A mediados del pasado siglo la canción italiana continuaba muy influenciada por la ampulosidad y rigidez del bel canto; la mayor parte de sus cantantes seguían este patron, muy del gusto del público adulto. Sin embargo, los jóvenes demandaban los nuevos sonidos procedentes de los Estados Unidos, nuevas maneras de cantar, al modo de los Platters o de otros grupos de doo wop similares. Precisamente un admirador de Tony Williams, el solista de The Platters, fue uno de los principales responsables de que este género calara en la sociedad italiana; me estoy refiriendo al cantante y actor Antonio Lardera, conocido con el nombre artístico de Tony Dallara quien, tras trabajar como camarero, recepcionista y repartidor, comenzó su carrera artística en la banda Rocky Mountains; en 1957 firmó con la discográfica Italiana Music y, a finales de ese mismo año, publicaba su primer sencillo: “Come Prima”, un tema compuesto por Mario Panzeri (letra) y Vicenzo di Paola y Sandro Taccani (música). Llegaron a venderse 300.000 copias de este disco, según algunas fuentes, el single más vendido en la historia de la música italiana. “Come Prima” era toda una revolución musical, magnificada por el hecho de haber sido rechazada a concurso en el Festival de la Canción de San Remo debido a su “naturaleza anómala”, en opinión del jurado de este conocido y prestigioso festival. Mientras que la estructura musical de la canción atentaba contra la ortodoxia italiana, la letra era sencilla, repetitiva y almibarada, muy al gusto de la época. Como he comentado antes, la versión de Tony Dallara (aquí la podéis escuchar) fue la primera que se grabó y la más popular de todas, aunque pronto se lanzaron otras, como las de Marino Marini Quartet, Domenico Modugno, Dalida, Mina o Jimmy Fontana. Desde entonces ha seguido siendo grabada, incluso en diferentes idiomas; en inglés destaca la versión de The Platters (el segundo vídeo destacado de hoy), aunque también hay otras como las de Malcolm Vaughan o Patrizio Buanne; en español ha sido versionada, con desigual fortuna, por artistas y grupos como Los Cinco Latinos, José Guardiola, Francisco o Lucho Gatica. Para la primera versión os propongo Caetano Veloso, uno de los grandes de la escena brasileña, se publicó en el álbum en directo titulado “Omaggio a Federico e Giulietta” (1999). La segunda versión propuesta es la de The Platters (en inglés) y la tercera, también en italiano, es la del grupo español Golpes Bajos, incluida en su disco “A Santa Campaña” (1984).
Categoría: Pop-canción melódica
The Spencer Davis Group. «Keep on Running»
Stevie Winwood tenía sólo veinte años cuando ya brillaba como cantante y teclista en uno de los álbumes clave del blues-rock británico: “Blind Faith”, el único trabajo del supergrupo homónimo, del que ya nos hemos ocupado a propósito del tema de Eric Clapton “Presence of the Lord”. Stevie procedía de otra banda importante, Traffic, creada en 1967 por Jim Capaldi, Dave Mason y el propio Steve Winwood después de haber abandonado The Spencer Davis Group, formación que empezó a ser conocida a mediados de los años sesenta de la mano de Spencer Davis, un antiguo maestro de escuela. Junto a Spencer estaban los hermanos Winwood, Muff y Steve, éste último apenas un adolescente. Tras publicar algunos singles, la mayor parte de ellos versiones –al menos en las caras A-, editan su primer Lp en 1965 (“Their First Lp”) y, un año después, su segundo disco de larga duración (“The Second Album”). Os animo a que lo escuchéis entero (aquí lo podéis hacer); en él podréis disfrutar de la música negra (soul, R&B o blues) pero ejecutada por un grupo pop, cercano al beat, formado por músicos blancos de Birmingham (Reino Unido). Es una delicia de disco, con varias versiones –al igual que sucedía con el primer Lp- y otras canciones compuestas por los miembros de la banda. Aunque The Spencer Davis Group estaba liderado por Spencer Davis, quien realmente destacaba era Stevie Winwood, con esa manera de cantar tan característica, como si estuviera poseído por el espíritu de un cantante de soul negro. El segundo corte de “The Second Album” es “Keep pon Running”, compuesta y grabada inicialmente por el músico jamaicano Jackie Edwards (éste es el original); la versión de la Spencer Davis llegó al número uno en las listas británicas y se ha utilizado en alguna película (“Buster: el robo del siglo” o “Corredor de Fondo”) y serie de televisión (“Coronation Street” o “Two Pints of Lager and a Packet of Crisps”), además de haber sido versionada por diferentes grupos y solistas, por ejemplo Phil Collins, The Misunderstood, The Trojans, Tom Jones, The Mads, Grant Smith and the Power, Robben Ford o The Romantics; también hay alguna en español, que rescataremos para la sección “Grandes canciones en versión española”. Por cierto, hay otros temas diferentes con este mismo título, como los de Stevie Wonder, Milli Vanilli y, tal vez, alguno más.
