Gerry Rafferty. «Baker Street»

“Baker Street” es el nombre de una céntrica calle de Londres famosa por su relación con el detective de ficción Sherlock Holmes, pero también es conocida por la canción, de idéntico nombre, compuesta por el escocés Gerry Rafferty. Tras unos inicios como músico callejero, formó parte del grupo folk TheHumblelums y, posteriormente, de otro llamado Stealers Wheel, en el que permaneció hasta 1975 cuando se disolvió, de manera conflictiva, dando lugar a una serie de disputas judiciales que acabarían impidiendo la publicación de nuevos discos por parte de Gerry Rafferty durante un período de tres años. En 1978, ya liberado de esta prohibición, sacó al mercado el disco titulado “City to city”, un excelente trabajo de rock intimista con elementos de folk-rock que, por momentos, recuerda a artistas como J.J. Cale, Jackson Browne o Mark Knopfler. La canción más famosa de este álbum y, en general de Gerry Rafferty, junto con “Stuck in the Middle with you” -de Stealers Wheel-, muy conocida desde que formó parte de la B.S.O. de “Reservoir Dogs”, es “Baker Street”. En ella su autor nos habla de volver a empezar, de retomar el camino, tal vez en alusión a sus duros años de ostracismo, y de la preocupación por su creciente fama, algo con lo que nunca estuvo muy identificado. En cuanto a la parte musical, este tema siempre será recordado por el saxo de Raphael Ravenscroft, un conocido músico de sesión que acabaría siendo el protagonista inesperado de este gran éxito; y digo inesperado porque, al parecer, fue contratado para tocar una parte menos importante y acabó apoderándose de la canción ante la insuficiente solución ofrecida por la guitarra solista. La historia de esta grabación está plagada de teorías, leyendas y versiones alocadas que, en general, atentan contra la profesionalidad y el buen nombre de Ravenscroft; Rafferty llegó a decir que el solo de saxo era suyo; también se ha comentado que el saxofonista nunca llegó a cobrar más que un miserable cheque de 27 libras, para una canción que llegó a generar unas 80.000 libras anuales de beneficio; incluso que el autor de la grabación no fue Ravenscroft sino el humorista Bob Holness. “Baker Street” ha sido muy utilizada en el cine (“Zodiac”, “El Indomable Will Hunting”, “Memorias de Queens”, etc.), en series de televisión (“Los Soprano” o “Los Simpson”) y en publicidad. También ha dado lugar a algunas versiones, como las de Foo Fighters o Waylon Jennings, por mencionar un par de ellas.

Chuck Berry / AC/DC / Iron City Houserockers. «School Days»

Lo bueno del autoplagio en la música es que nadie puede demandarte por violar los derechos de autor, en cambio permite refrescar viejos éxitos y, llegado el caso, modificar la letra o la melodía con total libertad. Si escucháis los temas «No Particular Place to Go» y «Big Ben Blues«, de Chuck Berry, os daréis cuenta de que, además de parecerse entre ellos, copian la estructura melódica de una canción anterior del mismo autor: «School Days». En la entrada que dediqué a su primer éxito, «Maybellene» (1955), tema basado en la composición tradicional «Ida Red», daba algunas pinceladas generales de la biografía de Chuck Berry hasta firmar por la Chess Records, donde acabaría grabando sus canciones más exitosas, siempre con la juventud en su punto de mira; Berry supo retratar muy bien los amores adolescentes, las relaciones entre compañeros y amigos y esas pequeñas ilusiones y desilusiones típicas de aquella edad. Publicada en 1957 como single e incluida en su primer Lp («After School Session»), «School Days» es un amable llamamiento a la rebelión escolar y un grito reivindicativo del R&R como forma de vida de la juventud estadounidense. El compañero Adrián, autor del blog Tu Crítica Musical, ha descrito esta canción como música que «destila energía, potencia y espíritu juvenil en cada acorde. La guitarra de Berry suena magnífica, regalándonos un solo de guitarra excelso e intenso arropado por su particular e inimitable estilo». Una de las frases finales de este tema, la conocida Hail, hail rock and roll ha dado título a un documental sobre este músico, cuya banda sonora es uno de los mejores recopilatorios que conozco de Chuck Berry. Como es habitual con sus canciones, se han hecho bastantes versiones de «School Days»; yo destacaría las de Eddie Cochran, Don Lang & his Frantic Five, Cliff Richard, The Beach Boys, Gary Glitter, Led Zeppelin y, por supuesto, la debida a los australianos AC/DC -el segundo vídeo de hoy-, con la que se cerraba su segundo álbum («T.N.T.», 1975). Para finalizar, os propongo una menos evidente, la de los norteamericanos Iron City Houserockers, que fue grabada para su primer disco («Love’s So Tough», 1979) aunque no llegó a ser incluida en él; finalmente apareció en el álbum «Pumping Iron & Swating Steel: The Best of the Iron City Houserockers», editado en 1992.

