Amparanoia. «La Fiesta»

Amparo Sánchez, nacida en Alcalá la Real (Jaén) como Amparo Mercedes Sánchez Pérez, se inició en la música en Granada con su banda Corrrecaminos; en 1993 se trasladó a Madrid, allí grabó su primer disco (“Haces bien”), creó el grupo The Gang y, posteriormente, otro llamado Ampáranos del Blues, con el que abandonó su circuito habitual de bares y locales del barrio de Malasaña para actuar por toda España, a la vez que exploraba nuevas vivencias en territorios franceses (Marsella) y marroquíes (Essasouira). Durante su estancia en Madrid compaginó la actividad musical con trabajos de camarera, como el que tuvo en el bar “Tío Vinagre”, donde conoció a Manu Chao y a los miembros de Radio Bemba; según cuenta Tereixa Constenla en un artículo publicado en El País, el proyecto de Amparanoia -la banda que hizo popular a Amparo Sánchez-, surgió en 1996, cuando escribió en una servilleta de bar las siguientes palabras: “Amparo, Paranoia, Power Machín”. Precisamente, el primer disco de Amparanoia se tituló “El poder de Machín” (1997); éste álbum es la quintaesencia de la fusión, un trabajo esencialmente pop en el que también podemos encontrar ritmos procedentes de estilos tan diferentes como el rock, el blues, el bolero o la ranchera; muchos llamaron a Amparo la Manu Chao española. El estilo ecléctico e integrador de Amparanoia se fue afianzando con los siguientes álbumes (“Feria furiosa”, 1999; “Llámame mañana”, 2000; “Somos Viento”, 2002; “Enchilao”, 2003; y “La vida te da”, 2006), que fueron incorporando otros géneros -como la rumba, el reggae, las rancheras o los corridos- a este sabroso cóctel de culturas y sonidos.

Amparo Sánchez disolvió Amparanoia en 2008 para continuar su carrera en solitario. Durante estos años ha grabado varios álbumes, incluso ha escrito un libro (La niña y el lobo. Alicante: Lupercalia, 2015), una “historia de violencia machista y superación”, en el que Amparo nos habla de la que fue su vida entre los catorce y los veinticuatro años; se quedó embarazada a los quince, dos años después se casó con el padre de su hijo, y “los siete años siguientes fueron un carrusel de violencias, perdones y mentiras para disimular el origen de los moratones” (la cita es de Tereixa Constenla). La canción titulada “La Fiesta” (aquí tenéis una versión, de 2017, junto a Fito Cabrales) la escribió para el álbum “Somos Viento” (2002); en ella, Amparo nos recuerda, con toda la frescura y el optimismo que caracteriza su música, que “para las mujeres sensibles no hay misión imposible» y que la fiesta la puede llevar cada uno en su interior: “Seguiré esperando, aunque me duela amor. Algo que hacer, alguien a quien amar, con quien contar y algo de esperanza. Seguiré caminando, seguiré soñando, aunque me duela”.

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Latte e Miele. “Il Calvario”

De vez en cuando la escena progresiva italiana, una de las más importantes del rock sinfónico setentero, encuentra acomodo en este blog; tras Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso y Dalton, le toca el turno a Latte e Miele, una formación genovesa creada en 1971 en formato de trío, al estilo Emerson Lake & Palmer, con Olivero Lacagnina (teclados, voz), Marcello Giancarlo Dellacasa (guitarra, bajo, voz) y Alfio Vitanza (batería, flauta, voz) como integrantes. Su primer álbum fue “Passio Secundum Mattheum” (1972), del que hablaremos a continuación; en 1973 sacaron un nuevo disco al mercado (“Papillon”) y fueron teloneros de la banda Van Der Graaf Generator; en 1974, año de su separación, publicaron un álbum en vivo y algunos singles. Dos años después volverían a reunirse a partir de una formación liderada por el batería Alfio Vitanza, con un planteamiento más melódico y menos progresivo, sobre todo a medida que se adentraban en los años ochenta. La formación original, junto con Massimo Gori (bajo, guitarra, voz), que se incorporó al grupo en 1975, volvió a juntarse en 2008, a partir de entonces han ofrecido conciertos y han grabado discos, sin ir más lejos una revisión o reformulación (de 2014) de su primer álbum, con más arreglos y mejores medios técnicos de los que dispusieron en 1972 (aquí lo podéis escuchar).

