A los cuatro años Reginald Kenneth Dwight ya tocaba el piano, a los siete animaba las fiestas familiares, a los once consiguió una beca para formarse en la Royal Academy of Music y con quince años tenía trabajo como pianista en un pub. En 1964 fundó, junto con unos amigos, la banda Bluesology, donde conoció al cantante Long John Baldry y al saxofonista Elton Dean, nombres que utilizó para construir la denominación artística que utilizaría a partir de entonces: Elton John. A finales de los sesenta se incorporó a Argosy, grupo en el que también estuvo Roger Hodgson, uno de los líderes de Supertramp, y conoció al letrista y poeta Bernie Taupin, con quien escribió las canciones más exitosas y de mayor calidad de su extensa discografía, que se inició con el álbum «Empty Sky» (1969) y se continuó con trabajos como «Elton John» (1970), «Tumbleweed Connection» (1971), «Madman Across the Water» (1971), «Honky Château» (1972) y «Don’t Shoot Me, I’m Only the Piano Player» (1973). El siguiente Lp en aparecer fue «Goodby Yellow Brick Road» (1973), el disco que le abrió todas las puertas y con el que consiguió vender más de treinta millones de copias y el beneplácito de la critica especializada, que suele considerarlo como uno de los mejores trabajos del británico. Lo cierto es que aquellos años setenta fueron los mejores en cuanto a creatividad y calidad musical, algo que se evidencia en algunos de los Lps mencionados con anterioridad, en otros trabajos que vendrían después, como «Captain Fantastic and the Brown Dirt Cowboy» (1975) y, por supuesto, en el álbum que nos ocupa (“Goodby Yellow Brick Road”), convertido en doble ante el aluvión de buenas canciones que compusieron Elton John y Bernie Taupin para la ocasión: «Bennie and the Jets«, «Goodby Yellow Brick Road«, «Saturday Night’s Alright for Fighting«, «Harmony«, «Grey Seal«, la archiconocida «Candle in the Wind«, inicialmente dedicada a Marilyn Monroe, y el tema con el que se iniciaba el disco. «Funeral for a Friend / Love Lies Bleeding» son, en realidad, dos canciones unidas; la primera instrumental, con gran protagonismo de piano y sintetizador, algo así como la música que le gustaría escuchar a Elton John en su funeral; la segunda más rockera, con mucha presencia guitarrera y cambios continuos. Ya os comenté en la entrada que dediqué al tema «Goodby Yellow Brick Road» que, aunque pueda parecer increíble, es una suite progresiva -y muy buena- escondida en un excelente álbum, en el que también están presentes otros estilos musicales, desde la balada y el piano rock característicos de Elton John hasta el R&B, pasando por el reggae, el glam pop, el R&R, incluso algún ramalazo hardrockero. Y no puedo acabar sin recordar la versión realizada por la banda de metal progresivo Dream Theather, publicada en el EP titulado «A Change of Seasons» (1995).
Categoría: Rock
The Kingsmen / Motörhead / Joan Jett & the Blackhearts «Louie Louie»
A comienzos de los sesenta el rock and roll era un fenómeno musical y cultural extendido por todo el mundo, manejado por las compañías discográficas a su antojo. Había muchos solistas y grupos que se dedicaban profesionalmente a cultivar este género, respaldados con buenos medios técnicos y una óptima calidad de sonido. Sin embargo, los chavales más jóvenes se encontraban más a gusto con un R&R más pasional y menos virtuoso, reivindicando así lo que ellos consideraban el verdadero espíritu rebelde del R&R. Algunos de estos adolescentes y jóvenes norteamericanos formaron sus propias bandas, grupos generalmente amateurs que solían ensayar en los garajes de los domicilios familiares; apostaron por un R&R enérgico y muy sencillo, ya que la mayoría de ellos no tenía formación musical, en ocasiones algo distorsionado, con unos estribillos pegadizos que intentaban ocultar lo elemental de su propuesta. Con el paso de los años, cuando este movimiento juvenil declinó, a finales de los sesenta, acabaría siendo bautizado como «garaje rock«. Esta corriente musical fue fundamental en el nacimiento del punk, a mediados de los setenta, por eso no es de extrañar que muchas bandas de punk y proto-punk versionen temas típicamente garajeros. Si hay una canción representativa de este estilo esa es «Louie Louie», escrita por Richard Berry en 1955 (éste es el original), en la que se nos cuenta la historia de un pescador que regresa a Jamaica para reencontrarse con su amada. La versión más famosa es la de los Kingsmen, de 1963, una interpretación que acabó dando lugar a una investigación del F.B.I. por presunta obscenidad en la letra de la canción; un delirio más del puritanismo estadounidense que nos detalla el compañero Pere, en su blog Lo que surja records. Otra versión muy garajera es la de Paul Revere & The Raiders, del mismo año; de la misma época (1964) es la muy conocida de los Kinks; los Beach Boys también la hicieron suya, al igual que The Ventures. Algunas interpretaciones de este tema apuntaron hacia el soul y el funky, como las de Otis Redding, Ike & Tina Turner o Stanley Clarke & George Duke; otras hacia el hard rock o el blues-rock, es el caso de las debidas a The Flamin’ Groovies, Grateful Dead, Led Zeppelin, Robert Plant o la segunda destacada de hoy, la del grupo Motörhead, publicada como sencillo en 1978; pero las de corte punk y proto-punk son legión: The Troggs, The Sonics, Patti Smith, The Clash, Iggy Pop, Johnny Thunders, The Stooges, The Sister of Mercy, Black Flag o Joan Jett & The Blackhearts, que podemos escuchar en el tercer vídeo de esta entrada. Por supuesto, existen más versiones, algunas tan alocadas e inclasificables como la de The Mothers of Invention.
