Shocking Blue. «Venus»

Hay grupos cuya historia está muy supeditada a una canción de éxito, una de esas que hemos escuchado mil veces en la radio, en películas, en anuncios de televisión o en videojuegos, pero que, a menudo, no sabemos ni cómo se llama ni de qué grupo es. Aunque hay otra canción con el mismo título, de 1959, debida a Frankie Avalon, la “Venus” de hoy fue grabada en 1969 por el grupo holandés de rock psicodélico Shocking Blue. Esta banda se formó en 1967, aunque adquiere mayor protagonismo un año después con la entrada de la cantante Mariska Veres. Cuando se disolvieron, en 1974, esta cantante continuó su carrera en solitario, formó parte de grupos de jazz y se incorporó a los reagrupamientos esporádicos de Schocking Blue que tuvieron lugar en las siguientes décadas. En diciembre de 2006 moría de cáncer, a los 59 años de edad. Como comentaba al principio, el gran éxito de esta formación fue “Venus”, en cuyos títulos de crédito figura el fundador de la banda, Robbie van Leuwen. Sin embargo, no parece que fuera una canción original; el propio van Leeuwen llegó a confesar que estaba basada en un tema anterior de 1963, “The Bajo Song”, del trío folk norteamericano conocido como The Big 3, integrado por Cass Elliot, Tim Rose y Jim Hendricks. Lo curioso del asunto es que “The Bajo Song” tampoco era un tema totalmente original; sí lo era en lo relativo a la melodía, pero la letra pertenecía a una de las canciones estadounidenses más populares que existen: “Oh! Susannah”, escrita por Stephen Foster y publicada, por primera vez, en 1848; incluso es posible que nos tengamos que remontar más atrás (1846) para ver una posible influencia anterior, la del tema “Rose of Alabamy”. En el año 2012, Neil Young lanzaba un nuevo álbum de estudio con la banda Crazy Horse; bajo el título “Americana”, trataron de recuperar algunas canciones tradicionales de la cultura folk estadounidense, como la mencionada “Oh Susannah” de Stephen Foster, pero con los arreglos melódicos que Tim Rose hiciera para The Big Three; es decir, en realidad era una nueva versión de “The Bajo Song”, aunque lo que llamaba la atención es que, en algunas partes, sonaba como “Venus”. Por si esto fuera poco, “Venus” también incorporó algunas notas de “Pinball Wizard” -sobre todo para construir el riff inicial de guitarra-, un tema de Pete Townshend para The Who, que fue incluido en la ópera rock “Tommy” (1969). He ido dejando enlaces a todas las melodías involucradas en este culebrón, juzgad vosotros mismos.

The Beatles / Whitesnake / The Jimi Hendrix Experience / Los Coronas. «Day Tripper»

Hace algunas semanas comentaba en Mentalparadise que aún no había aparecido ninguna canción de Whitesnake en La Guitarra de las Musas. Fernando, administrador del interesante blog Tu Lisa, yo Conda, me dijo lo siguiente: «Si permites sugerencia, Whitesnake hizo una estupenda versión de Day Tripper de los Beatles. Con otra versión que dejo a tu elección, tienes ya el trío para una de tus fantásticas entradas de canción con varias perspectivas». Muchas gracias, Fernando, por tus amables palabras y por el obsequio en forma de idea. «Day Tripper», a pesar de ser una canción bien conocida de los Beatles y de contener uno de los más famosos riff de guitarra que se recuerdan, nunca llegó a formar parte de ninguno de los álbumes de estudio de este grupo, más allá de los habituales recopilatorios. Fue grabada durante las sesiones de «Rubber Soul» (1965) y publicada como sencillo, en las navidades de 1965, junto con el tema «We can work it out», lo que dio lugar a un single con dos caras A. Al parecer, la autoría principal se debe a John Lennon, aunque Paul McCartney contribuyó con algunos versos. Esta lisérgica canción es posible que haga referencia a los llamados en aquella época «hippies de fin de semana», es decir, aquellos que, de vez en cuando, se ponían las camisas de flores para escuchar música psicodélica. El segundo vídeo que podéis ver es el correspondiente a la ya comentada versión de Whitesnake, que forma parte del primer álbum de estudio de los británicos: «Trouble» (1978). La tercera propuesta es la de la banda The Jimi Hendrix Experience, recogida en el álbum en vivo «BBC Sessions», publicado en 1998 a partir de materiales procedentes de actuaciones de este grupo en los programas de radio de la BBC. Hoy voy añadir un cuarto vídeo, perteneciente a un grupo al que hace tiempo también quería dar cabida aquí: Los Coronas; los madrileños, con su estilo surf-rock y un sonido fronterizo a lo spaguetti western, nos ofrecen una interesante versión instrumental con mucho sabor. Por supuesto que no son las únicas versiones de esta canción, tal vez a vosotros os gusten otras, a mi también me agradan las de Grateful Dead, Otis Redding, Anne Murray, ELO, James Taylor, Cheap Trick, José Feliciano o los españoles La Orquesta Mondragón y Asfalto, ésta última incluida en un singular disco con versiones de los Beatles, publicado en fechas relativamente recientes a partir de materiales anteriores a sus primeros discos de rock urbano progresivo

