Bill Haley & His Comets. “Rock Around the Clock”

Bill Haley (1925-1981) es uno de los pioneros del R&R y el primero que logró llevar una canción de este género, “Rock Around the Clock”, al número uno en la lista de ventas de los Estados Unidos y de otros países, como Reino Unido o Alemania. En plena Gran Depresión, sus padres le regalaron una guitarra de cartulina y le hicieron creer que era real, mientras su padre le acompañaba al banjo y a la mandolina, y su madre al piano. Con quince años abandonó su casa con una guitarra (de verdad) bajo el brazo y muchas ganas de ganarse la vida con la música; tras pasar años de penuria tocando en clubs y donde buenamente podía con su banda The Saddlemen, consiguió su primera grabación en 1951, para el sello Ed Wilson’s Keystone de Philadelphia (EE.UU.) Un año después, Bill y su banda tomarían su nombre artístico definitivo, Bill Haley & His Comets, dando así inicio a una destacada carrera musical durante las décadas de 1950, 1960 y, en menor medida, 1970. Falleció en 1981, víctima de un tumor cerebral.

Como comentábamos antes, Bill Haley & His Comets son los intérpretes más importantes que ha tenido la canción “Rock Around the Clock”, uno de los primeros rocanroles de la historia, que logró elevar este género a la categoría de fenómeno de masas. Sin embargo, bien podría decirse que su éxito fue accidental. Esta melodía, conocida inicialmente como “We’re Gonna Rock Around the Clock Tonight!” y posteriormente como “(We’re Gonna) Rock Around the Clock”, fue compuesta por Max C. Freedman y James E. Myers probablemente tomando como referencia temas anteriores, como “Move it On Over” de Hank Williams (a su vez basado en piezas musicales de los años veinte) o “Red Wagon” de Count Basie. La primera grabación corrió a cargo del grupo Sonny Dae & His Knights y, unos meses después (en 1954), se registró la de Bill Haley & His Comets, en una sesión desastrosa, tal y como nos cuenta Íñigo López Palacios en un artículo publicado en el diario El País. Según relata este autor, Haley sólo consiguió que “Rock Around the Clock” figurara como cara B del tema “Thirteen Women (and only one man) in town”. El día de la grabación todo funcionó mal: Bill y su banda llegaron tarde, tuvieron que grabar la cara A del single seis veces porque no era del agrado de los productores, y sólo cuarenta minutos antes de abandonar el estudio comenzaron con “Rock Around the Clock”. Como el tema se quedaba corto, el guitarrista Danny Cedrone tuvo que improvisar un solo de guitarra a partir de otro que ya habían tocado en un tema anterior del grupo, “Rock The Joint” (comprobadlo, ya veréis como son idénticos); en la primera toma apenas se escuchaba la voz de Haley, así que hicieron una segunda sólo con el micrófono y, después, sincronizaron ambas.

El single no tuvo una gran acogida, hasta que uno de los ejemplares cayó en manos de un niño de nueve años, Peter Ford, el hijo del actor Glenn Ford. Este chaval, aficionado a la música, puso el disco en su equipo alta fidelidad y quedó decepcionado hasta que dio la vuelta al single y escuchó “Rock Around the Clock”: “Pensé que era una buena canción con un gran ritmo de batería. Pero no puedo decir que fuera de mis favoritas”. Poco tiempo después, Richard Brooks, que estaba dirigiendo “Semilla de Maldad”, le pidió a Glen Ford que le buscara una canción para su película; éste a su vez solicitó de su hijo una selección de discos que él considerara interesantes para los propósitos de Brooks. «Semilla de Maldad» fue estrenada en 1955, con “Rock Around the Clock” sonando al comienzo de la misma. Ni que decir tiene que, tanto la película como la canción, fueron un gran éxito. Os dejo algunas versiones, en concreto las grabadas por The Isley Brothers, Chubby Checker, The Platters, Sha Na Na, Sex Pistols y Los Llopis (en español), aunque hay muchas más.

