Dexys Midnight Runners. “Come On Eileen”

Dexys Midnight Runners es el nombre de un grupo británico de pop creado en Birmingham hacia 1978. Sus fundadores, Kevin Rowland y Kevin “Al” Archer, tomaron el nombre de la “Dexedrina” (dextroanfetamina), una droga psicoestimulante que, según ellos, daba la posibilidad de bailar toda la noche sin parar. La banda surgió en pleno movimiento punk, y tuvo que compartir espacio con la new wave, los nuevos románticos o el synth pop, aunque ellos preferían vestir su pop con prendas procedentes del soul o del folk irlandés. Y, hablando de ropa, en directo iban ataviados con petos vaqueros raídos y gorros, y tenían un aspecto poco limpio o aseado (aquí los podemos ver).

Grabaron su primer álbum (“Searching For The Young Soul Rebels”) en 1979, pero no se publicó hasta 1980, después de que devolvieran las cintas maestras de las grabaciones, que habían sustraído con el objeto de renegociar sus regalías; la canción más famosa de este disco fue la titulada “Geno”, dedicada a la cantante de soul Geno Washington. Tras este primer disco, la banda se dividió en dos: Blues Ox Babes, con Al Archer al frente, y una nueva Dexys Midnight Runners, con Kevin Rowland a la cabeza, que aprovechó la coyuntura para incluir a nuevos músicos, entre ellos tres violinistas con el propósito de conseguir una fusión sonora entre el soul y la música celta. El primer álbum de estos nuevos Dexys (realmente el segundo desde que comenzaron su andadura) se tituló “Too-Rye-Ay” (1980); en él se incluyó el tema “Come On Eileen”, un éxito absoluto de ventas en Europa y Estados Unidos que, probablemente para muchos, acabó convirtiendo a este grupo en la clásica banda one-hit-wonder. Se separaron en 1986, pero volvieron a reunirse en 2003 y parece que aún continúan en activo.

Come On Eileen”, acreditada a Kevin Rowland, Jim “Big Jim” Paterson y Billy Adams, está basada en los recuerdos de infancia que tenía Kevin Rowland de su amiga Eileen; ambos debieron disfrutar de una amistad infantil, que se debió convertir en algo más durante la adolescencia; para Rowland, católico y monaguillo cuando era niño, el sexo probablemente era algo tabú, de ahí que la canción trate de mostrar (dentro de lo indescifrable que es) esa mezcla entre la lujuria y el sentimiento católico de culpa. La composición de este tema está plagada de préstamos y situaciones que lindan con la apropiación indebida. Según afirma Héctor Sánchez en la web EfeEme, “Kevin Rowland se vistió como un mendigo, pero se comportó como un ladrón”; tal y como podemos leer en este artículo (y en algún que otro medio), Rowland se apropió de un tema de su excompañero Al Archer, que estaba intentando abrirse camino con su grupo Blue Ox Babes: “Encendí la radio. Estaba con el grupo. Nos habíamos reunido en mi piso en Old Hill y escuché ‘Come On Eileen’ y dije ‘esa es mi canción’, ya sabes, ese es mi ‘sonido’ o como quieras llamarlo” (Al Archer. Testimonio recogido por EfeEme). En opinión de Kevin Rowland, el asunto no era como lo contaba Al: “Mi amigo Kevin Archer había hecho eso en una canción que había escrito y que yo escuché. Era una melodía diferente, un ritmo diferente y una letra diferente (Kevin Rowland. Testimonio recogido por EfeEme). Sea como fuere, éste no fue el único préstamo (o lo que sea) que tomó Kevin Rowland; el sonido del violín, con el que comienza la canción, está tomado de una canción folclórica (“Belive Me, If All Those Endearing Young Charms”, del poeta romántico irlandés Thomas Moore (en esta excelente versión de Wynton Marsalis lo podéis comprobar); y el estribillo, cuando se canta “Come on Eileen …” está inspirado en el tema “A Man Like Me”, del músico de soul Jimmy James.

“Come On Eileen” ha sonado en el espacio (en el transbordador espacial Discovery, en honor a su comandante Eileen Collins), se ha utilizado en videojuegos, películas, anuncios publicitarios, para apoyar a la selección inglesa de fútbol, y dispone de bastantes versiones en diferentes estilos; véanse, por ejemplo, las ejecutadas por Save Ferris (ska punk), Skyclad (folk metal), Nil (rock japonés), Lou Bega (ritmos latinos) o los vallisoletanos Celtas Cortos (rock celta).

