Led Zeppelin. “Babe I’m Gonna Leave You”

Led Zeppelin se formó en 1968, a partir de un grupo llamado The New Yardbirds, que el guitarrista Jimmy Page creó tras la disolución de The Yardbirds. Cuentan las crónicas que el nombre surgió a partir de un chiste del batería de los Who, Keith Moon, cuando dijo que el proyecto sería un fracaso y que se precipitaría “como un zeppelín de plomo”; el bajista de esta misma banda, John Entwistle, también tiene su propia versión: “Hace unos cuatro años empecé a estar harto de los Who, así que hablé con un tío que ahora es jefe de producción de Led Zeppelin. Estuve hablando con él en un club, en Nueva York, y le dije ‘Sí, estoy pensando en dejar el grupo y formar el mío. Lo voy a llamar Led Zeppelin. Y como portada del disco voy a poner el Hindenburg en llamas, ya sabes, todo este asunto…’ Y unos dos meses después, empezó a trabajar con Jimmy Page, y como estaban buscando un nombre, él sugirió Led Zeppelin, a Page le gustó y salieron con la misma portada de disco que yo había planeado”. Sea como fuere, los cuatro miembros históricos de la banda (Jimmy Page -guitarra-, Robert Plant -voz, armónica-, John Paul Jones -bajo, teclados- y John Bonham -batería, percusiones-) entraron en los Estudios Olympic de Londres en octubre de 1968 y, en tan solo treinta horas, grabaron un disco que es historia del rock. Su portada, un zepelín en llamas, ya nos adelantaba que lo que allí se proponía era algo explosivo: R&R, blues, folk y cuatro músicos, a cuál más bueno, dispuestos a ofrecer un sonido pesado y sensual al mismo tiempo, agresivo y melancólico, una nueva manera de entender el blues y el rock. Se tituló “Led Zeppelin” y en él se incluyeron nueve temas sensacionales, como “Good Times, Bad Times”, “You Shook Me”, “Dazed and Confused”, “Communication Breakdown” o “Babe I’m Gonna Leave You”, mi preferido de este disco (aquí tenéis una interpretación en directo). Un debut ejemplar y, sin embargo, lo mejor de esta banda aún estaba por llegar.

El tema que hoy nos ocupa fue grabado por Joan Baez en 1962, en un estilo bien diferente, como podéis comprobar; dos años después lo hicieron The Plebs, en clave garage rock con toques psicodélicos; y, en 1965, apareció la versión de The Association, aún sin la fuerza de la de Led Zeppelin pero con una cadencia similar, al menos desde mi punto de vista. También es anterior a la de Led Zeppelin la versión modificada de Quicksilver Messsenger Service, aunque lo cierto es que, desde que se publicó la de Page y compañía, ésta ha sido la que se ha tomado como referencia para interpretaciones posteriores, véanse por ejemplo las debidas a Vanilla Fudge, Doro, Pink o Vanessa Fernández. La canción aparecía sin acreditar en el álbum de Joan Baez, mientras que en el de Led Zeppelin figuraba como “tradicional con arreglos de Page”. En los años ochenta salió a la luz la verdadera autoría de esta canción, en realidad obra de la cantante folk Anne Bredon, también conocida como Anne Johannsen o Annie Briggs; este hecho obligó a modificar los títulos de crédito -a partir de entonces figuraron como autores Anne Bredon, Jimmy Page y Robert Plant- y a pagar las regalías correspondientes. Un episodio más en la convulsa historia en torno a los plagios y los parecidos razonables que siempre ha perseguido a esta formación (en esta entrada ya hablábamos de ello).

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The Band / «The Last Waltz» / Kirk Ross (con T. Juliette, S. Wolf, D. Delhomme y J. Thall). “I Shall be Released”

Music from Big Pink” (1968) es uno de los álbumes de folk-rock más importantes que existen, ya lo comentamos en una entrada anterior dedicada a la canción “The Weight”. El disco fue concebido en la casa coloquialmente conocida como “Big Pink”, ubicada en Woodstock, el lugar donde Bob Dylan y los miembros de The Band se reunieron mientras el primero se recuperaba de un accidente de moto. Javier Rada, en el artículo “Lo nuevo de Dylan, ‘The Basement Tapes Complete’, preguntas y respuestas”, nos cuenta que en la casa vivían tres de los canadienses integrantes de The Band (Richard Manuel, Rick Danko y Garth Hudson), mientras que su compañero Robbie Robertson residía en una vivienda cercana con su novia Dominique; creo que Levon Helm estaba trabajando en plataformas petrolíferas del Golfo de México, hasta que sus compañeros le pidieron que volviera al grupo; Dylan vivía en una casa cercana de estilo victoriano, que contaba con once habitaciones. Allí, en “Big Pink”, montaron un modesto estudio de grabación, donde registraron

“una colección de canciones grabadas en plan campechano y sin alardes técnicos durante la primavera y el verano de 1967 (…) Cuatro canadienses, un granjero de Arkansas y Dylan. Estaban de vuelta, vestían como sus abuelos, no creían ya en la santidad del LSD, les aburrían los hippies, se morían de risa escuchando a los Beatles hacer el idiota con la electrónica y preferían el vino a la marihuana” (Javier Rada).

