Grandes canciones en versión española: Guitarras Mestizas

«Éste es un país de grandísima tradición guitarrística donde, haciendo excepción de Paco de Lucía y algunos otros flamencos, no se concibe al guitarrista como artista solista». Estas palabras pertenecen a Max Sunyer, uno de los mejores músicos que tenemos en España, fundador de bandas muy importantes para el rock progresivo y el jazz-rock hispano, como Iceberg o Pegasus. Guitarras Mestizas es un proyecto que trató de llenar ese vacío gracias a la asociación de cinco guitarristas de excepción, todos ellos nacidos en Cataluña: Santi Picó, Chicuelo, Joan Vinyals, David Palau y el ya mencionado Max Sunyer; del primero nos ocuparemos próximamente, con alguna versión pero, sobre todo, tratando de reivindicar sus discos en solitario; el segundo desarrolla su trabajo en el ámbito del flamenco, ha acompañado a los mejores cantaores y ha trabajado con músicos de jazz de la talla de Chano Domínguez, Carles Benavent o Jorge Pardo, también ha colaborado con la pianista Maria Joâo Pires, incluso ganó el Goya 2013 por el tema «No te puedo encontrar» de la película «Blancanieves«; Joan Vinyals ha tocado con la Companyia Elèctrica Dharma y con un buen número de artistas nacionales y extranjeros, y también ha colaborado en el cine y en televisión; y David Palau, aún siendo tal vez el más rockero, tiene formación en guitarra clásica, es músico de sesión y productor, ganador de un Grammy Latino y muy conocido por ser «El guitarrista de los famosos», como él mismo señala en su página web. Aquí podéis escuchar esta interesante iniciativa, dos discos publicados en 1999 y 2000 bajo los títulos de «Guitarras Mestizas» (disco doble) y «Delta 2000», con versiones muy conocidas procedentes de diferentes estilos. Como suele ser norma habitual en esta sección, vamos a proponer cuatro canciones que ya han aparecido en este blog.

Santi Picó. «Don’t let me be Misunderstood«. Tema de Horace Ott ofrecido a Nina Simone y también versionado, con gran acierto y éxito, por The Animals durante los años sesenta. Me encanta el estilo spaguetti-western que le da Santi a este tema.

Chicuelo. «My Way«. Este tema fue compuesto en 1967 por el francés Jacques Revaux y modificado por Claude François bajo el título «Comme d’habitude». Paul Anka compró los derechos para la versión en inglés, modificó la letra y se la ofreció a Frank Sinatra. Me gusta porque Chicuelo logra darle un toque flamenco al tema, de manera muy elegante, casi sutil.

Max Sunyer. «Stay«. Casi todos recordamos esta canción por la excelente versión de Jackson Browne, sin embargo el tema fue compuesto por Maurice Williams e interpretado por su grupo, Maurice Williams & The Zodiacs, en un ritmo mucho más vivo. He de reconocer que, cuando empecé a escuchar la versión de Max, en los primeros compases, no me gustó mucho, pero cuando la fue desarrollando acabé rindiéndome a su maestría y a ese toque de jazz-rock mediterráneo tan suyo.

Santi Picó. «Sleepwalk«. Finalizamos con este clásico de surf rock instrumental concebido para steele guitar, compuesto por los hermanos Farina y publicado en el primer álbum del dúo Santo & Johnny (1959). Una versión cálida, que recuerda mucho a la original de los Farina.

Yes. «The Gates of Delirium»

