Es evidente que el disco, como formato, no tiene hoy en día la importancia que llegó a tener durante las décadas de los setenta y los ochenta; a pesar de lo que nos quieran hacer creer, esta situación perjudica más a la industria discográfica que a los propios artistas, al menos a los más modestos. De hecho, ante la imposibilidad de seguir publicando álbumes al modo tradicional, estos músicos han recuperado su independencia y capacidad de maniobra, y proponen a su público un nuevo modelo basado en la difusión a través de internet, la autoedición, la economía colaborativa (crowdfunding) y una mayor presencia en los escenarios. Las grandes figuras, al igual que las discográficas, pierden con este nuevo orden; sin embargo, los artistas menos célebres tienen más opciones de darse a conocer de las que tuvieron la mayor parte de grupos de los setenta y los ochenta, que nunca llegaron a triunfar debido a las rigideces y los intereses de quienes hacían y deshacían a su antojo en el mundo de la música. Hoy os quiero hablar de Ashbury, una de aquellas bandas que nunca recibieron el apoyo que merecían, y que se vieron abocadas a su desaparición con apenas uno o dos discos en su haber. Esta formación estadounidense se creo en 1980; consiguieron publican un disco, «Endless Skies» (1983), con la siguiente formación: Rob Davies (voz), Randy Davis (bajo, guitarra, sintetizadores y voces), Jerry Van Dielen (piano), John Watts (percusiones), Johnnie Ray (percusiones) y Tony Allmendinger (bajo). Tal y como nos cuentan en su página web, Randy y Rob Davis continuaron escribiendo canciones aunque no lograron darlas a conocer hasta el año 2004, en el disco titulado «Something Funny Going on». Volviendo a «Endless Skies», a pesar de ser un trabajo de 1983, tiene un estilo muy setentero, en el que confluyen géneros como el folk-rock, el rock sureño o el rock progresivo. Las influencias procedentes de grupos como Jethro Tull, Wishbone Ash o Dire Straits, son más que evidentes; el tono folk-rock guarda ciertas similitudes con las dos bandas citadas en primer lugar, por no hablar del timbre de Rob Davies, muy similar al de Ian Anderson; por otra parte, la guitarra se parece en ocasiones a la de Mark Knopfler, especialmente en el tema que destacamos en esta entrada: «Mystery Man», que nos hace recordar a «Sultans of Swing«. Otras canciones interesantes son «The Warning«, «Madman» o «Endless Skies«, la composición más progresiva del álbum. En cualquier caso, os recomiendo que escuchéis el disco entero porque, de verdad, merece la pena.
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Tom Waits / Eagles / Gov’t Mule. «Ol’ ’55»
«Closing Time» fue el primer disco del gran Tom Waits; grabado en 1972 y publicado en marzo de 1973 por Asylum Records, fue producido por Jerry Yester, antiguo miembro de Lovin’ Spoonful. Escucharlo mientras redacto esta entrada es un inconveniente más que una ayuda, porque tal maravilla debe ser paladeada sin interferencias; sólo así se puede apreciar el sabor y el aroma de un producto cuyos ingredientes son el folk, el country, el jazz, el blues y el rock, formando parte de un experimento gastronómico que sólo alguien con mucho talento es capaz de cocinar a base de buenos músicos, dedicación, letras sugerentes y esa voz que, el crítico musical Daniel Duschholz ha descrito como si Waits hubiese sido «sumergido en un depósito de bourbon, ahumado durante meses, y luego llevado afuera y aplastado por un coche«. Y eso que, en 1973, su voz aún no era ese rugido cavernoso que acabó adquiriendo con el paso de los años, imagino que conseguido a base de alcohol y hábitos poco saludables; en este vídeo podéis ver una versión en directo de «Ol»55″, la canción de hoy, con la comenzaba «Closing Time«, una obra verdaderamente maravillosa, la prueba de que, con personalidad y clase, también se puede cantar con las entrañas. Este disco está lleno de grandes temas, todos compuestos por Waits, por lo que es probable que, más adelante, vuelva a él para ocuparme de un título con nombre de mujer, como en su día hice con otra excelente canción: «Alice«. Hoy la protagonista es «Ol»55″, una preciosa historia de amor, el relato de alguien que conduce mientras recuerda las horas que acaba de pasar junto a la persona a la que ama. Tal vez muchos conozcáis esta canción gracias a Eagles, quienes la incluyeron en su tercer álbum de estudio («On the Border», 1974), una versión que nunca fue del agrado de su autor: «No estoy particularmente loco por la versión de los Eagles (…) Creo que su versión era un poco antiséptica«. Hay bastantes interpretaciones de este tema; por ejemplo, las de Eric Andersen, Queen Bees o Tommy Eden, en el terreno country-folk melódico; la de Sarah MacLachlan, decididamente melódica o la más rockera de Richie Havens; las procedentes de Holanda y Bélgica: Acda ende Munnik, Nick & Simon o K’s Choice; algunas más bluseras, como la de Owen Campbell o tirando hacia el jazz, es el caso de la propuesta por la alemana Lisa Bassenge Trio. No obstante, para el tercer vídeo, finalmente me he decidido por una grabación en directo del año 2012 a cargo de Gov’t Mule -con la colaboración de Jackie Greene-, banda emparentada por The Allman Brothers Band.
