Me llamo Raúl Rodríguez, me dedico a la docencia universitaria y a la investigación en el ámbito de la Historia de la Ciencia, actividades que forman parte de mi vida desde que acabé la carrera, allá por 1986. Sin embargo, la música está conmigo desde mucho antes, desde mi infancia y primera adolescencia, y ha sido siempre una leal compañera. Decidí abrir un blog de canciones con el propósito de encauzar mis inquietudes musicales a través de un canal que pudiera ser sintonizado por otras personas con intereses similares y que, además, sirviera como foro de opinión para todos aquellos que quisieran compartir su pasión por la música. Decidí llamar a este espacio "La Guitarra de las Musas", en honor de las diosas griegas de las Ciencias y las Artes, especialmente de la Poesía y la Música. Quiero pensar que si hubieran tenido guitarras –y baterías, bajos, teclados y demás instrumentos de nuestro tiempo- hubieran sonado como la música propuesta en este blog. En este espacio, el rock en casi todas sus vertientes será el protagonista pero, también, otros estilos como el blues, el jazz, el pop, el soul y las melodías más pegadas a nuestra cultura: cantautores, canción melódica, boleros, corridos mexicanos, tangos, rumbas e, incluso, copla. Por favor, que nadie se enfade conmigo si no encuentra aquí la música que le gusta; la selección de los temas y los comentarios realizados responden, únicamente, a mis intereses particulares que, como bien puede verse, están un poco anticuados. Todos aquellos que busquen música actual no la encontrarán en este sitio.
Fairground Attraction fue una banda de pop -con influencias procedentes del jazz, el folk y el rock melódico- creada en Manchester (Inglaterra) durante 1987, en torno al guitarrista y compositor Mark E. Nevin y a la cantante Sadenia “Eddi” Reader; los otros miembros eran Simon Edwards (bajo –guitarrón mexicano-) y Roy Dodds (batería). Sólo publicaron dos discos de estudio, el superexitoso “The First of a Million Kisses” (1988) y “Ay Found Kiss” (1990), que no tuvo gran repercusión, grabado en un mal ambiente de trabajo, pues las discusiones entre los miembros del grupo eran habituales; de hecho, en enero de 1990 ya estaba disuelta la banda. En el año 2003 se lanzó el disco titulado “Kawasaki Live in Japan 02.07.89”, en el que se recogió una grabación en directo del año 1989, con los éxitos de su primer disco y ocho canciones que inicialmente deberían haber aparecido en el fallido segundo Lp de esta formación. Tras la desaparición de la banda, tanto Mark E. Nevin como Eddi Reader continuaron sus respectivas carreras en solitario; Mark, que se había iniciado en el mundo de la música con la banda de post-punk Jane Aire & The Belvederes, ha grabado algunos discos y, sobre todo, ha trabajado con artistas como Brian Kennedy, Morrisey, Kirsty MacColl o Ringo Starr; Eddi, que también comenzó en otro grupo post-punk (Gang of Four), y como cantante de jingles publicitarios y vocalista de sesión para grupos y solistas como Eurythmics, The Waterboys, Alison Moyet o Billy Mackenzie, tiene una discografía en solitario más amplia que su compañero Mark y, tal y como puede verse en su página web, aún actúa ofreciendo actuaciones en directo.
Volviendo a “The First of a Million Kisses” (1988), cuya portada contiene una fotografía de Magnum Elliott Erwitt de 1955, tiene once canciones compuestas por Nevin y otra más (“Whispers”) debida a Reader. La canción más conocida del disco (y de la banda) es “Perfect”, comercializada como single, al igual que los temas “Find My Love”, “A Smile in a Whisper” y “Clare”, el último sencillo lanzado por Fairground Attraction antes de su disolución. Es el corte que más me gusta del disco, quizás por su acercamiento al jazz de Nueva Orleans, incluso por su coqueteo con los viejos sonidos del ragtime; sin olvidar que, ante todo, Fairground Attraction realmente lo que hacían era un pop más bien recatado, casi aterciopelado, y muy bien arreglado. Para que os hagáis a la idea, así era descrito el look de Eddi Reader por José Ramón Pardo en su libro La Discoteca Ideal de la Música Pop. Los 1000 mejores discos del pop-rock (Barcelona: Planeta, 1997; pág. 237): “(…) el aspecto de bibliotecaria de la cantante (…), tapada hasta el cuello y con gafas de montura ancha. Una anti sex symbol ideal para tiempos de anti exceso”, y eso que se había iniciado en mundillo del post punk. Finalizo con dos directos de Fairground Attraction, uno de “Perfect” y otro de “Clare”.