Algunas de estas canciones fueron publicadas en 1975 por Bob Dylan en el álbum titulado “The Basement Tapes”, aunque habría que esperar casi cuarenta años para disfrutar de todas estas grabaciones; en 2014 se editó la obra titulada “The Bootleg Series Vol. 11: The Basement Tapes Complete”, una caja con seis discos en donde se incluyeron ciento treinta y nueve temas, todas las grabaciones realizadas en “Big Pink”, incluyendo la melodía “I Shall Be Released” (aquí la tenéis), que no apareció en la edición de 1975 aunque sí formó parte del mencionado disco de The Band: “Music from Big Pink”. Esta historia sobre alguien atrapado o encarcelado, con las reflexiones y metáforas habituales en la obra de Dylan, debe tener más de ciento cincuenta o doscientas versiones: Joan Baez, Peter, Paul & Mary, The Tremeloes, The Hollies, Joe Cocker, Nina Simone, Rick Nelson, Bette Midler, Sting, Chrissie Hynde, Paul Weller, The Flying Burrito Brothers, Jeff Buckley, U2, Wilco & Fleet Foxes o, incluso, una versión en catalán a cargo del grupo Sopa de Cabra. El segundo vídeo destacado pertenece al documental “El Último Vals” (1978), de Martin Scorsesse, grabado a partir del concierto de despedida de The Band, el día de Acción de Gracias de 1976, en el Winterland Ballroom de San Francisco, un evento que contó con la participación de muchos invitados: Eric Clapton, Neil Diamond, Bob Dylan, Joni Mitchell, Van Morrison, Muddy Waters, Neil Young, etc. El tercer vídeo también tiene un origen cinematográfico; la versión pertenece a la banda sonora de “Captain Fantastic” (2016), una interesante película en la que se incluyó esta canción interpretada por Kirk Ross, Tyra Juliette, Steven Wolf, David Delhomme y Jeff Thall.

Loquillo. “Rock and Roll Star”

“Se buscan rockers para montar una banda de rock and roll clásico. Hippies abstenerse”

Según nos cuenta Rafa García-Purriños en su artículo publicado en La Fonoteca, éste fue el anuncio que José María Sanz Beltrán, más conocido como “Loquillo”, pinchó en el tablón de anuncios de la tienda de discos barcelonesa Gay & Company, que estaba regentada por el promotor musical Gay Mercader. Era el año 1978, Loquillo era un promesa del baloncesto y, además, uno de los rockers más activos en aquella efervescente Barcelona, un líder de su tribu urbana que ofrecía conciertos de versiones en locales de dudosa reputación, como el Tabú, en las Ramblas. Después de varios meses de aquel anuncio, recibió la llamada de un cantante y guitarrista llamado Carlos Segarra; juntos crearon Teddy Loquillo y sus amigos, grupo que resistió poco más de un concierto. Continuaron siendo amigos, pero cada uno se busco su camino; Carlos Segarra pronto crearía su propia banda, Los Rebeldes, mientras que Loquillo entraría en contacto con alguien que acabó siendo fundamental en su carrera musical: Sabino Méndez. En aquella época Loquillo también conoció a los hermanos Forteza, quienes habían formado una banda llamada C-Pillos junto con otros dos músicos. Sólo le quedaba terminar de perfilar su propia banda; a Sabino (guitarra) y Loquillo (voz) se unieron Teo Serrano (bajo), Carles Nadal (guitarra) y Juan “Canibal” Heyndeinreich (batería). Sin apenas repertorio, a Loquillo le ofrecieron la posibilidad de grabar un disco de versiones de R&R para una modesta compañía independiente llamada Cúspide; no se lo pensó, involucró en el proyecto a todos sus amigos: Los Rebeldes de Carlos Segarra, los C-Pillos y, por supuesto, su propio grupo: Los Intocables.

