Banco del Mutuo Soccorso. «L’Evoluzione»

El rock progresivo es un estilo rico y complejo, que se manifiesta de manera diferente en función de la cultura que lo acoge; en Reino Unido está muy influenciado por el blues-rock y la música folk-celta; en España tenemos una gran variedad, desde el rock laietano hasta el rock urbano, pasando por el rock andaluz; en Italia sucede algo parecido, existe un rock progresivo italiano portador de elementos y sonidos característicos de este movimiento, como la Ópera, la tradición pop melódica, el melodrama y el empleo del barroquismo como recurso compositivo e instrumental (piano, clavecín, violín, laúd, todo tipo de flautas, etc.) Tuvo su período de esplendor en la primera mitad de los años setenta, con grupos como Le Orme, Premiata Forneria Marconi, Il Rovescio della Medaglia, New Trolls o el grupo de hoy: Banco del Mutuo Soccorso. Formada en 1972 en torno a los hermanos Nocenzi, esta banda publicó sus dos primeros trabajos ese mismo año: «Banco del Mutuo Soccorso» y «Darwin!», dos obras maestras del rock progresivo. «L’Evoluzione» es un tema de catorce minutos, con el que se abre «Darwin!», trabajo dedicado al evolucionismo y a la figura de su principal impulsor, Charles Robert Darwin (1809-1882). «Darwin!» es un disco excepcional, ideal para quienes deseen empezar a conocer esta corriente progresiva, pleno de sensaciones, delicadeza, derroche instrumental y con una voz singular, de esas que no abundan en el rock. Francesco di Giacomo, fallecido el pasado mes de febrero, es uno de los mejores cantantes que ha dado el progresivo, aunque también tiene sus detractores precisamente por el tono lírico-operístico de su tesitura vocal; no os perdáis «750.000 anni fa … L’Amore?«, canción también incluida en «Darwin!» que, por cierto, podéis escuchar entero aquí, una hermosa balada con la voz de Francesco di Giacomo como protagonista. Pero volvamos al tema de hoy, «L’Evoluzione», pleno de intensidad, con un cóctel instrumental fabuloso, donde destacan, entre otros, el piano, el órgano, la guitarra y, por supuesto, la irresistible voz de Francesco; hacia el minuto 6 parece querer transformarse en un tema de ELP -fijaos en el sonido de los teclados, al más puro estilo Emerson-, para abandonar esta parte -hacia el minuto 8:45- con una magistral salida de batería; es entonces cuando todo se vuelve más vivo, hasta que el piano rompe este crescendo. Para entonces ya hemos recuperado la melodía inicial. «L’Evoluzione» se acaba, pero el que siga escuchando «Darwin!» no se va a sentir defraudado.

Tequila. «Dime que me quieres»

Los setenta fueron una buena década para el rock hispano, sobre todo para el progresivo y el rock urbano, donde también encontraron cabida grupos de hard rock y heavy metal. Sin embargo, no lo fue tanto para el rock & roll o, simplemente, para el rock sin etiquetas. Tequila hizo su aparición en 1976 y prolongó su actividad hasta 1982, un período especialmente adverso para el estilo de música que ellos proponían, con claras influencias de los Rolling Stones y de los pioneros del R&R. A pesar de que, en alguna ocasión, compartieron disco y cartel con grupos como Ñu, Leño, Cucharada o Asfalto, no puede decirse que participaran de este movimiento, ni tampoco del pop-punk de «La Movida» que, a finales de los setenta, ya empezaba a despuntar. Los dos componentes argentinos (Ariel Rot y Alejo Stivel) se conocieron, cuando eran unos niños, en un concierto de Paco Ibáñez en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires, al que fueron con sus madres y con la hermana de Ariel, la conocida actriz Cecilia Roth. Cuatro años después de este evento, en 1976, decidieron probar fortuna en España; aquí conocieron a Julián Infante y Felipe «Lipe» Gutiérrez, creando Tequila a partir de un grupo anterior llamado Spoonful Blues Band. Aunque para algunos aficionados y críticos musicales, no fueron más que un producto comercial, el prestigioso promotor Gay Mercader los calificó como el mejor grupo de rock español que, hasta entonces, él había visto. Publicaron cuatro trabajos de estudio («Matrícula de Honor», 1977; «Rock & Roll», 1979, «Viva! Tequila!, 1980 y «Confidencial», 1981); el tercero de estos álbumes fue grabado en Londres bajo la supervision del ingeniero de sonido Peter McName, mientras que las imágenes de portada, interior y contraportada fueron fotografiadas por Javier Vallhonrat; la discográfica Zafiro, por su parte, lanzó el Lp con distintos colores, lo que aumentó el valor coleccionista y su reconocimiento artístico. «Viva! Tequila!» se cerraba con «Dime que me quieres», que cuenta con uno de los riff de guitarra más conocidos del rock español; según cuenta rollingstone.es, fue compuesto en la cama por Ariel Rot, cuando se recuperaba de una hepatitis. Como curiosidad, os diré que existe una versión de esta canción en inglés, que se incluyó en un disco que este grupo editó en Japón, y algunas otras debidas a bandas como La Rabia del Milenio, Los Piratas, Los lunes que quedan, o el grupo infantil Parchis.

