Elvis Presley. «The Wonder of You»

On Stage” (1970) es el trigésimo octavo álbum de Elvis Presley, el segundo de su carrera grabado en directo, en este caso en el International Hotel de Las Vegas (Nevada -EE.UU.-), entre el 17 y el 19 de febrero de 1970; está compuesto por canciones hasta entonces no excesivamente asociadas a Elvis, como “Sweet Caroline” (Neil Diamond), “Runaway” (Del Shannon y Max Crook), “Yesterday” (Lennon y McCartney), “Proud Mary” (John Fogerty), etc. El tema publicado como sencillo fue “The Wonder of You”, escrito por Baker Knight a finales de los años cincuenta, que había sido grabado por Ray Peterson en 1959, aunque algunas fuentes indican que existe un registro anterior (de 1958) a cargo de Vince Edwards, finalmente no publicado. Tras Ray Peterson fueron otros los artistas que se animaron a versionar esta canción: The Platters, The Delltones, The Sandpipers o Billie Jo Spears, sin embargo ninguna de ellos logró el éxito y la repercusión que consiguió Elvis con esta interpretación en directo de 1970, no en vano el single alcanzó los primeros puestos de las listas estadounidenses y británicas. Nunca he ocultado mi pasión por “El Rey”, no hay más que ver las veces en las que he querido contar con él para las entradas de versiones: “Tryin’ to get to you”, “Spanish Eyes”, “Jailhouse Rock”, “Hound Dog” y “That’s all Right”; hoy vuelve a ser protagonista, en esta ocasión sin compartir cartel con otros artistas. “The Wonder of You” es mi balada de Elvis preferida, con orquesta y coros al servicio de su profunda, expresiva y seductora voz. El segundo vídeo destacado de esta entrada fue publicado en 2016, con motivo del lanzamiento del álbum “The Wonder of You”, un disco recopilatorio grabado en los estudios Abbey Road a partir de los registros originales de Elvis y los arreglos orquestales de la Royal Philharmonic Orchestra, la misma que un año antes había participado en “If I Can Dream”, también con canciones de Elvis, disco publicado en conmemoración de su ochenta cumpleaños; en esta versión de “The Wonder of You” podemos ver a la modelo Kate Moss dejándose querer por la cámara, tarareando y cantando en playback este tema. Y no es el único homenaje reciente, la interesante serie “Big Little Lies”, protagonizada por Reese Witherspoon y Nicole Kidman, finaliza con un capítulo en el que se celebra un concurso con canciones de Elvis, en el que aparece esta melodía; aquí podéis disfrutar de esta bonita versión, a cargo del cantante indie Conor O’Brien. Hasta los hinchas del fútbol británico corean este tema: éstos son los del Port Vale y éstos los del Arsenal.

Sting. «Fragile»