Creedence Clearwater Revival / Elton John / Hanoi Rocks. «Up Around The Bend»

Empecé a interesarme por la música a los doce años. La radio fue mi gran aliada, sobre todo los programas de canciones dedicadas. Fueron los años de la EGB, cuando aún no había descubierto estilos como el hard rock o el rock progresivo, los dominantes durante mi adolescencia. Entonces disfrutaba con los éxitos del momento, pero mi ruinosa (por no decir inexistente) economía sólo me permitía comprar cintas de casete baratas, muy baratas, ediciones que recogían canciones muy conocidas interpretadas por cantantes desconocidos. De hecho, en los títulos de crédito sólo aparecían los autores de los temas, no los intérpretes; éstos, a menudo, trataban de imitar a los cantantes originales sin mostrar ningún tipo de rubor. Aún conservo un par de cintas de aquella época, ambas de 1974-1975 (al final de la entrada las podéis ver), una de S.A. Ediciones Fonográficas (colección Olympo), y otra de Marfer S.A. (colección Trama).

Por supuesto, en el ámbito de la música anglosajona también existieron iniciativas similares, incluso más perfeccionadas y consolidadas que las españolas; por ejemplo, la serie discográfica “Top of the Pops”, del sello Hallmark, a través de su discográfica Pickwick Records. Entre 1968 y 1985 grabaron, nada más y nada menos, que más de cien álbumes de versiones cantadas por músicos de sesión, artistas anónimos que no aparecían en los títulos de crédito. Antes de que se hicieran famosos, Tina Charles o Elton John fueron habituales de estos discos económicos, cuyas grabaciones se sucedían una tras otra; según ha manifestado el cantante de sesión Tony Rivers, “en aquellos días, la mayoría de las veces, tenías que hacer tres canciones en tres horas y luego te ibas de allí”. Así se ganó la vida Elton John antes de que fuera conocido. En 1994 se editó un disco titulado “Chartbusters Go Pop”, en el que se recogieron veinte canciones interpretadas por Elton John entre 1969 y 1970, en aquella época en la que hacía versiones anónimas de temas tan conocidos como “Cotton Fields”, “Lady D’Arbanville”, “In The Summertime” o “Yellow River”, por citar sólo algunos; también se atrevió con canciones de John Fogerty, el líder de Creedence Clearwater Revival, como “Travelin’ Band” o “Up Around the Bend”, una alegre y metafórica composición que invita al optimismo y al descubrimiento.

Este tema se incluyó en el quinto álbum de estudio de los californianos, el titulado “Cosmo’s Factory” (1970), donde también aparecen temas como “I Heard it Through the Grapevine”, protagonista de una entrada anterior. Para la tercera versión destacada de hoy, nos quedamos con la propuesta de la banda finlandesa de hard rock y glam rock Hanoi Rocks; incluyeron este tema en su quinto álbum de estudio (“Two Steps From The Move”, 1984). A poco que busquéis un poco, en seguida os daréis cuenta que abundan las versiones de esta canción interpretadas por artistas no excesivamente conocidos, como New Strangers (con un toque bluegrass), Leinemann, Studio 99, The Bates (punk), Pyro (heavy metal), The Egrets, Diamante eléctrico (banda colombiana de rock, en español), Midnite String Quartet (música clásica instrumental) o Sweet Little Band (instrumental para bebés).

Jorge Drexler. “Todo se transforma”

No son pocas las canciones escritas en castellano que, de un modo u otro, plantean asuntos de índole científica. Aquí tenéis algunos ejemplos; incluso este blog tiene algunos temas, como “La estatua del jardín botánico” o “Llamando a la Tierra”. Pero, si exceptuamos a Jorge Drexler, no creo que haya muchos compositores que hayan escrito más de treinta canciones de temática científica; en la tabla 1 de este trabajo de investigación, podéis ver los títulos de todos estos temas, junto con el año de la canción y los conceptos e ideas científicas presentes en ellos.

