En 1976 triunfaba una pegadiza canción, «Speak up mambo (Cuéntame)», interpretada por un cuarteto vocal estadounidense que tomaba prestado su nombre de una conocida novela de John Dos Passos: Manhattan Transfer (1925). Me acuerdo perfectamente de aquello, por aquella época yo tenía trece años y ya trasteaba con el radiocasete de mis padres grabando canciones de la radio. The Manhattan Transfer se habían formado, en Nueva York, durante el año 1969, aunque hasta 1972 no contaron con su primera formación clásica (Tim Hauser, Alan Paul, Janis Siegel y Laurel Massé), apenas modificada en 1978 tras el grave accidente de tráfico sufrido por Laurel Massé, que acabaría siendo sustituida por Cheryl Bentyne. Es cierto que este grupo bebe de viejas fuentes musicales: el gosspel, el swing, las grandes orquestas de los años 30’ y 40’ o los grupos “a capella” que triunfaron en los años 50’, con el estilo conocido como Doo Wop (du duá). Sin embargo, aún nos ofrecen más: Jazz, Bossa Nova, ritmos latinos como el Mambo y un sinfín de recursos musicales que hacen de Manhattan Transfer un cocktail bien agitado y delicioso, que se sirve con elegancia y armonía. Sus temas de mayor calado jazzístico son un ejemplo de utilización de la técnica conocida como “Vocalese”, es decir, el uso de la voz y la letra en piezas inicialmente concebidas como instrumentales. Me ha sido difícil elegir una canción, así que dejo tres: “Java Jive”, su primer éxito, aparecido en el disco “Jukin’” (1971); “Heart’s Desire” y “Baby come back to me”, incluidas en el álbum “Bop-Doo-Wopp” (1985).
Steely Dan. «Do it again»
Hay bandas que necesitan del directo para expresarse y comunicar en toda su plenitud, que vibran y nos hacen vibrar cuando suben al escenario (seguro que cada uno de nosotros tiene su preferida). Otras, en cambio, prefieren la tranquilidad y los medios técnicos que ofrecen los estudios de grabación, los estadounidenses Steely Dan son un ejemplo de ello. Más que un grupo deberíamos hablar de un dúo, el formado por los excelentes músicos Walter Becker y Donald Fagen que, en la medida que lo creían oportuno, utilizaban otros instrumentistas -algunos de renombre- en la grabación de sus discos. Este grupo-dúo funcionó entre 1972 y 1980, durante ese período publicaron siete álbumes (más algún recopilatorio), después se separaron y, años después, volvieron a retomar la actividad. «Do it again» pertenece a su primer disco, titulado «Can’t buy a thrill»; es, tal vez, su canción más conocida y en ella podemos apreciar bien su estilo: un rock melódico muy sofisticado, cercano al pop y, sobre todo, al jazz. Estamos ante un grupo bastante singular que, aunque por concepto musical, podríamos alinearlo junto a otras formaciones de jazz-rock como Chicago o Blood, Sweat & Tears, tienen un toque pop y cierto aire sureño que es muy característico de ellos; tampoco me parece que sea el clásico grupo de rock melódico o AOR, mas que nada por la complejidad de algunas de sus propuestas, no siempre del gusto del gran público.
