Creedence Clearwater Revival / Joan Jett / Johnny Cash. «Have you ever seen the rain?»

¿Alguna vez habéis visto la lluvia cayendo en un día soleado? Vais a pensar que no sé de que hablar y que me acabo de poner a charlar sobre el tiempo, como cuando nos encontramos con cualquier conocido en un ascensor y, por alguna razón que desconocemos, no nos podemos conformar con permanecer tranquilamente en silencio. Esta frase interrogativa pertenece a una canción del grupo californiano Creedence Clearwater Revival, una banda de rock surgida a finales de los sesenta que, con pocos años de actividad (1967-1972), nos ha dejado un legado impresionante; su música sigue estando presente en la memoria de todos los buenos amantes del rock, han tenido influencia en estilos y grupos que vendrían después y sus canciones son utilizadas con frecuencia en la televisión, la publicidad o el cine. «Have you ever seen the rain?» es uno de esos temas de la Creedence que escuchamos por doquier; tiene el aspecto de canción sencilla, con una letra que habla de la lluvia, del sol y de las tormentas, sin embargo parece querer decirnos algo más; asunto éste, el de su hipotético sentido metafórico, sobre el que se ha especulado bastante. Hay quien entiende que se refiere a la Guerra del Vietnam y que la lluvia se identifica con las bombas cayendo del cielo; otros prefieren interpretarlo como el abandono, ya en los setenta, de los ideales que guiaron a la juventud y al rock durante la década de los sesenta; por otro lado, el propio compositor (John Fogerty) ha manifestado, en alguna ocasión, que el tema quería recoger el aumento de la tensión dentro del propio grupo ante el abandono inminente de alguno de sus miembros. «Have you ever seen the Rain?» fue incluida en su sexto y penúltimo álbum, «Pendulum» (1970), y ha sido objeto de muchas versiones, algunas muy interesantes; de entre éstas he optado por la de la rockera estadounidense Joan Jett, utilizada en la magnifica serie «The Wire», y por la del inigualable Johnny Cash. Estoy seguro que a todos, en algún momento de vuestra vida, os ha llovido en un día soleado; al fin y al cabo, las desgracias y los sinsabores también atacan a pleno sol.

Norah Jones. «Don’t know why»

En nuestra sociedad actual la música es un objeto de consumo más y, como tal, está sujeta a todo tipo de maltratos, desconsideraciones y arbitrariedades; gracias a Dios aún siguen quedando aficionados que tratan de poner en valor a artistas y grupos, alejados del Star system, que si no fuera por el esfuerzo de blogs y foros especializados no nos enteraríamos ni de que existen. Lamentablemente, muy a menudo, la calidad está reñida con el buen gusto; la industria de la música no hace otra cosa que empaquetar productos sencillos, elaborados de tal forma que sean capaces de abarcar un mercado cuanto más grande mejor. Para quienes nos negamos a formar parte de esta cultura borreguil, el hecho de oír que un disco ha vendido veintidós millones de copias, ha obtenido ocho premios Grammy y es conocido por gente que ni tú mismo hubieras pensado que escucha música, no suele ser un buen presagio. Sin embargo existen excepciones, hay buenísimos trabajos que, además, tienen la virtud de llegar a la gente y, por si fuera poco, incluso pueden gozar del favor de las multinacionales. Las cifras que acabo de dar corresponden al primer álbum de la cantante y pianista norteamericana Norah Jones, titulado «Come away with me» (2002). Formada en el gospel y en los clásicos del jazz y del blues, estudió canto y piano y, a los veinte años, ya estaba luchando por hacerse un hueco en el mundo de la música, en clubs de jazz y en auditorios de lo más diverso, donde apenas se congregaban un puñado de aficionados. Un buen día, en uno de esos locales, tuvo la suerte de que la escuchará un miembro de la discográfica EMI, quien le ofreció una oportunidad. Tras grabar un EP en el año 2001 («First Sessions») y, sin apenas promoción de ningún tipo, salió a la luz el mencionado «Come away with me» que rápidamente se convirtió en un éxito de crítica y público. El jazz, un estilo minoritario, se abría a las masas gracias a la delicada, sensual y melancólica voz de Norah Jones y, también, por el protagonismo del pop y el soul como elementos indispensables de este cóctel sabroso y estimulante. El disco se abría con «Don’t know why», una canción compuesta por Jesse Harris, muy representativa del estilo susurrante y relajado con el que nos cautivó Norah Jones.

Son Seals. «Going back home»

Algún amigo ya me ha regañado por no prestar más atención al blues clásico, un género que me gusta y que, hasta la fecha, apenas cuenta con tres o cuatro entradas, cosa que no ocurre con el blues-rock, bastante mejor tratado en este blog. Primero pensé en los grandes que aún no han pasado por La Guitarra de las Musas (Muddy Waters, John Lee Hooker, Buddy Guy, Robert Johnson -aunque de éste hay una jam session increíble-, etc.) y rápidamente me di cuenta que algunos de sus mejores temas han sido generosamente versionados, por lo que he optado por ir dándoles cabida en algunos miércoles de versiones, donde creo que lucirán mejor. Mientras tanto, hoy quiero traeros una canción de otro grande del blues, tal vez menos conocido: Son Seals. Nacido en Arkansas, a los trece años ya actuaba como batería profesional y poco más tarde como guitarrista. En 1971 se trasladó a Chicago, allí acabó llamando la atención de los productores del mítico sello de blues Alligator Records, donde acabaría grabando casi todos sus discos; incluso tuvo el reconocimiento de la Casa Blanca, que contó con sus servicios en la época en la que Bill Clinton fue presidente de los Estados Unidos. Falleció en 2004, a los sesenta y dos años, víctima de una diabetes que, poco antes, ya le había hecho perder una pierna. Lo cierto es que Son Seals tuvo un tramo final de vida muy agitado y desafortunado; los problemas de movilidad, que no consiguieron expulsarlo de los escenarios, se unieron a los daños que le causó en la mandíbula un disparo de arma de fuego de la que entonces era su esposa y con quien tuvo la friolera de catorce hijos. En 1973 grabó un gran primer álbum, «The Son Seals Blues Band» y, en 1976, el segundo: «Midnight Son», un disco de música negra, donde el R&B y el funk adornan un blues eléctrico, vigoroso y enérgico; esta obra finalizaba con el tema propuesto para hoy, «Going back home», en el que la guitarra y la profunda y poderosa voz de Son Seals rayan a gran altura.