Ralph McTell. «Streets of London»
No pocas veces este blog se ha ocupado de canciones complejas, de largas suites llenas de instrumentos y desarrollos musicales virtuosos, generalmente incluidas en la categoría de rock progresivo. El tema de hoy representa todo lo contrario, la sobriedad y la sencillez: una guitarra acústica, la voz de Ralph McTell y una letra incómoda y comprometida, que habla de los desfavorecidos y marginados que existen en cualquier gran ciudad, de aquellos que, aún viviendo en las calles de Londres, no forman parte de ella. Tengo que agradecer a Eduardo (River of Country) el que me haya recordado este bonito tema; en cuanto lo escuché en su blog ya le comenté que también aparecería en el mío. Si no estoy equivocado, Ralph McTell es uno de esos autores que, a pesar de su abultada discografía, nunca consiguió igualar el éxito de la canción que le hizo famoso: «Streets of London». Fue publicada en su segundo álbum de estudio («Spiral Staircase«, 1969), un trabajo de folk-rock melódico con algunos temas orientados hacia el country-blues, como «Kindhearted Woman Blues«, «(My) Baby Keeps Stanying out all Night Long«, «Last Train and Ride» o «Spiral Staircase«. «Streets of London» se gestó tras una serie de viajes de McTell por Europa y ya estaba compuesto en 1968, cuando se publicó su primer Lp («Eight Frames a Second», 1968), pero la discográfica no creyó oportuno incluir este tema debido a su letra, incómoda para aquellos sectores de la sociedad acostumbrados a mirar hacia otro lado cuando la pobreza y la miseria reivindican su presencia aflorando sobre la opulencia de nuestra sociedad urbana, como si fueran rosas marchitas en medio de un elegante jardín. Hay muchas versiones de este tema, algunas interpretadas por artistas no muy conocidos; yo me voy a quedar con tres: la de Cat Stevens, la de la galesa Mary Hopkin y la de Blackmore’s Night -una de las formaciones del mítico guitarrista de Deep Purple-, publicada en el álbum titulado «The Village Lanteme» (2006).
Las Cinco Canciones de Salva (IV): “¿Qué voy a hacer yo? ” (Celtas Cortos)
Para los que no sepan qué es eso de la «putrefacción sonora», termino acuñado por Salva a partir unas conversaciones locas que mantuvimos hace poco, os recomiendo que os paséis por la entrada que hizo el amigo Alex (que también estaba en el «fregao») hace unos meses en su web Rocktelegram (he dejado enlace en el relato de Salva). En cuanto a Celtas Cortos, yo también tengo muy buenos recuerdos de ellos, de bailes y fiestas de pueblo, hubo una época en la que eran imprescindibles en casi todos los saraos. En esa vena antimilitarista tienen otro tema característico: «Haz Turismo«. Me imagino que, aunque no sea el grupo preferido de Salva, esta canción no se le olvidará nunca, al fin y al cabo aquel día hizo el mejor fichaje de tu vida.