Así, en 1981, salía a la calle el primer disco de Loquillo, titulado “Los Tiempos están cambiando”, en el que se incluyeron versiones pero también temas propios. Carlos Segarra y Loquillo compusieron “Esto no es Hawai (que wai)”, que terminó siendo la sintonía del programa de radio en el que Jesús Ordovás promocionó este disco; Los Rebeldes también tocaron en otros temas, como “Cadillac” (versión de “Brand New Cadillac, de Vince Taylor), “Nena no me toques” (versión de “Please don’t touch”, de Johnny Kidd & The Pirates), “Mi odio caerá sobre ti” (versión de “Casting my spell”, también de Johnny Kidd & The Pirates), “Los tiempos están cambiando” (versión de “The Times they are changing”, de Bob Dylan) y “Por qué” (también compuesto por Segarra y Loquillo). Los C-Pillos tocaron en el tema “Eres tú” (versión de “Yes I do”, de Pete Mclaine and the Clan) y participaron en los coros de la mayor parte de las canciones. Y finalmente su propio grupo, Los Intocables, le acompañó en las canciones tituladas “Sólo un sueño” (versión de “Something Else”, de Eddie Cochran), “Ser o no ser” (compuesta por Loquillo y los Intocables) y, por supuesto, la que acabaría siendo la canción estrella del disco: “Rock and Roll Star”, compuesta por Sabino Méndez. No puede decirse que fuera una producción muy cuidada, sin embargo tuvo un éxito inesperado que les llevó hasta el epicentro de la “Movida madrileña”, la sala Rock-Ola. Poco después, Loquillo tuvo que abandonar Los Intocables para incorporarse al servicio militar; a su regreso, un año más tarde, le esperaba Sabino Méndez para iniciar un nuevo proyecto: Loquillo y los Trogloditas, aunque ésta ya es otra historia.

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Supertramp. “A Soapbox Opera”

Aunque hay opiniones para todos los gustos, tengo la sensación que la mayor parte de los aficionados al rock, en particular los seguidores de Supertramp, pensamos que el mejor disco de los británicos es “Crime of the Century” (1974), al que ya aludimos en la entrada dedicada al tema “School”; después suelen estar en las listas de preferencias “Breakfast in America” (1979) y “Even in the Quietest Moments” (1977), un álbum con grandes temas, como “Fool’s Overture”, “Give a Little Bit” o “Babaji”, ya escuchado en este blog. Entre este disco y “Crime of the Century” se publicó “Crisis? What Crisis?” (1975), al que muchos aficionados, críticos, incluso los propios miembros de la banda, consideran un disco de transición, un trabajo menor en la discografía de Supertramp. Fue el primero que se grabó, al menos parcialmente, en los Estados Unidos; se hizo a toda prisa ante las presiones de la discográfica (A&M), que quería aprovechar el éxito que había tenido “Crime of the Century”. Como no pudieron terminar la gira de promoción de este disco debido a una lesión en la mano de Roger Hodgson, comenzaron a trabajar en el álbum, aunque sin apenas tiempo para componer nuevos temas y pulir adecuadamente los que ya tenían, en su mayoría material sobrante de grabaciones anteriores; por ejemplo, cuatro canciones que acabarían formando parte de “Crisis? What Crisis?” (“Sister Moonshine”, “Another Man’s Woman”, “Lady” y “Just a Normal Day”) ya habían sido tocadas en directo antes de que se grabaran en estudio. Roger Hodgson calificó este trabajo como de apresurado y sin cohesión, realmente puede decirse que es una colección de canciones sin un nexo en común, como era habitual en los Lps de rock sinfónico de la época; el bajista Dougie Thompson dijo algo parecido: “Pensamos que el álbum Crisis era un poco inconexo y que al grupo en su conjunto en ese momento no le gustaba mucho el álbum”.

