Ray Charles / The Animals / Casey Abrams y Haley Reinhart. «Hit the Road Jack»

Para algunos Ray Charles fue el inventor del soul y uno de los impulsores del R&B, para otros el responsable de que la comunidad afroamericana se sintiera importante gracias a la música, a través de una propuesta que atacaba las bases conceptuales de lo que debería ser la música negra; el góspel era demasiado limpio y espiritual, mientras que el blues se manifestaba como un estilo triste y quejumbroso. Ray Charles puso todo su talento en una coctelera y el resultado fue algo apasionado y lleno de vida, una propuesta vital disfrazada de música en la que el góspel, el blues, el R&B, el jazz, el country y el pop se fusionaban de una manera milagrosa. Tras el gran éxito que supuso «What’d I Say», en 1959, todo un latigazo de energía para una comunidad necesitada de propuestas así, Ray Charles se consolidaba como uno de los grandes intérpretes del momento y, también, empezaba a evidenciar sus problemas con las drogas, hasta llegar a ser encarcelado, a mediados de la década de los sesenta, por posesión de heroína. Uno de los temas más famosos de aquellos años fue «Hit the Road Jack», compuesto por Percy Mayfield para Ray y grabado por éste en 1961. En el primer vídeo de hoy podéis ver esta canción tal y como fue concebida, es decir, como un diálogo entre Charles y The Raelettes, el coro femenino liderado por Marjorie Hendricks que acompañaba al artista norteamericano desde finales de los cincuenta; Ray suplica, mientras que las Raelettes le responden «No more, no more, no more», además de aludir a su limitada solvencia por no tener dinero. La segunda propuesta destacada de hoy es la de los británicos The Animals, publicada en el álbum «Animalisms» (1966); en ella destaca la voz de Eric Burdon y los teclados de Dave Rowberry, una versión que me encanta. Por último, os propongo una más reciente, la debida a Casey Abrams y Haley Reinhart, dos concursantes del programa de televisión «American Idol«, creo que de la décima temporada. No obstante, hay otras versiones más o menos interesantes, como las de Suzi Quatro, The Stampeders, Shirley Horn, Jerry Lee Lewis o una de lujo, a cargo de Willie Nelson, Wynton Marsalis y Norah Jones. Incluso fue cantada por el actor Daniel Brühl en la película española «Los Pelayos«.

The Isley Brothers / The Beatles / G. Bissonette, S. Ian & L. Kilmister. «Twist and Shout»

El primer Lp de los Beatles, titulado «Please Please Me», fue publicado en marzo de 1963 tras una única sesión de grabación que apenas duró diez horas; aquello ocurrió un 11 de febrero, con John Lennon resfriado y la voz prácticamente rota, sobre todo al llegar al último tema -el número catorce-, titulado «Twist and Shout». Tras una primera toma en la que Lennon cantó como pudo, se intentó una segunda pero la garganta de John no aguantó más; el productor George Martin se vio así obligado a validar esta grabación y a incluirla en el disco. Según he podido leer, «Twist and Shout» fue el único éxito de los Beatles no escrito por ellos que fue capaz de vender un millón de copias. La canción había sido compuesta por Phil Medley y Bert Russell, con el título inicial de «Shake it Up, Baby», para los Top Notes (éste es el original de 1961). A pesar de que la producción corrió a cargo del solvente Phil Spector, apenas fue tenida en cuenta hasta que el compositor Bert Berns decidió modificarla con el fin de incrementar su energía; esta nueva adaptación fue entregada al grupo de funk-soul The Isley Brothers, quienes la publicaron como cara A en un single editado en 1962. La cara B se titulaba «Spanish Twist», algo que no es casual si tenemos en cuenta que el «Twist and Shout» de Berns se parecía mucho en ritmo y concepto musical a una canción hispana muy conocida: «La Bamba«, de Ritchie Valens. Utilizando como referencia la versión de los Isley Brothers, popularizada y definida poco después por los Beatles, han sido muchos los artistas que se han animado con este clásico; formaciones como The Kingsmen, The Searchers o Brian Poole & The Tremeloes lo han hecho con aires beat/garage rock; desde el soul también se han hecho buenas versiones, como las de The Sangri-Las o Ike & Tina Turner; las hay en tono melódico, como la de The Mamas & The Papas, Minnah Karlsson o Petra Viková & Band; y también más rockeras, como las de los Who, Bruce Springsteen o la tercera destacada de hoy, a cargo de tres buenos músicos: el batería Gregg Bissonette, el guitarrista Scott Ian (Anthrax) y el bajista y cantante Lemmy Kilmister (Motörhead). Esta versión fue grabada para el álbum «Harder and Heavier» (2010).

