Borne fue un grupo barcelonés que tomó el nombre del conocido mercado de la capital catalana, que estaba ubicado precisamente en su barrio. Iniciaron su andadura musical hacia 1977, en el Calella Camping Rock 77, con la siguiente formación: Víctor Molero (guitarra), José Miguel Oca (bajo), Sergio Oca (batería) y Ricard Rauet (teclados). Su mánager, Josep Costa, consiguió que actuaran en los principales festivales de rock progresivo de aquellos años, aún sin tener un disco grabado; así, tras darse a conocer en la sala M&M de Madrid (noviembre de 1978) y en el Festival Canet Rock de 1978, Vicente “Mariscal” Romero les contrató para grabar un álbum con la discográfica Chapa, que acabaría titulándose “Exprime la naranja” (1979). Este interesante trabajo instrumental mezcla diferentes estilos: latín jazz, rumba, funk, rock progresivo andaluz y, por supuesto, el jazz-rock mediterráneo típico del rock laietano; todo ello envuelto en cambios de ritmo continuos, desde suaves sonidos melódicos a momentos de mayor fuerza rockera. A destacar, temas como “Abuelo Romance”, “La Macarena”, “La Música de las fonts”, “Exprime la naranja” o la elegida para encabezar esta entrada: “Azahara”, una alegre y exquisita bulería-rock en la que destacan la guitarra, los teclados y la batería, responsable de ese rapidísimo ritmo tan reconocible en esta melodía.
Os recomiendo que también prestéis atención al tema titulado igual que álbum, “Exprime la naranja”, en el que podéis escuchar a Paloma San Basilio como si fuera un instrumento más, “envuelta en un ritmo que navega entre Andalucía y el Caribe con el timón de la guitarra santanera de Víctor” (Julián Molero, en La Fonoteca). Tal y como nos cuenta Salvador Domínguez en su libro Los Hijos del Rock. Los grupos hispanos 1975-1989 (Madrid: SGAE, 2004; págs. 204-205), este tema lo mezcló el omnipresente Alain Milhaud, después de que Vicente “Mariscal” Romero le pidiera que lo hiciera con la colaboración de Paloma San Basilio, que casualmente se encontraba grabando en esos mismos estudios.
El Lp tuvo cierta repercusión internacional, al ser también editado por el sello canadiense Music Limited Morning, gracias a la gestión del director del departamento internacional de Zafiro -compañía de la que dependía Chapa-, Ángel Prieto. No volvieron a grabar hasta tres años después, ya con el sello Auvi; sin embargo, “Unidades Didácticas” (1982) parecía querer mostrarnos a unos Borne más pop, sin los teclados de Ricard Rauet y, lo que es más importante, sin ese estilo progresivo laietano-andaluz que caracterizó su primer disco. Fue el último trabajo de esta formación.
El tercer disco de Led Zeppelin (“Led Zeppelin III, 1970) fue muy criticado por la prensa especializada, que acusó a la banda de ser un montaje, un grupo formado por músicos famosos que se había pasado al folk-rock. Enfadados ante esta reacción, decidieron sacar al mercado el siguiente Lp con una portada en la que no apareciera el título del disco, el nombre del grupo, ni el logo de la discográfica, así, el que lo escuchara, no estaría condicionado; como bien saben todos los seguidores del rock, en la portada sólo se ve el cuadro de un hombre cargando leña colgado de una pared desconchada. Finalmente bautizado como “Led Zeppelin IV”, hoy día está considerado como una obra maestra del rock; en él se incluyeron algunas de las canciones más recordadas de esta banda: “Black Dog”, “Rock & Roll”, “The Battle of Evermore”, “Misty Mountain Hop”, “Four Sticks”, “Going to California”, “When the Levee Breaks” y, por supuesto, “Stairway to Heaven”, el inolvidable tema con el que se cierra la cara A. Gran parte del éxito que tuvo el disco se debió a la negativa de lanzar esta última canción como single, para obligar así a que todo el mundo comprara el álbum.
“Stairway to Heaven” fue compuesto por Jimmy Page y Robert Plant, en una cabaña situada en un lugar remoto de Gales, donde descansaban después de una exigente gira por los Estados Unidos; Page empezó a improvisar unos acordes, mientras Plant esbozaba la letra. En “Stairway to Heaven” hay hard rock, balada, folk-rock, incluso algo de rock progresivo, todo ello en una composición de ocho minutos de duración. Empieza con una suave melodía folk, con reminiscencias renacentistas, que va electrificándose mientras se mantiene la melodía; hacia la mitad de la canción, se incrementa el ritmo hasta desembocar en un magistral solo de guitarra lleno de energía y sensibilidad, que da paso a un final hardrockero y una frase que ya es historia del rock: “And she’s buying a stairway to heaven”.
