Eloy. «Poseidon’s Creation»

Todos los amantes del rock progresivo sabemos que este estilo tuvo su período de esplendor durante los años setenta, y que buena parte de los grupos que más hicieron por impulsar el género eran británicos; sin embargo, durante aquellos años, también se hizo muy buen rock sinfónico en lugares como Italia, España o Alemania. En este último país se cultivo un sub-género conocido como klautrock, kraut rock o kosmische musik, caracterizado por el uso de nuevas tecnologías, sonidos atmosféricos, improvisaciones en las que se mezclaban sonidos procedentes del jazz, la música étnica o el rock con elementos electrónicos ejecutados con sintetizadores y otros instrumentos más o menos complejos. Entre los grupos alemanes que destacaron dentro de aquel movimiento contracultural de reafirmación alemana, podríamos destacar a Tangerine Dream, Can, Kraftwerk, Embryo o Eloy, tal vez el menos klautrock de estas bandas alemanas. Digo esto porque, aunque es evidente que participan de algunas de las señas de identidad características de este estilo, también están muy influenciados por formaciones clásicas como King Crimson y, sobre todo, Pink Floyd; no en vano, son conocidos como los Pink Floyd alemanes. Fundada en 1969 por el guitarrista Frank Bornemann, esta banda toma su nombre de los «eloi», aquellos seres hedonistas y débiles que aparecen en la novela «La Máquina del Tiempo», de H.G. Wells. Publicaron su primer álbum en 1971 («Eloy»), aunque no empiezan a desarrollar su estilo hasta el siguiente («Inside», 1973); después vendrían «Floating» (1974), «Power and the Passion» (1975), «Dawn» (1976) y el álbum que contiene el tema que hoy presentamos: «Ocean» (1977), tal vez el mejor disco de estos alemanes que, con alguna interrupción, han continuado en activo hasta nuestros días, aunque con desigual fortuna en cuanto a la calidad de sus trabajos se refiere. Algunos de los detractores del rock progresivo suelen recurrir a este disco cuando intentan ridiculizar el género, sin embargo para mí es uno de los álbumes fundamentales del rock progresivo. «Ocean» es un álbum conceptual sobre el mito de la Atlántida, probablemente como recurso metafórico para referirse al carácter autodestructivo de la sociedad que les tocó vivir. Como suele pasar con estos álbumes importantes del progresivo, os animo a que lo escuchéis entero (aquí lo podéis hacer); si no os apetece o no tenéis tiempo, os recomiendo el primero de los cuatro cortes que conforman el disco: «Poseidon’s Creation»; si nunca lo habéis escuchado, os va a sorprender su sonido pinkfloniano, en ocasiones parecido a «Shine on you Crazy Diamond».

The Chiftons / George Harrison. «He’s So Fine» / «My Sweet Lord»

La primera acepción de plagio que recoge el Diccionario de la RAE es la de «copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias». A pesar de que casi todos los que escuchamos música nos atrevemos a opinar sobre este tema, generalmente de manera intuitiva, lo cierto es que no es asunto baladí; la dificultad reside en valorar lo que es «sustancial». A mí me gusta hablar de «parecidos razonables», salvo que el plagio esté respaldado por sentencia judicial. Uno de los casos de plagio musical más conocido es el de «My Sweet Lord», de George Harrison, tal vez su canción más conocida y exitosa. La compuso, en 1969, mientras realizaba una gira como invitado de Delaney & Bonnie y Eric Clapton; tal y como él mismo ha manifestado, la idea inicial era la de hacer una canción religiosa con la que cualquier creyente se pudiera sentir identificado, combinando las palabras «Aleluya» y «Hare Krishna» y, como base melódica, el «Oh Happy Day» de los Edwin Hawkins Singers. El primero en grabarla fue el cantante y pianista estadounidense Billy Preston, con quien colaboraba habitualmente George Harrison. Unos meses después, ya separados los Beatles, George volvió a grabar esta canción para su triple álbum «All Things Must Pass» (1970); fue una producción muy cuidada, en los Abbey Road Studios, que contó con el trabajo de Phil Spector y la colaboración en la grabación de Eric Clapton, Ringo Starr, Jim Gordon y algunos miembros de Badfinger; hay quien dice, aunque esto es más dudoso, que también intervinieron Alan White y John Lennon. Unos años más tarde Bright Tunes demandaba a George Harrison por plagio musical; entendían que había copiado el tema «He’s So Fine», compuesto por Ronald Mack y publicado por el grupo The Chiftons en el año 1962. El juez falló a favor de Bright Tunes; Harrison tuvo que hacer frente a una cuantiosa indemnización por «plagio inconsciente», probablemente provocado por un caso de criptomnesia, al parecer algo habitual en el mundo de los plagios: el sujeto cree componer algo totalmente novedoso cuando, en realidad, está rescatando recuerdos almacenados en su memoria que, en un momento dado, afloran sin tener consciencia de ello. Para complicar aún más el asunto, hay quien opina que el tema «Kind of a Drag» (1966), de los Buckinghams también se parece bastante. Para finalizar, os dejo con algunas versiones de «He’s So Fine» -en concreto las debidas a Jody Miller, Dee Dee Sharp, The Sangri-Las y The Angels– y de «My Sweet Lord» –U2, Megadeth, Hurray for the Riff Raff y Emmerson Nogueira-.