Aunque la producción original de “Passio Secundum Matheum” (sólo he conseguido esta lista de reproducción para que podáis escuchar el disco entero) no es excesivamente brillante, estamos ante un trabajo creativo notable, en el que los autores consiguen ensamblar los textos del Evangelio de San Mateo con fragmentos de música clásica inspirados en la obra de Johann Sebastian Bach y con el habitual desarrollo instrumental del rock progresivo. En una edición anterior a la reformulación de 2014 citada anteriormente, cuando se digitalizó el trabajo para venderlo como CD, se incluyó un bonus track, en concreto el tema “Mese di Maggio”, una bonita melodía de corte pop-rock que, sin embargo, no casa bien en un Lp tan solemne y sombrío como éste. Aunque os recomiendo, dado su carácter narrativo y conceptual, que escuchéis el álbum completo, podéis comenzar con uno de los cortes que, al menos en mi opinión, me parecen más interesantes, el que lleva por título “Il Calvario”. Comienza con una breve introducción coral dramatizada que pronto da paso a un órgano majestuoso y sacro, de corte muy clásico y ambientación lúgubre. En el minuto 3:05 entra la batería con ritmo funerario, como si fuera una saeta, incorporándose después los coros; la tristeza ya nos invade. Un minuto después hace su aparición la guitarra eléctrica, a modo de incisivo lamento, que se apodera de la canción al incrementar la sensación de dramatismo y pérdida, en un crescendo al que se incorporan los coros. Después (minuto 6:07) entra la guitarra acústica sobre un fondo orquestado y un recitado del Evangelio.

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Otis Redding / Sammy Haggar / Playing for Change. “(Sittin’ On) The Dock of the Bay”

El Festival Internacional de Música Pop de Monterrey se celebró en la localidad californiana de Monterrey (EE.UU.), entre el 16 y el 18 de junio de 1967; acudieron a él más de cincuenta mil personas y, a menudo, está considerado como el precursor del Festival de Woodstock (1969). El listado de participantes en este evento es espectacular: Eric Burdon & The Animals, Laura Nyro, Buffalo Springfield, Jimi Hendrix, Big Brother & The Holding Company (con Janis Joplin), The Who, Canned Heat, Ravi Shankar, The Steve Miller Band, etc. Según cuentan las crónicas, una de las actuaciones más brillantes de este festival, al que mayoritariamente acudió público blanco, fue un negro que hacía soul: Otis Redding; cantó, con el apoyo de la banda Booker T. & The M.G.’s, una versión del “Satisfaction” de los Rolling Stones e interpretó su tema “Respect”, que acabara popularizando Aretha Franklin (aquí tenéis la entrada que, en su día, dedicamos a esta canción). Un par de meses después de su éxito en Monterrey, en agosto de 1967, estaba de gira con su nueva banda: Bar-Keys; durante una de las pausas de esta gira, comenzó a escribir los primeros versos de una canción que inicialmente tituló “The Dock of the Bay”, que surgió al ver la panorámica que le ofrecía la casa-barco en la que se encontraba, en el puerto de Waldo Point de Sausalito (California -EE.UU.-) Redding continuó trabajando en la canción durante los meses siguientes, aunque de manera desordenada y poco productiva debido a sus continuos viajes. Fue Steve Crooper, guitarrista de Booker T. & The M.G.’s y productor de la discográfica Stax, quien acabó por dar forma a la canción:

“Otis era de esos tíos a los que se le ocurren cien ideas. Cada vez que venía a grabar, siempre tenía diez o quince introducciones o títulos o lo que fuera. Había estado en San Francisco, tocando en The Fillmore, y se quedaba en una casa barco, de donde sacó la idea del barco que entraba. Eso era lo único que tenía: ‘I watch the ships come in and I watch them roll away again’ (‘Veo a los barcos entrar y les veo alejarse de nuevo’). Yo cogí eso y acabé la letra” Steve Crooper, consultado en EfeEme.com).

