Roy Orbison / Don McLean / Fortune-Walker-Rogers-Isaacs. “Crying”

Roy Orbison (1936-1988) es uno de los habituales de este blog. Desde niño ya mostraba interés por la música; a los seis años su padre le regaló una guitarra, a los ocho cantaba en un programa de radio de su Vernon (Texas) natal y con trece tenía su grupo musical: The Wink Westerners, con un repertorio compuesto por canciones de country y de Glenn Miller. Cuando se graduó, en 1954, empezó a valorar la posibilidad de dedicarse profesionalmente a la música, mientras estudiaba Geología en la Universidad. En 1956 abandonó sus estudios, y comenzó su andadura musical con la discográfica Sun Records de Sam Philips, la misma que lanzara a Elvis Presley unos años antes. Allí estuvo hasta 1959, después sería contratado por Monument Records, donde se hizo realmente famoso con temas como “Only the Lonely”, “In Dreams”, “Blue Bayou” y “Oh, Pretty Woman”.

Su tercer álbum -el segundo para Monument Records– se tituló “Crying” (1962); en él se incluyeron canciones compuestas por él y por Joe Melson, además de tres versiones de los temas “The Great Pretender”, “Love Hurts” y “She Wears My Ring”. Las canciones más conocidas y exitosas de este álbum son “Running Scared” y la que da nombre al disco, “Crying”, una excelente balada country modulada por la voz sinigual de Roy Orbison, capaz de llorar desconsoladamente dentro de un género poco dado a destapar este tipo de emociones, sobre todo cuando vienen de un hombre. Tal y como señala Eduardo de Frutos en su blog River of Country, “el tema repite obsesivamente el título de la canción, que se ‘cuela’ en esta historia de amor no correspondido. Cuando el narrador no piensa en su amor, puede sobrellevar su pérdida, pero entonces la ve, y esa visión y el tacto de su mano le hacen llorar. Él la sigue queriendo, pero ella se limita a desearle lo mejor y le deja sin consuelo”.

Tras la grabación original de Roy Orbison, se sucedieron las versiones: Ray Ellis Orchestra, Waylon Jennings, Glen Campbell, Dottie West, Del Shannon, Bobby Vinton, Gene Pitney o Don McLean, nuestra segunda versión de hoy, que fue incluida en su álbum titulado “Chain Lightning” (1978). Después vendrían otras interpretaciones, a cargo de artistas como Brotherhood of Man, Roy Orbison y k.d. Lang, Pat Benatar, Vonda Shepard, Liza Minelli, Eileen Laverty, Michal Towber & Mike Georgia o el cuarteto Fortune-Walker-Rogers-Isaacs, nuestro tercer vídeo destacado. Para finalizar, os dejo dos directos de Roy Orbison interpretando este tema, uno de 1965 y otro de 1988, que formó parte del evento “Black and White Night”, del que ya hemos hablado en otra entrada anterior.

Grandes canciones en versión española: Barón Rojo. “Perversiones” (2003)

Barón Rojo es una de las bandas más importantes que ha dado el rock hispano, de las más longevas y, tal vez, la más representativa de la edad dorada del heavy metal en nuestro país, la década de 1980, cuando los hermanos Armando de Castro (guitarra solista, voz) y Carlos de Castro (voz, guitarra) abandonaron otro de los grupos importantes del rock español de los setenta, Coz, para formar una banda junto al bajista y vocalista José Luis Campuzano “Sherpa” y el batería uruguayo Hermes Calabria; así lo cuenta “Sherpa”:

«Ellos [los hermanos de Castro] tenían un problema gordo con CBS, de índole musical y filosofía. Formaban parte de Coz, (…) se pelearon y llegaron al acuerdo de separarse (…) y repartirse las galas, utilizando el mismo nombre. Entonces Armando y Carlos me dijeron de hacer una girita como Coz, buscar un batería y montárnoslo durante aquel verano. Nos hablaron de un gran batero uruguayo: Hermes. Entró con nosotros y comenzamos a montar el repertorio de Coz en un local cercano al metro de Tetuán (…) Estuvimos casi un año actuando como Coz, pero el convenio con CBS se terminaba al final del verano (…) Antes de separarnos pensamos que era una pena dejarlo y dijimos: ‘Oye, ¿por qué no hacemos un grupo, buscamos nuevo nombre y escribimos nuestros propios temas?’ Así, sin nombre todavía, empezamos a combinar ideas y contactamos con Mariscal Romero, que tenía en marcha el sello Chapa (…) En aquel momento pensamos ¿qué nombre le ponemos al grupo? Se barajaron muchos, (…) finalmente salió Barón Rojo, nombre que propuso Armando, aunque quien más conocimiento histórico tenía sobre el tema era yo (risas). Me fascina la aviación. Soy piloto de corazón«.