Bill-Haley---his-Comets-rocknroll-remembered-713902_1139_1344Bill Haley & His Comets

Tri Yann. “La Jument de Michao”

La nostalgia se comporta como un microorganismo oportunista, se apodera de nosotros cuando nos entregamos a prácticas de riesgo, como escuchar una cinta de casete por el viejo método de poner una cara y, después, darle la vuelta. Dada la dificultad de encontrar el disco en internet, fue lo más sencillo que se me ocurrió para escuchar el álbum “La Découverte ou l’ignorance” (1976), de la banda bretona de folk-rock celta Tri Yann. Conocí a esta formación en el año 1995, gracias a la canción “La jument de Michao”, que escuchábamos y bailábamos en una discoteca de Poitiers (Francia) durante mi estancia postdoctoral. La expresión bretona Tri Yann significa algo así como “los tres Juanes”, haciendo alusión a los tres Jean fundadores del grupo (Jean-Louis Jossic, Jean Chocun y Jean-Paul Corbineu), aunque inicialmente el nombre que tomaron fue el de Tri Yann an Naoned, es decir, “los tres Jean de Nantes”. Comenzaron su andadura en 1969, siguiendo la estela de pioneros de la música celta como Alan Stivell, y grabaron su primer álbum en 1972 (“Tri Yann and Naoned”), aunque el disco que les dio a conocer fue el cuarto, el ya mencionado “La Découverte ou l’ignorance”, al que incorporaron instrumentos eléctricos que ayudaron a fusionar el rock con los planteamientos folk-celta característicos de esta formación. Aún siguen en activo, de hecho, es una de las bandas más longevas de Francia y, tal vez, la más conocida en el ámbito de la música celta francesa, junto con Gwendal.

“La jument de Michao” es una canción popular bretona que forma parte de un tronco común habitualmente conocido con el nombre de “J’ai vu le loup, le renard, le lièvre”, una “canción tipo” perteneciente al repertorio tradicional francés, probablemente de origen medieval, que debido a su transmisión oral ha dado lugar a canciones diferentes en función del territorio en el que se ha difundido; por ejemplo, en Borgoña se llama igual, en la región occitana “Ai vist lo lop, lo rainard, la lèbre”, en Quebec (Canadá) “Le loup, le renard, le lièvre”, en la zona Cajún (Luisiana -Estados Unidos-) “le loup, le renard et la belette”, y en Bretaña “La jument de Michao”. Esta última versión fue recuperada en 1973 por la banda Kourien y, de manera definitiva, en 1976 por Tri Yann. La mayor parte de las versiones existentes parten de la adaptación realizada por Tri Yann; aquí os dejo dos en registros diferentes, la de Nolwenn Leroy y la de los alemanes Saltatio Mortis. Puede escucharse a Tri Yann a través de Spotify, aunque no el disco que hoy nos ocupa, al menos completo; en este enlace los podéis ver interpretando en directo “La jument de Michao”. Quiero dedicar esta entrada a los amigos que hice en Poitiers; a los que regresaron a sus países de origen, a los españoles (espero que no se os haya olvidado jugar al mus) y a los que se quedaron en Francia. Gracias, Sam, por regalarme este casete, por tus deliciosas crepes y por explicarme lo que significa ser bretón.

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Eric Burdon / Eeels / ZZ Top con Jeff Beck. “Sixteen Tons”