(Sittin’ On) The Dock of the Bay”, como al final se llamó el tema, fue grabado los días 22 de noviembre y 7 de diciembre de 1967, aunque ninguna de esas tomas debería haber sido la definitiva; aún faltaba el último verso, que Redding sustituyó provisionalmente por un silbido, probablemente pensaría que ya habría tiempo de terminar la canción. Sin embargo, no fue así; tres días después de la segunda toma, Otis Redding fallecía, al igual que todos los miembros de su banda excepto Ben Cauley, en un accidente de avioneta en las afueras de Madison (Wisconsin -EE.UU.-), tenía veintiséis años. Steve Crooper acabó de mezclar la canción y añadió los característicos efectos de sonido que recuerdan al mar: olas y sonidos de gaviotas. El tema se incluyó en el disco póstumo “The Dock of the Bay” (1968). Para acompañar a Otis Redding, he optado por el rockero Sammy Hagar, que grabó la canción en 1979, y por la iniciativa Playing for Change. No obstante, hay más versiones; aquí os dejo las de Glen Campbell, Cher, Jim Ed Brown, Don Partridge, Percy Sledge, Peggy Lee, The Staple Singers, Tom Jones, The Dells, Little Richard, Waylon Jennings & Willie Nelson, Luther Allison y Neil Young.

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Chicago. “25 or 6 to 4”

La banda estadounidense Chicago, una de las big bands de rock más conocida junto con Blood, Sweat & Tears, se formó en 1967 a partir de un grupo de músicos que, en líneas generales, se mantuvo unido durante bastante tiempo. Como ya comentamos en una entrada anterior, publicaron su primer álbum -un disco doble- en 1969, bajo el título de “Chicago Transit Authority”, el mismo que inicialmente tuvo esta formación. Su segundo disco (“Chicago”, también conocido como “Chicago II”), también doble, salió al mercado en 1970. A partir de ahí encadenarían un disco tras otro, a una velocidad que incluso superaba las expectativas de sus seguidores y, por supuesto, de los críticos, incapaces de asimilar tanta producción. Con todo, esta primera etapa de Chicago es, quizás, la de mayor calidad; una propuesta musical muy interesante, en la que se manejan elementos procedentes del jazz-rock, el funk, el soul, incluso el rock progresivo. Sin embargo, Chicago es más conocido, al menos para la mayoría del público, por sus baladas, género en el que destacaron desde mediados de la década de los setenta, cuando decidieron abandonar el jazz fusión que caracterizara sus primeros trabajos por un sonido más cercano al AOR o el rock melódico; para que veáis la diferencia de sonido, os recomiendo que escuchéis el tema “If You Leave Me Now” (1976), una de sus canciones más conocidas, que ya fue objeto de atención en este blog, y lo comparéis con la melodía que protagoniza este post, “25 or 6 to 4”, que fue incluida en el ya mencionado “Chicago II” (1970).