No es casual que Jorge Drexler, hijo de judío alemán y de madre criolla uruguaya, se incline por buscar metáforas, paralelismos y reflexiones vitales en temáticas relacionadas con la ciencia, desde la física newtoniana a la teoría del Big Band, pasando por asuntos como la Óptica, la Geometría, la teoría de la Relatividad, la Astronomía, la física ondulatoria, la Biología, la Meteorología, la estructura de la materia o las leyes de conservación de la masa (Ley de Lomonósov – Lavoisier) y la energía. En efecto, Drexler estudió Medicina en Uruguay y, según señalan algunas fuentes, se dedicó a la Otorrinolaringología; de ahí que nunca haya renegado de su formación científica, más bien al contrario, la ha utilizado para dar vida a su manera de entender la música, desde la emoción, la intelectualidad y la física. En el trabajo de investigación aludido con anterioridad, escrito por Paulo Victor Santos Souza, Leila dos Santos Nogueira y Marta Maximo-Pereira, se alude a la capacidad de Jorge Drexler para transmitir emociones a través de la lírica de sus composiciones:

“Drexler es un experto en el arte de contar historias a través de sus letras, creando imágenes vibrantes sobre temas universales como el amor, la identidad y la existencia humana, lo que le permite conectarse con las experiencias y sentimientos de su audiencia. Además, la ‘cientificidad’, o ‘música para la cabeza’, es otro elemento de su lírica. Los temas científicos complejos, como la física, la biología y la astronomía, son abordados por el cantautor y convertidos en metáforas y analogías que resultan accesibles y evocadoras. Sus letras nos invitan a reflexionar sobre la naturaleza del universo, el tiempo, la evolución y otros conceptos científicos, generando una conexión emocional con el conocimiento científico”.

Aunque probablemente lo más interesante de Jorge Drexler sean sus letras -os aconsejo que echéis un vistazo a la bibliografía del artículo anteriormente mencionado, para que veáis la cantidad de trabajos de investigación y divulgación que hay sobre este autor-, la música es más compleja de lo que parece, plena de mestizaje de sonidos y estilos, y especialmente diseñada para el mensaje a transmitir. Jorge Drexler inició su andadura musical en 1990; en 1992 publicó su primer álbum (“La luz que sabe robar”) y, desde entonces, no ha parado de sacar discos al mercado. Es poseedor de dieciséis Grammy Latinos, de un premio Goya (2011) y de un Oscar por la canción “Al otro lado del río” (2005), incluida en la película “Diarios de motocicleta”, aunque no le dejaron interpretarla en la ceremonia porque pensaban que era un cantante poco conocido; en su lugar, fue Antonio Banderas quien cantó el tema, acompañado a la guitarra por Carlos Santana.

La canción con la que encabezamos esta entrada, “Todo se transforma”, formó parte de su noveno álbum de estudio (“Eco”, 2004). En ella, Drexler reflexiona sobre el amor, el equilibrio, las casualidades y causalidades de la vida cotidiana, y la justicia del destino, como si fuera una especie de efecto mariposa / bumerán gobernado por las leyes de conservación de la masa y la energía (aquí tenéis la letra). Un planteamiento brillante, intelectualmente poético, una canción asombrosa. Os dejo algunas interpretaciones de Drexler en directo (una de 2004, otra de 2008, y la última de 2014), y tres versiones, a cargo de Sole Giménez, Pau Lobo y Koino Yokan.

Camel. «The White Rider»

Lady Fantasy” es uno de los temas más conocidos y representativos de la banda británica de rock progresivo Camel, una de mis preferidas. Ya nos ocupamos de él en una entrada anterior, en la que también hablábamos de la clásica portada del paquete de tabaco con la que se presentó el segundo álbum de estudio de esta formación (“Mirage”, 1974), en la que se puede ver una imagen del camello distorsionada, como si fuera un espejismo desértico. Fue grabado por la discográfica Decca, después de un primer disco con MCA (Camel, 1973), que apenas tuvo repercusión en el momento de su lanzamiento. Si disponéis de un momento de pausa (poco más de treinta y cinco minutos), no dudéis en escuchar “Mirage” en su totalidad; los que ya conocéis el disco, os hará disfrutar como el primer día; el resto os encontraréis con uno de los discos imprescindibles del rock progresivo, y con una excelente carta de presentación en el caso de que queráis encontraros con el elegante y sensible universo Camel, con Andy Latimer (guitarra, flauta) y Peter Bardens (teclados, sintetizadores) como principales artífices, magníficamente acompañados por Doug Ferguson (bajo) y Andy Ward (batería). “Mirage” sólo contiene cinco cortes, los titulados “Freefall”, “Supertwister”, “The White Rider”, “Earthrise” y “Lady Fantasy”. Cada cara del vinilo original finaliza con sendas suites, divididas en tres movimientos; en la cara B, se incluye “Lady Fantasy” (“Encounter”, “Smiles for You” y “Lady Fantasy”) y en la cara A el tema que hoy nos ocupa: “The White Rider”, dividido en tres partes: “Nimrodel”, “The procession” y “The White Rider”; fue compuesto por Andy Latimer, a partir del universo Tolkien de El Señor de los Anillos.