Les Paul / Steve Howe / Larry Carlton. «Sleep Walk»

La steele guitar es una guitarra dispuesta de manera horizontal para ser tocada sobre las rodillas, o sobre armazones de cuatro patas, normalmente con un dispositivo metálico («steel») en lugar de hacerlo con los dedos. Originaria de Hawái, empezó a ser utilizada durante las décadas de 1920 y 1930 por los músicos de blues y, sobre todo, de country, estilo donde aún se utiliza con cierta asiduidad. «Sleep Walk» es una de las piezas clásicas del surf rock instrumental concebida para steel guitar; fue compuesta por los hermanos Farina (Ann, Santo y Johnny) para el primer álbum del dúo Santo & Johnny, publicado en 1959 con el mismo título adoptado como nombre artístico por los dos Farina varones. Aunque la canción fue compuesta con letra (aquí podéis escuchar la interpretación de Betsy Brye, tal vez la primera versión cantada de «Sleep Walk»), lo cierto es que Santo & Johnny la grabaron como tema instrumental, con ese sonido tan característico de la steele guitar. Aquí dejo el original de los hermanos Farina, un interesante vídeo en el que se puede ver a sus autores interpretando esta canción. A pesar de que es posible que existan más versiones con letra, «Sleep Walk» es un tema que nace con vocación instrumental, y así ha sido entendido por un buen número de grupos y guitarristas solistas, que no han perdido ocasión para versionarla. De hecho, hoy he tenido muchos problemas para decantarme por tres versiones; bien podrían haber sido las de The Shadows, The Ventures, Chet Atkins, Jeff Beck, Joe Satriani o Brian Setzer Orchestra, ésta última premiada en los Grammy de 1998; sin embargo, aún gustándome éstas, al final he preferido dar paso a uno de los grandes guitarristas que aún no habían aparecido por aquí, el estadounidense Les Paul. La segunda versión es la de Steve Howe, el guitarrista de Yes, uno de mis músicos preferidos, grabada para el disco «Quantum Guitar» (1998); y la tercera es la de Larry Carlton, otro excelente guitarrista, habitualmente dedicado al jazz y al smooth jazz, que la incluyó en su álbum titulado «Sleepwalk» (1981). Antes de acabar, me gustaría recordar que el original de esta canción formó parte de la B.S.O. de la película «La Bamba«, y que sirvió de inspiración para el instrumental de Fleetwood Mac «Albatross» -compuesto por Peter Green- que, a su vez, fue utilizado por los Beatles en la composición de «Sun King«, del álbum «Abbey Road».

Chuck Berry / AC/DC / Iron City Houserockers. «School Days»

Lo bueno del autoplagio en la música es que nadie puede demandarte por violar los derechos de autor, en cambio permite refrescar viejos éxitos y, llegado el caso, modificar la letra o la melodía con total libertad. Si escucháis los temas «No Particular Place to Go» y «Big Ben Blues«, de Chuck Berry, os daréis cuenta de que, además de parecerse entre ellos, copian la estructura melódica de una canción anterior del mismo autor: «School Days». En la entrada que dediqué a su primer éxito, «Maybellene» (1955), tema basado en la composición tradicional «Ida Red», daba algunas pinceladas generales de la biografía de Chuck Berry hasta firmar por la Chess Records, donde acabaría grabando sus canciones más exitosas, siempre con la juventud en su punto de mira; Berry supo retratar muy bien los amores adolescentes, las relaciones entre compañeros y amigos y esas pequeñas ilusiones y desilusiones típicas de aquella edad. Publicada en 1957 como single e incluida en su primer Lp («After School Session»), «School Days» es un amable llamamiento a la rebelión escolar y un grito reivindicativo del R&R como forma de vida de la juventud estadounidense. El compañero Adrián, autor del blog Tu Crítica Musical, ha descrito esta canción como música que «destila energía, potencia y espíritu juvenil en cada acorde. La guitarra de Berry suena magnífica, regalándonos un solo de guitarra excelso e intenso arropado por su particular e inimitable estilo». Una de las frases finales de este tema, la conocida Hail, hail rock and roll ha dado título a un documental sobre este músico, cuya banda sonora es uno de los mejores recopilatorios que conozco de Chuck Berry. Como es habitual con sus canciones, se han hecho bastantes versiones de «School Days»; yo destacaría las de Eddie Cochran, Don Lang & his Frantic Five, Cliff Richard, The Beach Boys, Gary Glitter, Led Zeppelin y, por supuesto, la debida a los australianos AC/DC -el segundo vídeo de hoy-, con la que se cerraba su segundo álbum («T.N.T.», 1975). Para finalizar, os propongo una menos evidente, la de los norteamericanos Iron City Houserockers, que fue grabada para su primer disco («Love’s So Tough», 1979) aunque no llegó a ser incluida en él; finalmente apareció en el álbum «Pumping Iron & Swating Steel: The Best of the Iron City Houserockers», editado en 1992.