José Luis Campuzano “Sherpa”, consultado en: Dominguez, Salvador. Los Hijos del rock. Los grupos hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 880.

El Barón Rojo que dio nombre al grupo fue Manfred von Richthofen, un piloto de cazas germano que, durante la I Guerra Mundial, logró derribar ochenta aviones enemigos. El primer álbum de este grupo se tituló “Larga vida al rock and roll” (1981), dedicado John Lennon, que había sido asesinado recientemente; obtuvo un gran éxito, al igual que el siguiente (“Volumen Brutal”, 1982), grabado en los estudios Kingsway, propiedad del cantante de Deep Purple Ian Gillan, en él se incluyó ese mítico tema en recuerdo a los rockeros fallecidos, “Concierto para ellos”, del que ya hablamos en una entrada anterior. Continuaron publicando discos (“Metalmorfosis”, 1983; “En un lugar de la marcha”, 1985; “Tierra de nadie”, 1987; “No va más”, 1988 y “Obstinato”, 1989), hasta el año 1989, cuando Hermes Calabria y “Sherpa” decidieron abandonar el grupo. Los hermanos Castro continuaron con nuevos músicos y nuevos proyectos que, con altibajos, han permitido mantener en activo a esta histórica banda del rock patrio.

A esta segunda etapa de Barón Rojo pertenece el disco protagonista de nuestra entrada de hoy, el titulado “Perversiones” (2003), un álbum de versiones en el que se incluyen temas de Rainbow, Black Sabbath, Willie Dixon, Robert Johnson, Deep Purple, Janis Joplin, Bob Dylan, AC/DC, Jimi Hendrix, Ted Nugent, Jeff Beck, Bad Company, Coverdale Page, Michael Schenker Group, West Bruce & Laing y Grand Funk Railroad; en definitiva, un gran festival de rock y blues, que los hermanos de Castro homenajean con gran acierto. Aquí podéis escuchar el disco entero, y en la cabecera de la entrada os dejo tres canciones de este disco que ya han aparecido en La Guitarra de las Musas: “Spotlight Kid”, “Hoochie Coochie Man” y “Crossroads”.

Pink Floyd. «Set the Controls for the Heart of the Sun»

Pink Floyd es uno de los cuartetos más recordados del rock. Sin embargo, durante un breve período de tiempo (entre finales de 1967 y febrero de 1968), fueron realmente un quinteto: Roger Waters (bajo, voz), Richard Wright (teclados), Nick Mason (batería, percusiones), David Gilmour (guitarra, voz) y Syd Barrett (guitarra, voz). Los cuatro primeros fueron los responsables de los álbumes clásicos, trabajos como “Meddle” (1971), “The Dark Side of the Moon” (1973), “Wish You Were Here” (1975), “Animals” (1977) o “The Wall” (1979), obras fundamentales en la historia del rock. Pero, cuando dieron sus primeros pasos como grupo, la presencia más importante, la que dotó de personalidad, creatividad y sello psicodélico a esta banda británica, fue la de Syd Barrett. El primer álbum de Pink Floyd (“The Piper at The Gates of Dawn” (1967), una de las obras fundamentales del rock psicodélico, fue compuesto casi en su totalidad por él. Sin embargo, todo cambió apenas unos meses después de que saliera al mercado este revolucionario álbum. A finales de 1967, cuando estaban grabando su segundo Lp (“A Saucerful of Secrets”, 1968), Syd Barrett ya era alguien poseído por el LSD; se volvió retraído, depresivo, errático, tenía problemas con la memoria y el lenguaje, y estaba permanentemente en estado alucinatorio. Ante semejante panorama, decidieron fichar a otro guitarrista (David Gilmour) para que, al menos, tocara en los conciertos.