La noche del 13 de noviembre de 2015 fallecieron 137 personas y resultaron heridas 415 en una serie de ataques terroristas reivindicados por la organización yihadista Estado Islámico. La mayor parte de estas víctimas murieron en el teatro y sala de conciertos Bataclan, mientras actuaba el grupo de rock Eagles of Death Metal. La sala fue cerrada tras esta tragedia y no volvió abrir hasta un año después, el 12 de noviembre de 2016, con un concierto del británico Sting. El ex­Police comenzó su actuación con una breve reflexión, seguida de un minuto de silencio y, después, la primera canción que tocó aquella noche: “Fragile”, un tema emocionante que nos habla de la fragilidad de ser humano y de lo errado que resulta el uso de la violencia para resolver nuestros conflictos. Sting compuso “Fragile” pensando en Benjamin Linder, un ingeniero civil estadounidense abatido por la “Contra” nicaragüense, el 28 de abril de 1987, cuando se encontraba trabajando en un proyecto hidroeléctrico para suministrar energía a las zonas deprimidas del norte de Nicaragua. Esta canción formó parte de su exitoso segundo disco de estudio, “…Nothing Like the Sun” (1987), desde mi punto de vista uno de los mejores trabajos de Sting en solitario. El título tiene su origen en el soneto número 130 de Shakespeare: “My mistress’ eyes are nothing like the sun”. No sabría muy bien cómo catalogar este álbum, porque en él confluyen diferentes estilos: rock, pop, jazz, reggae, etc.; en cualquier caso, estamos ante una excelente producción, en la que podemos disfrutar del Sting más inspirado y, también, de un grupo de músicos de renombre que lo acompañaron en esta grabación: Brandford Marsalis, Gil Evans y su orquesta, Eric Clapton, Mark Knopfler, Rubén Blades, Annie Lennox o su ex­compañero Andy Summers. “…Nothing Like the Sun” está plagado de excelentes canciones, la mayor parte escritas por él, como “Fragile”, “We’ll Be Together”, “An Englishman in New York” –inspirada en la figura del exiliado británico Quentin Crisp-, “They Dance Alone” –dedicada a los “desaparecidos” de las dictaduras latinoamericas-, “The Lazarus Heart” o “Sister Moon”; además de una versión de Jimi Hendrix, el tema “Little Wing”, que contó con la colaboración musical de Gil Evans. Unos meses después de publicarse este álbum, se editó un Ep (“Nada como el sol”, 1988) con cinco cortes de “…Nothing Like the Sun”, entre ellos dos versiones de “Fragile”, una en portugués y otra en español.

Módulos. «Todo tiene su fin»

«Sin Tiempo» es el sexto álbum de Medina Azahara, en él se incluyeron dos temas que todo buen aficionado a esta banda conoce bien: «Necesito Respirar» y «Todo tiene su fin«. Muchos estaban convencidos que «Todo tiene su fin» era un tema original de los cordobeses (con más de uno tuve que discutir sobre este particular); lo cierto es que habían rescatado una de las mejores baladas españolas y, de paso, habían recordado y reivindicado a uno de los grupos más importantes que ha tenido nuestra música popular, los madrileños Módulos; y no es ésta la única vez que Medina Azahara ha hecho versiones de Módulos, yo al menos recuerdo otros dos temas: «Adiós al Ayer» y «No quiero pensar en ese amor«. La banda fue creada en 1969, en torno al guitarrista y cantante Pepe Robles, a él se unieron Tomás Bohórquez (teclados), Juan Antonio Reyzábal (batería) y Emilio Bueno (bajo); publicaron cinco álbumes de estudio, varios sencillos y acabaron disolviéndose a finales de los setenta. Módulos fue el último gran grupo de los sesenta, con un estilo que se situaba entre el pop-rock barroco y el rock sinfónico, con mucha presencia del órgano Hammond; los seguidores del rock progresivo solemos considerar a esta banda como una de las pioneras de este estilo en España, de hecho su compromiso con el rock sinfónico se fue afianzando a medida que fueron publicando discos, lo que les obligó a cambiar de compañía discográfica; así nos los cuenta el propio Pepe Robles:

«A los Módulos nos gustaba mucho la música de Yes, Genesis y King Crimson, e indudablemente influyeron en nuestra evolución. Con Hispavox, al final tuvimos que dejarlo; ya se sabe, cuando más estudias más radical te vuelves en tus planteamientos musicales. Nosotros íbamos hacia otros derroteros y la compañía no estaba muy de acuerdo» (Domínguez, Salvador. Bienvenido Mr. Rock. Los primeros grupos hispanos 1957-1975. Madrid: SGAE, 2002; págs. 421-422). 

Con todo, su primer Lp con Hispavox, titulado «Realidad» (1970), es un trabajo excelente, un disco de escucha obligada para todos los que deseen acercarse a nuestra historia musical, con un sonido muy trabajado y la evidencia de que algo así no se había improvisado en unos días. Aquí podéis escuchar el disco; todo el álbum está a un gran nivel, aún así os recomiendo los cortes titulados «Realidad«, «Noche de Amor«, las dos versiones de los Beatles («Yesterday» y «Hello, Goodbye«) y, por supuesto, «Todo tiene su fin», lanzado primero como single en 1969 (la cara B de «Nada me importa«), un tema que, a menudo, sólo se le presta atención en su superficie, como balada romántica; os sugiero que, en la escucha que hagáis hoy, os percatéis de la atmósfera, entre misteriosa y melancólica que consigue transmitir el órgano Hammond, y en el solo de guitarra que aparece hacia el final. Como curiosidad, os comentaré que el tema fue incluido a última hora en el álbum, y que acabó habiendo polémica en torno a la autoría de la canción entre algunos de los miembros del grupo; el autor que aparece en la SGAE es el batería Juan Antonio Reyzábal.