Sha-Na-Na. «Those Magic Changes»

Es difícil precisar cuando nos convertimos en adultos y, lo que es más importante, qué acontecimientos y comportamientos definen este estadio. Seguro que se han escrito toneladas de literatura sobre el asunto, haciendo hincapié en el control emocional, la integración familiar y social, la percepción objetiva de la realidad o la responsabilidad. Existe un parámetro que nos ayuda a saber cuánta juventud hemos perdido: la empatía, el recordar y comprender el comportamiento de los jóvenes como algo que también formó parte de nuestras vidas. Pensar que nuestra infancia y juventud fue mejor que la de ellos, incluso hacérselo saber con tono autosuficiente o recriminatorio, suele ser síntoma de mala memoria y de ruptura con lo que un día fuimos. Por ejemplo, los de mi generación tendemos a criminalizar el botellón sin haber estado en ninguno, probablemente porque, en el fondo, sabemos que nosotros hacíamos algo parecido cuando teníamos su edad. Tal vez no ensuciábamos tanto, aunque tampoco estoy muy seguro que recogiéramos las litronas vacías de los parques y de otros lugares donde nos reuníamos. Para los amnésicos, recuerdo que a finales de los setenta, con quince o dieciséis años, teníamos todo un abanico de posibilidades; además de los parques (en mi caso también la Casa de Campo, muy cercana a mi instituto), hacíamos fiestas en locales vacíos que nos dejaban, en la calle, en la playa e, incluso, en las aulas cuando estaban vacías y sabíamos que contábamos con la complicidad de ciertos profesores.

Algunas personas de mi edad dicen que ahora se bebe más; es probable que sea así, aunque realmente no lo sé y, sinceramente, me imagino que todo dependerá del grupo de amigos y de la actitud individual de cada chaval. Tampoco sé, y es algo que me gustaría saber, qué papel desempeña la música en los botellones. En nuestras fiestas era fundamental; la escuchábamos, hablábamos de ella, bailábamos y era la aliada perfecta para poder acercarse a las chicas. En 1978 había un película de moda entre la juventud, «Grease»; su banda sonora era una de las imprescindibles en nuestras reuniones; tenía canciones alegres y con cierto aire rocanrolero, como «Summer Nights«, «You’re the one that I Want«, «Greased Lightnin«, «Hound Dog» o «We Go Together«; y, por supuesto, otras más íntimas, como «Blue Moon«, «Hopelessly Devoted to You«, «Sandy«, «It’s Raining on Prom Night» o «Those Magic Changes», la canción destacada de hoy (aquí podéis ver la secuencia de la película en la que aparece esta melodía). Está interpretada, como muchos de los temas de «Grease», por Sha-Na-Na, un grupo norteamericano de doo-wop creado a finales de los años sesenta, que llegó a participar en el Festival de Woodstock -creo que actuaron delante de Jimi Hendrix-. Tal vez a alguno de vosotros «Those Magic Changes» os parezca una horterada cursi. Yo tengo mucho cariño a esta canción; forma parte del cordón umbilical de mis recuerdos, me sigue sirviendo como referencia para no perder la perspectiva, mantener alguna opción de juventud y mitigar cualquier arrebato de intransigencia generacional.