Según señala Nick Mason en su libro Dentro de Pink Floyd. El largo y extraño viaje hacia el éxito de un grupo mítico (Barcelona, Robinbook, 2007; pág. 85), “las cosas llegaron a su fin en febrero [de 1968], el día en que debíamos tocar en un concierto en Southampton. En el coche, de camino para ir a buscar a Syd, alguien dijo, ‘¿Recogemos a Syd?’, y la respuesta fue ‘No, joder, no vale la pena’. Relatarlo de una manera tan directa suena como si no tuviéramos corazón y fuéramos realmente crueles: es cierto. La decisión fue completamente cruel, igual que nosotros”. La única canción que grabaron los cinco miembros del grupo fue la titulada “Set the Controls for the Heart of the Sun”, incluida en el ya mencionado segundo disco de estudio; en ella hay registradas partes de guitarra debidas a David Gilmour y a Syd Barrett. El tema fue compuesto por Roger Waters, a partir de un viejo libro de poesía chino. En él destaca el trabajo de Richard Wright con el órgano Farfisa, el vibráfono y la celesta; y el uso de mazas para timbales a cargo del batería Nick Mason. El resultado final es una pieza atmosférica con reminiscencias orientales, situada entre la psicodelia y el rock progresivo, una especie de broche de oro u homenaje (no explícitamente reconocido) al legado de Syd Barrett en Pink Floyd. Así nos describe Nick Mason, en el libro citado con anterioridad, lo que supuso para él esta canción:

“’Set the Controls’ es quizá la canción más interesante en relación con lo que estábamos haciendo en esa época, ya que se compuso para aplicar lo mejor de lo que habíamos aprendido. La canción -con un riff fantástico y pegadizo- se diseñó para acomodarse al tono de voz de Roger. La letra es muy del estilo de los años sesenta (basada, según Roger, en la poesía del último período de la dinastía Tang) y rítmicamente me dio la oportunidad de emular una de mis piezas favoritas, ‘Blue Sands’, un tema del batería de jazz Chico Hamilton en el film Jazz On a Summer’s Day”, ‘Set the Controls’ es una canción que ha aguantado el paso del tiempo de manera increíble. Era muy divertido tocarla en directo -y la habíamos tocado durante varios meses, permitiendo que evolucionara, limando así cualquier imperfección-, pero en el estudio podíamos realzarla con efectos de eco y reverberación, añadiendo una cualidad susurrante a la voz”.

Mason, Nick. Dentro de Pink Floyd. El largo y extraño viaje hacia el éxito de un grupo mítico. Barcelona, Robinbook, 2007; pág. 96).

Finalizo con dos directos de este tema muy conocidos, los incluidos en los discos “Ummagumma” (1969) y “Live at Pompeii” (1972), en los que se alarga el tema más allá de los nueve minutos y se ahonda en esa esencia oriental y psicodélico-progresiva que caracteriza a esta pieza; y con dos versiones más, a cargo de Nick Mason y Roger Waters, respectivamente. 

Ry Cooder / Willie Nelson / Gaby Moreno (con Jackson Browne). “Across the Borderline”

Gaby Moreno es una cantautora y guitarrista guatemalteca nacida en 1981, que se dio a conocer en una gira con Tracy Chapman durante el año 2009. Desde entonces, ha grabado una decena de álbumes, en los que se puede apreciar su apuesta por el mestizaje cultural y musical, donde hay cabida para el rock, el blues, el country, el soul o los sonidos característicos de la música latinoamericana; temas cantados en español, inglés, francés o portugués, con una delicadeza y sensibilidad que sitúan a Gaby Moreno entre las voces con más personalidad del panorama internacional actual, al menos desde mi punto de vista. Os recomiendo que paséis por su canal de Spotify; si nunca la habéis escuchado, quizás os llevéis una agradable sorpresa.