Santana. «Samba Pa Ti»

Al mexicano Carlos Santana se le considera el padre del rock latino, un género caracterizado por la fusión del rock con sonidos afrocaribeños, ritmos procedentes de Latinoamérica y, en el caso que nos ocupa, elementos del jazz, el funk, el soul, la psicodelia y el blues. En una entrada anterior, la dedicada al tema «Soul Sacrifice«, me ocupaba de los inicios de Santana, en el Festival de Woodstock, y de su primer disco («Santana», 1969). El siguiente trabajo de estudio fue «Abraxas» (1970), con el que consolidó esa manera de entender el rock, cálida, enérgica y sensual, con la que encandiló a críticos y público, ávidos de sonidos mestizos en un panorama musical eminentemente anglosajón. La portada de este álbum se tomó del cuadro titulado «Anunciación», pintado unos años antes por el alemán Matias Klarwein, famoso por sus trabajos entroncados en el surrealismo, la psicodelia y el movimiento contracultural de los años sesenta; sus pinturas se han utilizado como portadas de discos, algunos pertenecientes a artistas tan conocidos como Miles Davis, Earth Wind & Fire o Gregg Allman, aunque su obra más reconocible en este ámbito es la ya mencionada para el Lp «Abraxas«. Matias Klarwein quiso representar la Anunciación de la Inmaculada Concepción, el instante en el que el Arcángel Gabriel le comunicaba a la Virgen María que iba a ser la madre Jesús. Carlos Santana vio la pintura en una revista y supo inmediatamente que aquel ángel con una conga entre las piernas, aquellos vivos colores y sugerentes imágenes eran perfectos para la portada de su disco. Como ya ocurriera en el disco anterior, las percusiones ocupan un lugar destacado en este álbum, con la presencia de músicos como Rico Reyes, Mike Carabello y, sobre todo, Chepito Areas que, además, fue el autor de algunas de las canciones. «Abraxas» es uno de los mejores trabajos de Santana, en él destacan temas como «Black Magic Woman» (compuesto por Peter Green), «Oye Como Va» (de Tito Puente), «Hope you’re feeling better» (de Gregg Rolie, teclista de la banda) o «Samba Pa Ti», un tema instrumental lleno de sentimiento con el que Carlos Santana quiso expresar su singularidad e identidad como guitarrista y artista: «Sospecho que esta canción trae embotellada muchas cosas personales, que no sabía cómo expresar o articular en una letra. Muchas veces me enfado porque no puedo decir el verdadero significado de esta canción y es debido a que simplemente salió de mí. Eso sí que el mundo lo entiende». En 1982, José Feliciano puso letra a esta canción; lo hizo en español, para su álbum «Escenas de Amor».

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Matias Klarwein. «Anunciación», 1962

Las Cinco Canciones de JakeSnake (I): «Homeland» (Europe)