Spock’s Beard. «The Light»

El cuarto episodio de la segunda temporada de «Star Trek«, emitido por primera vez en 1967, se titulaba «Espejo, espejito», en alusión al universo paralelo con el que se encontraban los tripulantes de la nave Enterprise debido a un funcionamiento erróneo del teletransportador. En aquella realidad alternativa nuestros protagonistas mostraban su faceta más malvada, incluyendo al vulcano Spock, portador de una característica perilla que endurecía aún más su personaje. En 1992, los hermanos Neal (teclados, guitarra, voz y principal compositor) y Alan (guitarra) creaban en Los Ángeles (EE.UU.) un grupo musical al que denominaban «Spock’s Beard», en homenaje a aquel personaje espejo con el que nos sorprendieron los guionistas de Star Trek. A ellos se unieron el bajista David Meros, el batería Nick D’Virgilio y, a partir de su segundo disco («Beware of Darkness», 1996), el japonés Ryo Okumoto, responsable del órgano Hammond y el mellotron, tan característicos de esta banda. Un año antes habían publicado su primer trabajo, «The Light», un excelente álbum de rock progresivo clásico, tal vez el mejor de esta banda, al menos yo así lo creo, en el que que se incluyeron cuatro temas de larga duración compuestos por Neal Morse: «The Light» (15:05), «Go the Way you Go» (12:03), «The Water» (23:14) y «On the Edge» (6:11), que podéis escuchar en sus enlaces respectivos. De los cuatro, el que me parece más representativo del estilo Spock’s Beard es el primero, en el que se evidencia la gran influencia de Genesis en esta formación americana, tanto por la manera de utilizar la instrumentación como por los pasajes cantados. Una de las cosas que más llama la atención, y que a mí particularmente me encanta, son los contrastes entre las partes instrumentales, complejas y claramente progresivas, y las cantadas, bastante cercanas al pop; también la imprevisibilidad de movimientos y giros en sus composiciones, de tal manera que se les puede acusar de lo que se quiera pero, desde luego, no de aburridos. Un ejemplo de todo esto es «The Light», un tema que comienza y acaba con una sencilla melodía de piano y voz arropando a una composición excelente, en la que caben todo tipo de sorpresas, como ese minuto y veinte segundos (entre el 11:30 y el 12:50) en que «The Light» se pasa al ritmo latino gracias al uso de la guitarra española. Al final de la entrada os dejo otras dos alternativas a esta canción, por si hubiera problemas con el vídeo de Dailymotion.

Poco. «Rose of Cimarron»