Dicho todo esto, he de confesar que no estoy muy de acuerdo con la visión que se tiene y que tenían los propios Supertramp de este Lp, y digo “tenían” porque en la actualidad es el disco de Supertramp preferido por Roger Hodgson. Tal vez sea un álbum apresurado, poco elaborado, pero tal vez precisamente por eso parece un trabajo más directo y sincero; por otra parte, es verdad que no es un disco conceptual -tampoco era necesario-, pero está lleno de excelentes canciones, como las mencionadas líneas arriba y otras: “Easy Does it”, “Poor Boy” o, por supuesto, “A Soapbox Opera”, la protagonista de este post. El título y la portada del disco, concebidos por el teclista Rick Davies, hacen alusión, en tono jocoso e irónico, a la crisis económica que se vivía en aquella época. “A Soapbox Opera” es uno de mis temas preferidos de Supertramp, una canción melancólica, portadora de una letra indescifrable que ni los seguidores con mayor conocimiento de esta banda son capaces de desentrañar; algunos piensan que “habla de la desilusión que sentimos ante las respuestas que damos por sentadas en relación a asuntos como la razón de la existencia o el sentido de la vida. La canción reconoce la necesidad que tenemos de creer en algo, pero en algo que sea verdadero y que no nos decepcione”; otros que es “una crítica a las sectas y [a] la ingenuidad de los que las siguen”; y hay quien opina que la canción habla de una telenovela o “culebrón” y de sus protagonistas, “siempre desde la óptica peculiar de Mr. Hodgson”. En lo musical, me parece una canción bellísima, sencilla y llena de fuerza, en la que la voz de Roger Hodgson emociona, mientras que el piano y los arreglos orquestales confieren al tema la solemnidad y profundidad precisas. Siempre he tenido la sensación, sobre todo escuchando el comienzo del tema, con el piano y esas voces de fondo, que “A Soapbox Opera” es como una especie de boceto de “Fool’s Overture”. Como bien sabréis los aficionados a esta banda, escuchar sus discos a través de Youtube es bien difícil, por no decir imposible, de ahí que haya tenido que optar por Spotify; para aquellos que prefiráis Deezer (el registro es gratuito, como en Spotify), aquí tenéis “A Soapbox Opera” en esta plataforma. Y, si queréis ver a Roger Hodgson interpretando en directo el tema, lo podéis hacer desde este enlace de youtube.

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The Rolling Stones / The Andrew Loog Oldham Orchestra / The Verve. “The Last Time” / “Bitter Sweet Symphony”

Urban Hyms” (1997), el tercer disco de los británicos The Verve, es uno de los trabajos más representativos del pop inglés realizado a finales del siglo pasado; llegó a vender más de diez millones de unidades en todo el mundo y fue diez veces disco de platino. El tema “Bitter Sweet Symphony”, lanzado inicialmente como sencillo, es una de las melodías más conocidas de aquellos años, posteriormente versionada por artistas como Limp Bizkit o London Grammar e incluida en numerosas películas y series de televisión; la última que he escuchado en la serie juvenil “Riverdale”, a cargo de dos de su protagonistas: Ashleigh Murray y Camila Mendes, pero también se puede oír en “Los Simpsons”, en “Crueles Intenciones”, en “Embrujadas”, etc. La letra de la canción fue escrita por el vocalista de The Verve, Richard Ashcroff, a partir de una melodía de la Andrew Loog Oldham Orchestra que, a su vez, versionaba una canción de los Rolling Stones titulada “The Last Time”. Ésta última fue publicada en 1965, primero como single y, posteriormente, en la versión norteamericana del Lp “Out of Our Heads” (1965), el tercero de la banda. De esta canción, escrita por Mick Jagger y Keith Richards, se han hecho varias versiones, como las debidas a The Pupils, The Challengers, The Pharaophs, Bobby Bare, The Tractors, Dwight Yoakam, The Grateful Dead o los mexicanos Los Ovnis, aunque una de las más conocidas es la que hicieron los Who (sin John Entwistle y con Pete Townshend al bajo), con la intención de ayudar a pagar la fianza de Jagger y Richards cuando éstos fueron encarcelados, en 1967, por tenencia de drogas; aunque, para cuando se publicó esta versión, ya habían sido liberados.

Volviendo a The Verve y a la canción “Bitter Sweet Symphony” (aquí tenéis un estudio en profundidad de este tema), lo cierto es que se solicitó permiso para utilizar un sample de cinco notas de la mencionada versión de “The Last Time” realizada por la Andrew Loog Oldham Orchestra; la discográfica propietaria (Decca Records) dio permiso, aunque el mánager de los Rolling Stones acabó demandando a The Verve por excederse en lo inicialmente acordado; para éstos últimos la reclamación no tenía sentido, ellos entendían que habían compuesto una canción completamente nueva. El asunto aún se complicó más y, aunque no estaban de acuerdo, los miembros de The Verve acabaron por ceder los derechos de la canción a Jagger y Richards, ante la posibilidad de un largo e incierto juicio del que no quisieron participar. El compositor de la canción, Richard Ashcroft, llegó a decir en tono irónico: “esta es la mejor canción que Jagger y Richards han escrito en los últimos 20 años”. Me llama la atención que los líderes de los Rolling Stones se prestaran a semejante arreglo, asumiendo como suya esta melodía ajena a ellos, sobre todo teniendo en cuenta que el tema objeto de discordia (“The Last Time”) es, en realidad, una adaptación de una canción góspel anterior titulada “This May Be the Last Time”, de los Staple Singers, algo incluso reconocido por el propio Keith Richards.

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