Talk Talk. «It’s My Life»
El otro día me estuve riendo un buen rato a propósito de un comentario realizado por el compañero Irotula (Algo de Jazz, Blues, Rock …), cuando calificó los años ochenta de «época de sonidos tecno-dispersos». Buena parte del pop de aquella época se identifica bien con esta genial etiqueta y, también, con una manera de entender la música alejada del rock y, en cierta medida, dominada por una artificialidad comercial gestionada por productores y compañías discográficas. En este ecosistema, en el que habitaban grupos new romantics, de new wave o de Synth Pop, es en el que nació Talk Talk, una banda británica creada en 1981 en torno al cantante y multiinstrumentista Mark Hollis y al productor Tim Friese-Greene, con la que trataron de imitar el sonido y la estética de uno de los grupos más importantes de aquella época: Duran Duran. Publicaron su primer álbum en 1982 («The Party’s Over»), con el que tuvieron un cierto éxito, aunque acabaron triunfando con su segundo Lp: «It’s My Life«. Desde mi punto de vista, Talk Talk no es un grupo «tecno-disperso» al uso, del tipo Culture Club o Duran Duran; su propuesta es más consistente y, de hecho, sus siguientes discos se alejaron del synth pop y la new wave para adentrarse en terrenos experimentales, poco comerciales, cercanos a lo que luego se llamaría post-rock. A propósito del tema protagonista de hoy, «It’s My Life», Mark Hollis llegó a justificarse por el uso de sintetizadores en la grabación de esta canción: «Verás, cuando hicimos It’s My Life, teníamos que depender mucho de sintetizadores. Los sintetizadores significan cosas electrónicas para mí, y no creo que tengamos algún tipo de relación con eso. Usamos sintetizadores en ese álbum porque desde un punto de vista económico era la única forma en que podíamos hacerlo» (Wikipedia). Ésta es la grabación original de «It’s My Life», con su correspondiente vídeo promocional; sin embargo, para esta ocasión he preferido mostraros un directo del año 1986 en el Festival de Montreaux (Suiza), en el que realizan una interpretación muy meritoria, con buen sonido y algunas novedades a cargo de las percusiones (a partir del minuto 3:35). De entre las versiones existentes tal vez la más conocida sea la de No Doubt, la banda californiana donde se dio a conocer la cantante Gwen Stefani, que inició su carrera en solitario poco después de grabar esta canción; éste es el videoclip oficial, en el que podemos ver a Stefani en el papel de una «mujer fatal» bien dotada para el asesinato.
