Me llamo Raúl Rodríguez, me dedico a la docencia universitaria y a la investigación en el ámbito de la Historia de la Ciencia, actividades que forman parte de mi vida desde que acabé la carrera, allá por 1986. Sin embargo, la música está conmigo desde mucho antes, desde mi infancia y primera adolescencia, y ha sido siempre una leal compañera. Decidí abrir un blog de canciones con el propósito de encauzar mis inquietudes musicales a través de un canal que pudiera ser sintonizado por otras personas con intereses similares y que, además, sirviera como foro de opinión para todos aquellos que quisieran compartir su pasión por la música. Decidí llamar a este espacio "La Guitarra de las Musas", en honor de las diosas griegas de las Ciencias y las Artes, especialmente de la Poesía y la Música. Quiero pensar que si hubieran tenido guitarras –y baterías, bajos, teclados y demás instrumentos de nuestro tiempo- hubieran sonado como la música propuesta en este blog. En este espacio, el rock en casi todas sus vertientes será el protagonista pero, también, otros estilos como el blues, el jazz, el pop, el soul y las melodías más pegadas a nuestra cultura: cantautores, canción melódica, boleros, corridos mexicanos, tangos, rumbas e, incluso, copla. Por favor, que nadie se enfade conmigo si no encuentra aquí la música que le gusta; la selección de los temas y los comentarios realizados responden, únicamente, a mis intereses particulares que, como bien puede verse, están un poco anticuados. Todos aquellos que busquen música actual no la encontrarán en este sitio.
El ska es un estilo musical, precursor del reggae, que se originó en Jamaica a finales de la década de 1950 y se popularizó durante los sesenta, aunque cuando realmente se dio a conocer en todo el mundo fue en la segunda mitad de los setenta, cuando los grupos ingleses importaron este sonido sincopado y lo reelaboraron a base de rapidez, desenfreno y optimismo juvenil. Una de las formaciones abanderadas de este género fue Madness, creada en 1976 a partir de una banda llamada The North London, que estaba integrada por Mike Barson –Monsieur Barso- (teclados, voces), Chris Foreman –Chrissy Boy- (guitarra) y Lee Thompson –Kix- (saxofón); en 1978 se unieron Graham McPherson –Suggs- (voz), Mark Bedford –Bedders- (bajo) y Daniel Woodgate –Woody- (batería). Publicaron su primer sencillo en septiembre de 1979, fue una versión del tema “The Prince”, compuesto por el músico jamaicano de ska Prince Buster, el mismo al que recurrieron para su segundo single (ya con el nombre de Madness), titulado “One Step Beyond”; ambas canciones formaron parte del primer álbum de estudio de los londinenses (“One Step Beyond”, 1979), en el que había quince divertidas canciones que raramente superaban los tres minutos de duración. Si os fijáis en el vídeo de “One Step Beyond” con el que comenzamos esta entrada, la canción no empieza hasta pasado medio minuto, en el que se puede ver a los integrantes de Madness haciendo el tonto, después comienza un breve monólogo incitando a bailar tomado de “Scorcher”, otra melodía de Prince Buster, a cargo del miembro invitado Chas Smash (no formó parte de la banda hasta 1980); y ya en el minuto 0:55 es cuando realmente empieza la música, apenas dos minutos de ritmo alocado, jaleado por el saxo y por la única frase que se puede escuchar: “One Step Beyond”. Aquí les podéis ver en una actuación grabada en 1979 para televisión, aquí en un directo del año 1981; en este otro vídeo tenéis la versión que ellos mismos grabaron en italiano y en éste la correspondiente versión en español, en este caso promocionada en el programa musical Aplauso, según he leído la hicieron para adelantarse a Luis Cobos, que por aquella época versionaba todo lo que se cruzaba por su camino. Por lo que se puede ver en este otro vídeo de 2009, han seguido tocándola en directo, aunque la energía “bailonga” ya no fuera la misma que en sus años de juventud. Parece que siguen en activo, y me da la sensación que con la formación clásica. Lo que no sé, es si el colectivo skinhead seguirá llenando sus conciertos como hacían a finales de los setenta; los miembros de la banda siempre han negado su vinculación con este movimiento.