Gualberto. «Tarantos (para Jimi Hendrix)»

Gualberto es uno de los genios más brillantes que ha dado el rock patrio, sin embargo es poco conocido, tal vez algo más por los aficionados al rock progresivo. Nació en Sevilla y fue uno de los principales pioneros del rock andaluz, mucho antes de que fuera popularizado por grupos como Triana. Junto con Julio Matito, fundó el mítico grupo Smash en 1968, un arriesgado experimento en el que convivieron el rock psicodélico, el rock progresivo, el blues-rock y el flamenco; un ejemplo del derroche creativo de esta banda fue su tema titulado «El Garrotín«, tal vez el más exitoso en la trayectoria de esta formación. Tras su disolución, Gualberto viajó a Estados Unidos donde adquirió formación musical, contactó con diferentes músicos, asistió al Festival de Woodstock y casi llegó a tocar con Jefferson Airplane. Ya en España, firmó dos excelentes trabajos: «A la vida / Al dolor» (1974) y «Vericuetos» (1976), el primero más psicodélico y el segundo más progresivo, dos obras geniales plenas de atrevimiento y experimentalidad; os dejo estas palabras suyas, para que valoréis su irreprimible capacidad creativa: «En la época de Vericuetos mandé quitar el mástil de una Fender Stratocaster y poner el de mi guitarra flamenca, una Alhambra, con clavijas de palo y cuerdas de nailon para eléctrica. De este modo, podía arpegiar y tocar con los dedos usando las técnicas del flamenco, pero con un sonido eléctrico. Me ponía la púa en la boca y podía hacer rasgueos fuertes» (tomado del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 60). El tema que he seleccionado es «Tarantos (para Jimi Hendrix)», una pieza instrumental contenida en el primero de los discos comentados. En este álbum intervinieron dos cantantes, uno lo hacía en inglés (Todd Porcell) y el otro en español (el cantaor Enrique Morente). No os perdáis este homenaje a Jimi Hendrix, ejecutado con guitarra española, violín, palmas y la expresiva guitarra eléctrica de Gualberto (alucinante a partir del minuto dos). Su legado es variado y extenso: ha sido arreglista, productor y asesor musical, compositor y músico de piezas clásicas y de flamenco, pionero de la informática musical que utilizó en la grabación de piezas para cine y televisión, buen conocedor de diversos instrumentos (guitarras, sitar, sarod, dilruba, etc.) y aún hoy sigue en activo, siempre en proyectos variopintos y rodeado de los mejores talentos. Si queréis saber más sobre este músico, aquí os dejo una interesante entrevista realizada en el año 2006.