AC/DC. «Night Prowler» / «Highway to Hell»

La frontera que delimita el hard rock del heavy metal es difícil de precisar y, de hecho, hay grupos que participan de ambos movimientos; como AC/DC, tal vez la banda en la que mejor confluyan los viejos valores que arrancan del blues-rock con las señas de identidad características del heavy metal. Creada en 1973 por los hermanos Malcolm y Angus Young, tuvo que soportar el fallecimiento de su cantante, el carismático Bon Scott; fue sustituido por Brian Johnson, que se estrenó ese mismo año (1980) con uno de los mejores álbumes de los australianos: «Back in Black», dedicado al vocalista fallecido. Un año antes se puso a la venta «Highway to Hell», otro de los álbumes más aclamados de AC/DC y el último en el que se pudo escuchar la característica voz de Bon Scott.

Héctor Sánchez, en su interesantísimo artículo «La corriente satánica de AC/DC«, publicado en EfeEme.com, sostiene que esta formación fue víctima de una persecución por parte de ciertos sectores puritanos, conservadores y religiosos, quienes acusaban a este grupo de satanistas y de inspirar la violencia y el asesinato a través de sus canciones. Incluso hacían elucubraciones en torno al nombre de la banda: «Antichrist / Devil’s Children» (Anticristo / Hijos del Demonio), «Antichrist / Devil’s Crusade» (Anticristo / La Cruzada del Demonio) o «Antichrist / Devil Comes» (Anticristo / Llega el Demonio); nada más lejos de la realidad, como bien saben todos los aficionados se trata del acrónimo habitualmente utilizado para designar la «Corriente Alterna / Corriente Continua» («Alternating Current / Direct Current») y, al parecer, la idea se le ocurrió a alguien de la familia Young al ver las siglas en una máquina de coser o en una aspiradora. Lo cierto es que la leyenda satánica de AC/DC creció a partir de 1985, cuando un asesino en serie, que en una ocasión había dejado una gorra con el logotipo de esta banda de rock en el escenario de uno de sus crímenes, fue detenido en California luciendo una camiseta de este grupo. Por si esto fuera poco, su apodo era «Night Stalker» («Acechador Nocturno»), nombre muy parecido a la canción con la que concluye el disco «Highway to Hell»: «Night Prowler» («Merodeador Nocturno»). Algunos miembros de AC/DC salieron al paso de estas acusaciones, que también incluían otras canciones como la emblemática «Highway to Hell», de la que dijo Angus Young dijo que escribieron como reacción a un largo periodo de giras que acabó convirtiéndose en un infierno. Sea como fuere, aquí os dejo dos de las canciones acusadas de adoración satánica, invitación al asesinato y no sé cuántas cosas más: las ya mencionadas «Night Prowler» y «Highway to Hell». Juzgad vosotros mismos

The Bobby Fuller Four / The Clash / Loquillo. «I Fought the Law»