America. «Sister Golden Hair»
Los finales felices acaban en boda, al menos eso es lo que nos cuentan en las películas románticas y lo recogido en los manuales cristianos de buenas costumbres. Cuando escucho «Sister Golden Hair», y trato de interesarme por su letra, veo una canción de amor, un grito desesperado de un hombre que ama pero no desea casarse, alguien que trata de diferenciar el amor del matrimonio y de resistirse a lo inevitable. Sin embargo, estoy casi seguro que algunos pensaréis que lo que narra esta canción es un caso más de inmadurez y falta de compromiso. Dos diferentes puntos de vista que, a día de hoy, aún lucen con plena vigencia y que, en los años setenta, cuando se escribió esta melodía, ya tenían sus defensores y detractores. «Sister Golden Hair» es un tema de la banda «America», formada en Londres, durante 1970, por dos hijos de militares estadounidenses destinados en Reino Unido (Gerry Beckley y Dan Peek), a quienes se unió el británico Dewey Bunnell; en 1972 ya estaban instalados en Sausalito (California), donde grabaron su primer álbum -titulado igual que el grupo-, en el que destacó el tema «A Horse With No Name«, del que tal vez nos ocupemos en otra ocasión. Los tres cantaban y tocaban la guitarra; eso hizo que su estilo, entre el folk-rock, el country y el pop-rock, se situara en la órbita de lo propuesto por Crosby, Still & Nash, es decir, predominio de las armonías vocales, las guitarras acústicas y las letras. En 1975 editaron su quinto trabajo de estudio («Hearts«), un interesante álbum de folk-rock con bonitas canciones como «Daisy Jane«, «Bell Tree«, «Old Virginia» o la protagonista de esta entrada, cuyo título estuvo al parecer inspirado en las madres de los integrantes de la banda, las tres rubias. Fue compuesta por Gerry Beckley, tal y como él mismo ha reconocido, tomando como fuente de inspiración «My Sweet Lord«, de George Harrison, algo que se aprecia muy bien al comienzo de la canción, con ese riff que recuerda al del ex-Beatle, muy bien secundado por las guitarras acústicas de doce cuerdas características de esta formación. En cuanto a la letra, Beckley tampoco ha ocultado que está muy influenciada por las composiciones de Jackson Browne, cantautor por el que sentía una gran admiración; incluso hay quien opina que la letra de esta canción también se parece a la conocida «Without You«, de Badfinger. Aquí os dejo una actuación de 1975, para que los podáis ver en directo; y, finalmente, una versión del grupo español Guaraná, titulada «En el medio del camino«.