Comienza con un sonido misterioso que, a los cincuenta segundos, da paso a una especie de marcha con sonidos de tambores, flauta y fanfarria. Aproximadamente un minuto después, se inicia una fase más dulce y melódica, guiada por sonidos de melotrón y guitarra, que prepara el camino para los primeros versos cantados, entre los que se intercalan acompañamientos de flauta. Hacia el minuto 3:45, los teclados incrementan el ritmo para llevarnos a un magnífico solo de sintetizador -seña de identidad de esta composición-, que culmina Andy Latimer a la guitarra. A partir del minuto 5:42, comienza otra parte cantada, finalizada hacia el minuto 7, cuando empieza el último segmento, más sombrío y cósmico, yo diría que incluso con una cierta reminiscencia psicodélica, en el que la guitarra y, sobre todo, los teclados son los protagonistas.

Os dejo enlace a dos directos, uno de 1976, incluido en el disco “A Live Record”, y otro de 1977, en el que podéis ver a los músicos en acción. Si queréis saber algo más de este grupo, y escuchar otros temas, lo podéis hacer a partir de otras entradas anteriores de este blog, como las dedicadas a los temas “Never Let Go”, “Echoes”, “Rhayader”/”The Snow Goose”/”La Princesse Perdue” o, el ya mencionado, “Lady Fantasy”.

Esta vez el corte veraniego de este blog se va a producir antes de lo habitual (mes de agosto), de hecho ya estos últimos viernes no he podido estar con vosotros. Si nada lo impide, volveremos en septiembre. Abrazos para todos.

Ricky Nelson / Milton Mapes / Paul McCartney & friends. “Lonesome Town”

En octubre de 1999 se lanzó al mercado el undécimo álbum de estudio de Paul McCartney en solitario. Fue grabado entre marzo y mayo de 1999, aproximadamente un año después del fallecimiento de su esposa, Linda, debido a un cáncer. Quizás por ello, quiso hacer un disco diferente, algo así como un reencuentro con la música que escuchaba cuando era adolescente. En “Run, Devil Run” (1999) se incluyeron dieciséis canciones de R&R de los años cincuenta: trece versiones de temas conocidos (y otros no tan conocidos) que, en su día, fueron interpretados por artistas como Gene Vincent, Chuck Berry, Ricky Nelson, Elvis Presley, Carl Perkins, Buddy Holly, Little Richard o Fats Domino; y tres canciones compuestas por McCartney, dentro de estos parámetros rocanroleros. Para la ocasion, Paul McCartney se rodeó de un grupo de músicos excepcional, entre los que podemos destacar a David Gilmour (Pink Floyd), Ian Pace (Deep Purple) o Dave Mattacks (Fairport Convention).

El corte número seis del disco corresponde al tema “Lonesome Town”, compuesto por Baker Knight -autor de temas tan conocidos como “The Wonder of You”, que popularizara Elvis Presley- e interpretado por primera vez por Ricky Nelson, en 1958. De este músico y actor ya hablamos en una entrada anterior, dedicada al tema “Hello Mary Lou”, en la que hicimos una breve semblanza biográfica de este cantante, a menudo conocido como “el otro Elvis Presley”. Incluyó esta canción en su tercer álbum de estudio (“Ricky Sings Again”), para el que contó con el acompañamiento vocal del grupo The Jordanaires, también habituales en las grabaciones de Elvis Presley.

De “Lonesome Town”, cuya letra describe un lugar ficticio al que pueden acudir los corazones rotos para ahogar sus penas, se han hecho bastantes versiones; además de las dos ya mencionadas, a cargo de Ricky Nelson y de Paul McCartney, también podemos mencionar las debidas por Mark Murphy, The Ventures, Johnny Tillotson, The Fleetwoods, The Hep Stars, Ronnie Hawkins, Ray Dexter, Jerry Garcia, Chloe Moser, Françoise Hardy, Richard Anthony (en francés), Johnny Hallyday (en francés), The Cramps (psychobilly) o nuestra tercera opción de hoy, a cargo de la banda estadounidense de folk rock y country rock Milton Mapes. Esta versión fue incluida en la banda sonora del videojuego “Stubbs the Zombie in Rebel Without a Pulse”, del que ya hablamos en un post anterior. “Lonesome Town” ha aparecido en películas como “Pulp Fiction” y en series de televisión como “Heroes”, “The End of the F***ing World” o “Grantchester”.