En 1973 se publicaba «Tales from Topographic Oceans», el sexto álbum de Yes, banda de la que ya hemos dado cuenta en tres ocasiones, a propósito de los temas «Mood for a Day«, «Close to the Edge» y «Don’t Kill the Whale«. Rick Wakeman nunca se sintió a gusto en un proyecto controlado por el espiritual Jon Anderson, incluso llegó a decir: «No puedes tocar lo que no entiendes, y yo no entendía nada de este disco». Obviamente, Rick abandonó para continuar su carrera en solitario y, tras la negativa de Vangelis, la plaza de teclista fue a parar al suizo Patrick Moraz, un músico que introdujo el equilibrio que Yes necesitaba en aquella época, además de un cierto aroma clásico y jazzístico que, de manera suave, casi imperceptible, se incorporó al disco que grabarían después del controvertido «Tales from Topographic Oceans»; lo titularon «Relayer» (1974). En algunas ocasiones menos es más; Patrick Moraz no parecía un recambio tan espectacular como Rick Wakeman, sin embargo fue determinante en el sonido de este disco y, además, permitió algo que, a la postre, resultó mágico: Steve Howe asumió el protagonismo, y de qué manera … Ya os he comentado en alguna ocasión que es mi guitarrista preferido (junto con Jimi Hendrix) y probablemente lo sea por este disco, un álbum con tres canciones: «Sound Chaser«, «To Be Over» y «The Gates of Delirium». La primera es una pieza enérgica, por momentos caótica, que arranca con bajo y batería hasta que Steve Howe, a partir del minuto tres, construye un maravilloso solo de guitarra al que, a partir del minuto ocho, dan relevo los teclados de Patrick Moraz. «To Be Over» es una canción tranquila, suave, sin excesivos contrastes, mientras que «The Gates of Delirium» es una suite majestuosa, que comienza con una parte atmosférica, a modo de presentación, donde se mezclan efectos y donde todos los músicos contribuyen; entre el minuto dos y el ocho, aproximadamente, hace su aparición la parte cantada, un fragmento épico que da paso a un incremento de ritmo, donde los cambios se suceden muy deprisa, donde todo parece muy complejo y a la vez muy sencillo, una fase alocada, virtuosa, Yes en estado puro; hacia el minuto trece se relaja la tensión y vuelve a tomar protagonismo la guitarra, hasta que llegamos al minuto 16:07, cuando comienza el fragmento conocido como «Soon», una bellísima pieza, uno de los momentos mágicos que ha dado el rock, con Steve Howe a la steele guitar y Jon Anderson luciendo su característica voz castrati. Esta parte, «Soon», es uno de los clásicos de Yes; aquí lo podéis escuchar en su edición como single y aquí en un directo del año 1975.

Buddy Holly / Humble Pie / The Knack. «Heartbeat»

Entre el 24 de febrero de 1956 y el 10 de septiembre de 1958, Buddy Holly grabó, en el estudio que el productor Norman Petty tenía en Nuevo México, buena parte de sus temas más famosos. En la entrada dedicada a la canción «Everyday«, comentaba que llegó a firmar dos contratos discográficos: uno con Brunswick, reservado para sus trabajos con The Crickets, y otro con Coral, en solitario, donde grabó melodías tan conocidas como «Peggy Sue», «Not Fade Away», «Rave On», «Words of Love», la mencionada «Everyday» o «Heartbeat», escrita por Bob Montgomery y Norman Petty, y grabada el 25 de mayo de 1958 con la colaboracion de Tommy Allsup (guitarra eléctrica), Jerry Alison (batería) y Joe Mauldin (contrabajo), compañeros en The Crickets; fue publicado en single, con «We all Right» en la cara B. La mayor parte de las versiones que se han hecho de «Heartbeat» no llegan a alcanzar, desde mi punto de vista, la magia de esta grabación original; es el caso, por ejemplo, de las de Tommy Roe, Herman’s Hermits o la muy conocida de Bobby Vee; aún más dulces son las propuestas de Skeeter Davis o Connie Francis. Sin embargo, apenas un año después del lanzamiento de Buddy Holly con el sello Coral, se publicaba una versión bien diferente a todas las que acabo de nombrar, me refiero a la de los ingleses Humble Pie, con Steve Marriott y Peter Frampton a la cabeza; se incluyó en su segundo álbum de estudio («Town and Country», 1969), un trabajo de folk-rock aún alejado del sonido hard rock que caracterizaría a esta banda en sus siguientes discos; con todo, endurecieron el «Heartbeart» original gracias a un excelente trabajo con las guitarras. La tercera versión destacada va a ser la del grupo de power pop The Knack, bien conocido a través de su gran éxito «My Sharona«, una canción que fue disco de oro y que llegó al número uno en las listas de éxitos; eso ocurría en 1979, cuando se publicaba este single y el primer álbum de estos estadounidenses («Get the Knack»), cuya cara B contenía una versión de «Heartbeat», situada inmediatamente después de «My Sharona». Finalizo con un bonus track, también singular, debido al grupo indie de twee pop Black Tambourine, formado en Washington (EE.UU.) durante 1989 y disuelto unos pocos años más tarde.