El quinto álbum de estudio de los estadounidenses The Doors -protagonistas de este blog en los temas “Light My fire”, “Break on Through (To the Other Side)”, “The End” y “Riders on the Storm”- se tituló “Morrison Hotel” (1970). Fue grabado después de “The Soft Parade” (1969) que, aunque exitoso, en su momento no fue muy bien valorado por la crítica al considerar que, en cierto modo, habían traicionado el sonido de la banda con arreglos orquestales y algunos instrumentos no habituales, como el trombón, el saxo o la mandolina. La inestabilidad de Jim Morrison, en gran parte causada por su desmedido consumo de alcohol, se trasladó a las sesiones de grabación, que se hicieron insoportables, carísimas y eternas. Antes de que la banda acabara disolviéndose debido a las tensiones acumuladas, Jim Morrison decidió abandonar el grupo, aunque Ray Manzarek finalmente le convencería para que se quedara seis meses más. Con todo, Morrison continuó haciendo de las suyas; en noviembre de 1969, cuando ya habían empezado a grabar “Morrison Hotel” o estaban a punto de empezar, fue protagonista de un altercado en un avión, por el que acabaría siendo acusado de interferir en un vuelo intercontinental, de embriaguez pública y de acosar al personal de la línea aérea; ante el peligro de que acabara ingresando en la cárcel, una azafata finalmente revocó su testimonio, alegando que se había equivocado al identificar a Morrison como el causante de aquel episodio.
El tema más conocido de “Morrison Hotel” quizás sea el titulado “Roadhouse Blues”, con el que se inicia el disco. Fue compuesto, en lo musical, por todos los miembros del grupo, mientras que la letra fue escrita por Jim Morrison. En la grabación de este blues-rock, comercializado como la cara B del single “You Make Me Real”, intervinieron Lonnie Mack (bajo) y el exlíder de Lovin’ Spoonful, John Sebastián (armónica); el resto de músicos eran los habituales: Jim Morrison (voz), Bobby Krieger (guitarra), Ray Manzarek (teclados) y John Densmore (batería). El álbum “An American Prayer” (1978), publicado tras el fallecimiento de Morrison, contiene una magnífica versión en directo de esta canción (aquí la podéis escuchar, y también ver a los Doors interpretándola). También existe una curiosa grabación de 1969, con Ray Manzarek como vocalista, en lugar de Jim Morrison; y otra, a modo de tributo, con John Lee Hooker y Jim Morrison compartiendo la interpretación vocal de esta melodía. La segunda versión destacada de hoy es la de los británicos Status Quo, incluida en su disco “Piledriver” (1972); y la tercera es la de los estadounidenses Blue Öyster Cult, publicada como single en 1982. Y finalizo recordando otras versiones, en concreto las de Frankie Goes to Hollywood, Eric Burdon y Brian Auger Band, Ron Evans Group, The Jeff Healey Band, Elkie Brooks, Eddie Money, The Doors y Eddie Vedder, Creed, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Divididos -éstos dos últimos argentinos- y Sweet Little Band (música para bebés).