The Grateful Dead. «Truckin'»

Si hace unos meses ponía a Steely Dan como ejemplo de grupo cuyo hábitat natural era el estudio de grabación, los californianos The Grateful Dead representan lo contrario, es decir, estamos ante una banda cuyas principales virtudes siempre lucieron mejor en sus numerosas actuaciones en directo y, por supuesto, en sus discos en vivo. Esta banda fue creada en 1965 con el nombre de The Warlocks, aunque pronto tendrían que abandonarlo por pertenecer a otra, la que finalmente sería conocida como The Velvet Underground. Estuvieron en activo hasta 1995, año en que falleció su líder Jerry García, nieto de un coruñés emigrado a los Estados Unidos. “The Dead”, como habitualmente eran conocidos por sus fieles seguidores, fueron un grupo realmente singular. En primer lugar por su ecléctico estilo, un cocktail –convenientemente mezclado, no agitado, como diría James Bond- de rock, folk, pop, blues e, incluso, country, rectificado de sabor y textura gracias a la emanaciones psicodélicas que habitualmente acompañaban a esta formación. En segundo lugar por el concepto familiar o comunal que tenían del grupo y sus actividades; sus seguidores, conocidos como “Deadheads”, eran casi una familia, seguían a la banda allá donde actuara, grababan los conciertos con su beneplácito y bien podría decirse que eran de los aficionados más fieles y entusiastas que había en aquellos años hippies; os recomiendo la película “La música nunca dejó de sonar” (2011), la historia de un enfermo de tumor cerebral que sólo reacciona ante la música rock de los Dead y de otros grupos de la época. La tercera característica que hacía de The Grateful Dead una banda singular era, como ya hemos comentado, su apego por el directo, lo que les llevaría a crear su propia infraestructura de sonido, su “Wall of Sound”, un grandioso sistema -especialmente diseñado para ellos- de más de veintiséis mil vatios de potencia, capaz de abarcar cuatrocientos metros y con un excelente sonido a menos de ciento ochenta metros. “Truckin’” es el tema con el que se cerraba su disco “American Beauty” (1970), uno de sus mejores trabajos de estudio; aquí tenéis la versión original de esta canción, no obstante, como no podía ser de otra manera, yo he optado por una de sus versiones en directo. La versión de estudio duraba poco más de cinco minutos, ésta más de doce; así eran los conciertos de esta banda, pura improvisación alucinatoria.

Santana. «Soul Sacrifice»

A menudo nos preguntamos qué hubiera sido de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison o Duane Allman si hubieran tenido una carrera longeva. Probablemente habrían seguido haciendo muy buena música, pero también otras cosas de menor calidad; al fin y al cabo entra dentro de lo normal, la genialidad en la Música, como en otras facetas del Arte, no acostumbra a ser infinita. Al menos eso es lo que vemos y sentimos con las grandes figuras de los sesenta y los setenta que aún siguen vivas, como el norteamericano de origen mexicano Carlos Santana, uno de los supervivientes de aquel acontecimiento social, cultural y musical que se vivió en el Festival de Woodstock (agosto de 1969). Llegó a San Francisco en 1961, unos años antes de que aquella ciudad se convirtiera en el lugar de referencia del movimento hippie y psicodélico; en 1966 ya debutaba con su banda Santana Blues Band y, tres años más tarde, hacía su aparición en el mencionado festival de Woodstock, ofreciendo una actuación que, a juicio de críticos y asistentes, fue una de las mejores de aquel irrepetible evento. Gracias a ese éxito lo tuvieron más fácil para grabar sus dos primeros discos, “Santana (1969) y “Abraxas” (1970), ambos sensacionales. En el publicado en 1970 se incluía una versión de Fletwood Mac, “Black Magic Woman”, una de mis canciones preferidas de Santana. Su álbum de debut finalizaba con “Soul Sacrifice”, tema muy representativo del primigenio estilo Santana, un rock latino con muchísima presencia de ritmos afroamericanos, canalizado a través de la batería (Mike Shrieve) y las percusiones (Mike Carabello y José Chepito Areas), y magistralmente conducido por la singular guitarra de Carlos Santana, llena de vida y energía como nunca en toda su carrera. El vídeo elegido, no podía ser de otra manera, es el de Woodstock; no obstante, aquí podéis comparar su sonido con la propuesta de estudio.