Morla. Maite Boira desapareció para siempre -quién sabe- de mi vida. Y Bruce Springsteen se quedó.

Lo siguiente que hice con el paso del tiempo es obvio: irme comprando poco a poco toda la discografía del Boss. No recuerdo en qué momento exactamente, pero me compré un tocadiscos y empecé a comprarme discos de toda naturaleza cada mes. Ya tenía un trabajo fijo y me lo podía permitir. Aunque ayudara económicamente en casa, cada mes caían entre 5 y 10 discos nuevos, siempre procurando disimular las compras para no tener que oír demasiado a mi madre (que en realidad se metía muy poco). Fue toda la década de los 80 y también de los 90 una época dorada en ese sentido, fructífera e imparable. Mi colección no paraba de aumentar, también de cintas y de grabaciones de material dejado por amistades. Eran aquellas torres por módulos con lo que se llamaba doble pletina de cassettes. Y aún conservo lo que es el plato del tocadiscos, y funciona, aunque con algún defectillo menor.

Ya no solamente me compré discos del Boss y descubrí su música, sino la de una interminable lista de grandes nombres del pop-rock. Los más vigentes de aquella época -Police, Dire Straits, Bowie, Peter Gabriel, Lou Reed, The Cure, Simple Minds, U2, Prince- y fui descubriendo a grupos con algo más de veteranía -Pink Floyd, Deep Purple, Creedence Clearwater Revival, Roxy Music, Blondie, Van Morrison-. Eso sin contar toda la cosecha española de grupos en esos años -Radio Futura, Gabinete Caligari, Loquillo, Los Rebeldes, Duncan Dhu, El Último de la Fila, Nacha Pop- y las incontables horas en que también escuchaba programas de radio bastante buenos. Con los años nuevas hornadas de grupos y artistas se han ido sumando -Pixies, R.E.M., Björk, The Smiths y un larguísimo etcétera-. Desde que aquella cinta cayó en mis manos y el rock entró en mi vida, desde que aquel tocadiscos entró por la puerta, ha sido un no parar de descubrir música.

Pero a pesar de esa vorágine y de ese constante descubrir (otra cosa me ayudaba, comprarme cada mes la revista Rockdelux), Springsteen y sus discos siempre fueron lo primero para mí, tanto en preferencias como en el corazón. Desde luego me hice con sus 4 obras capitales –“Born to Run”, “Darkness on the Edge of Town”, “The River” y “Born in the U.S.A.”– pero también con sus dos primeros discos, menos conocidos, y con muchos otros como el honesto e intimista “Nebraska”, el directo que contiene 5 discos o la caja recopilatoria “18 Tracks”. Sin olvidarnos de otro gran álbum, el “Tunnel of Love”.

Es difícil escoger cuál podría ser su mejor disco. Cada uno tendrá sus preferencias y opiniones. Pero para mí, si olvidamos canciones en particular y miramos un disco como obra de conjunto, el más redondo, completo y coherente me parece “Darkness on the Edge of Town”. El nivel de sus canciones es altísimo y cuesta encontrar algún tema flojo. Debo reconocer que a partir de la publicación de “The Rising” en el 2002, mi fiebre por Springsteen desciende considerablemente. Pese a seguir gustándome mucho, mis intereses se han diversificado enormemente y el Boss me suena siempre a lo mismo, pese a ser un músico y compositor enorme.

El tiempo fue pasando y llegó el gran día que le vi en directo por primera vez. Fue durante su gira del “Born in the U.S.A.”, realizada en el período 1984/5. Esa gira no pasó por España, pero ahí apareció José María y gracias a él se hizo el milagro. José María era un compañero de trabajo y también fanático de Springsteen. Había vivido varios años en París y dominaba el francés perfectamente. Puesto que el Boss tocaría en Montpellier como punto más cercano a la geografía española, la jugada pareció cuadrarse y el cielo abrirse cuando el bueno de José María se me acerca un día y me dice: “¿Qué? ¿Qué te parece si nos vamos con mi coche hasta Montpellier a ver a Bruce Springsteen?”. No lo dudé ni una milésima de segundo. Dios mío, era una noticia tan maravillosa que no podía creérmelo. Iba a verle en directo, al músico que tenía la fama de hacer los conciertos más demoledores e impecables con una apisonadora llamada The E Street Band.