C. François / F. Sinatra / N. Simone / Los Piratas. «Comme d’habitude» / «My Way»
Ya sabemos cómo les gusta a los estadounidenses hacer las cosas “a su manera”; no se conforman con buenas series y películas europeas, tienen que volver a filmarlas siguiendo sus particulares cauces y patrones mentales; algo parecido ha sucedido con la conocidísima canción “My Way”. Fue compuesta, en 1967, por el francés Jacques Revaux con el ánimo de que la interpretara la cantante Dalida; no parece que fuera muy de su agrado, por lo que Revaux se la presentó a su amigo Claude François, quien la modificó dando lugar a “Comme d’habitude”, una triste visión sobre el tedio de la vida conyugal y la costumbre como motor en las relaciones de pareja. Al parecer, el cantante canadiense Paul Anka vio a Claude Francçois interpretar esta canción en la televisión, le gustó y se apresuró a comprar los derechos para la versión en inglés; el resultado fue “My Way”, la misma melodía pero con tales cambios en la letra que acabaría por modificarse el sentido del tema original. “My Way” fue ofrecida a Frank Sinatra, se publicó en 1969 y puede decirse que es una de las canciones más conocidas por el gran público, incluso por aquellos que ni tan siquiera tienen inquietudes musicales. Como podréis imaginar, la lista de versiones es gigantesca; os animo a que me digáis cuál os gusta más o cuál os trae mejores recuerdos. Yo voy a hacer hoy una excepción y voy a proponer cuatro versiones: las dos originales, las de Claude François y Frank Sinatra (ésta es la que más me sigue gustando), la interpretada por Nina Simone y otra un poco diferente, más rockera, la que nos dejó el grupo gallego Los Piratas.
Asfalto. «Días de Escuela»
La historia del grupo madrileño Asfalto se remonta a 1972, aunque no disponen de una primera formación estable hasta 1975. Tras un homenaje a los Beatles (no figura en su discografía, aunque yo, en su momento, pude hacerme con este trabajo), publican su primer álbum (“Asfalto”, 1977), en el que se incluyen canciones tan conocidas como “Capitán Trueno”, “Rocinante” o, la elegida para hoy, “Días de Escuela”. El estilo de este mítico Lp fluctúa entre el rock urbano y el progresivo, una circunstancia que, probablemente, propició la ruptura del grupo, del que salieron José Luis Jiménez y Lele Laina para crear, inmediatamente, otra de las bandas importantes que tuvo el rock madrileño durante los años previos a “La Movida”: Topo (hace unos meses me ocupaba de este grupo y de su tema “Mis Amigos”). Mientras que Topo optó, claramente, por el rock urbano, Asfalto fue incrementando su gusto por el progresivo, algo especialmente evidente en sus siguientes trabajos. “Días de Escuela” es un claro ejemplo de esa conjunción de intereses, entre el concepto aguerrido de Topo y el más elegante de Asfalto; el resultado es esta historia, que cuenta cómo eran aquellos años (allá por los 60’) en los que los alumnos formaban “frente a una cruz y a ciertos retratos” y donde los himnos fascistas aún estaban presentes, una época de leche en polvo, queso americano y estufas que no calentaban “ni a Dios”. Dedicada a todos/as los que son padres y madres: “Y ahora tú qué pensarás, si cuando más me oprimían más amé la libertad. Y es a ti a quién canto hoy. Enseña a tu hijo, enseña a tu hijo a amar la libertad”.
Genesis. «Firth of Fifth»
De todas las grandes bandas de rock sinfónico que nacieron a finales de la década de los sesenta y comienzos de los setenta, Genesis es, tal vez, la que mejor ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y, lo que es más importante, a los cambiantes paladares de los aficionados a la música. Tras su formación en 1968 y un primer disco de corte folk-pop, publicaron cinco álbumes que siguen siendo obras de referencia de este género. En 1975 abandonó el grupo su carismático líder, Peter Gabriel, para iniciar una exitosa carrera en solitario. El bastón de mando recayó en el batería Phil Collins que, de manera paulatina, fue alejando al grupo de lo que empezaba a ser un estilo anticuado, para acercarlo a sonidos más próximos al pop y al rock melódico. “Firth of Fifth” es la tercera canción de “Selling England by the Pound” (1973), uno de los mejores discos de Genesis. Estamos ante nueve minutos y medio de rock sinfónico excepcional, construido sobre un melodioso hilo conductor a cargo de Peter Gabriel y un poderosa presencia de los teclados y la flauta, que impregnan toda la composición; sin embargo, lo más interesante de esta pieza, lo verdaderamente emocionante, es el solo de guitarra de Steve Hackett, que comienza en el minuto 5:48 para transformarse, a partir del 6:30, en una maravillosa réplica de la parte interpretada a la flauta minutos antes. Dos minutos para recordar, de los más bellos que se pueden escuchar en el rock progresivo.