En octubre de 1969 King Crimson editaba «In the Court of the Crimson King«, uno de los primeros trabajos de rock progresivo, una obra de referencia para todos los que quieran aproximarse a este estilo. El cantante y bajista de aquella formación era un amigo de Robert Fripp: Greg Lake, fallecido el pasado 7 de diciembre a los sesenta y nueve años, víctima de un cáncer. Apenas unos días después de publicar este disco, King Crimson ofrecía un concierto en el Filmore West de San Francisco, donde compartió escenario con The Nice, la banda liderada por el virtuoso de los teclados Keith Emerson. Al parecer, la conexión entre Emerson y Lake fue instantánea; el primero pensaba que su aventura en The Nice había llegado a su fin y el segundo ya empezaba a ver cómo King Crimson se desintegraba, entre otras razones, por el liderazgo dictatorial de Robert Fripp. Aún grabó con éste último el segundo disco del Rey Carmesí («In the Wake of Poseidon», 1970), pero pronto abandonaría la banda para crear otra de las formaciones históricas del rock sinfónico: Emerson, Lake & Palmer (de la que ya hemos dado cuenta en esta entrada y en esta otra), donde Lake se haría cargo del bajo, de las labores vocales y de la guitarra, instrumento que en King Crimson era tocado por el jefe Fripp. En noviembre de 1970 publicaban su primer trabajo, «Emerson, Lake & Palmer«, un Lp en cuya cara A se incluyeron tres temas arreglados por el trío a partir de sendas obras de Béla Bartók («The Barbarian«), Johann Sebastian Bach («Take a Pebble«) y Leoš Janáček / J.S. Bach («Knife Edge«); la cara B estaba ocupada por un tema en tres movimientos de Keith Emerson («The Three Fates«), otro de Emerson y Palmer («Tank«) y el último compuesto por Greg Lake («Lucky Man»). Esta última canción, una de las más famosas de ELP y la que más éxito tuvo cuando fue lanzado el disco, llegó al álbum de casualidad, cuando se dieron cuenta que necesitaban un tema de relleno para esa cara B, que apenas duraba catorce minutos. En aquellos momentos de duda, Greg Lake habló a sus compañeros de una canción que había escrito cuando tenía doce años, con la que quiso expresar su malestar por las guerras utilizando la ironía de quien se siente feliz por todo lo que tiene en la vida y muere en plena batalla, sin posibilidad alguna de revertir este fatal desenlace, ni siquiera con dinero. Decidieron grabarlo con el tono acústico original pero introdujeron unos excelentes arreglos de batería y sintetizador, incluso dejaron una parte de guitarra eléctrica para ser interpretada por Greg Lake. Desde mi punto de vista, una melodía ideal para todos aquellos que quieran acercarse al rock progresivo y, de algún modo, se sientan intimidados por este género.
Categoría: Rock
Avalanch. «Torquemada»
A pesar de ser un género que no conozco bien, hace algo más de un año manifestaba mi interés por el power metal, uno de los subestilos surgidos a partir del heavy metal que, durante los noventa, gozó de una gran popularidad. Entonces dedicaba la entrada al tema «Black Diamond«, de los finlandeses Stratovarius, a la vez que trataba de tipificar las principales señas de identidad de este género, al menos aquellos elementos que a mí me parecen más atractivos: velocidad de ejecución, gusto por el tono épico y melódico, voces poderosas y agudas, virtuosismo y riqueza instrumental, y uso de elementos procedentes del rock progresivo y de la música clásica. Uno de los grupos españoles que mejor se ajusta a estos parámetros -al menos de los que conozco- es Avalanch, banda asturiana creada en 1993 en torno a Alberto Rionda, guitarra solista, compositor y productor musical de esta formación que, en su primera etapa, contó con Fran Fidalgo (bajo), Alberto Ardines (batería), Roberto García (guitarra) y Juan Lozano (voz), posteriormente sustituido por Víctor García. El primer álbum de estudio se tituló «La Llama Eterna» (1997) y el siguiente «Llanto de un héroe» (1999), ya con Víctor García en la parte vocal; se trata de uno de los trabajos importantes del power metal hispano, con letras que se adentran en personajes históricos y de leyenda españoles, como Don Pelayo, el Cid Campeador, el pirata Cambaral o el inquisidor Torquemada, nuestro protagonista de hoy. Tal y como nos cuenta el compañero Francisco Javier Tostado en su excelente blog, Tomás de Torquemada fue nieto de judíos conversos, fraile dominico y era el prior del Convento de Santa Cruz cuando conoció a la reina Isabel «La Católica»; ella le nombró confesor personal y, posteriormente, máximo responsable de la Inquisición Española, institución creada por los RR.CC. en 1478 aunque ya existía en Europa otro organismo inquisitorial anterior, instaurado durante el siglo XII en el sur de Francia. La opinión de Torquemada fue clave para que los RR.CC. acabaran decretando la expulsión de los judíos no conversos y, mientras él estuvo al frente de la Inquisición, se ejecutaron en la hoguera a cientos de personas, probablemente miles, utilizando para ello horribles y crueles interrogatorios envueltos en todo tipo de torturas y coacciones. «Torquemada» es uno de los grandes temas de Avalanch, casi un himno para sus seguidores, con una letra bien explícita que podéis leer en el vídeo elegido para hoy.