En tiempos del salvaje y testosterónico Oeste las mujeres eran quienes lo tenían más difícil; básicamente tenían dos opciones: ser abnegadas esposas o ganarse la vida como prostitutas; el resto de actividades quedaban reservadas para los hombres. Rose Dunn fue una excepción en aquel masculinizado mundo; nacida en 1879, en Oklahoma, de una familia pobre, fue educada por monjas en el convento de Wichita y por sus propios hermanos, quienes le enseñaron todo lo necesario (montar a caballo, disparar o utilizar el lazo) para poder vivir al márgen de la Ley, como hacían ellos. Con quince años se enamoró de uno de los forajidos más famosos de aquella época, George Newcomb, antiguo miembro de la banda de los «Hermanos Dalton» y, posteriormente, de la de Bill Doolin. Rose pronto empezaría a colaborar con estos últimos forajidos, llegando a ser muy popular y conocida con el apodo de «Rose of Cimarron». Según se cuenta, incluso les ayudó a escapar, Winchester en mano, cuando habían sido acorralados por un grupo de Marshalls. George Newcomb murió de manos de los propios hermanos de Rose, entonces metidos a cazarrecompensas, cuando precisamente iba a visitarla. Nunca fue acusada de crimen alguno y, ya alejada de las bandas, contrajo matrimonio con un político de Oklahoma. Murió a los setenta y seis años de edad. «Rose of Cimarrón», además del nombre por el que fue conocida Rose Dunn, es también el título del undécimo álbum del grupo de country rock Poco, creado en 1969 a partir de las cenizas de Buffalo Springfield, formación en la que militaron Stephen Stills, Neil Young o los dos fundadores de Poco: Richie Furay y Jim Mesina. Tras abandonar el nombre inicial (Pogo), por problemas legales con el creador del cómic del mismo nombre, grabaron su primer disco en 1969. Durante los siguientes años continuaron publicando álbumes, no demasiado exitosos, y sufriendo la continua entrada y salida componentes; en 1976, ya sin Furay ni Messina, editaron «Rose of Cimarron», un excelente trabajo con temas tan interesantes como «Company’s coming», enlazado con «Slow Poke», «Tulsa turnaround» o el tema destacado de hoy, titulado igual que el disco en homenaje a aquellos tiempos del viejo Oeste y a la figura de Rose Dunne. Si no conocéis esta canción os va a sorprender, por su melodía, por el acertado uso de la voz (en ocasiones utilizando el falsete y, hacia el final, subiendo una octava), por ese inicio acústico que hace que enganchemos desde el principio, por su solo de guitarra, por su riqueza instrumental (violín, banjo, steele guitar, armónica, etc.) y por ese giro, hacia el final de la canción, orquestado como si fuera un tema de rock progresivo. Existen algunas versiones, como las de Emmylou Harris o Sandy Posey, pero ninguna está a la altura del original.

Queen. «The Fairy Feller’s Master-Stroke»

Richard Dadd fue un pintor inglés del siglo XIX que hizo sus mejores cuadros mientras estuvo encarcelado en el hospital psiquiátrico de Bethlem (Reino Unido) por asesinar a su padre, convencido de que era un príncipe de las tinieblas enemigo de Osiris, divinidad a la que Richard Dadd creía servir desde que cayó víctima de una severa enfermedad mental, probablemente causada o agravada por el consumo habitual de drogas. La obra pictórica de este autor está plagada de simbolismos y situaciones fantásticas, oníricas y surrealistas, donde se mezclan duendes y hadas con rostros reconocibles, y todo ello ejecutado con gran detalle en ambientes abigarrados, llenos de imágenes minúsculas. Uno de sus mejores trabajos, muy representativo de su estilo, es «The Fairy Feller’s Master-Stroke» («El Golpe Maestro del Duende Leñador»), actualmente conservado en la Tate Gallery de Londres. Este cuadro sirvió de inspiración a Freddie Mercury, como él mismo ha reconocido, para componer la canción del mismo título incluida en el segundo Lp de estudio de la banda británica Queen («Queen II«, 1974), un álbum conceptual en torno al bien y el mal, al equilibrio cósmico de los opuestos, a la dicotomía antagónica blanco/negro. De hecho, la primera cara -compuesta casi toda ella por Brian May- está gobernada por el sentimiento y la claridad, mientras que la cara B -compuesta en su totalidad por Freddie Mercury- es más oscura y las letras son de temática fantástica. Esta dualidad está también presente en las fotos que ilustran este Lp, con los integrantes del grupo vestidos con ropajes blancos o negros; estamos ante una de las portadas más conocidas y valoradas por los aficionados al rock, como bien pusieron de manifiesto los amigos blogueros cuando la eligieron, en la encuesta que realizamos hace unos meses, como una de las mejores portadas de la historia del rock. «Queen II» es uno de mis discos favoritos de los británicos, donde se aprecia muy bien su estilo barroco limítrofe con el rock progresivo. «The Fairy Feller’s Master-Stroke» es una pieza complejísima, de una gran riqueza instrumental y unos arreglos vocales muy cuidados; una obra sorprendente, un experimento musical construido como si fuera una pieza de orfebrería churrigueresca, sobre el que llamó la atención el buen amigo Alex (RockTelegram), a quien agradezco la sugerencia que me hizo para que me ocupara de este tema, un precioso regalo para mí y para este blog.

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