A comienzos del siglo XX las condiciones laborales de los trabajadores, sobre todo en determinados sectores como la industria o la minería, eran a menudo abusivas, por no decir inhumanas. Una de las prácticas habituales llevadas a cabo en los Estados Unidos fue la conocida como truck system, un sistema de pago en especie mediante el cual las empresas pagaban a sus empleados, en lugar de dinero, bonos o vales para consumir productos en las tiendas de estas mismas empresas. El empresario conseguía así un doble objetivo: vendía sus productos a sus empleados y se aseguraba que el salario en especie que les daba volviera rápidamente a las arcas de donde habían salido. Si tenemos en cuenta que los precios eran establecidos por el empresario y que al obrero le detraían una parte de su sueldo para pagar el alojamiento en los barracones de las compañías, lo normal es que éste casi nunca dispusiera de dinero en efectivo, incluso solía consumir a crédito en estas tiendas para cautivos. Esta situación, que por ejemplo se puede ver en la película “Las Uvas de la Ira” (1940), es la que denuncia Merle Travis en su canción “Sixteen Tons”, por supuesto con toda la cautela que se podía hacer en 1947, cuando el propio autor publicó este disco. Parte de la letra de la canción fue escrita a partir de testimonios de familiares suyos, en concreto de su padre y de su hermano, trabajadores del carbón que, menudo, solían decir frases similares a las que aparecen en la canción: “Cargas dieciséis toneladas ¿Qué obtienes? Otro día más viejo y sumido en deudas (…) mi alma pertenece al almacén de la compañía”.

El lanzamiento de Merle Travis fue bastante exitoso, pero la interpretación más conocida de esta canción es la de Ernie Ford, de 1955, de hecho es la que se conserva en el Registro Nacional de Grabación de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, y la que ha servido como punto de partida para las numerosas versiones que se han hecho de este tema, como las de Ed Sovine, BB King, The Platters, Bo Diddley, Harry Nilsson, Stevie Wonder, Johnny Cash, Leon Russell, Willie Nelson, Tom Morello o Hayseed Dixie, por citar algunas. La mayor parte de ellas respetan el tono folk-country original, pero también las hay más melódicas, bluseras, incluso rockeras. Precisamente las tres que hoy proponemos como destacadas tienen ese perfil y, además, no son excesivamente antiguas; la de Eric Burdon es de 1990, publicada como single; de 2003 es la de la banda de rock alternativo Eels, fue incluida en su álbum en directo “Sixteen Tons (Ten songs)”, publicado en 2005; mientras que el directo de ZZ Top (con Jeff Beck) es de 2016. Finalizo con dos versiones más, esta vez españolas: la clásica de José Guardiola, de 1960, y una más reciente a cargo de Arizona Baby; también se la he oído tocar al guitarrista Twanguero, pero no he podido encontrar ningún registro sonoro que lo pruebe.

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Merle Travis (1917-1983)

Barclay James Harvest. “Suicide?”

A todos los aficionados al rock nos gusta hablar de nuestros músicos preferidos, de nuestros discos imprescindibles y, por supuesto, de los grupos que amamos y con los que nos emocionamos. Estoy casi seguro de que, si hiciéramos una votación entre los seguidores del rock progresivo sobre su banda predilecta, los ganadores serían: Pink Floyd, Yes, Genesis, King Crimson, Emerson Lake & Palmer y Camel; ellos representan a un género que vivió sus mejores momentos entre finales de la década de 1960 y finales de los setenta. Bajo este Olimpo del rock sinfónico se sitúan (y se siguen situando) otros grupos, algunos de ellos también podrían ser merecedores de esta divina distinción, sobre todo en función de quien opine y de la vehemencia con que lo haga; en este vagón se podrían situar formaciones como Jethro Tull, Rush, Marillion, Dream Theather, Premiata Forneria Marconi, Gentle Giant, Mike Oldfield, Caravan o dos de mis preferidas: The Moody Blues y Barclay James Harvest. Ambas ya han tenido cabida en este blog, y hoy volvemos a recordar a una de ellas.