American Sound Studio fue un local de grabación ubicado en Tennessee (EE.UU.) que funcionó entre 1967 y 1972; allí grabaron artistas como Aretha Franklin, Elvis Presley, Neil Diamond, Dusty Springfield, Petula Clark o los Box Tops, una banda inicialmente llamada “The Devilles” que tomó su nombre definitivo con la grabación de su primer singlé, “The Letter”, uno de los éxitos más importantes que obtuvo este grupo durante los años en los que estuvieron juntos, entre 1967 y 1970, aunque en la década de los noventa volverían a reunirse, incluso podría decirse que aún permanecen en activo. “The Letter”, que cuenta la historia de un joven que, tras recibir una esperanzadora carta de un antiguo amor, no duda en viajar –cueste lo que cueste- para reunirse con ella, fue ofrecida por su autor (Wayne Carson) a Chips Moman, propietario de American Sound Studio; él fue quien sugirió al grupo local, De Devilles, que contaban con un cantante de dieciséis años llamado Alex Chilton, portador de una interesantísima voz grave, inusual para alguien de esa edad. Lo acompañaron en la grabación Danny Smythe (batería), Richard Malone (guitarra), John Evans (órgano) y Russ Caccamisi (bajo). Tras una treintena de tomas, en las que Alex Chilton no lo debió de pasar muy bien debido al tono de la canción, excesivamente alto para su color de voz, este grupo de novatos dejó grabada la pista base sobre la que trabajarían los productores; añadieron un sonido de avión y unos excelentes arreglos de cuerda y vientos a cargo de Mike Leach, y todo en menos de dos minutos de duración. Consiguieron facturar un producto notable, que llegó a alcanzar, en septiembre de 1967, el número 1 en la lista de singles de la revista Billboard.
Las versiones no se hicieron esperar: The Mindsbenders, The Shadows, Trini Lopez, Brenda Lee, Al Green o The Arbors, todas ellas durante el período 1967-1969. Joe Cocker, protagonista de nuestro segundo vídeo destacado de hoy, la grabó en 1970 como single y, poco después, la incluiría en su álbum en vivo “Mad Dogs & Englishmen” (1970). Tras la de Joe Cocker se han seguido haciendo versiones: Bob Marley,Peter Tosh, Barbara Mandrell, Sammi Smith, Dione Warwick, Eva Cassidy, Bachman Turner Overdrive, David Coverdale o, más recientemente, Haley Reinhart. La tercera destacada pertenece a alguien procedente del rock progresivo, me refiero a Neal Morse, antiguo integrante de bandas como Spock’s Beard o Transatlantic; en 2002 se convirtió al cristianismo y, desde entonces, ha grabado varios discos en solitario de rock progresivo cristiano que, sinceramente, no conozco. Esta versión de “The Letter” fue incluida, como bonus track, en la edición especial que se hizo de su disco “Lifeline” (2008). Los que tengáis una cierta edad tal vez recordéis la versión que, en los sesenta, realizara la formación catalana Los Mustang, cantada en español bajo el título de “La Carta”.
Imán Califato Independiente es una banda de rock sinfónico arábigo-andaluz creada en 1976 en torno al bajista Iñaki Egaña, el guitarrista Manuel Rodríguez, el batería Kiko Guerrero … y el gurú Maharaji, por el que sentían auténtica devoción los miembros de esta banda, también los que se integraron poco tiempo después, como el teclista Marcos Mantero, y otros compañeros que acabaron abandonando este proyecto (Pablo Becerra, Federico Cordón o Luis Delgado). Primero se instalaron en Madrid (en el barrio de Fuencarral), después en Jerez (en casa de Kiko Guerrero) y, finalmente, en el Puerto de Santa María, donde vivieron en comuna, incluso con un cocinero especializado en comida vegetariana; así nos lo cuenta Marcos Mantero:
«Acabamos viviendo todos juntos en el Puerto de Santa María, en una casa medio en el campo, en el Camino del Águila (…) Tenía un pequeño terreno con una especie de nave que había sido utilizada como tostadero de pipas de girasol. La forramos toda con colchones desechados de la Base de Rota y la convertimos en nuestro local de ensayo».
Sólo publicaron dos álbumes: «Imán Califato Independiente» (1978) y «Camino del Águila» (1980), dos excelentes trabajos progresivos impregnados de jazz-rock y de influencias hindúes, mediterráneas, arábigas y andaluzas. El grupo se disolvió en 1980, aunque se han reunido esporádicamente en alguna que otra ocasión. Marcos Mantero nos habla de las posibles razones que pudieron motivar la ruptura:
«No sé exactamente a qué se debió la disolución de Imán, aunque fui yo el que decidió dejar el grupo y, a partir de eso, se disolvió. Quizás no supimos adaptarnos al cambio de vivir en una especie de comunidad hippie, donde ni siquiera nos repartíamos el dinero, sino que cada uno cogía lo que necesitaba, a pasar a la formación de parejas, matrimonios, niños …»
En cuanto a su estilo, Mantero reconoce claramente influencias de bandas como Pink Floyd o Weather Report, aunque también está presente en ellos, al menos así me lo parece a mí, el clásico sonido de la «Escena Canterbury» y los aromas catalano-mediterráneos característicos de bandas como Iceberg, algo que se evidencia en temas como el que hoy os propongo: «Darshan», una mini-suite instrumental de nueve minutos de duración perteneciente a su primer álbum, cálida y cambiante, con la guitarra y los teclados luciendo a gran nivel, al igual que la sección rítmica. El resto de temas de este disco son igual de buenos, en especial el que ocupa toda la cara A, «Tarantos del Califato Independiente«, que estoy seguro va a cautivar a todos los aficionados al rock progresivo.