Hace poco más de un año este blog estaba inmerso en las fases previas correspondientes a la X edición de los «Premios 20Blogs», que anualmente convoca el periódico 20 Minutos. El día tres de marzo de 2016 publicaba una entrada con motivo del segundo aniversario de esta bitácora, en la que aproveché para poner en marcha «Las Cinco Canciones de tu Vida» y para comunicar mi segundo puesto provisional -en la fase de votación popular- dentro de la categoría «Música», a la que concurrimos un total de 162 webs. Aún era pronto para cantar victoria, ya que correspondía al jurado la nominación de los tres finalistas por categoría que habrían de disputar los premios. Estaba francamente contento por haber recibido vuestro apoyo y vuestros votos, y también por los cariñosos comentarios que me dedicasteis en aquel post; tras las palabras de los amigos habituales, recibí el siguiente comentario firmado con el nick JakeSnake: «Hola Raúl. Lo primero felicidades por tu estupendo blog y felicidades por el 2do aniversario (con retraso, eso sí). Llegué aquí mediante el concurso 20blogs, te deseo lo mejor, estoy seguro que estarás entre los tres finalistas. Si es así, no dudes en asistir a la gala, es una experiencia estupenda (doy fe). Lo dicho, enhorabuena y suerte». Cuando el jurado del concurso me incluyó entre los tres primeros, Jake entró para un nuevo comentario: «Te lo dije, estaba seguro que estarías en la terna final del concurso 20Blogs. Enhorabuena Raúl, bajo mi punto de vista esta nominación es más que merecida. Como ya te dije, no dudes en asistir a la gala si puedes, es una experiencia bastante especial y única. Mucha suerte Raúl, te deseo lo mejor». JakeSnake es, junto con sus compañeros Oloman y Nostromo, el responsable de Musicae Memorandum, un excelente blog de música que había sido distinguido, justo el año anterior, con el mismo premio al que yo optaba. Os lo podéis imaginar; para mí fue algo importante, los vigentes ganadores pensaban que La Guitarra de las Musas se merecía estar entre los finalistas, era como si Jake me hubiera apadrinado y marcado para la ocasión.

Hace poco JakeSnake tuvo la gentileza de invitarme a participar en la fiesta correspondiente al cuarto aniversario en la blogosfera de Musicae Memorandum; por supuesto, no lo dudé y, como ya sabéis, quise participar con uno de los grandes temas de Pink Floyd: «Dogs«. Cuando os adelanté que participaría de esta iniciativa os describí este blog como un espacio de gran calidad por sus excelentes contenidos, por la música que nos proponen y por la exquisita manera que tienen de contarlo, con abundantes enlaces y referencias, por no hablar de su impecable formato, muy atractivo desde el punto de vista visual y bien ajustado a sus intereses. Os animo a que os paséis por allí, estoy seguro que no os va a defraudar.

Jake nos ha preparado cinco preciosas entradas, escritas con el corazón y con toda la generosidad que caracteriza su trabajo en Musicae Memorandum. Los metaleros vais a disfrutar de lo lindo, y los demás casi tanto como ellos. Comenzamos con un tema de Europe, «Homeland», perteneciente a su álbum titulado «Prisoners in Paradise» (1991), con el que Jake nos recuerda sus inicios como bloguero y, de paso, rinde homenaje a una de sus pasiones musicales: las power ballads.

«Nunca logré recordar cuál fue el momento exacto en el que decidí que JakeSnake sería mi alter ego y que Power Ballads sería mi primer blog. Aunque, ahora que lo pienso y siendo sincero, en realidad nunca fue tal, me explico: No lo fue, ni de hecho lo es, porque nunca fue un espacio ideado para ser actualizado regularmente, su creación respondió más a una suerte de impulso reivindicativo en defensa de este tipo de canciones que yo tanto estimo y que tan desprestigiadas y denostadas en general advierto, con especial ensañamiento (esto es una percepción muy personal) de muchos de aquellos que parecen jactarse de albergar en sí mismos una cultura musical considerablemente codiciada e inalcanzable por el resto de los mortales. Todo ello unido a que, por aquel entonces, no hacía otra cosa sino investigar en multitud de blogs en busca de ignotas e infravaloradas bandas de AOR, dio como resultado mi conato de testimonio perenne en forma de particular legado a la humanidad y por ende, mi primera incursión en el universo bloguero.

Algunos años después, una llamada telefónica ejecutada por un compañero de trabajo y sin embargo gran amigo, bloguero musical también, alteró mi rutina vespertina para citarme urgentemente en un garito rockero de nuestra ciudad -Cartagena- para comentar «el email» «¿A qué email se refiere este chalado?», me preguntaba yo de camino al lugar en cuestión. Pues a uno enviado a una dirección errónea en el que me proponía unirme de inmediato a un nuevo proyecto junto con un maestro bloggero amigo suyo. ¿Qué cuál fue mi respuesta ante aquella atropellada proposición? Musicae Memorandum.