En las entradas dedicadas a los temas “Dark Now My Sky” y “Mockingbird” señalábamos que estos británicos comenzaron su andadura como banda en 1967, aunque no publicaron su primer álbum hasta 1970. La primera etapa de esta formación, caracterizada por la utilización habitual de orquestas sinfónicas en sus grabaciones, se compone de cuatro álbumes con el sello discográfico Harvest, a los que pertenecen los dos temas anteriormente citados. Después ficharon por Polydor, priorizando los sonidos eléctricos y los teclados sobre los arreglos orquestales; en 1974 publicaron “Everyone is Everybody Else”, en 1975 “Time Honoured Ghost” y, en 1976, “Octoberon”, habitualmente considerado como el mejor trabajo de la banda (junto con el anterior). Por supuesto, aconsejo este álbum a todo el mundo, pero especialmente a quienes no os sentís muy identificados con el rock sinfónico; “Octoberon” es un trabajo sensible y delicado, en el que las melodías y los pasajes intimistas tienen mayor protagonismo que la experimentalidad y los largos y complicados desarrollos instrumentales, tan habituales en este género. Aunque todo el disco está muy bien, yo destacaría la primera y la última canción: “The World Goes On” y “Suicide?”, con cuyo vídeo encabemos esta entrada, uno de los temas fundamentales de Barclay James Harvest, de los imprescindibles en sus directos (aquí tenéis una interpretación en vivo del año 1992). La guitarra eléctrica y los teclados nos presentan una melodía que, desde el comienzo, nos transmite tristeza, desolación y cierto tono épico, sensación que se reafirma con las partes cantadas, apoyadas en unos emotivos acordes de guitarra acústica; el tema acaba con una parte en la que se pueden escuchar algunos efectos (pisadas, ruidos, cláxones, etc.), que incrementan el tono misterioso de la canción ¿Qué necesita un suicida para dar el último paso?

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Lynyrd Skynyrd. «The Ballad of Curtis Loew»

En los años sesenta del siglo pasado no estaba muy bien visto, al menos en la América profunda, que los adolescentes llevaran el cabello largo. Según cuentan las biografías habituales de la banda de rock sureño Lynyrd Skynyrd, dos de los miembros fundadores de este grupo, Bob Burns y Gary Rossington, fueron suspendidos por el profesor de gimnasia por ese motivo cuando estudiaban en el instituto, mientras intentaban hacer música donde buenamente podían (patios, garajes, etc.) junto a Ronnie Van Zant, el mítico vocalista de esta banda. Habían llamado a su grupo The Noble Five, pero sus problemas con el profesor de gimnasia, Leonard Skinner, inspiraron un cambio de denominación; por el miedo a posibles represalias, decidieron sustituir las vocales por letras “y”, de tal forma que lo que obtuvieron fue “Lynyrd Skynyrd”. Estos chicos de Jacksonville (Florida -EE.UU.-) se lo tomaron muy en serio; adquirieron una cabaña y se pusieron a ensayar entre ocho y doce horas diarias, hasta que consiguieron actuar como teloneros del grupo The Allman Jays, el germen de lo que luego sería The Allman Brothers Band, la formación más importante que ha habido de rock sureño, compartiendo méritos con los protagonistas de nuestra entrada de hoy.

De interpretar versiones de los Rolling Stones o los Yardbirds pasaron a componer sus propias canciones, que solían interpretar en directo. No obstante, tuvieron que esperar hasta 1972 para que los productores discográficos se fijaran en ellos; concretamente fue Al Kooper quien les ofreció la posibilidad de grabar un disco con la compañía MCA; lo titularon “(Pronounced ‘Lĕh-‘nérd ‘Skin-‘nérd)” (1973) y en él incluyeron una de las piezas más recordadas de su repertorio: “Free Bird”. Aunque hay otra canción aún más conocida, “Sweet Home Alabama”, precisamente el corte con el comienza su segundo trabajo de estudio, el titulado “Second Helping” (1974). Además de este gran himno rockero, en este disco hay excelentes temas, como “Call Me the Breeze” (versión de JJ Cale, de la que nos ocuparemos en otra entrada) o el elegido en esta ocasión: “The Ballad of Curtis Loew”. Escrita por Allen Collins (guitarra) y Ronnie Van Zant (voz) a partir de lugares y personas del barrio natal de Van Zant en Jacksonville, nos cuenta la historia de un chaval que todas mañanas buscaba botellas vacías para vender y, de esta manera, conseguir un dinero con el que obsequiar a Curtis Loew, un músico callejero al que adoraba por su manera de interpretar el blues; cuando Curtis fallece nadie va a su entierro, lo que lamenta el narrador de la canción. Finalizo con tres versiones, las debidas a Phish, Eric Church y Hayseed Dixie, ésta última en clave bluegrass.

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