Django Reinhardt / Bobby Darin / George Benson. «La Mer» / «Beyond the Sea»
Charles Trenet fue un compositor y cantante francés a quien se considera el padre de la canción francesa contemporánea. Comenzó a desarrollar sus dotes artísticas (música, pintura y escultura) cuando era niño, para entretenerse mientras se recuperaba de unas fiebres tifoideas. Trenet es autor de «La Mer», uno de los temas galos más versionados de la historia. Según cuentan las crónicas habituales, fue compuesta durante un viaje en tren (Montpellier-Perpignan) en el que Trenet iba acompañado de su secretario, del cantante Roland Gerbeau y del pianista Léo Chauliac. Esta canción nos habla del mar en tono evocador, tal vez como metáfora del amor, sin embargo no se inspiró en el mar para componerla sino en el Lago de Thau, que podía ver a través de la ventana de su vagón. La música fue adaptada por el mencionado Léo Chauliac y cantada por, el también aludido, Roland Gerbeau en 1945, después de que fuera rechazada por la cantante Suzy Solidor argumentando que canciones sobre el mar recibía unas diez al día. En 1946, Charles Trenet grabó su propia versión y la llevó a los Estados Unidos, donde vivió finalizada la II Guerra Mundial. Como en tantas otras ocasiones -véase, por ejemplo, la historia de «My Way«-, los americanos la adaptaron a su lengua, modificaron su letra e, incluso, cambiaron el título. A finales de los cincuenta esta canción ya se conocía como «Beyond the Sea», y fue un gran éxito a partir de la versión que hiciera Bobby Darin, una de las más imitadas por otros cantantes; de este estilo hay muchas, yo os recomendaría una relativamente reciente a cargo de Rod Stewart, publicada en uno de sus discos (tiene cinco) titulados «The Great American Songbook». Las primeras versiones de este tema, las de Roland Gerbeau y Charles Trenet, las podéis escuchar en sus respectivos enlaces, de tal manera que el primer vídeo que hoy os propongo es la interpretación realizada por del guitarrista de gipsy-jazz Django Reinhardt en su breve gira italiana de 1949, en la que estuvo acompañado por Stéphane Grappelli; estas grabaciones se publicaron en el álbum «Djangology» (2005). La segunda versión es la de Bobby Darin, grabada a finales de la década de los cincuenta. La última, la del cantante, guitarrista y compositor George Benson, publicada en el disco»20/20″ (1985), aunque el vídeo que podéis ver se corresponde con una actuación en directo en el Festival de Jazz de Montreaux de 1986.
Madeleine Peyroux. «J’ai deux amours»
Tras la victoria de las tropas aliadas en las playas de Normandía, se trató de penetrar rápidamente en territorio alemán con el fin de acabar lo antes posible con la guerra. Sin embargo, al sur estaba París; su liberación era imprescindible para la Resistencia, para tratar de evitar un eventual gobierno aliado en su territorio y como símbolo de lo que debería ser la nueva Francia libre. Para el mando militar norteamericano la entrada directa en la ciudad suponía un verdadero quebradero de cabeza. Por ello, decidieron rodearla en lugar de entrar, sitiarla y esperar una mejor ocasión para tomarla; los franceses no se quedaron conformes y decidieron enfrentarse a los nazis desde dentro. Una vez conocida la noticia de que el ejército aliado se aproximaba, los trabajadores del Metro y de la Gendarmería Nacional se sublevaban; eso sucedía el 13 de agosto de 1944, dos días después hacía lo mismo la Policía y luego los carteros, a la vez que se requisaban vehículos con el objetivo de blindarlos para la batalla. El 18 de agosto se declaraba una Huelga General, se levantaban barricadas y se incrementaban las escaramuzas con las tropas alemanas. Unos días después, el Comandante de París, Dietrich Von Cholitz, recibía la orden de Hitler de defender la ciudad hasta el final y, cuando esto no fuera posible, destruirla para que los americanos no se la encontraran intacta, incluyendo los puentes sobre el río Sena y la mayor parte de los monumentos emblemáticos. Mientras tanto, el general Leclerc, desobedeciendo las órdenes de sus superiores estadounidenses, entró en París al mando de la 2ª División Blindada, que comenzó a atacar la ciudad el 21 de agosto, sin contar con apoyo aéreo aliado. Al frente de la División iba la 9ª Compañía de Reconocimiento, conocida como «La Nueve», formada casi exclusivamente por soldados españoles, unos ciento cincuenta, antiguos componentes del Ejército Popular Republicano, las primeras voces que escuchó el pueblo de París cuando «La Nueve» entró por la Porte d’Italie. El 25 de agosto el Estado Mayor alemán, Dietrich Von Cholitz incluido, fue hecho prisionero por los españoles (con uniforme francés) Francisco Sánchez, Antonio Navarro y Antonio Gutiérrez. Finalmente Cholitz desobedeció las órdenes de Hitler y no destruyó París; para algunos fue un héroe, para otros un opresor. La novela «¿Arde París? (1964), de Larry Collins y Dominique Lapierre, describe con detalle los momentos previos a la liberación de París, incluso también se ha hecho un largometraje. Recientemente he tenido la oportunidad de revivir este episodio a través de la película francesa «Diplomacia» (2014), en la que se plantea la hipótesis de la intermediación diplomática del cónsul sueco para evitar el desastre. Al acabar, con los títulos de crédito, me quedé pensando en este episodio de nuestra historia mientras sonaba «J’ai deux amours» en la maravillosa voz de Madeleine Peyroux.