A comienzos de 1965 el grupo norteamericano The Byrds publicaba su primer disco, “Mr. Tambourine Man”, con el que la industria discográfica estadounidense trató de mitigar y combatir el aluvión Beatle procedente de Europa. En este trabajo se incluyó el tema homónimo de Bob Dylan que, apenas dos meses después, él mismo acabaría grabando en su disco “Bringing it all back home” (aunque existe alguna actuación en directo anterior, como la que proponemos en el segundo video). Sin ánimo de entrar en polémica sobre qué versión es mejor, lo cierto es que la propuesta de The Byrds fue un triunfo rotundo y que tuvo una importancia capital como creadora de estilo; es cierto que muchos aficionados y críticos musicales prefieren la de Dylan y tal vez tengan razón, al menos desde el punto de vista artístico; sin embargo, “El hombre de la pandereta” de The Byrds fue la primera canción de éxito que fusionó estilos como el folk, el pop, el country y el rock, y suele ser considerada como el punto de partida del folk-rock. De hecho, no puede entenderse el country-rock de Gram Parsons, de The Flyin’ Burrito Brothers o de los propios Eagles sin antes entender la labor pionera desarrollada por The Byrds. Como es habitual en Bob Dylan, estamos ante una bella obra, críptica y poética, en la que muchos identifican al hombre de la pandereta con el camello que surtía al propio Dylan (hace poco, el blog Rockologia la incluía en su antología de mejores canciones sobre vendedores de droga).
Alan Stivell. «Marv Pontkalleg»
Hace unos meses me ocupaba del músico gallego Carlos Núñez, al que calificaba como el Paco de Lucía de la gaita, y lo hacía con un clásico de la canción popular («Lela«) cantado por la portuguesa Dulce Pontes. Alan Stivell es otro de los grandes de la música folk celta, responsable -junto a su padre- de haber revitalizado el arpa como instrumento de la música tradicional bretona. Partidario de la autodeterminación de esta región francesa y del panceltismo, es portador de una propuesta musical comprometida con sus raíces e ideología y, sobre todo, francamente innovadora, en la que se mezclan elementos populares con ritmos rock y new age. En 1971 publicó «Renaissance de la Harpe Celtique»; tal y como ha comentado el propio Alan Stivell , como homenaje y reconocimiento a los creadores de este instrumento, con unos arreglos a medio camino entre el folk y la música clásica antigua, con el ánimo de no asustar a quienes huyen de los sonidos eléctricos. El tema que he elegido de este álbum es «Marv Pontkalleg», una canción tradicional que cuenta con otras interpretaciones aunque, desde mi punto de vista, ninguna tan mágica y cristalina como ésta.
Deep Purple. «April»
Cuando un grupo como Deep Purple es creador de estilo, tiene álbumes que han sido, son y seguirán siendo referencia en el mundo del hard rock (“In Rock”, “Fireball”, “Machine Head”, “Made in Japan”, etc.) y es poseedor de un lista de canciones que, a día de hoy, son himnos para todos los aficionados a este estilo musical, pueden producirse situaciones que yo me atrevería a calificar como de injusticia musical. Digo esto porque a veces nos olvidamos que Deep Purple, antes de que definieran su estilo, también fueron pioneros en otros ámbitos musicales, como el rock psicodélico o el rock sinfónico, algo especialmente evidente en sus tres interesantísimos primeros álbumes. En 1969 publicaron “Deep Purple”, el tercer disco de su carrera, que finalizaba con una obra de arte, una joya de incalculable valor musical que ha sido sepultada por el propio curriculum vitae de este irrepetible grupo; “April” es una pieza sinfónica de doce minutos de duración, compuesta por Jon Lord y Ritchie Blackmore, articulada en torno a tres secciones: una primera de corte progresivo, francamente emocionante, una compleja parte central de música clásica (en la que se utilizan instrumentos de cuerda y viento) y un tramo final de carácter más psicodélico, que arranca con batería y guitarra para continuar con una parte cantada y un solo de guitarra final. Pocas veces los teclados de Jon Lord y la guitarra de Ritchie Blackmore han sonado de una manera tan compenetrada, emotiva y certera como en esta canción. Para quien esto escribe, “April” es una de las mejores composiciones de rock sinfónico que se han escrito y, sin embargo, no aparece en casi ninguna lista de este género.
Steppenwolf / Wilson Picket / Duane Allman. «Born to be wild»
Steppenwolf es una banda canadiense de rock que tiene sus orígenes en un grupo de blues de Toronto llamado Sparrow, del que formaron parte algunos músicos de origen aleman. En 1967 se establecieron en San Francisco como grupo de folk, pero pronto endurecerían su sonido hasta convertirlo en un blues-rock muy próximo al hard-rock; es entonces cuando cambian de nombre y empiezan a llamarse Steppenwolf, inspirados en la novela “El lobo estepario” (“Deer Steppenwolf”) del escritor germano Hermann Hesse. En 1968 lanzan su primer álbum, en el que se incluía “Born to be wild”, una canción muy importante en la historia del rock, una de las melodías fundadoras del Hard Rock; para para muchos aficionados y críticos musicales supuso, nada más y nada menos, que el pistoletazo de salida del Heavy Metal. Apenas un año más tarde de su lanzamiento, la canción fue incluida en la película “Easy Rider”, un film de culto sobre todo para moteros y amantes de la velocidad; desde entonces, “Born to be wild” ha venido siendo utilizada, con asiduidad, en otros largometrajes donde la velocidad o las motos eran protagonistas. Además de la propuesta original de Steppenwolf, y a pesar de que esta canción es una de las preferidas por formaciones metaleras de distinto pelaje, yo os propongo la versión que hizo el cante de soul y R&B Wilson Picket, y la ejecutada por el que fuera líder del grupo de rock sureño Allman Brothers Band, el fabuloso guitarrista Duane Allman.
La Frontera. «Siete calaveras»
Dentro del entramado de grupos de pop y rock que poblaron la escena española, durante los años 80 y 90, hubo un estilo que contó con un cierto predicamento: el country rock y las melodías de vaqueros y pistoleros; me refiero a formaciones como Los Secretos, La Guardia, Dinamita pa’ los Pollos, Gatos Locos, … y, por supuesto, La Frontera, tal vez la propuesta con más tiros, más canalla y rockera de todas y, también la que que, desde mi punto de vista, más ha influido en grupos actuales, muy de mi agrado, como Los Corona o Arizona Baby (de ambos intentaré ocuparme en otra ocasión). «Siete calaveras» pertenece a su tercer LP «Tren de Medianoche» (1987); antes habían editado «La Frontera» (1985) y «Si el Whisky no te arruina las mujeres lo harán» (1986), por cierto, éste último disco contaba con una foto de portada tomada en un bar que, durante una época, frecuenté mucho («Mescalito», ubicado en Madrid, muy cerca del Viaducto). Os dejo con esta «triste historia de venganzas y de honor que el tiempo no logró olvidar. Siete calaveras y una maldición, siete cruces bajo el sol. Siete calaveras duermen en el valle, siete calaveras y una maldición».