Si no me equivoco, su penúltimo álbum (un trabajo muy recomendable) se tituló “¡Spangled!” (2019), un disco exquisito (los arreglos musicales son magníficos) realizado en colaboración con el compositor, músico, productor y arreglista estadounidense Van Dyke Parks, en el que se incluyen cinco temas en español, tres en inglés y dos en portugués, algunos tan conocidos como el himno venezolano “Alma llanera”, los boleros “Historia de un amor” y “Espérame en el Cielo” o la bellísima “Across the Borderline”, que Gaby Moreno canta junto a Jackson Browne; es el tercer vídeo destacado de hoy. Esta canción fue escrita por Ry Cooder, John Hiatt y Jim Dickinson para la película “La Frontera” (1982); esta primera grabación estaba interpretada por Freddy Fender, Sam Zamudio, Bobby King y Willie Green Jr. (aquí la tenéis). Cinco años después, Ry Cooder la incluiría en su álbum titulado “Get Rhythm” (1987), conformado con canciones suyas y versiones de autores como Johnny Cash, Chuck Berry o Elvis Presley. En este disco de Ry Cooder, maestro del mestizaje y los sonidos fronterizos, participó como teclista Van Dyke Parks, el mismo que, años después, imagino que quiso versionar “Across the Borderline” para su disco en colaboración con Gaby Moreno.

Esta emotiva canción, algo así como una reflexión actualizada en torno al mítico El Dorado, esta vez con los Estados Unidos como ese mágico enclave de abundancia y oportunidades para quienes consiguen pasar la frontera, ha sido versionada por artistas como Flaco Jiménez & John Hiatt, Paul Young, Willy DeVille, Meredith Marshall, Lou Yeidel, Harry Dean Stanton, Bruce Springsteen, Tom Petty, Bob Dylan, Calexico & Gaby Moreno o Willie Nelson, a quien hemos reservado nuestra segunda versión destacada de hoy; formó parte de su disco titulado “Across the Borderline” (1993).

Imelda May. «Wild Women»

El rock and roll nace de la confluencia musical del country y el blues; es un hecho bien conocido, ya hemos aludido a ello en entradas anteriores de este blog. De entre los subgéneros primigenios del R&R hay dos que representan muy bien lo que fueron los orígenes del rock: el rhythm and blues, característico de la comunidad negra, y el rockabilly, presente entre el colectivo blanco, a menudo músicos y cantantes de country. Jimmie Rodgers, Bob Willis, Tennessee Ernie Ford o Hank Williams son algunos de esos artistas que están en el origen remoto del rockabilly, aunque la explosión de este género tuvo lugar en los años cincuenta y sesenta, cuando esta variante agresiva y veloz del country se hace más evidente gracias a músicos como Bill Haley, Elvis Presley, Carl Perkins, Johnny Cash, Eddie Cochran, Gene Vincent y, durante los años setenta, Robert Gordon. En la década de 1980 se recuperó y revitalizó el género, a través de bandas como Stray Cats, abanderada de este movimiento neorockabilly, ya cercano a planteamientos que acabaron dando lugar al subgénero conocido como psychobilly, en el que se mezclan los planteamientos del rockabilly y el punk; The Cramps o The Meteors son algunas de las bandas señeras de este movimiento. Entre las figuras actuales del rockabilly, la irlandesa Imelda May -a quien hemos tenido en anteriores entradas dedicadas a versiones [“Remember (Walking in the Sand)”, “Tainted Love” y “The End of the World”]- merece un lugar destacado.

Nacida en Dublín, desde niña escuchaba rockabilly y blues; con catorce años prestó su voz para un anuncio de Findus y, dos años después, ya recorría el circuito de clubes de su ciudad natal, siempre que la dejaban entrar porque aún era menor de edad. Inició su carrera profesional en solitario en el año 2003, con el disco “No Turning Back”; después vendrían los trabajos titulados “Love Tattoo” (2008), “Mayhem” (2010) y “Tribal” (2014), en los que acabó conformando su propio estilo de rockabilly, en ocasiones agresivo, otras veces melódico (sus baladas son preciosas), todo ello apoyado en su carismática, sexy y excelente voz. Hace algunos años tuve la oportunidad de ver una actuación suya en Madrid (aquí tenéis la crónica), os puedo asegurar que su propuesta musical es excitante y cautivadora. Para que os hagáis una idea de quien es Imelda May (si aún no la conocéis), os propongo su tema “Wild Woman”, perteneciente al álbum “Tribal” (2014): “(…) hay una mujer salvaje que vive dentro de mí, una malvada, malvada mujer salvaje que muere por ser libre”. Os dejo una actuación en directo, para que podáis ver en acción a esta carismática e irresistible cantante interpretando “Wild Woman”.