Steve Howe & Jon Anderson. «Sad Eyed Lady of the Lowlands»
Mañana va a ser un día importante para la Música, por primera vez en la historia el premio Nobel de Literatura va a ser entregado a un cantautor, Bob Dylan, aunque parece que finalmente no irá a recogerlo (sus razones tendrá). La decisión de la Academia no ha podido ser más polémica; se han vertido ríos de tinta para tratar de justificar lo inadecuado de este galardón, en manos de alguien que no se gana la vida como literato sino como cantante y escritor de canciones. El argumento más recurrente tiene que ver con la propia concepción de su obra que, efectivamente, no está pensada para la lectura sino para la escucha en forma de canción; entiendo que los defensores de esta posición también hubiesen estado en contra de que Shakespeare o Molière recibieran tal distinción si hubiera existido en su época, al fin y al cabo buena parte de sus obras estaban escritas con la finalidad de ser representadas en público. Entiendo a quienes critican esta decisión desde el conocimiento literario y porque, además, han escuchado las canciones de Dylan, se han esforzado en comprender y, en el mejor de los casos, se han dejado acariciar por sus poemas; pero, sinceramente, no comparto esas críticas que vienen de personas que, en su vida, se han parado a escuchar una canción de Dylan y, lo que es peor, tal vez nunca hayan tenido el placer de leer un libro. Como me imagino que hoy me estaré ganando una buena cantidad de collejas por mis opiniones, ahora voy a cosechar algunas más, esta vez por parte de los fans de Dylan; creo que el estadounidense es único escribiendo canciones pero no soy un gran enamorado de su voz, ni de su manera de interpretar; siempre he preferido las versiones que otros han hecho de sus temas y, de hecho, en este blog ya han aparecido algunas. Así que, para homenajear a Bob Dylan por este premio Nobel he querido seleccionar uno de los trabajos donde, desde mi punto de vista, mejor se condensa el espíritu poético de este autor, pero interpretado por dos de mis ídolos de juventud: los ex-Yes Steve Howe y Jon Anderson. La canción en cuestión es «Sad Eyed Lady of the Lowlands«, un tema de casi doce minutos que escribió probablemente pensando en su mujer Sara, con quien se había casado unos meses antes, poniendo fin a su romance con Joan Baez; ocupaba toda la cara D del disco doble «Blonde on Blonde» (1966), uno de sus mejores álbumes, en el que intervinieron músicos tan destacados como Al Kooper, Joe South o los miembros de The Band. La versión que os propongo fue incluida en un álbum de Stewe Howe homenaje a Dylan («Portraits of Bob Dylan», 1999), y para este tema contó con su ex-compañero Jon Anderson. La primera vez que la escuché me cautivó, la segunda me emocionó, con la tercera se me escapó alguna lágrima.
| With your mercury mouth in the missionary times, And your eyes like smoke and your prayers like rhymes, And your silver cross, and your voice like chimes, Oh, who among them do they think could bury you? With your pockets well protected at last, And your streetcar visions which you place on the grass, And your flesh like silk, and your face like glass, Who among them do they think could carry you? Sad-eyed lady of the lowlands, Where the sad-eyed prophet says that no man comes, My warehouse eyes, my Arabian drums, Should I leave them by your gate, Or, sad-eyed lady, should I wait? With your sheets like metal and your belt like lace, And your deck of cards missing the jack and the ace, And your basement clothes and your hollow face, Who among them can think he could outguess you? With your silhouette when the sunlight dims Into your eyes where the moonlight swims, And your match-book songs and your gypsy hymns, Who among them would try to impress you? Sad-eyed lady of the lowlands, Where the sad-eyed prophet says that no man comes, My warehouse eyes, my Arabian drums, Should I leave them by your gate, Or, sad-eyed lady, should I wait? The kings of Tyrus with their convict list Are waiting in line for their geranium kiss, And you wouldn’t know it would happen like this, But who among them really wants just to kiss you? With your childhood flames on your midnight rug, And your Spanish manners and your mother’s drugs, And your cowboy mouth and your curfew plugs, Who among them do you think could resist you? Sad-eyed lady of the lowlands, Where the sad-eyed prophet says that no man comes, My warehouse eyes, my Arabian drums, Should I leave them by your gate, Or, sad-eyed lady, should I wait? Oh, the farmers and the businessmen, they all did decide To show you the dead angels that they used to hide. But why did they pick you to sympathize with their side? Oh, how could they ever mistake you? They wished you’d accepted the blame for the farm, But with the sea at your feet and the phony false alarm, And with the child of a hoodlum wrapped up in your arms, How could they ever, ever persuade you? Sad-eyed lady