Remigi Palmero, cantautor y guitarrista nacido en Alginet (Valencia), está considerado como uno de los principales artífices -junto con Pep Laguarda y Juli Bustamante- de un movimiento musical, entre la vanguardia y la tradición, que tuvo lugar durante la Transición española, con la cultura, los sonidos y el aroma valenciano como ejes fundamentales de su ideario. Tras su paso por la orquesta Els Brots, cuando apenas tenía catorce años, y por otros grupos como Robersons, Els Cinc Xics o Els Pavesos, publicó su primer disco en 1979, titulado “Humitat relativa”, en el que también participó el grupo Bon Matí, del que formaban parte Juli Bustamante, Tico Balanzá y un trío de músicos (primos entre ellos) de Guinea Ecuatorial, que conocieron en Altea -el lugar donde se gestó este álbum-: Pepe Dougan (piano), Lito Boricó (congas) y Luis Dougan (bajo). “Humitat relativa” es una obra poco conocida para el gran público, sobre todo fuera de Valencia; sin embargo, es una de las obras fundamentales del pop y el rock que se hizo en España durante la década de 1970, en la que también confluyeron estilos como el folk-rock, el funk, el jazz o los ritmos brasileños. Una joya de nuestra discografía, que el propio Remigi Palmero quiso poner en valor hace algunos años:
“Empezamos a vernos por Altea (…) Allí empezamos a presentar el ‘Humitat Relativa’ con el formato mediterráneo -percusiones, laúd, sin guitarras eléctricas- que a los alemanes les enganchaba un montón. Era una mirada árabe, pero no éramos árabes (…) El ‘Humitat Relativa’ es un disco multinacional, más que un disco nacionalista, e incluso tiene algunos puntos donde descree del nacionalismo (…) La portada fue una idea de Miquel Gil, un artista fantástico de mi pueblo, amigos desde pequeños. Tuvo la idea de hacer un fotomontaje porque él estudiaba mucho a los fotomontadores de los 50 y había hecho muchos trabajos. A partir de la foto del balcón él empezó a colorear el fondo, y los textos lo hicimos entre los dos. Era una portada que reflejaba los gustos que teníamos en la época: del pop psicodélico inglés de Beatles, Pink Floyd y demás (…) Expresa el concepto de Humitat que no es contextualizable. ‘Humitat Relativa’ es como un medio título que no dice nada, un colgón. Se queda a medio hacer, es como un misterio, y eso es importante. Unas ideas llevan a otras. La portada resume ese concepto, habitamos un paraíso, de riqueza cultural y ecológica y agrícola. Durante una época esto era un paraíso, y siempre en el campo ha estado mi vocación, la idea de la Ribera verde y productiva. Yo estoy en el balcón, acariciando el ambiente, y tenía magia en el territorio psicodélico, mágico (…) ‘Humitat Relativa’ está sin producir, musicalmente no está compensado, no hay arreglos, no hay percusión. El disco estaba por acabar, y se hizo una premezcla rápida, sin pensarlo, y al día siguiente escucharon los de Barcelona el material y lo compraron. No se llegó a editar. ‘Humitat’ es un accidente artístico”
Entrevista a Remigi Palmero, recogida en la revista Muzikalia.
En opinión de Juan Puchades, redactor de la revista Efe Eme, “Humitat relativa” es como
“una especie de oasis sonoro, en el sentido de que no ha habido continuación, por lo tanto se adelantó tanto que sus hallazgos están todavía por ser continuados. Ni el propio Palmero siguió ese camino de unir folk-rock con jazz, con apuntes de funky o brasileños, pero todo ello con una fuerte impronta valenciana: no hay otro caso en el que se haya resuelto mejor una sonoridad netamente valenciana, sin folclorismos, con el rock y el pop, que es de lo que trataba al fin y al cabo. Y no lo digo solo por el idioma en que está cantado, es que en su música y la manera de cantar sobrevuela algo indefinible y poco explicable que respira música valenciana. En ese sentido es excepcional (…) Es un disco eminentemente lúdico, que precisamente rompía con esa asociación un tanto perversa de la lengua como algo reivindicativo. Remigi cantaba en valenciano y sobre Valencia porque le venía en gana, pero no había soflamas, sus historias no tienen nada que ver con la reivindicación. Son intimistas, amorosas, paisajísticas o retratan un momento tan fascinante como la recuperación de los espacios públicos para las fiestas populares, como en la certera ‘Cançó de festa’, en la que fotografía un momento esencial de nuestra historia, el de la vuelta de las verbenas, de las fiestas mayores en los albores de la democracia. En ella hay alegría, no reivindicación. Solo pretende ser una foto, ¡que no es poco!”.
Juan Puchades. Consultado en: Moreira, Marta. «Las diez claves de ‘Humitat Relativa’, el disco ‘maldito’ de Remigi Palmero». Valencia Plaza, 07/06/2018.
Para el coleccionista valenciano Vicente Fabuel,
“Humitat Relativa tiene esa aureola de disco maldito. Era un disco mestizo, arriesgado, que por un lado se salía del mundo de la cançó valenciana –en la que no solo no gustó, sino que molestó que alguien cantara un poema de Andrés Estellés a ritmo de rumba y flamenco- y también tenía problemas para entrar en el mundo rock. Ahora su propuesta es perfectamente valorable por cualquier veinteañero al que le guste el rock o el folk. Uno de los daños colaterales de este malditismo fue que Remigi no volvió a grabar en diez años, y que cuando lo hizo, todos sus discos posteriores quedaron oscurecidos por ese malditismo de su álbum de debut. Nunca llegó a encajar en ninguna escena contemporánea”.
Vicente Fabuel. Consultado en: Moreira, Marta. «Las diez claves de ‘Humitat Relativa’, el disco ‘maldito’ de Remigi Palmero». Valencia Plaza, 07/06/2018.