Mezquita. «Recuerdos de mi Tierra»

«Recuerdos de mi Tierra» es uno de los mejores discos de rock progresivo que se han hecho en España. Pertenece a los cordobeses Mezquita, banda que tiene su origen a finales de 1969, cuando José Rafa García (guitarra, voz), Randy López (bajo, voz), Rafael Zorrilla «El Pelucas» (batería) y Paco «Roscka» López (teclados), éste último incorporado algo después, crearon un grupo de rock llamado Expresión. Ensayaban en el céntrico barrio de Los Patios de San Francisco de su ciudad natal, aunque durante un período vivieron en Madrid; fue entonces cuando los descubrió el Mariscal Romero, quien incluso les llegaría a grabar una maqueta con Eurosonic. Ya de nuevo en Córdoba, y con el servicio militar cumplido, deciden modificar el nombre del grupo por el de Mezquita y añaden nuevos sonidos, arábigo-andaluces, al hard rock progresivo que ya venían practicando. Tras estos cambios fichan por Chapa Discos para grabar «Recuerdos de mi Tierra«, un álbum muy cuidado, con portada de Máximo Moreno, habitual en los trabajos de Triana, y arreglos de José Juan Almela, músico del departamento artístico de Zafiro. Publicaron un segundo álbum en 1981, titulado «Califas del rock», también muy interesante aunque, en mi opinión, no tanto como el primero, tal vez porque trataron de ajustarse (o ajustarlos) a lo que tenía tirón en aquella época: Barón Rojo y Obús; de hecho, mientras que su primer trabajo recuerda a Triana y a Medina Azahara, el segundo se acerca más a la propuesta de estos últimos. Tras este disco se separaron; en palabras de Randy López, «preparamos un tercer disco que nunca llegó a grabarse por el poco interés de la discográfica en invertir en rock, ya que fue en aquella época cuando llegaron los modernos a Madrid y se cargaron todo lo que con mucho trabajo habíamos conseguido los rockeros» (Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 437). Aunque «Recuerdos de mi Tierra» merece una escucha en su totalidad, os recomiendo el corte que da nombre al disco, una pieza fabulosa, llena de cambios, como si en siete minutos y medio hubieran querido resumir una suite progresiva de veintitantos minutos; a destacar toda la instrumentación y la evocadora parte cantada, que comienza hacia el minuto cinco.