Las citas están tomadas del libro de Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; págs. 415-420.
En la entrada dedicada al tema “Whipping Post” hablaba del rock sureño; de los orígenes de la Allman Brothers Band, los creadores de este género en opinión de muchos; de su excepcional guitarrista, Duane Allman, fallecido a los veinticuatro años en un accidente de moto; y, sobre todo, del álbum en vivo “At Fillmore East” (1971), uno de los mejores discos en directo de la historia del rock. El primer Lp de este grupo, publicado en 1969, se tituló “The Allman Brothers Band” y fue un fracaso de ventas. Los ejecutivos de la discográfica Atlantic, a la que pertenecía el grupo a través del sello Capricorn Records, sugirieron a Phil Walden, el mánager de esta formación, que se trasladaran a Nueva York o Los Ángeles con el ánimo de acercarlos más a la industria musical. Ellos, sin embargo, decidieron quedarse en el sur y, de paso, aguantar a quienes les decían que lo suyo estaba condenado al fracaso. El tiempo les acabaría dando la razón, convirtiendo su identidad sureña en su principal valor, en la clave de su éxito. En lugar de luchar por convertirse en estrellas del rock, decidieron irse a vivir a una cabaña a las afueras de Macon (Georgia), cerca de un lago, donde compusieron, ensayaron, compartieron su vida y se divirtieron. Bautizaron aquel lugar con el nombre de Idlewild South, el mismo que utilizaron para titular su segundo trabajo de estudio, grabado en distintas localidades durante las pausas de su repleta agenda de conciertos y de los compromisos adquiridos por Duane Allman como músico de sesión. Publicado en 1970, este álbum se vendió algo mejor que el anterior, pero lo cierto es que la fama de la Allman Brothers Band se acrecentó gracias a sus directos, su medio natural. “Idlewild South” se compone de siete canciones: tres compuestas por Gregg Allman (“Don’t Keeps Me Wonderin’”, “Please Call Home” y “Leave My Blues At Home”), una de Gregg Allman y Kim Payne (“Midnight Rider”), dos de Dickey Betts (“Revival” e “In Memory of Elizabeth Reed”) y una interesantísima versión del “Hoochie Coochie Man” de Willie Dixon (aquí la dejo).
“In Memory of Elizabeth Reed” es una de las piezas más conocidas y valoradas de esta banda, un cálido tema instrumental que, por momentos, recuerda a Santana, en el que las influencias procedentes del jazz son manifiestas. El título está tomado de una lápida del Rose Hill Cemetery (Macon –Georgia-), lugar que frecuentaban los miembros de esta banda (allí están enterrados los hermanos Allman y el bajista Berry Oakley), donde se relajaban, escribían canciones y quién sabe si algo más, de hecho se ha especulado mucho en torno al origen de esta canción, que parece inspirada en la novia del músico Boz Scaggs, con quien Dickey Betts pudo tener algún tipo de relación. En el vídeo que encabeza esta entrada podéis escuchar el original de estudio, aunque la versión incluida en el álbum “At Fillmore East”, de casi trece minutos de duración, quizás sea la mejor (aquí la tenéis). Finalizo con dos versiones más, una a cargo de Herbie Mann y otra interpretada por John Pizzarelli.
Éste es el tercer año que acudo al Festival de Jazz de Madrid, un evento que parece consolidarse en la capital durante el mes de noviembre, para alegría de quienes amamos la música. En la edición anterior estuve en los conciertos de la Vargas Blues Band y del trío Benavent-Di Geraldo-Pardo y, en 2016, puede ver, después de mucho tiempo esperando, a Madeleine Peyroux; en aquella edición también estuvieron los sevillanos O Sister!, que han repetido este año para disfrute de todos los que estuvimos el viernes pasado en la Sala Guirau del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa (Madrid).
O Sister! no son precisamente unos recién llegados al mundo de la música, este año celebran su décimo aniversario con la gira “10 Crazy Years”, que espero sea todo un éxito y consolide a este grupo como referencia del jazz vocal, estilo Nueva Orleans, en Europa. Durante la actuación confesaron su deuda con The Boswell Sisters, un trío de armonía vocal estadounidense de la década de 1930 (así sonaban), incluso comentaron que O Sister! comenzó como un homenaje a las hermanas Boswell; en Mondo Sonoro señalan que llegaron a participar en un homenaje a las Boswell Sisters que se celebró en Nueva Orleans, en el año 2014 (aquí los podemos ver, en un documental muy interesante).