Fue una auténtica peregrinación desde muchos puntos de la geografía española, como cubrió después ampliamente la prensa: Desde Catalunya, País Vasco, Navarra, norte de España, Aragón, probablemente Comunidad Valenciana y, cómo no, desde la Comunidad de Madrid. Me atrevería a decir que incluso acudiría gente de puntos más al sur, como Sevilla, por poner un ejemplo. Miles de españoles salieron hacia allí al encuentro con El Jefe.

José María se portó como un campeón y condujo todo el viaje -cosas de ser el único con carnet- y por fin llegamos, en un día algo gris y plomizo. Pero daba igual, aunque hubiéramos estado bajo cero. El astro rey del rock iba a achicharrarnos en unas horas. ¿Qué sentí? Lloré, las lágrimas rodaron por mi cara en el momento en que Springsteen y los suyos saltaron al escenario y las primeras notas empezaron a sonar. Tal era mi emoción, tan sincera y tan profunda. El impacto fue tan enorme que incluso podía sentirlo en todo mi cuerpo. Entendí -era perfectamente aplicable- aquella expresión de “me tiemblan las piernas”.

Pero la sensación que predominó durante toda la actuación se resume indiscutiblemente en una palabra: energía. La fuerza que desprendía Springsteen con su E Street Band era descomunal. Las primeras notas, inolvidables, del “Born in the U.S.A.” nos atronaron a todos y nos traspasaron como un vendaval. Brutal, perfecto, impecable, de una profesionalidad para quitarse el sombrero y con un sonido tan nítido y tan potente como jamás había escuchado en vivo. Fue para mí y para todos los asistentes -miles de franceses, italianos y otras nacionalidades, hordas de españoles- una catarsis del rock, la comunión con un músico excepcional. Otras veces he visto al Boss, ya en Barcelona, pero como aquella primera vez…

Para protagonizar esta entrada lo más lógico, fácil e inmediato hubiera sido escoger el tema de “The River”. Una canción maravillosa, un verdadero poema lleno de tristeza, lirismo y evocación. Soberbio, inmortal, con esa gran letra, con la armónica… Era una posibilidad ideal para reflejar toda esta crónica, porque mi idilio con Bruce empieza con ese disco el día que Maite tiene ese gran detalle. Otros grandes temas del propio “The River” también podrían haber servido: “Hungry Heart”, “Point Blank”, “Drive All Night” o algún otro. También algunas joyas contenidas en el “Darkness on the Edge of Town”, o himnos inmortales del rock como “Born to Run” o “Thunder Road”.

Pero “Bobby Jean” también simboliza a la perfección toda esta historia vital y musical. De alguna manera cierra ese círculo perfecto de 4 discos capitales del de New Jersey. Además, “Born in the U.S.A.” también es un disco importantísimo del Boss, aparte de un éxito de ventas total. Supuso una innovación en cuanto a su sonido, introduciendo sintetizadores y acercándose al pop como nunca antes. La comercialidad está en el punto justo para no considerarlo un disco fácil, y no se pierde la calidad. Al contrario: Hay temas descomunales, perfectos, como “Cover Me”, “No surrender”, “I’m Goin’ Down”, “Glory Days”, “I’m on Fire” y algunos más. Algunos críticos han colocado este disco entre los mejores de toda la historia del rock and roll, y estoy de acuerdo en esa apreciación.

“Bobby Jean”…, me encanta este tema, me parece perfecto, bellísimo y además refleja toda la potencia del rock springsteeniano -en su versión más modernizada, como hemos dicho- cosa que una balada como “The River” no hace. La letra habla de la partida de un amigo y es una despedida de Bruce cargada de sentimiento y de nostalgia. Otro gran punto de la canción es que en ningún momento se especifica si se está hablando de un hombre o de una mujer. Hasta en eso es enorme cuando quiere el Boss.

Casualmente, el vídeo que traemos pertenece al concierto del Parc de la Courneuve, en Paris, el 29 de junio de 1985. Esto significa tan sólo 6 días después del concierto de Montpellier. Con la traducción al español. En el vídeo aparece el saxofonista Clarence Clemons, que murió en el 2011 -también falleció Danny Federici en el 2008-«.

Aquí tenéis la entrada original, con todas sus imágenes y la letra original de esta canción.

151743255-e1001e4d-14c3-47b5-ab29-320a9b7d7ba5