Labanda. «Sueños diabólicos»
El folk-rock celta tiene bastante aceptación en España; bandas como Mago de Oz o Celtas Cortos tuvieron momentos de gloria y hoy día siguen teniendo su público. Los pioneros tal vez fueron los franceses Gwendal, que ya han tenido cabida en este blog a propósito del tema «Irish Jig«; a pesar de su nacionalidad, fueron más conocidos aquí que en su país de origen y, sin duda, influyeron en los grupos que acabo de mencionar y en otro aún más próximo a su estilo. Me estoy refiriendo, en concreto, a los madrileños Labanda, una formación creada en 1979 en torno a los hermanos Silva -Luis (mandolina y buzuki) y José María (bajo)- y del que también formaron parte Joaquín Blanco (gaita), Pedro Guerrero (guitarra acústica), Carlos de Yebra (batería), Josué Vea (guitarra eléctrica), Álvaro Domínguez (violín) y otros músicos, generalmente procedentes de bandas españolas muy interesantes, como Leo Vignola (ex-Trilogía), Jean François Andrè (ex-Ñu), Jorge «Flaco» Barral (ex-Azahar), Manolo Jiménez (ex-Crack), Terry Barrios (ex-Topo), Rafa de Guillermo (ex-Orquesta Mondragón) o Begoña Larrañaga (ex-Franklin), entre otros. La etapa más genuina de Labanda es la primera, cuando grabaron los álbumes «Labanda» (1979) y «Fiesta Campestre» (1981), disco en el que intervino Rosendo Mercado como invitado. Ya sin los hermanos Silva, volvieron a reunirse en 1986, bajo el liderazgo de Leo Vignola, para grabar algún disco más durante los años ochenta y noventa. Quizá otro día volvamos a escuchar algún tema de su excelente «Fiesta Campestre», mientras tanto para esta ocasión os propongo el tema «Sueños Diabólicos», incluido en su primer Lp -totalmente instrumental-, probablemente su canción más conocida y de las más representativas de su estilo; está basada en una melodía tradicional, aunque en la SGAE figuran como autores Joaquín Blanco, Luis Silva, José María Silva, Pedro Manuel Guerrero y Miguel Ángel Campos. A continuación, en sus enlaces correspondientes, también os dejo todos los temas que he podido encontrar de este disco en youtube, en concreto «Danza de entrezado«, «Escalera de Caracol«, «El Duendecillo Tirado«, «Gallego en Puerto Rico» -donde les podemos ver en directo-, «El Valle» -también en vivo-, «Abridme Galanica» y «Pavananchel«. Mago de Oz hizo su versión de «Sueños Diabólicos» (aquí la podéis escuchar), con homenaje incluido a Deep Purple al final del tema; seguro que los purplemaniacos sabrán identificarlo.
Premiata Forneria Marconi. «La Carroza di Hans»
Reino Unido fue, durante los años setenta, el país que acaparó el mayor protagonismo en el desarrollo del rock progresivo; sin embargo, en la entrada dedicada al grupo Banco del Mutuo Soccorso ya os comentaba que la escena italiana fue importantísima para la consolidación de este estilo y, lo que es más importante, para dotarle de nuevos elementos característicos de la cultura italiana, como la tradición melódica, la ópera o el empleo de instrumentos sinfónicos. De todas las bandas italianas que cultivaron este género, tal vez Premiata Forneria Marconi (PFM) fue la más conocida y la que alcanzó un mayor éxito, incluso fuera de Italia; compartieron escenario -la mayoría de las veces como teloneros- con bandas como Yes, Deep Purple, Procol Harum, Ten Years After, Santana o los Beach Boys. Aunque el año de constitución fue 1970, algunos de sus integrantes ya habían formado previamente otra banda, I Quelli, que sería el germen de PFM, nombre que proviene de la panadería Forneria Marconi en cuyo sótano ensayaban, muy cerca de un documento de principios del siglo XX, que colgaba de la pared, con el que se recordaba un premio obtenido por dicho establecimiento. Su primer álbum se tituló «Storia di un minuto» (1972), un trabajo de poco más de media hora en el que se incluyeron siete cortes, prácticamente todos compuestos por Franco Mussida (guitarras, mandolina) y Mauro Pagani (flauta, violín); a la batería estaba Franz di Cioccio, al bajo Giorgio Piazza y a los teclados -piano, Moog y mellotron- Flavio Premoli. «Storia di un minuto» es uno de los álbumes clásicos del rock sinfónico italiano, muy representativo del barroquismo instrumental de estos grupos, en cuyas composiciones casi siempre se escuchan con nitidez los instrumentos, eso sí superpuestos unos sobre otros de manera armoniosa y delicada. Bien podría haber elegido las dos partes del tema «Dove … Quando«, una de las composiciones más valoradas de PFM, sin embargo finalmente me he inclinado por «La Carroza di Hans», su primer single, por su riqueza melódica e instrumental y porque me parece un ejemplo de concisión y brevedad en un estilo, como el progresivo, tan dado a los excesos de minutaje. Dura 6:45 minutos, pero su estructura es la de una suite de 20 minutos: la canción comienza con un recitado y una potente guitarra, casi en tono hardrockero, pronto toma el relevo el violín, que da paso una bonita parte cantada entremezclada con la flauta; en el minuto 2:22 entra una evocadora y bella guitarra acústica que nos acompaña hasta aproximadamente el minuto 5, momento en el que entran el resto de instrumentos de manera desbocada, para finalizar con un logrado fragmento de mellotron.