Fue compuesta por uno de los miembros de la banda, el teclista Robert Lamm, y en ella podemos apreciar un buen trabajo de guitarra y la característica sección de viento de esta formación, todo ello al servicio de una composición con cierto aroma funk; no en vano fue versionada por una de las bandas clásicas de este género: Earth, Wind & Fire (aquí tenéis un estupendo directo con los dos grupos juntos interpretando la canción). Robert Lamm comentó en una entrevista que compuso el tema con una guitarra de doce cuerdas, a la que le faltaban dos, y la letra en apenas un día; algunas voces autorizadas señalan que existe una similitud de ciertos acordes de “25 or 6 to 4” con la versión de “Babe I’m Gonna Leave You” realizada por Led Zeppelin, a la que también dedicamos una entrada, incluso con alguna canción más. “25 or 6 to 4” fue prohibida en algún país, concretamente en Singapur, por entender que el título y la letra aludían a las drogas, incluso hubo quien pensó que era el código para identificar a un famoso; sin embargo, los componentes de Chicago han señalado que el título no es más que un dato de carácter temporal: 25 ó 26 minutos antes de las cuatro de la madrugada. Para terminar, os dejo un par de versiones (aunque hay más): una desde el jazz, la de la Manhattan Jazz Orchestra, y otra desde el rock, la de Mötley Crüe, aunque en el ámbito del heavy metal las hay más contundentes, como la de Intruder.

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Spandau Ballet. “Through The Barricades”

El “Conflicto de Irlanda del Norte” enfrentó a republicanos irlandeses, de mayoría católica, partidarios de la independencia o de la integración en la República de Irlanda, y a unionistas de Irlanda del Norte, de mayoría protestante, partidarios de mantener el estatus existente con el Reino Unido. Duró casi treinta años, en concreto desde el 8 de octubre de 1968 hasta el 10 de abril de 1998, cuando se firmó el “Acuerdo de Belfast” (“Acuerdo de Viernes Santo”) por el que ambas partes en conflicto daban por finalizada la espiral de violencia, a la vez que sentaban las bases para un nuevo gobierno que habría de estar formado por protestantes y católicos. Aquella guerra fratricida dejó un total de 3.526 fallecidos: 2.056 pertenecientes a los grupos paramilitares republicanos, 1.020 de los grupos paramilitares lealistas, 362 miembros de las fuerzas de seguridad británicas y 80 personas de afiliación dudosa o desconocida. Una de aquellas víctimas fue Thomas Riley, un ciudadano católico abatido en 1983 por un soldado británico en Belfast; Thomas era amigo de los integrantes del grupo Spandau Ballet, y quien se encargaba del merchandising de la banda durante las giras.

Aquella muerte, y el desolador paisaje de barricadas entre la zonas católica y protestante de Belfast, inspiró el quinto álbum de estudio de Spandau Ballet, una formación habitualmente englobada en el estilo pop conocido en los ochenta como new romantic; ya hemos hablado de ellos en una entrada anterior, dedicada a la canción “True”, perteneciente al álbum homónimo, tal vez el más famoso de esta formación. Aun siendo “True” un trabajo excelente, para muchos fue aún mejor el álbum que hoy nos ocupa, “Through the Barricades” (1986), tal vez el más rockero de esta formación, en el que se incluyeron temas tan interesantes como “How Many Lies?”, “Cross the Line”, “Main in Chains”, “Fight for Ourselves» o el titulado igual que el disco. “Through the Barricades” es una bella balada compuesta por Gary Kemp, cuya letra nos narra una historia de amor entre un chico católico y una joven protestante durante el conflicto armado, en medio de unas barricadas levantadas a base de incomprensión, tristeza y odio. Destaca la voz profunda de Tony Hadley, bien acompañada de instrumentos como la guitarra acústica, el clarinete o el saxo (aquí lo explican con más detalle y mejor conocimiento musical). Editado como single, “Through the Barricades” fue la última canción de Spandau Ballet que logró situarse en la lista de los diez sencillos más vendidos de Reino Unido. Aquí los podéis ver interpretando este tema en directo, ésta es la versión extendida y ésta la “demo” vocal utilizada como guía en la grabación original; estas dos últimas versiones fueron incluidas en la reedición que se hizo de este álbum en 2017.

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