«Esta canción no cambió realmente mi vida. Lo hizo la persona que aflora en mi recuerdo cada vez que la escucho o simplemente rememoro las notas de esta canción. Cuando conocí a mi mujer, Celtas Cortos acababan de publicar su segundo álbum «Gente Impresentable». Ya podías ir a al bar que quisieras, desde el garito más infecto al pub más de moda, allí estaba sonando “¿Qué voy a hacer yo?” (sí, en aquella época esta canción llegó a niveles inverosímiles de putrefación sonora) el canto anti-militarista que los pucelanos pusieron en boca de todo el mundo. Un tema, el antimilitarismo, muy popular en los círculos rockeros, y que aquí se centra en la utilidad de realizar la mili. Por cierto, a mí me dieron por inútil.
Los primeros meses de tonteo amoroso, Celtas Cortos pusieron la banda sonora a la relación con mi mujer, y el de Celtas Cortos fue precisamente el primer concierto al asistimos juntos. Fue en el Festival Actual, el seis de enero de 1991; los de Valladolid eran casi unos desconocidos y, en su primera visita a Logroño, vinieron como teloneros de los irlandeses The Oyster Band, pero los que allí nos concentramos íbamos a escuchar a los Celtas Cortos.
Si soy sincero, del concierto no me enteré demasiado. Entre cerveza y cerveza y con música celta de fondo, Carmen y yo nos pasamos el concierto charlando sobre nuestra vida, esas largas y extensas conversaciones de las primeras citas en las que haces un repaso de lo mejor de tu paso por el mundo para admiración de la persona que enfrente es todo oídos.
Por eso Celtas Cortos siempre ocuparan un lugar muy importante en mis recuerdos. Tal vez el más importante».
Joan Baez / Judas Priest / Blackmore’s Night. «Diamonds and Rust»
Os puedo asegurar que Bob Dylan, al que respeto y valoro mucho, no está entre mis músicos preferidos; sin embargo, no paran de salir canciones suyas en este blog: “Blowin’ in the Wind”, “Mr. Tambourine Man”, “Hurricane” y “All Along the Watchtower”, al menos por ahora. Tal vez los “fuera de serie” adquieren ese estatus cuando se hacen imprescindibles por su legado e influencia artística y vital, cuando todos hablamos de ellos como si tuviéramos el piloto automático puesto. Bob Dylan fue un autor de referencia dentro del movimiento intelectual y libertario vivido a finales de los sesenta, como también lo fue Joan Baez, “los reyes de la canción protesta”, como acertadamente los ha calificado Marta en la entrada de We Are Rock dedicada a la estadounidense. Ambos se encontraron a principios de la década de los sesenta; Joan inculcó a Bob el gusto por el folk protesta y el activismo social, y le dio a conocer cuando más lo necesitaba; Bob, por su parte, puso las canciones y la inspiración. No se limitaron con esta excelente unión profesional, también fueron pareja entre 1962 y 1965, año en el que Dylan casó con Sara Lownds. Pasados unos años, al parecer Bob llamó a Joan para saber de su vida, y algo se debió remover en lo más profundo de sus recuerdos; decidió escribir una canción –inicialmente negó que hablara de Dylan aunque, al final, acabó reconociéndolo- en la que trató de expresar los altos y bajos de aquella relación, una época de “diamantes y óxido”. La bellísima “Diamonds and Rust” fue incluida en su álbum homónimo publicado en 1975, en una época difícil para ella y para toda la canción protesta, a menudo censurada y acusada de hacer apología del marxismo. Dos años más tarde, en 1977, se publicó la versión más conocida de esta canción, a cargo de la banda británica de heavy metal Judas Priest; fue en el álbum “Sin After Sin”, aunque ya estaba grabada desde finales de 1975. Joan Baez y Judas Priest van a protagonizar los dos primeros vídeos de hoy; el tercero corresponde al grupo Blackmore’s Night, aunque bien podrían haber sido otras las versiones elegidas, como las de Taylor Mitchell o Kim Person & Lana Puckett, ambas en la vertiente folk, o las debidas a Great White o Thunderstone, al modo Judas Priest. También me parece interesante una propuesta más actual, la de Model M. Por último, os dejo un par de directos: el primero con Joan Baez y Judy Collins, el segundo de los propios Judas Priest.