El significado de la canción es otro de los factores que han ayudado a mitificar esta composición. Carlos Marcos, en un artículo publicado en El País, titulado “’Stairway to Heaven’ de Led Zeppelin: de qué se trata realmente la letra y por qué su autor reniega de ella”, expone varias teorías y recoge unas palabras de Robert Plant con las que alaba la vertiente musical del tema, aunque no tanto la letra: “(…) ahora mismo no me siento identificado con ella. No tendría la intención de escribir algo parecido a aquella letra abstracta ahora mismo. Incluso vocalmente no estoy convencido”. Teniendo en cuenta las escasas y vagas explicaciones dadas por Plant en torno al significado de la canción, la primera lectura que se podría hacer de ella tendría que ver con el estado de mal humor con el Plant escribió la canción: estamos ante una mujer cínica, que consigue todo lo que quiere, a la que quizás Plant le guarda rencor, que compra una escalera al cielo para llegar a un lugar donde todo le será dado. Una segunda explicación, argumentada por Chris Salewicz en el libro Jimmy page. La biografía definitiva (Barcelona: Cúpula, 2019), tiene que ver con el materialismo y la riqueza: “trata sobre el materialismo, sobre aquellos que creen que las posesiones pueden llevarnos a la salvación. Todo personificado en una mujer que cree que todo lo que brilla es oro y que le servirá para comprar una escalera al cielo”; interesante teoría, pero entonces habría que concluir que la canción habla de ellos mismos, de sus lujos y caprichos como estrellas del rock. Una tercera explicación fue defendida por Jimmy Page en una entrevista concedida en el año 2012: “Me dijo [Plant] que se sentía bloqueado, así que tuve una idea: imagina que estas caminando dentro de un túnel oscuro y que a lo lejos hay una luz por donde ves la salida. La oscuridad significa el sentimiento vacío y la luz representa la vida. Apenas le propuse la idea, él escribió la canción. La gente cree que es una letra oscura, pero no. Robert lo metaforizó y lo hizo complicado, pero en realidad tiene un significado simple: la búsqueda de la esperanza. Sentirte perdido y encontrar la vida. Eso significa la escalera al cielo”. Pero la teoría más hilarante y divertida es la satánica; al igual que se ha comentado con otros temas de rock, de “Stairway to Heaven” se dijo que la letra era de difícil comprensión, siempre y cuando se escuchara el disco al modo tradicional; sin embargo, se podían oír mensajes satánicos ocultos si se reproducía al revés, por ejemplo, las siguientes palabras: “Oh aquí mi dulce Satán. Aquel cuyo estrecho camino me hiciera triste, cuyo poder es de Satán. Él le dará a aquellos el 666, había un pequeño cobertizo donde él nos hacía sufrir, triste Satán” (escuchadlo y juzgad vosotros mismos). Los autores siempre han negado esta teoría por considerarla absurda, frívola y sucia, a pesar de que Page era seguidor del ocultista Aleister Crowley, partidario de “rituales oscuros y orgías basadas en sexo y en la ingesta de drogas”, a la vez que “enseñaba a sus seguidores cómo leer y hablar hacia atrás fluidamente”.
Al igual que sucede con otros temas de Led Zeppelin (véase la entrada que dedicamos a la canción “Whole Lotta Love”), “Stairway to Heaven” tampoco se ha librado de las acusaciones de plagio, en este caso realizadas por los autores del tema “Taurus”, publicado en 1968 por la banda Spirit, aunque finalmente los jueces dieran la razón a Plant y Page. Para finalizar, os dejo tres directos, uno de 1971 en Belfast, el incluido en la película “The Song Remains the Same” (1973) y otro más de 1975; y tres versiones: la de Frank Zappa y otras dos ya escuchadas en este blog, a cargo de Stanley Jordan y del dúo de guitarra Rodrigo y Gabriela.
Entre el segundo y el tercer disco de estudio de Emerson, Lake & Palmer (“Tarkus”, 1971 y “Trilogy”, 1972) se publicó “Pictures at an Exhibition” (1971), un trabajo en directo grabado en el Newcastle City Hall (Reino Unido) el 26 de marzo de 1971. Se trata de una adaptación de la obra del mismo título compuesta por el ruso Modest Músorgsky para homenajear al artista Viktor Hartmann, fallecido a los treinta y nueve años. Tal y como nos cuentan Alberto Díaz y Xavi Martínez en su interesante libro Discos conceptuales. 150 títulos imprescindibles (Barcelona: Lenoir, 2011; págs. 42-43), “la sinfonía recrea en su totalidad una visita a una galería de arte y las emociones que producen en el espectador los diversos lienzos expuestos del susodicho Hatmann. Pudiéndose afirmar que cada movimiento corresponde a un cuadro (y los interludios, el paso de uno a otro)”. Una obra ideal para un virtuoso del piano, de ahí que Keith Emerson ya la tocara con ELP desde prácticamente los orígenes de la banda, antes de que decidieran grabarla.