Skeeter Davis / Vonda Shepard / Imelda May. «The End of the World»

De entre todas las canciones tristes siempre ha habido una que me ha conmovido especialmente, tanto por su preciosa melodía como por su desesperada letra. «The End of the World» fue escrita por Arthur Kent y Sylvia Dee, e interpretada por primera vez por la cantante country Skeeter Davis en 1962, un año después se incluyó en el álbum «Skeeter Davis sings the End of the World». Tan sólo dura dos minutos y medio, tiempo suficiente para transmitirnos la sensación de incredulidad, angustia y desesperación que se apodera de quien ha perdido a un ser querido o ha sido abandonado por un gran amor: «¿Por qué el sol sigue brillando? ¿Por qué el mar corre a la orilla?¿No saben que es el fin del Mundo porque tu ya no me quieres? ¿Por qué los pájaros siguen cantando? ¿Por qué las estrellas brillan arriba? ¿No saben que es el fin del Mundo? Acabó cuando perdí tu amor. Me despierto por la mañana y me pregunto ¿por qué todo es igual a como era antes? No puedo entender, no, yo no puedo entender cómo avanza la vida de la manera en que lo hace ¿Por qué mi corazón sigue latiendo? ¿Por qué mis ojos lloran? ¿No saben que es el fin del Mundo? Terminó cuando dijiste adiós». El final del tema ha llegado a ser interpretado como un planteamiento de suicidio, no en vano esta canción ha sido utilizada como recurso cinematográfico en películas donde se aborda esta temática, como «Inocencia interrumpida» (1999). Al parecer, «The End of the World» se inspiró en los sentimientos que se apoderaron de Sylvia Dee, una de las compositoras, tras la muerte de su padre. Además de la versión original de Skeeter Davis, propongo la de la cantante y pianista estadounidense Vonda Shepard -conocida por su participación en la serie Ally McBeal- y la de la rockera irlandesa Imelda May -otro día le dedicaré una entrada a ella sola-. No obstante, existen muchas versiones, como las de The Carpenters, Bobby Vinton, Dottie West, Julie London, Brenda Lee, incluso la televisiva Susan Boyle. Podéis añadir aquella que os guste más o que os parezca interesante y, por supuesto, os animo a que me digáis cuál es vuestra canción triste preferida.

Medina Azahara. «Paseando por la Mezquita»

Cuando se es joven se vive deprisa, se acumulan experiencias a ritmo vertiginoso, se conoce a mucha gente y, a menudo, se hacen grandes amigos que, por la propia vorágine de la juventud, desaparecen a la misma velocidad que entraron en tu vida. El otro día comentaba Salva, en su blog «Mentalparadise», que había vuelto a contactar con los compañeros y amigos de su viejo grupo de rock; experimenté una sensación de envidia sana y me dio por recordar a todos esos amigos que, por arrogancia, malas decisiones o, simplemente, por dejadez, he ido dejando por el camino. Con dieciocho o diecinueve años tuve la suerte de conocer las maravillosas playas de Menorca gracias a un campamento organizado por una junta de distrito del Ayuntamiento de Madrid; de allí salió un bonito grupo de amigos que continuamos nuestra relación en Madrid y en la casa que uno de ellos tenía en el pueblecito serrano de El Pimpollar. Recuerdo aquellas conversaciones que tan pronto querían cambiar el Mundo como debatir en torno a la idoneidad de Madonna como «tía buenorra», las productivas jornadas nizcaleras, las acampadas a plena lluvia, los intentos por tocar la canción de los Mosqueperros al piano y, por supuesto, las tardes de futbolín al ritmo de Medina Azahara. Y «Paseando por la Mezquita» era nuestra canción, nuestra seña tribal de identidad. Sabíamos que pertenecía al primer disco de este grupo cordobés, publicado en 1979 con el mismo título que daba nombre a la banda, y que su estilo era una mezcla entre el hard rock y el progresivo andaluz, pero con un cantante más agresivo que Jesús de la Rosa y un guitarrista que le daba al grupo fuerza y personalidad. Continúan en activo y tienen en su haber un buen número de trabajos, sin embargo yo siempre me quedaré con ese primer álbum, en el que se incluyó «Paseando por la Mezquita». Recientemente he sabido, gracias a otro bloguero amigo (Fran, de «From Hell«), de un grupo malagueño actual, Alhándal, que ha realizado una versión de esta canción. Aquí os la dejo y, también, la versión que hizo Medina Azahara de «Todo tiene su fin«, de los míticos Módulos. Especialmente dedicado a Estela, Pepe, Carolina, MariMar, Larry y a todos los amigos de aquel final de verano en Menorca.