Alarma!!! «Frío»

«Para mí la adicción es una enfermedad y yo tengo una enfermedad, soy adicto. Pero en esta sociedad no se reconoce como una enfermedad, se conoce la diabetes, el cáncer … Pues lo mismo. La adicción es una enfermedad obsesiva, compulsiva, que te lleva a meterte aunque sepas que te estás matando». Estas terribles palabras pertenecen a Manolo Tena, fallecido el pasado lunes víctima de un cáncer, a la edad de sesenta y cuatro años. Moría poco tiempo después de reaparecer tras su enésima recaída, con un nuevo álbum, un documental sobre su vida y hasta un programa de televisión («A mi manera«), en el que también han intervenido otros artistas que brillaron con luz propia durante los años ochenta y noventa. En uno de sus buenos períodos, confesaba que estaba «loco por vivir» y que no llegó a dormir en la calle porque su familia no le dejó: «Siempre he querido curarme, hasta que tuve la opción buena de salir del infierno. Ahora disfruto cada suspiro» (El Confidencial.com). Ni en sus peores momentos perdió la pasión por la música, aunque sus idas y venidas por los centros de desintoxicación fueron algo habitual desde su juventud; ya con 27 años sufrió una crisis esquizofrénica por consumo de marihuana, probablemente debido a su alergia a esta droga, algo que no supo hasta fechas relativamente recientes. «He estado peor que muerto», llegó a reconocer, pero siempre aferrándose a la vida: «amo la vida y por eso no me he suicidado, pero ojalá pudiera estar en paz». Nos ha dejado uno de los talentos más grandes que ha dado el pop-rock español, que mucha gente conoció en 1992 con el trabajo «Sangre Española»; me acuerdo perfectamente de aquella reaparición y del éxito que tuvo el disco; también de las conversaciones con familiares y amigos, en las que trataba de contarles que no era precisamente un recién llegado al mundo de la música. Ya formó parte de aquel rock urbano de los setenta, con su grupo Cucharada (en su momento dedicamos una entrada al tema «Social Peligrosidad«), y posteriormente de Alarma!!!, banda a la que compararon con los británicos The Police pero que, lamentablemente, no llegó a tener mucho reconocimiento, tal vez por ser «demasiado heavies para los modernos y demasiado modernos para los heavies», como dijo el propio Manolo Tena. Publicaron un par de álbumes, con canciones tan buenas como «Marilyn Monroe» o «Frío», un tema que, desde mi punto de vista, cuenta con una de las mejores letras que se han escrito en la música española reciente; un relato poético y desgarrador sólo accesible a alguien de gran talento, pero también torturado por la vida, un «extraño en el Paraíso», un «juguete de la desilusión».

Gerry Rafferty. «Baker Street»

“Baker Street” es el nombre de una céntrica calle de Londres famosa por su relación con el detective de ficción Sherlock Holmes, pero también es conocida por la canción, de idéntico nombre, compuesta por el escocés Gerry Rafferty. Tras unos inicios como músico callejero, formó parte del grupo folk TheHumblelums y, posteriormente, de otro llamado Stealers Wheel, en el que permaneció hasta 1975 cuando se disolvió, de manera conflictiva, dando lugar a una serie de disputas judiciales que acabarían impidiendo la publicación de nuevos discos por parte de Gerry Rafferty durante un período de tres años. En 1978, ya liberado de esta prohibición, sacó al mercado el disco titulado “City to city”, un excelente trabajo de rock intimista con elementos de folk-rock que, por momentos, recuerda a artistas como J.J. Cale, Jackson Browne o Mark Knopfler. La canción más famosa de este álbum y, en general de Gerry Rafferty, junto con “Stuck in the Middle with you” -de Stealers Wheel-, muy conocida desde que formó parte de la B.S.O. de “Reservoir Dogs”, es “Baker Street”. En ella su autor nos habla de volver a empezar, de retomar el camino, tal vez en alusión a sus duros años de ostracismo, y de la preocupación por su creciente fama, algo con lo que nunca estuvo muy identificado. En cuanto a la parte musical, este tema siempre será recordado por el saxo de Raphael Ravenscroft, un conocido músico de sesión que acabaría siendo el protagonista inesperado de este gran éxito; y digo inesperado porque, al parecer, fue contratado para tocar una parte menos importante y acabó apoderándose de la canción ante la insuficiente solución ofrecida por la guitarra solista. La historia de esta grabación está plagada de teorías, leyendas y versiones alocadas que, en general, atentan contra la profesionalidad y el buen nombre de Ravenscroft; Rafferty llegó a decir que el solo de saxo era suyo; también se ha comentado que el saxofonista nunca llegó a cobrar más que un miserable cheque de 27 libras, para una canción que llegó a generar unas 80.000 libras anuales de beneficio; incluso que el autor de la grabación no fue Ravenscroft sino el humorista Bob Holness. “Baker Street” ha sido muy utilizada en el cine (“Zodiac”, “El Indomable Will Hunting”, “Memorias de Queens”, etc.), en series de televisión (“Los Soprano” o “Los Simpson”) y en publicidad. También ha dado lugar a algunas versiones, como las de Foo Fighters o Waylon Jennings, por mencionar un par de ellas.