La adaptación de “Pictures at an Exhibition” realizada por ELP incluye, al final, una pieza titulada “Nut Rocker”, que no pertenece a la sinfonía de Músorgsky sino a otra obra también muy conocida: el ballet “El Cascanueces”, cuya música fue compuesta por el también ruso Piotr Ilich Chaikovski. Utilizando como punto de partida la “Marcha” de esta obra, el compositor, productor y músico estadounidense Kim Fowley escribió, en 1962, una pieza rock que el empresario H.B. Barnum grabó para un pequeño sello discográfico local a través de la formación denominada Jack B. Nimble and the Quicks. Cuando Rod Pierce, empresario de la compañía Rendezvous Records lo escuchó, convenció a Fowley para volver a grabar el tema, esta vez con el grupo instrumental B. Bumble and the Stingers, formado por músicos de sesión de esta discográfica. Durante los años sesenta se grabaron algunas versiones más de esta melodía (The Kit Kats, Les Bourgeois de Calais, etc.), pero ninguna con la calidad y repercusión que tuvo la mencionada de ELP. Desde luego, Keith Emerson se luce con el clavinet (clavicordio eléctrico amplificado), pero sus compañeros tampoco se quedan atrás, más teniendo en cuenta que se trata de una grabación en directo.
Entre las versiones más conocidas de “Nutrocker” mencionaremos las ejecutadas por Los Valentinos, The Ventures, The Shadows y, por supuesto, la que ocupa el tercer lugar entre las destacadas de hoy, perteneciente a los estadounidenses Trans-Siberian Orchestra; esta metal orquesta incluyó nuestro tema de hoy en su álbum “Night Castle” (2009), con un bajista de excepción: Greg Lake.
No es la primera vez que nos ocupamos de los grupos de rock sinfónico que poblaron la escena italiana durante la época dorada de este género, la década de 1970; si en anteriores ocasiones hemos tratado de poner en valor a formaciones como Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Dalton o Latte e Miele, hoy le toca el turno a Le Orme, banda que hizo su aparición a finales de los años sesenta, en la zona de Venecia, al principio con un sonido más cercano al pop, el beat y la psicodelia hippy que al rock progresivo. Tras publicar algunos singles y álbumes dentro de estas coordenadas, decidieron cambiar de estilo para acercarse a lo que ya venían haciendo grupos británicos como King Crimson o Emerson, Lake & Palmer. Ya como trío (Aldo Tagliapietra -voz, bajo, guitarra-, Tony Pagliuca -teclados- y Michi Dei Rossi -batería, percusiones-), publicaron “Collage” (1971) y “Uomo di Pezza” (1972), aunque el disco que les encumbró fue el siguiente: “Felona e Sorona” (1973), uno de los álbumes imprescindibles del rock progresivo italiano, del que incluso existe una versión en inglés a cargo de Peter Hammill, miembro fundador de Van der Graaf Generator.
Si queréis disfrutar con el lirismo y la delicadeza característicos de la escena progresiva italiana (aquí dábamos algunas pautas para caracterizar este movimiento musical), os recomiendo que escuchéis este disco (aquí lo podéis hacer), es tan bonito como su portada, obra del pintor y escultor italiano Lanfranco Frigeri. Todos los temas son fantásticos, desde “Sorona”, “La solitudine di chi protegge il mondo”, “Felona”, “Sospesi nell’incredibile” o “Ritratto di un mattino” hasta el tema elegido para ilustrar esta entrada, el titulado “L’Equilibrio” (aquí tenéis una versión en directo, creo que del año 2005), quizás el que mejor resume la propuesta musical de este álbum: gran protagonismo de los teclados, a lo Emerson, Lake & Palmer, interludios sinfónicos y una melodía que nos cuenta la historia de dos planetas opuestos, que comparten espacio y destino, uno desde la luz y el otro desde la oscuridad. Me he tomado la libertad de reproducir las palabras de Hernan Bertgni HerGus, recogidas en la web La Caja de Música, con las que nos relata la bonita historia narrada en este disco conceptual:
