The Marvelettes / The Beatles / Amanda Fondell. «Please Mr. Postman»

El fenómeno de los grupos musicales formados exclusivamente por cantantes femeninas, que armonizaban conjuntamente al modo de las formaciones masculinas de doo-wop, tuvo su momento álgido durante la década de los sesenta, en gran parte debido al nacimiento, en 1959, del sello discográfico Motown. El dueño de esta empresa, Berry Gordy, orientó estos grupos femeninos, de base soul, hacia un pop muy del gusto de los jóvenes. Las más conocidas tal vez fueron las Supremes, y también otras como las Ronettes, Martha and The Vandellas o The Sangri-Las; sin embargo, las primeras que lograron triunfar fueron The Marvelettes, para algunos autores como Luis Lapuente (Historia-Guía del Soul. «Magia Negra». Madrid: Guía de Música, pág. 291) fueron «probablemente el mejor grupo vocal femenino en toda la historia de la Motown». Las descubrió Berry Gordy después de un concurso en el que sólo lograron quedar cuartas; a pesar de todo, su profesora convenció a los cazatalentos de la Motown de que merecían otra oportunidad. Acudieron a la prueba con el nombre de The Marvels y con una canción, compuesta por un amigo de Georgia Dobbins -componente del grupo-, titulada «Please Mr. Postman». Fue suficiente para que Gordy se quedara con ellas; cambió el nombre por el de The Marvelettes y sustituyó a la mencionada Georgia Dobbins, que abandonó el grupo para incorporarse a otro proyecto, por Wanda Young; ésta última y, sobre todo, Gladys Horton acabarían siendo las cantantes principales. Esta historia, sobre una chica que esperaba con impaciencia la llegada del cartero con noticias de su novio, fue grabada con el apoyo instrumental de The Funk Brothers, grupo del que formaba parte Marvin Gaye a la batería, y publicada como single en 1961, siendo un gran éxito de ventas. Dos años más tarde fue versionada por los Beatles para su segundo álbum de estudio («With the Beatles», 1963), con un ritmo algo más rocanrolero. Tras el original a cargo de las Marvelettes y la conocida versión de los de Liverpool, os voy a proponer una tercera más actual, la debida a la cantante sueca Amanda Fondell, conocida gracias a un concurso de televisión, que grabó este tema para su primer disco de estudio («All this Way», 2011). Si queréis escuchar otras versiones, también os dejo las interpretadas por The Carpenters, Helen Shapiro, The Boone Family y Bob Tostes; así como un último enlace a la escena de «Malas Calles«, de Martin Scorsesse, para la que se utilizó la versión de las Marvelettes.

Caetano Veloso / The Platters / Golpes Bajos. «Come Prima»

A mediados del pasado siglo la canción italiana continuaba muy influenciada por la ampulosidad y rigidez del bel canto; la mayor parte de sus cantantes seguían este patron, muy del gusto del público adulto. Sin embargo, los jóvenes demandaban los nuevos sonidos procedentes de los Estados Unidos, nuevas maneras de cantar, al modo de los Platters o de otros grupos de doo wop similares. Precisamente un admirador de Tony Williams, el solista de The Platters, fue uno de los principales responsables de que este género calara en la sociedad italiana; me estoy refiriendo al cantante y actor Antonio Lardera, conocido con el nombre artístico de Tony Dallara quien, tras trabajar como camarero, recepcionista y repartidor, comenzó su carrera artística en la banda Rocky Mountains; en 1957 firmó con la discográfica Italiana Music y, a finales de ese mismo año, publicaba su primer sencillo: “Come Prima”, un tema compuesto por Mario Panzeri (letra) y Vicenzo di Paola y Sandro Taccani (música). Llegaron a venderse 300.000 copias de este disco, según algunas fuentes, el single más vendido en la historia de la música italiana. “Come Prima” era toda una revolución musical, magnificada por el hecho de haber sido rechazada a concurso en el Festival de la Canción de San Remo debido a su “naturaleza anómala”, en opinión del jurado de este conocido y prestigioso festival. Mientras que la estructura musical de la canción atentaba contra la ortodoxia italiana, la letra era sencilla, repetitiva y almibarada, muy al gusto de la época. Como he comentado antes, la versión de Tony Dallara (aquí la podéis escuchar) fue la primera que se grabó y la más popular de todas, aunque pronto se lanzaron otras, como las de Marino Marini Quartet, Domenico Modugno, Dalida, Mina o Jimmy Fontana. Desde entonces ha seguido siendo grabada, incluso en diferentes idiomas; en inglés destaca la versión de The Platters (el segundo vídeo destacado de hoy), aunque también hay otras como las de Malcolm Vaughan o Patrizio Buanne; en español ha sido versionada, con desigual fortuna, por artistas y grupos como Los Cinco Latinos, José Guardiola, Francisco o Lucho Gatica. Para la primera versión os propongo Caetano Veloso, uno de los grandes de la escena brasileña, se publicó en el álbum en directo titulado “Omaggio a Federico e Giulietta” (1999). La segunda versión propuesta es la de The Platters (en inglés) y la tercera, también en italiano, es la del grupo español Golpes Bajos, incluida en su disco “A Santa Campaña” (1984).