Todo comenzó para nuestros protagonistas de hoy en 2008, cuando Paula Padilla decidió crear un proyecto, junto con su amiga Helena, para rescatar el viejo swing del primer tercio del siglo XX; tal y como la propia Paula ha comentado, “se lo propuse a mi amiga Elena, con la que llevaba años cantando en corales, y completamos el trío con mi hermano Marcos, que venía de una formación clásica y tenía voz de tenor. Ninguno había hecho este estilo antes aunque yo sí había escuchado mucho jazz a través de mi padre (…) Más tarde, se unió Matías, que era mi profesor de guitarra” (consultado en Tribus Ocultas). Ofrecieron su primer concierto en Sevilla, el 28 de junio de 2008, después incorporaron a Camilo Bossa (contrabajo) y Pablo Cabra (batería, percusiones); con esta formación siguieron actuando como un grupo de versiones y grabando álbumes como “Crazy People” (2009), “Shout Sister!” (2012) y el EP “Spooky Sessions” (2014); su último álbum se tituló “Stompin’ in Joy (2016), un trabajo donde la mayoría de las canciones ya están compuestas por ellos.
O Sister! estuvieron en escena durante aproximadamente dos horas que, os puedo asegurar, se hicieron cortas. Desde luego, sabía que iba a presenciar un concierto de swing, dixieland y jazz vocal años veinte-treinta, lo que no me imaginaba es la calidad que atesora esta formación. Pronto me di cuenta, en cuanto vi su exquisita puesta en escena y tras escuchar los primeros acordes de “Begin the Beguine”, tema de Cole Porter que fue grabado por otro trío vocal (las Andrew Sisters), también de los años treinta. Las canciones fueron sucediéndose, al igual que los bailes y las performances con las que este grupo adorna su música; a mí me conquistaron desde el minuto uno y, según puede comprobar, también a todo el auditorio, rendido ante la manera de interpretar, la simpatía, el arte y la entrega de estos sevillanos poseídos por el swing.
Cualquiera que vea en directo a O Sister! se percatará de lo bien que han recreado la época a la que homenajean; los bailes, la escenificación de las canciones, hasta el sonido se parece al de las viejas grabaciones en discos de pizarra. Por supuesto, todo eso no es casual, detrás hay muchísimo trabajo y, a mi entender, una planificación milimétrica de la interpretación vocal e instrumental que exhiben en cada canción. O Sister! es un proyecto que emociona y sabe llegar al público, algo que consiguen a base de calidad y trabajo; sólo hay que escuchar las tres voces para percatarse de ello, perfectamente empastadas, sincronizadas a la perfección, sin desafinar ni una nota en toda la noche, incluso capaces de emular instrumentos como la trompeta. Hasta el pequeño descanso que se tomaron está perfectamente estudiado; lo hicieron después de interpretar “Rasca-Yú”, el clásico de Bonet de San Pedro, creo que el único tema cantado en castellano; inmediatamente después nos quedamos en compañía del violinista Raúl Márquez, uno de los tres invitados de la noche –junto con Ángel Andrés Muñoz (piano) y David Pérez (trompeta)-, quien interpretó el tema central de “Casablanca”, “As Time Goes By«, improvisándolo con la complicidad del público.
El concierto acabó y aún nos tenían reservada una sorpresa; a la salida de la Sala Guirau, en el hall, habían puesto una pequeña mesa para vender sus discos; en ese momento aparecieron los músicos y se pusieron a tocar allí, entremezclados con la gente, mientras los tres cantantes firmaban discos y charlaban, con simpatía y cercanía, con quienes se acercaban a ellos.
Durante el concierto la organización prohibió cualquier tipo de grabación; por lo tanto, algunas de las fotos que aparecen a lo largo de esta entrada las he tomado de la página oficial de Facebook de O Sister! y de internet, el resto son mías, del momento que os acabo de comentar, tras la finalización del concierto. Por supuesto, compré sus discos y me acerqué a que me los firmaran, uno Helena y el otro Paula, como bien podéis ver en las siguientes imágenes ¡Muchas gracias chicas!
También os dejo un par de vídeos, tomados de otras actuaciones en directo de este grupo para que os hagáis a la idea de su estilo, el enlace a sus canales de Youtube y Spotify, a su página web y, al final del todo, el único vídeo que hice el viernes, precisamente al finalizar la actuación, en el hall.
Si tenéis oportunidad y os gusta el swing, no os perdáis a O Sister! Espero que tengan mucha suerte y triunfen como se merecen, creo que hay público para ello; cuando los veía pensaba en la Orquesta Pink Martini, diferente en su concepto musical pero también muy apegados a lo “vintage” ¡Qué arte hay en Sevilla y qué veinte euros más bien pagados!