El álbum apenas tuvo repercusión en el momento de su lanzamiento, se debieron vender doscientos discos; después de esta primera tirada, el máster se perdió, lo que convirtió a “Humitat relativa” en objetivo de los coleccionistas; tras la adquisición de Zafiro -la discográfica que publicó el disco- por la multinacional Sony, se encontró el máster. En 2018 se reeditó el álbum en cd y vinilo de 180 gramos, aunque Remigi Palmero se desvinculó del proyecto. No he podido encontrar el disco en Spotify, tampoco completo en Youtube, aunque sí algunas canciones, como “Veles en la mar”, “Plens de sol de Bon Matí”, “L’olor a Garrofa”, “Temps de Plutja a la ciutat” o “Ràdio Alger”, el tema de Juli Bustamante que os propongo para la entrada de hoy, con esa inolvidable bienvenida a la primavera y, por lo tanto, a la vida: “Enguany celebrarem l’any nou com cal, la nit del 20 de març. La vida comença quan la primavera, la nit del 20 de març. Ací Ràdio Alger transmetent en ona curta, cridant a les estrelles”.
«(…) para los relojes de la introducción de “Time” utilizamos elementos de una demostración de una grabación cuadrafónica que Alan [Parsons] había hecho uno o dos meses antes de las sesiones de grabación de Dark Side. Había ido a un anticuario y grabó lo que haría las delicias de un estudioso de los relojes: campanadas, tic-tacs y alarmas. La introducción básica para esta canción se hizo a partir de unos roto-toms que resulta había en el estudio, y se grabó en tan solo unas tomas. Los roto-toms consistían en unos parches de batería tensados en un aro sobre un eje de rosca. Al girar el parche se podía afinar igual que un timbal, por lo que se podían utilizar una serie de tonos controlados”.
Nick Mason. Dentro de Pink Floyd. El largo y extraño viaje hacia el éxito de un grupo mítico. Barcelona: Ma Non Troppo, 2007; págs. 129-130)
El relato de Nick Mason -el mítico batería de Pink Floyd– en torno a la concepción y ejecución de “Time”, uno de los títulos más conocidos del álbum “The Dark Side of the Moon”, revela el nivel de complejidad con el que fue concebido este disco, en el que se utilizan efectos sonoros de objetos cotidianos, como relojes, papel, cajas registradoras o monedas. De todo ello hablamos en una entrada anterior, en torno a otra de las canciones fundamentales de este Lp: “Money”. También mencionamos el importante papel desempeñado por el ingeniero de sonido, Alan Parsons, en la grabación, en el ensamblaje de este mecano musical y en la materialización de esta calculada experimentalidad sonora en torno a algunos objetos que nos rodean. De nuevo Nick Mason nos ofrece algunos datos, y ciertas claves relacionadas con el uso de la batería, que nos ayudan a valorar lo que supuso el trabajo de Alan Parsons en este disco:
“Era un ingeniero condenadamente bueno. Pero, además, tenía muy buen oído y era un músico competente (…) Me encantaba el sonido que podía conseguir con mi batería en la cinta. En la música rock, conseguir esto sigue siendo una de las grandes pruebas para cualquier ingeniero (…) La batería -prácticamente el único instrumento acústico que queda en un contexto de rock estándar- consiste en una serie de componentes que vibran y resuenan mediante una amplia gama de sonidos y superficies. Pero lo malo es que al golpear un elemento genera una vibración en cadena en los demás. En los tiempos en que se grababa con cuatro pistas, el ingeniero necesitaba captar, pero a la vez tener por separado, el firme impacto del bombo y el charles para marcar el tiempo, el sonido amplio de la caja, los tonos afinados de los timbales y el siseo o salpicadura de los platos. Instalar los micrófonos para captar esto es una de las artes secretas del negocio, y es una manera muy buena para detectar a los mejores profesionales. El amplio abanico de habilidades de Alan era patente«
Nick Masón. Dentro de Pink Floyd …; pág. 128.
Además de los mencionados efectos sonoros y percusiones, también debemos destacar en “Time” el solo de guitarra de David Gilmour, los coros femeninos a cargo de Doris Troy, Leslie Duncan, Liza Strike y Barry St. John, y una interesante letra que aboga por el control de nuestro destino, en lugar de esperar que el paso del tiempo precipite nuestro devenir; así lo explicó Roger Waters en 1982:
«Pasé una gran parte de mi vida, hasta los 28 años, esperando que mi vida comenzara. Pensé que, en cierto punto, me convertiría de un capullo en una mariposa, que mi verdadera vida podría empezar. Si tuviera que vivir de nuevo esa etapa de mi vida, preferiría vivir el lapso entre los 18 y 28 años sabiendo que sería así, que nada ocurriría repentinamente, que el tiempo pasa, que eres lo que eres, y que haces lo que haces».