The Spencer Davis Group. «Keep on Running»

Stevie Winwood tenía sólo veinte años cuando ya brillaba como cantante y teclista en uno de los álbumes clave del blues-rock británico: “Blind Faith”, el único trabajo del supergrupo homónimo, del que ya nos hemos ocupado a propósito del tema de Eric Clapton “Presence of the Lord”. Stevie procedía de otra banda importante, Traffic, creada en 1967 por Jim Capaldi, Dave Mason y el propio Steve Winwood después de haber abandonado The Spencer Davis Group, formación que empezó a ser conocida a mediados de los años sesenta de la mano de Spencer Davis, un antiguo maestro de escuela. Junto a Spencer estaban los hermanos Winwood, Muff y Steve, éste último apenas un adolescente. Tras publicar algunos singles, la mayor parte de ellos versiones –al menos en las caras A-, editan su primer Lp en 1965 (“Their First Lp”) y, un año después, su segundo disco de larga duración (“The Second Album”). Os animo a que lo escuchéis entero (aquí lo podéis hacer); en él podréis disfrutar de la música negra (soul, R&B o blues) pero ejecutada por un grupo pop, cercano al beat, formado por músicos blancos de Birmingham (Reino Unido). Es una delicia de disco, con varias versiones –al igual que sucedía con el primer Lp- y otras canciones compuestas por los miembros de la banda. Aunque The Spencer Davis Group estaba liderado por Spencer Davis, quien realmente destacaba era Stevie Winwood, con esa manera de cantar tan característica, como si estuviera poseído por el espíritu de un cantante de soul negro. El segundo corte de “The Second Album” es “Keep pon Running”, compuesta y grabada inicialmente por el músico jamaicano Jackie Edwards (éste es el original); la versión de la Spencer Davis llegó al número uno en las listas británicas y se ha utilizado en alguna película (“Buster: el robo del siglo” o “Corredor de Fondo”) y serie de televisión (“Coronation Street” o “Two Pints of Lager and a Packet of Crisps”), además de haber sido versionada por diferentes grupos y solistas, por ejemplo Phil Collins, The Misunderstood, The Trojans, Tom Jones, The Mads, Grant Smith and the Power, Robben Ford o The Romantics; también hay alguna en español, que rescataremos para la sección “Grandes canciones en versión española”. Por cierto, hay otros temas diferentes con este mismo título, como los de Stevie Wonder, Milli Vanilli y, tal vez, alguno más.

Talk Talk. «It’s My Life»