En 1978, la banda británica de punk-rock The Clash estaba preparando su segundo álbum de estudio («Give ‘Em Enough Rope») cuando, en un viaje a San Francisco, se topó con un disco de «I Fought the Law», interpretado por el grupo The Bobby Fuller Four. Poco después decidirían grabar una versión de esta cancion en el EP «The Cost of Living» (1979). Estamos ante uno de los temas más conocidos de los británicos -junto a otros como «Should I Stay or Should I go» o «London Calling«-, una de esas canciones que muchos aficionados piensan que fue compuesta por ellos. Sin embargo, «I Fought the Law» fue escrita por Sonny Curtis, el guitarrista que sustituyó a Buddy Holly en The Crickets cuando el texano falleció en 1959. El tema fue publicado a finales de 1960 aunque apenas tuvo apoyo radiofónico, de tal manera que pasó despercibido hasta que, cinco años más tarde, fuera grabado por otro grupo de R&R, el liderado por Bobby Fuller. Sin embargo, su éxito fue efímero; apenas seis meses después de situar esta versión en las listas de éxitos, Fuller fue hallado muerto dentro de un automóvil en extrañas circunstancias, con muestras de haber recibido una paliza y de haber ingerido gasolina. Además del original a cargo de The Crickets, que podéis escuchar aquí, y de las dos versiones ya comentadas, la de The Bobby Fuller Four y The Clash, os voy a proponer una tercera en español, la que nos ofrece Loquillo en su disco «Arte y Ensayo» (2004) y, también, en su último trabajo -grabado con el grupo de rockabilly The Nu Niles-, titulado «Código Rocker» (2015); en este caso he optado por un directo en el que «El Loco» canta esa canción con Fito Cabrales. La lista de versiones es abultada, tanto en el ámbito del R&R, del country como, por supuesto, del punk: Hank Williams Jr., Sam Neely, Nitty Gritty Dirt Band, Stray Cats, Bryan Adams, Bruce Springsteen, Grateful Dead, Status Quo, Ska-P, Mano Negra, Green Day, Dead Kennedys, Sex Pistols, Tom Petty and the Heartbreakers, etc. No quiero acabar sin agradecer al amigo Juanlu (365 RadioBlog) su generosidad y buen gusto musical; él ha sido el motor de esta entrada, quien me propuso esta canción e, incluso, el que me sugirió los tres vídeos que, de manera habitual, articulan estos miércoles de versiones.

Baden Powell. «Samba Triste» / «Invençâo em 7 1/2»

Adoro el sonido de la guitarra, ya sea acústica, española, eléctrica o cualquier variante de éstas; y me gusta en todos los estilos, por supuesto en el rock, pero también en otros ámbitos como el blues, el country, el jazz, el flamenco o la bossa nova. Hace algunos meses, a propósito de la entrada que dedicaba a la conocidísima «Garota de Ipanema«, hablaba del cantautor y guitarrista brasileño Jayme Marques, de sus conciertos en algunas pequeñas salas de Madrid cuando yo era muy joven; me acuerdo que casi nunca lo miraba, prefería observar sus movimientos sobre la guitarra. En el ámbito de la guitarra brasileña, Baden Powell es, tal vez, la figura más destacada que ha dado este país, al menos en estilos próximos a la bossa nova y el jazz latino. Nació en 1937, en un barrio obrero de Río de Janeiro, alejado de las zonas donde nació la bossa nova (Ipanema y Copacabana); su padre, zapatero y violinista aficionado, le dio el nombre del fundador de la organización Boy Scouts. A los ocho años ya tocaba la guitarra y a los dieciséis acompañaba, como profesional, a algunos de los cantantes más conocidos del momento. Saltó a la fama cuando el compositor y cantante Billy Blanco puso letra a una de sus composiciones: «Samba Triste» que, en poco tiempo, se convirtió en uno de los temas más versionados de la música brasileña. Su consolidación como gran figura de la música de su país se produjo cuando empezó a colaborar con otros grandes de la cultura, como Vinicius de Moraes o Paulo Cesar Pinheiro, y comenzó su andadura por Europa, donde grabó varios de sus discos. Murió el 26 de septiembre del 2000, víctima de una pneumonía tras una vida de excesos nicotínicos y alcohólicos. La discografía de Baden Powell es muy variada y extensa (más de setenta títulos); él mismo confesó en alguna ocasión que era capaz de tocar valses franceses o jazz pero, cuando componía, lo hacía con su corazón brasileño. Os dejo con dos de sus temas, el ya mencionado «Samba Triste» (os animo a que propongáis alguna versión de esta canción), donde se puede apreciar bien el estilo enérgico y limpio que caracterizaba a Baden Powel, e «Invençâo em 7 1/2», incluido en su álbum «Tristeza on guitar» (1966), que podéis escuchar completo en el enlace que he dejado.