Kai Winking / Irma Thomas / The Rolling Stones. «Time is on My Side»

«Time is on My Side» fue uno de los primeros éxitos de los Rolling Stones, cuando aún no eran más que un excelente grupo especializado en versiones de soul y de R&B. Fue compuesta por Jerry Ragovoy (bajo el pseudónimo de Norman Meade), el mismo autor de la poderosa «Piece of My Heart«, ya escuchada en este blog; lo hizo por encargo de su colega Gary Sherman pensando en una pieza instrumental para orquesta y trombón, de tal manera que sonase a medio camino entre el jazz y el soul. Kai Winking, trombonista estadounidense de origen danés, fue el primero en grabarla (es el primer vídeo elegido para hoy), pero en última instancia los productores creyeron conveniente añadir una parte vocal que fue interpretada por tres artistas del sello Verve: Cissy Houston y las hermanas Dionne y Dee Dee Warwick; la letra de esta canción, ejecutada a modo de coros, se limitaba a las frases «Time is on my side» y «You’ll come runnin’ back». Poco tiempo después, a comienzos de 1964, fue grabada por la cantante de soul Irma Thomas, contemporánea de Etta James o Aretta Franklin aunque, inexplicablemente, menos conocida que ellas; dado que la letra era prácticamente inexistente, se recurrió al compositor Jimmy Norman y al arreglista H.B. Barnum para dar texto a la partitura e incrementar la intensidad del tema. El resultado lo podéis comprobar en el segundo vídeo, a mí me encanta. El resto de versiones negras que se hicieron después toman a la de Irma Thomas como eje de referencia, es el caso de las debidas a Wilson Pickett o, más recientemente, a Beverly Knight. Pero también lo fue para todas las de corte beat que aparecieron más tarde: The Moody Blues, Brian Poole & The Tremeloes, Paul Revere & The Raiders, Tony Ronald y sus Kroner’s (bien conocido en España por sus éxitos «Help» o «Dejaré la llave de mi puerta») y, por supuesto, la más exitosa de todas, la de los Rolling Stones; en palabras del compañero Adrián (Tu Crítica Musical) «un tema lento pero de una gran sensualidad», que comienza con una intro de órgano a cargo de Ian Stewart. Esta versión (la tercera destacada de hoy) apareció como sencillo en septiembre de 1964 y, después, fue incluida en los álbumes «12×5» (1964) y «The Rolling Stones No.2» (1965), aunque en este último caso se utilizó una nueva versión de la que desaparecieron los aportes vocales de Brian Jones y la intro de órgano, sustituida por la característica guitarra que casi siempre hemos escuchado. Aquí podéis oír esta adaptación, la que acabó triunfando y la que habitualmente se recoge en los recopilatorios de esta banda.

The Platters / The Band / Freddy Mercury. «The Great Pretender»