El otro día me estuve riendo un buen rato a propósito de un comentario realizado por el compañero Irotula (Algo de Jazz, Blues, Rock …), cuando calificó los años ochenta de «época de sonidos tecno-dispersos». Buena parte del pop de aquella época se identifica bien con esta genial etiqueta y, también, con una manera de entender la música alejada del rock y, en cierta medida, dominada por una artificialidad comercial gestionada por productores y compañías discográficas. En este ecosistema, en el que habitaban grupos new romantics, de new wave o de Synth Pop, es en el que nació Talk Talk, una banda británica creada en 1981 en torno al cantante y multiinstrumentista Mark Hollis y al productor Tim Friese-Greene, con la que trataron de imitar el sonido y la estética de uno de los grupos más importantes de aquella época: Duran Duran. Publicaron su primer álbum en 1982 («The Party’s Over»), con el que tuvieron un cierto éxito, aunque acabaron triunfando con su segundo Lp: «It’s My Life«. Desde mi punto de vista, Talk Talk no es un grupo «tecno-disperso» al uso, del tipo Culture Club o Duran Duran; su propuesta es más consistente y, de hecho, sus siguientes discos se alejaron del synth pop y la new wave para adentrarse en terrenos experimentales, poco comerciales, cercanos a lo que luego se llamaría post-rock. A propósito del tema protagonista de hoy, «It’s My Life», Mark Hollis llegó a justificarse por el uso de sintetizadores en la grabación de esta canción: «Verás, cuando hicimos It’s My Life, teníamos que depender mucho de sintetizadores. Los sintetizadores significan cosas electrónicas para mí, y no creo que tengamos algún tipo de relación con eso. Usamos sintetizadores en ese álbum porque desde un punto de vista económico era la única forma en que podíamos hacerlo» (Wikipedia). Ésta es la grabación original de «It’s My Life», con su correspondiente vídeo promocional; sin embargo, para esta ocasión he preferido mostraros un directo del año 1986 en el Festival de Montreaux (Suiza), en el que realizan una interpretación muy meritoria, con buen sonido y algunas novedades a cargo de las percusiones (a partir del minuto 3:35). De entre las versiones existentes tal vez la más conocida sea la de No Doubt, la banda californiana donde se dio a conocer la cantante Gwen Stefani, que inició su carrera en solitario poco después de grabar esta canción; éste es el videoclip oficial, en el que podemos ver a Stefani en el papel de una «mujer fatal» bien dotada para el asesinato.

Sha-Na-Na. «Those Magic Changes»

Es difícil precisar cuando nos convertimos en adultos y, lo que es más importante, qué acontecimientos y comportamientos definen este estadio. Seguro que se han escrito toneladas de literatura sobre el asunto, haciendo hincapié en el control emocional, la integración familiar y social, la percepción objetiva de la realidad o la responsabilidad. Existe un parámetro que nos ayuda a saber cuánta juventud hemos perdido: la empatía, el recordar y comprender el comportamiento de los jóvenes como algo que también formó parte de nuestras vidas. Pensar que nuestra infancia y juventud fue mejor que la de ellos, incluso hacérselo saber con tono autosuficiente o recriminatorio, suele ser síntoma de mala memoria y de ruptura con lo que un día fuimos. Por ejemplo, los de mi generación tendemos a criminalizar el botellón sin haber estado en ninguno, probablemente porque, en el fondo, sabemos que nosotros hacíamos algo parecido cuando teníamos su edad. Tal vez no ensuciábamos tanto, aunque tampoco estoy muy seguro que recogiéramos las litronas vacías de los parques y de otros lugares donde nos reuníamos. Para los amnésicos, recuerdo que a finales de los setenta, con quince o dieciséis años, teníamos todo un abanico de posibilidades; además de los parques (en mi caso también la Casa de Campo, muy cercana a mi instituto), hacíamos fiestas en locales vacíos que nos dejaban, en la calle, en la playa e, incluso, en las aulas cuando estaban vacías y sabíamos que contábamos con la complicidad de ciertos profesores.

Algunas personas de mi edad dicen que ahora se bebe más; es probable que sea así, aunque realmente no lo sé y, sinceramente, me imagino que todo dependerá del grupo de amigos y de la actitud individual de cada chaval. Tampoco sé, y es algo que me gustaría saber, qué papel desempeña la música en los botellones. En nuestras fiestas era fundamental; la escuchábamos, hablábamos de ella, bailábamos y era la aliada perfecta para poder acercarse a las chicas. En 1978 había un película de moda entre la juventud, «Grease»; su banda sonora era una de las imprescindibles en nuestras reuniones; tenía canciones alegres y con cierto aire rocanrolero, como «Summer Nights«, «You’re the one that I Want«, «Greased Lightnin«, «Hound Dog» o «We Go Together«; y, por supuesto, otras más íntimas, como «Blue Moon«, «Hopelessly Devoted to You«, «Sandy«, «It’s Raining on Prom Night» o «Those Magic Changes», la canción destacada de hoy (aquí podéis ver la secuencia de la película en la que aparece esta melodía). Está interpretada, como muchos de los temas de «Grease», por Sha-Na-Na, un grupo norteamericano de doo-wop creado a finales de los años sesenta, que llegó a participar en el Festival de Woodstock -creo que actuaron delante de Jimi Hendrix-. Tal vez a alguno de vosotros «Those Magic Changes» os parezca una horterada cursi. Yo tengo mucho cariño a esta canción; forma parte del cordón umbilical de mis recuerdos, me sigue sirviendo como referencia para no perder la perspectiva, mantener alguna opción de juventud y mitigar cualquier arrebato de intransigencia generacional.