Fischer-Z. «Cruise Missiles» / «Berlin»

El 12 de diciembre de 1979 los ministros de Asuntos Exteriores y Defensa de los países miembros de la OTAN acordaron instalar en Europa occidental (Gran Bretaña, Bélgica, Holanda, Italia y Alemania Federal) 108 misiles Pershing II y 464 del tipo Crucero, los denominados «Cruise», como respuesta a los misiles soviéticos SS-20 instalados por la URSS en su zona de influencia durante los años setenta. El presidente estadounidense Ronald Reagan propuso a la URSS lo que se acabaría denominando la «doble decisión»: si se retiraban los SS-20 no se desplegarían los Pershing II y los Cruise; tras unas tensas, largas y estériles negociaciones, a finales de 1983, la OTAN instalaba estas armas dando lugar a la «Crisis de los Euromisiles», uno de los últimos episodios álgidos de la Guerra Fría. En este marco histórico se desenvuelve la producción alemana «Deutchland 83«; el protagonista es un joven de la RDA que, por motivos personales -no ideológicos- se infiltra en la RFA con el fin de espiar los movimientos de la OTAN previos a lo que, muchos de los dirigentes del Pacto de Varsovia, consideraban un inminente ataque a la RDA. Es verdad que series de espías se han hecho unas cuantas, la más conocida de estos últimos años es «Homeland» pero también hay otra muy interesante, «The Americans«, que es coetánea en la acción a la que hoy comentamos. En «Deutchland 83» podemos ver cómo eran las dos Alemanias en el año 1983, cómo se inicia un espía no vocacional, el fenómeno pacifista que acompañó a esta crisis de los euromisiles o el ambiente paranoico que se vivía en aquellos años. La serie no está exenta de algunos toques de humor (muy buena la escena en la que los servicios de inteligencia de la RDA tienen que descifrar la información contenida en un disquete de 5 1/4) y algunas interpretaciones notables, en particular la de Maria Schrader. La música también es protagonista; la acción se desarrolla al ritmo nuevaolero-pop de aquellos años ochenta, comenzando con «Major Tom«, de Peter Schilling, como tema de cabecera, para continuar con otros artistas como Eurythmics, Nena, The Cure, David Bowie, Duran Duran, Soft Cell, The Police, Phill Collins, Bonnie Tyler, John Lennon u otros con menor orientación pop, como ZZ Top, Bob Dylan, Eric Clapton o Bruce Springsteen, por poner sólo algunos ejemplos porque hay más de cincuenta canciones. En la lista de spotify que he dejado al final podéis escuchar todos los temas, mientras tanto os propongo dos: «Cruise Missiles» y «Berlin», pertenecientes al grupo británico Fischer-Z, creado en 1972 en torno a John Watts, con un estilo new wave que algunos han comparado al de los Talkings Heads, con importante presencia de guitarras y teclados, y con unas letras comprometidas con su tiempo, plagadas de abundantes referencias políticas y sociales.

Las Cinco Canciones de Eduardo Cano (V): «Todas la flores» (Presuntos Implicados)

Acabamos la semana como en las comedias románticas, con una boda, en este caso la de Eduardo, y con el tema «Todas las flores» perteneciente al álbum titulado «Siete», de los murcianos Presuntos Implicados. Hubo una época en que escuchaba mucho a este grupo, sobre todo sus discos «De Sol a Sol», «Alma de Blues» y «Ser de Agua», incluso los he visto en directo dos o tres veces. Me ha encantado poderos presentar a Eduardo; he disfrutado con su ecléctica propuesta musical y con sus recuerdos. Eduardo, espero que te hayas sentido cómodo con tu experiencia bloguera, ya sabes que tienes abierto este rincón por si te animas a seguir escribiendo. Un fuerte abrazo.

Os recuerdo que esta sección está abierta a todos los amigos/as que deseéis participar en ella; si queréis enviar vuestras cinco canciones, con sus recuerdos respectivos, lo podéis hacer mandando un correo a la siguiente dirección: raulrn@wanadoo.es o contactar a través de twitter (@guitarmuses).

«Esta fue la canción que pusimos en mi boda cuando entramos en el convite. Me parece que, como canción romántica, no está mal. Además, la voz de Sole siempre es de destacar».