En 1972, Antônio Carlos Brasileiro de Almeida Jobim, más conocido con el nombre artístico de Tom Jobim, ya era uno de los autores más importantes de la bossa nova. Comenzó a tocar el piano en bares y discotecas de Río de Janeiro durante la década de 1940, después trabajó como arreglista para el Estudio Continental y empezó a componer sus propias canciones. A mediados de los años cincuenta entró en contacto con el poeta Vinicius de Moraes, con quien colaboró poniendo música a la obra de teatro “Orfeu da Conceiçao” (1956) y a la película “Orfeo Negro” (1959), a la que ya nos hemos referido en una entrada anterior. En 1958 se publicaba el primer álbum del cantante brasileño Joâo Gilberto, obra fundamental en el nacimiento de la bossa nova, en el que se incluyeron dos temas de Jobim: “Chega de Saudade” y “Desafinado”. Para entonces, el nombre de Tom Jobim era bien conocido en ambientes jazzísticos internacionales; y lo fue aún más con los discos que grabaron el saxofonista estadounidense de jazz Stan Getz, el mencionado Joâo Gilberto y la que entonces era su mujer, Astrud Gilberto; estos dos álbumes (“Getz/Gilberto”, 1963 y “Getz/Gilberto Vol. 2”, 1964) popularizaron la bossa nova en Estados Unidos y, por extensión, en todo el Mundo. Se incluyeron en ellos varios temas de Tom Tobim -algunos compuestos en colaboración con Vinicius de Moraes u otros autores-, en concreto, la mayor parte de los que integraron “Getz/Gilberto” -en el que Tom Jobim también tocó el piano- y algunos del volumen 2; de la melodía “Garota de Ipanema”, interpretada en el primero de estos discos, ya tuvimos ocasión de hablar en otro post.
Tal y como relatan algunas fuentes, los primeros años de la década de 1970 no debieron ser buenos para Tom Jobim: se las tuvo que ver con la dictadura militar brasileña, debido a una protesta que realizaron algunos músicos contra la censura; además, tenía problemas de salud, probablemente causados por un excesivo consumo de alcohol. En estas circunstancias, Tom Jobim escribió una de las mejores canciones que ha dado la bossa nova: “Águas de Março”, publicada como single en 1972 (éste es el registro original, y ésta la grabación en inglés, del año 1973) y, después, en el álbum “Matita Perê” (1973). Esta canción es una brillante metáfora sobre la vida y la muerte, utilizando el final del verano y la enumeración de elementos cotidianos como recursos fundamentales en su narración; os dejo las palabras del periodista y crítico musical Jordi Bianciotto, que expresan muy bien el sentido y alcance de esta composición:
“Tenue ritmo de bossa nova, sosteniendo la esbelta melodía, en contraste con el accidentado recorrido que propone la letra de Aguas de março: ‘Es el palo, es la piedra, es el final del camino’, comienza diciendo esta canción en la que Antônio Carlos Jobim retrata el fin del verano no tanto como un ejercicio de melancolía, recurso habitual, sino como una sacudida catártica, dando a entender que ese momento del año es un metafórico torrente por el que todo rueda montaña abajo sin contemplaciones, como una fuerza natural irrefrenable y una invitación forzosa a la regeneración. Marzo es, en Brasil, el mes que marca el ocaso del verano, y Jobim se acogió a él para construir este tema cuyo texto viene a ser un collage de imágenes que invocan el brusco cambio de tiempo. Ese momento del año trae consigo ‘la noche, la muerte, el lazo, el anzuelo’ y ‘el misterio profundo, quieras o no’, dice el tema con un lenguaje provisto de una vaga mística y que alude a imágenes reconocibles en la cultura brasileña (…) Las águas de março apuntan al tránsito intempestivo hacia la muerte, a la vez que abren ‘un horizonte precioso’ (juego con el nombre de la ciudad Belo Horizonte) y ‘una promesa de vida en tu corazón’”.
Bianciotto, Jordi. «‘Águas de março’, de Antônio Carlos Jobim: abrupta purificación». El Periódico de España, 30/08/2022.