Deep Purple. “April”

 

Cuando un grupo como Deep Purple es creador de estilo, tiene álbumes que han sido, son y seguirán siendo referencia en el mundo del hard rock (“In Rock”, “Fireball”, “Machine Head”, “Made in Japan”, etc.) y es poseedor de un lista de canciones que, a día de hoy, son himnos para todos los aficionados a este estilo musical, pueden producirse situaciones que yo me atrevería a calificar como de injusticia musical. Digo esto porque a veces nos olvidamos que Deep Purple, antes de que definieran su estilo, también fueron pioneros en otros ámbitos musicales, como el rock psicodélico o el rock sinfónico, algo especialmente evidente en sus tres interesantísimos primeros álbumes. En 1969 publicaron “Deep Purple”, el tercer disco de su carrera, que finalizaba con una obra de arte, una joya de incalculable valor musical que ha sido sepultada por el propio curriculum vitae de este irrepetible grupo; “April” es una pieza sinfónica de doce minutos de duración, compuesta por Jon Lord y Ritchie Blackmore, articulada en torno a tres secciones: una primera de corte progresivo, francamente emocionante, una compleja parte central de música clásica (en la que se utilizan instrumentos de cuerda y viento) y un tramo final de carácter más psicodélico, que arranca con batería y guitarra para continuar con una parte cantada y un solo de guitarra final. Pocas veces los teclados de Jon Lord y la guitarra de Ritchie Blackmore han sonado de una manera tan compenetrada, emotiva y certera como en esta canción. Para quien esto escribe, “April” es una de las mejores composiciones de rock sinfónico que se han escrito y, sin embargo, no aparece en casi ninguna lista de este género.

Steppenwolf / Wilson Picket / Duane Allman. “Born to be wild”

Steppenwolf es una banda canadiense de rock que tiene sus orígenes en un grupo de blues de Toronto llamado Sparrow, del que formaron parte algunos músicos de origen aleman. En 1967 se establecieron en San Francisco como grupo de folk, pero pronto endurecerían su sonido hasta convertirlo en un blues-rock muy próximo al hard-rock; es entonces cuando cambian de nombre y empiezan a llamarse Steppenwolf, inspirados en la novela “El lobo estepario” (“Deer Steppenwolf”) del escritor germano Hermann Hesse. En 1968 lanzan su primer álbum, en el que se incluía “Born to be wild”, una canción muy importante en la historia del rock, una de las melodías fundadoras del Hard Rock; para para muchos aficionados y críticos musicales supuso, nada más y nada menos, que el pistoletazo de salida del Heavy Metal. Apenas un año más tarde de su lanzamiento, la canción fue incluida en la película “Easy Rider”, un film de culto sobre todo para moteros y amantes de la velocidad; desde entonces, “Born to be wild” ha venido siendo utilizada, con asiduidad, en otros largometrajes donde la velocidad o las motos eran protagonistas. Además de la propuesta original de Steppenwolf, y a pesar de que esta canción es una de las preferidas por formaciones metaleras de distinto pelaje, yo os propongo la versión que hizo el cante de soul y R&B Wilson Picket, y la ejecutada por el que fuera líder del grupo de rock sureño Allman Brothers Band, el fabuloso guitarrista Duane Allman.

La Frontera. “Siete calaveras”

Dentro del entramado de grupos de pop y rock que poblaron la escena española, durante los años 80 y 90, hubo un estilo que contó con un cierto predicamento: el country rock y las melodías de vaqueros y pistoleros; me refiero a formaciones como Los Secretos, La Guardia, Dinamita pa’ los Pollos, Gatos Locos, … y, por supuesto, La Frontera, tal vez la propuesta con más tiros, más canalla y rockera de todas y, también la que que, desde mi punto de vista, más ha influido en grupos actuales, muy de mi agrado, como Los Corona o Arizona Baby (de ambos intentaré ocuparme en otra ocasión). “Siete calaveras” pertenece a su tercer LP “Tren de Medianoche” (1987); antes habían editado “La Frontera” (1985) y “Si el Whisky no te arruina las mujeres lo harán” (1986), por cierto, éste último disco contaba con una foto de portada tomada en un bar que, durante una época, frecuenté mucho (“Mescalito”, ubicado en Madrid, muy cerca del Viaducto). Os dejo con esta “triste historia de venganzas y de honor que el tiempo no logró olvidar. Siete calaveras y una maldición, siete cruces bajo el sol. Siete calaveras duermen en el valle, siete calaveras y una maldición”.

Carole King / James Taylor / Lisa Ono. “You’ve got a friend”

“Tapestry” (1971) es, probablemente, el mejor disco de Carole King (yo lo escucho a menudo y siempre me ha parecido una maravilla); a él pertenece “You’ve got a friend”, una de las odas a la amistad más bonitas que se han escrito: “Cuando estés triste y angustiado, y necesites una mano amiga, y nada, nada te salga bien, cierra los ojos y piensa en mí, y pronto estaré ahí para iluminar hasta tu noche más oscura” ¿Escribió Carole King esta canción pensando en James Taylor?, al parecer ella lo ha desmentido en alguna ocasión, pero lo cierto es que su amigo la grabó a la vez que ella, en el disco “You can close your eyes” (1971). Un año más tarde Taylor se casaba con, la también cantante, Carly Simon enfriándose esa bonita amistad que, con el paso del tiempo, volvieron a recuperar. La lista de versiones es abultada: Aretha Franklin, Michael Jackson, Lynn Anderson, Petula Clark, Ella Fitzgerald, Roberta Flack & Donny Hathaway, All Green, Tom Jones, The Housemartins, Barbra Streisand, Cliff Richard, incluso Lady Gaga. Yo os propongo otra menos conocida, pero muy elegante y con personalidad, la de la cantante de bossa nova Lisa Ono.

Lila Downs. “La cumbia del mole” / “La cucaracha” / “Dignificada”

Hoy hacemos una excepción en este blog, cuya protagonista habitual es la canción, para dar paso a una gran artista, una de las mejores de la música latina actual, digna sucesora de Chavela Vargas: Lila Downs, hija de la cantante indígena mixteca Anita Sánchez y del profesor de cinematografía estadounidense Allen Downs. Su música es como una ensalada llena de ingredientes tradicionales y de otros más propios de la Nouvelle Cuisine, exóticos y atrevidos, todo a la vez, de un sabor intenso y multicultural: corrido mexicano, cumbia, bolero, folk, rock, jazz, rap, hip-hop, etc. Canta en inglés, castellano e incluso en lenguas nativas mexicanas de Oaxaca; sus canciones casi nunca son aburridas, en un mismo tema te encuentras con giros y ritmos completamente diferentes (tan pronto la canción es un corrido, como se transforma en un rap o aparece un riff de guitarra) y con una propuesta vocal muy sugerente, en la que Lila Downs es capaz de ejecutar 3 ó 4 voces diferentes (lógicamente, alguna de ellas impostadas o forzadas). La primera canción que os propongo es “La cumbia del mole”, una receta que espero os levante el ánimo para este inicio de semana. Las otras dos nos acercan a una de las facetas más interesantes de esta gran mujer: su compromiso social; una versión de la canción tradicional “La cucaracha” (os recomiendo que no os perdáis la letra) y “Dignificada”, un homenaje a las mujeres luchadoras en un ambiente tan hostil como el latinoamericano.