“Felona y Sorona son dos planetas que son vigilados por un mismo Dios que se encuentra en medio de los dos. Entre ambos hay una armonía, un equilibrio como entre las mitades de un reloj de arena (…) ‘Felona’, cuenta la vida en ese planeta, en que todo es luminoso y la gente vive dentro de grandes ‘burbujas’ (esferas transparentes) que les proveen a sus habitantes de todo lo que necesitan, y que se desplazan impulsadas por el viento durante el día, mientras que por la noche reposan en el suelo formando pequeños pueblos donde la gente se reúne a festejar y todo es alegría, hasta que el nuevo día otra vez se lleva por el aire a las casas-burbuja hasta la noche siguiente (…) [En] ‘L’Equilibrio’ (…) [se] habla sobre el gran vacío que hay entre ambos planetas, y como cada uno ignora la existencia del otro y del Creador, aunque los destinos de ambos están relacionados, ya que cuando uno está bien el otro está mal, pero con el paso del tiempo todo tiende a equilibrarse, aunque sea por un tiempo. Porque el Creador, cuando ve que uno de sus planetas (Felona en este caso) es un paraíso y ya no puede hacer más, siente curiosidad por saber que pasa en el otro. ‘Sorona’ fue una vez un planeta feliz, pero esos son recuerdos que se perdieron en el tiempo, y ahora todo es desolación y tristeza, tierra gris y pantanos, plantas y animales extraños, con viejas ciudades sin jardines y envueltas en la niebla. En ‘Atessa Inerte’ (…) se habla de los habitantes del planeta, con caras endurecidas por un dolor eterno, que se juntan todos los días a rogar para que venga el Salvador a liberarlos y producir el milagro. Sus vidas son un eterno tormento, pero de repente aparece una que otra sonrisa, y se vislumbra una luz de esperanza. ‘Ritratto di un Mattino’ (…) solo tiene una breve estrofa que dice que la felicidad no la encontraras dentro de ti sino en el amor que un día le darás a otros. De allí pasa a ‘All’ Infuori del Tempo’ (…) donde se relata cómo llega la luz del Creador a Sorona y empiezan a aparecer las primeras hojas y el amor. En ese momento hay dos mundos felices, la tristeza olvidada en ambos, pero no puede durar mucho. Mientras en Sorona crece la felicidad, en Felona el viento se detiene y las burbujas se posan sobre el suelo y se disuelven, dejando a los que las habitaban librados a su suerte, y el equilibro se vuelve a terminar».
Yes tiene cinco álbumes magistrales, publicados de manera ininterrumpida entre 1971 y 1977: “Fragile” (1971), “Close to the Edge” (1972), “Tales from Topographic Oceans” (1973), “Relayer” (1974) y “Going for the One” (1977). Pero a menudo nos olvidamos de otro gran trabajo, con el que esta banda comenzó a convertirse en un grupo de leyenda: “The Yes Album” (1971). Este Lp fue el tercero de la formación británica, publicado tras los titulados “Yes” (1969) y “Time and a Word” (1970), en los que el sonido característico Yes aún no estaba bien definido, pues en ellos se mezclaban sonidos de diferentes estilos, además de incluirse versiones de artistas y bandas como The Byrds, The Beatles, Stephen Stills o Richie Havens. Sin embargo, todas las canciones de “The Yes Album” ya estaban compuestas por miembros del grupo, y en él no se incluía ninguna versión; el sonido era más rico y complejo que en los dos primeros discos, más decididamente progresivo, además de formar parte de él algunos de los temas clásicos del repertorio de Yes, como “Yours is No Disgrace”, “Clap” -grabado en directo, en The Lyceum (Londres, julio de 1970)-, “Starship Trooper” o “I’ve Seen All Good People”. Este salto de calidad fue debido, en buena parte, al guitarrista Steve Howe, recientemente incorporado a la banda en sustitución de Peter Banks. El grupo se completaba con Tony Kaye a los teclados -sustituido en el siguiente disco (“Fragile”) por Rick Wakeman-, Jon Anderson (voz), Chris Squire (bajo) y Bill Bruford (batería), es decir, casi la formación estelar de Yes.
“I’ve Seen All Good People” es un tema de siete minutos de duración dividido en dos movimientos: “Your Move”, compuesto por Jon Anderson, y “All Good People”, escrito por Chris Squire; el primero, comercializado como single, es poseedor de una gran riqueza melódica, perfecto para los coros y la singular voz solista de Jon Anderson, con unos maravillosos tonos acústicos, que Steve Howe consigue con una guitarra portuguesa de doce cuerdas y una acústica convencional, y un trabajo solvente de Tony Kaye con el órgano Hammond; la segunda parte del tema es más eléctrica, vital y rockera, con mayor protagonismo de Chris Squire al bajo y, nuevamente, de Steve Howe a la guitarra, que está soberbio. Lo podéis comprobar en este directo del año 1973, en el que ya se puede ver a Rick Wakeman a los teclados; y, también, en éste otro de 2003, nuevamente con la formación habitual de Yes (en esta ocasión, con Alan White a la batería, en lugar de Bill Bruford). La letra utiliza el juego del ajedrez de manera metafórica, probablemente para referirse a los desafíos de la vida y a otros asuntos profundos y espirituales, algo que era muy del gusto de Jon Anderson.