El doo wop -en España conocido como «du duá»- es un estilo musical que se inició en los años treinta y cuarenta, aunque alcanzó su mayor popularidad durante las décadas de los cincuenta y, en menor medida, los sesenta. Fue cultivado por las comunidades afroamericanas de grandes ciudades como Nueva York, Filadelfia, Chicago, Pittsburgh, etc. Probablemente comenzó en los porches y garajes de algunos jóvenes, deseosos de sorprender a las chicas con estas composiciones -normalmente «a capela»- en las que el solista era acompañado por cuatro o cinco voces que adornaban la melodía principal con frases y coros. A medida que este género fue cobrando fuerza, aparecieron más grupos; rivalizaban entre ellos en callejones o cualquier otro lugar que, gracias al eco, potenciara sus arreglos vocales. El doo wop bebe de fuentes como el gospel, el R&B o el swing y, aunque inicialmente fuera más propio de la comunidad negra, con el paso del tiempo se fueron incorporando otras culturas, como la italiana o la latinoamericana. Uno de los grupos más conocidos de este género fueron The Platters, formado en Los Ángeles durante 1953 y disuelto a finales de los años sesenta; estaba constituido por cuatro hombres y una mujer, y consiguieron un gran éxito con el sello discográfico Mercury Records gracias a una eficaz mezcla de doo wop, pop y canción melódica. En 1955 lanzaron «Only you», tal vez su canción más emblemática, y «The Great Pretender», compuesta por el que fuera su productor y gerente Buck Ram, con Tony Williams como voz principal. Fue todo un éxito y dio lugar a diferentes versiones; las primeras a cargo de artistas como Gene Pitney, Sam Cooke, Pat Bonne, Roy Orbison o The Righteous Brothers. En 1973 fue publicada por The Band en su sexto álbum de estudio, «Moondog Matinee», un disco de versiones donde podemos disfrutar de este tema ya bien alejado del inicial doo wop; la interpretación de los canadienses -la segunda versión sugerida para hoy- es fiel a su estilo folk-rock, en esta ocasión cantada por el multi-instrumentista Richard Manuel. «The Great Pretender» también puede escucharse en clave country (Dolly Parton, Old in the Way, etc.), incluso jazz (la versión de Lester Bowie, por ejemplo, dura diecisiete minutos). Sin embargo, hay otra bien conocida por todos, la de Freddy Mercury, grabada como single en 1987; tomando como base la propuesta del ya mencionado Gene Pitney, Mercury nos ofrece una interpretación única de esta canción, que lo acompañó fielmente durante los últimos años de su vida.

Bruce Springsteen. «The River»

La juventud es un preciado tesoro; nos suele abandonar de manera agresiva, a golpe de presiones y empujones, generalmente de adultos que envidian una situación vital a la que ya nunca podrán regresar. La pérdida de la juventud sigue un proceso parecido al de las novatadas sufridas en el servicio militar, en los colegios mayores o en cualquier otro colectivo donde la veteranía es condición más que suficiente para justificar arbitrariedades, abusos y planteamientos unidireccionales de tipo fascista. Escribo esto porque es lo que me sugiere la canción «The River», un tema escrito por Bruce Springsteen para su quinto álbum de estudio, llamado igual que la canción y publicado en 1980; se trata de un disco doble con canciones de su primera época, algunas descartadas de su anterior trabajo («Darkness on the Edge of Town», 1978). «The River» fue todo un éxito y situó a este cantautor dentro del star system. El espaldarazo definitivo se produjo cuatro años después, con la publicación de «Born in the U.S.A.», aunque el prestigio del Boss se cimentó en la trilogía constituida por «Born to Run», «Darkness on the Edge of Town» y «The River». Bruce Springsteen es un autor comprometido, yo diría que lo más parecido que puede haber en los Estados Unidos a la canción protesta; nacido y criado en una familia humilde de Nueva Jersey, siempre se ha ocupado de retratar la vida cotidiana y los problemas de la América profunda, que tan bien conoce. Es el cronista-poeta de los estadounidenses más desfavorecidos, de aquellos que jamás lograrán alcanzar el anhelado «sueño americano». Sus palabras son descarnadas, melancólicas y tristes, envueltas en un folk-rock (también llamado «heartland rock») sincero, que ha sabido conquistar los corazones, tanto de los estadounidenses como los de otros lugares del Mundo. La canción «The River» es muy representativa de su estilo; nos habla de la pérdida de la juventud en un lugar cualquiera de la Norteamérica rural, donde se aprenden a hacer las cosas de la misma manera que siempre han hecho tus mayores: bodas tempranas, sobre todo si dejas embarazada a tu novia con diecisiete años; trabajos alienantes, precarios e inestables; y la certeza de que los mejores años de nuestra vida ya han pasado y nunca volverán, ni siquiera regresando a ese bello y lujurioso río donde fuimos tan felices, donde amamos, donde todo comenzó y todo acabó.