Centrándome ya en la primera de las cinco canciones de mi vida, he de reconocer que voy a aprovechar la impagable oportunidad que me brinda Raúl para rendir homenaje a aquellos temas que, por pertenecer a bandas ya reseñadas en nuestra propia bitácora con otras canciones, no he podido personalmente honrar como entiendo se merecen. ¿Significa eso que son peores que las titulares? En absoluto, incluso en algunos casos lo contrario.

Y como no hay nada mejor que comenzar por el principio, esta primera contribución empieza en el mercadillo semanal de mi pueblo una lejana y fresca mañana de invierno en la que, hastiada por la inquebrantable insistencia de un criajo de 8 años, mi madre accedió finalmente a comprarme «The Final Countdown», la cassette con la que se inició mi caótica y obsesiva pasión por la música. Y por las Power Ballads.

Tal fue el impacto de aquella cinta en mi inocente existencia que, si tuviera que escoger la canción más importante de mi vida, aquella que elegiría como última voluntad para escuchar justo antes de morir, esa sería «Carrie«. Y no sólo porque fue la primera que me erizó la piel, si no porque, pasados unos años, «Carrie» pasó de ser mi canción a ser nuestra canción.

El nuevo estatus de custodia compartida con María ocurrió años después, en tiempos de instituto, esos que tan rápidos transcurren y que tan lentos abandonan tu memoria. Tiempos esos, en los que las canciones de «Prisoners en Paradise«, entre otras, ambientaban aquellas tardes en las que me era demencialmente imposible evitar rememorar una y otra vez la conversación de 10 segundos que había mantenido con Ella esa misma mañana, jornadas aquellas en las que un súbito y casi imperceptible cruce de miradas entre ambos desde nuestros respectivos pupitres podía durar horas y horas en mi cabeza…

Podían haber sido otras como «I´ll cry for you«, «Dreamer«, «Open your heart» o «Tomorrow», muy presentes todas ellas en aquella dichosa, radiante e inolvidable etapa en las que las mariposas revoloteaban tan fuerte que en ocasiones temiera sufrir una úlcera estomacal. Pero finalmente me decidí por «Homeland», a pesar de que sus líricas tratan sobre un amor veraniego, pasajero, un amor diametralmente opuesto a aquel que comenzó un invernal día de febrero y que aún perdura tras justo ahora 20 años

¿Por qué «Homeland» y no las otras? Pues porque acaso sea la que mejor y de manera más enérgica simboliza eso que en nuestro blog hemos tenido a bien en denominar como «el milagro de la música», o sea, la capacidad que posee una canción en transportarte a otro lugar en el tiempo y hacerte revivir sensaciones que creíste ya olvidadas; aquel beso, aquella mirada, aquella sonrisa, aquel olor… incluso aquel trago tan duro.

Y es que todavía me estremezco cuando la guitarra inicial de Kee Marcello sacude mi cordura y el litúrgico órgano de Mic Michaelli acaricia mi alma justo antes de que Joey Tempest entone esa primera estrofa (que asombrosamente supe entender en inglés casi a la primera) añorando lejanos e interminables días de verano en los que se podían escuchar olvidadas canciones, se hacían promesas eternas y se sentía una libertad tan absoluta, que únicamente podía ser turbada por la tristeza tan intrínsecamente ligada a las despedidas. Yo también creí equivocadamente que el mañana era un tiempo muy lejano, igualmente me perdí en el tiempo y sentí que los días pasaban muy rápidos, casi tanto como el escalofrío que recorre mi columna vertebral al escuchar ese sonido que acompaña a la búsqueda de la «peace of mind» del estribillo.

Sin embargo y paradójicamente, hoy y siempre, se me sigue deteniendo el tiempo al compás de la emocionante ralentización del final de la canción de igual manera que se detuvo hace justo ahora 20 años en el anfiteatro del instituto durante nuestro primer beso».