Las Cinco Canciones de Vidal (V): «Clara» (Joan Baptista Humet)

Vidal ha querido dedicar la última canción a su hija y, de paso, también ha querido homenajear a Joan Baptista Humet, un cantautor valenciano no excesivamente conocido, fallecido a los cincuenta y ocho años víctima de un cáncer de estómago, y a todas las canciones con nombre de mujer. Aún conservo mi vieja cinta titulada «Los nombres de mujer», con canciones como «Jessica» (The Allman Brothers Band), «Alicia» (Danza Invisible), «Roxanne» (The Police), «Gloria» (Them y Manhattan Transfer) o «Rosie» (Jackson Browne), por mencionar algunas. Bien podría haber incluido el tema «Clara», de Joan Baptista Humet, una bellísima, triste y melancólica canción que nos habla de una mujer que acaba sucumbiendo ante el abismo de las drogas; si no la conocéis, no os la perdáis, ni tampoco el sentido y emotivo relato de Vidal. Esta noche, antes de acostarme, leía un comentario de nuestro invitado en el que aludía a lo difícil que es escribir cuando han muerto tantas personas en un terrible atentado; a mí me pasa lo mismo, por eso quiero aprovechar esta oportunidad, precisamente en un espacio dedicado a los recuerdos  y los sentimientos, para dar mi más sentido pésame a los familiares, amigos y personas allegadas a los fallecidos en Niza y, por supuesto, a todos los franceses; allí viví dos años, disfruté con ellos de los fuegos artificiales del 14 de julio y sé lo que significa para ese pueblo su fiesta nacional. Quiero, finalmente, despedirme de nuestro invitado y darle las gracias por haber querido compartir con nosotros estas cinco canciones, esas cinco porciones de su vida. Un fuerte abrazo, Vidal.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es.

«Este disco se lo dedico a mi hija y a todos los cantautores que, a través de sus letras, han contribuido a mejorar los nombres de este país. Recuerdo que, cuando se puso de parto mi mujer, ese día yo estaba especialmente sensible, ya que sabía que mi hija estaba cerca. En la cadena SER comentaron que acababa de fallecer este mítico cantautor de los años setenta, que ya estaba en el olvido y joder, empecé a llorar como una magdalena sabiendo que uno de los nombres que había pensado para mi hija era el de Clara.
Después, cada vez que veía los ojos de mi hija y escuchaba esta canción como si se tratase de una nana, no podía parar de llorar pensando que aquel cantautor tan bueno había caído en el olvido y que esa letra hizo que muchas parejas pusiesen el nombre a sus hijas, pese a la historia tan brutal que refleja la canción.
Joder que llorera … espero que mi hija, cuando sea más mayor y esté tumbada en el sofá, aburrida escuchando esta canción, pueda leer estos homenajes».

 

Las Cinco Canciones de Vidal (IV): «I Will Survive» (Gloria Gaynor)

Muchos de los que ponemos canciones utilizando un blog como vehículo de transmisión somos pinchadiscos frustrados; casi todos hemos grabado cintas recopilatorias de temáticas diversas que llevábamos a cualquier sitio por si procedía ponerlas (parques, casas de amigos, coches, etc.); en más de una ocasión se nos ha pasado por la cabeza abrir un bar de copas con otros amigos, más que nada para poner música en él; y alguna que otra vez nuestros colegas nos han encomendado la difícil tarea de poner música a bodas, celebraciones, fiestas o esparcimientos lúdicos de cualquier índole. Si la chica que te gusta dice que quiere escuchar «I Will Survive», aunque sea para reafirmar la mala opinión que tiene de los hombres, probablemente para tratar de darse ánimos ante algún desengaño amoroso, no hay más que poner la canción; una, dos, tres o las veces que haga falta, hasta que «se agote» o entre en estado de «putrefacción sonora». A Vidal no le fue nada mal con esta estrategia, no me extraña que le tenga cariño a Gloria Gaynor.

«El cuarto disco se lo dedico a Cristina, mi mujer.
En el año 1999 todavía tenía la costumbre de grabar cintas de casete con selecciones musicales. Aquel año había grabado una cinta para que la escuchase ella en una fiesta de mi cumpleaños … El caso es que siempre he tenido vocación de pinchadiscos y esa noche me dediqué a llamar su atención, y vamos que la llame; no paraba de pedirme que le pusiese esta canción porque ella estaba de los hombres hasta el gorro … Después, un amigo me sugirió si podíamos ir los cuatro a mi casa, con su otra amiga, a ver una película de la que les había hablado… «El marido de la peluquera«. Bueno, la película fue lo de menos, ya que aquel día comenzó otra película interminable».