of the lowlands, Where the sad-eyed prophet says that no man comes, My warehouse eyes, my Arabian drums, Should I leave them by your gate, Or, sad-eyed lady, should I wait? With your sheet-metal memory of Cannery Row, And your magazine-husband who one day just had to go, And your gentleness now, which you just can’t help but show, Who among them do you think would employ you? Now you stand with your thief, you’re on his parole With your holy medallion which your fingertips fold, And your saintlike face and your ghostlike soul, Oh, who among them do you think could destroy you Sad-eyed lady of the lowlands, Where the sad-eyed prophet says that no man comes, My warehouse eyes, my Arabian drums, Should I leave them by your gate, Or, sad-eyed lady, should I wait? |
Con tu boca de mercurio en tiempos de misioneros y tus ojos como humo y tus oraciones como poesías y tu cruz de plata, y tu voz como repiques oh, ¿quién hace que ellos piensen que podrían enterrarte? Con tus bolsillos siempre bien protegidos y tus visiones de tranvía que colocas en la hierba y tu carne como seda, y tu cara como el cristal ¿quién podría conseguir llevarte? Dama de ojos tristes de las tierras bajas donde dice el profeta de ojos tristes que ningún hombre llega mis ojos en depósito, mis tambores árabes ¿debería ponerlos en tu puerta o debería esperar, dama de ojos tristes? Con tus sábanas como metal y tu cinturón como un lazo y tu baraja de cartas perdida la J y el As y tus ropas de sótano y tu cara sin expresión ¿quién de ellos podría pensar que podría vencerte? Con tu silueta cuando la luz del sol a media luz en tus ojos donde nada la luz de luna y tus canciones de caja de cerillas e himnos gitanos ¿quién entre ellos intentaría impresionarte? Dama de ojos tristes de las tierras bajas donde dice el profeta de ojos tristes que ningún hombre llega mis ojos en depósito, mis tambores árabes ¿debería ponerlos en tu puerta o debería esperar, dama de ojos tristes? Los reyes de Tiro con sus listas de presidiarios están todos esperando en fila sus besos de geranio y tú no sabías que podría ocurrirte algo como eso ¿pero quien de ellos realmente quiere besarte a ti? Con tus amores de infancia en tu alfombra de medianoche y tus ademanes hispanos y tus drogas de madre y tu boca vaquera y tus enchufes de toque de queda ¿quien de ellos te hace pensar que pudiera resistirte? Dama de ojos tristes de las tierras bajas donde dice el profeta de ojos tristes que ningún hombre llega mis ojos en depósito, mis tambores árabes ¿debería abandonarlos en tu puerta o debería esperar, dama de ojos tristes? Oh, los granjeros y los hombres de negocios han decidido mostrarte los ángeles de la muerte que solían esconder pero porqué ellos te escogieron para simpatizar contigo ¿cómo podrían alguna vez equivocarte? Querían que te responsabilizaras de lo de la granja pero con el mar a tus pies y la alarma falsa y con el niño de un matón arropado en tus brazos ¿cómo podrían ellos alguna vez, haberte convencido? Dama de ojos tristes de las tierras bajas donde dice el profeta de ojos tristes que ningún hombre llega mis ojos en depósito, mis tambores árabes ¿debería abandonarlos en tu puerta o debería esperar, dama de ojos tristes? Con tus recuerdos de planchas metálicas de Cannery Row y tu marido de revista que un día tuvo que irse y tu gentileza, que ahora no puedes evitar mostrar ¿cual de ellos crees que te emplearía? Ahora estás junto a tu ladrón, estás en su libertad condicional con tu medallón sagrado que la yemas de tus dedos doblaron y tu cara de santa y tu alma de fantasma oh, ¿quién de ellos podría pensar siquiera que pudiera destruirte? Dama de ojos tristes de las tierras bajas donde dice el profeta de ojos tristes que ningún hombre llega mis ojos en depósito, mis tambores árabes ¿debería abandonarlos en tu puerta o debería esperar, dama de ojos tristes? |
Fuente: http://www.goddylan.com
Elton John / Transatlantic / Sarah Blasko. «Goodbye Yellow Brick Road»
«El Mago de Oz» (Victor Fleming, 1939) es una de las grandes películas infantiles y del cine musical de todos los tiempos. Como nos recuerda el amigo Antonio en su blog Diccineario, un filme rebosante de encanto kitsch, una «armoniosa, dinámica y enternecedora apología al coraje, a la solidaridad y la cordura que habitan en nuestro interior». Dorothy sueña con viajar más allá del arco iris, lo que finalmente consigue cuando es arrastrada por un tornado al mágico mundo de Oz; allí comenzará su aventura, primero con la bruja mala y luego con la bruja buena, quien le aconseja que, si quiere regresar a su hogar en Kansas, antes debe llegar a la Ciudad Esmeralda, donde reside el poderoso Mago de Oz. Para ello sólo debe seguir el camino de baldosas amarillas; en él se va encontrando a sus compañeros de viaje: un león poco fiero, un espantapájaros y un hombre de hojalata, con ellos deberá buscar el equilibrio necesario (fuerza, inteligencia y corazón) para llegar a su destino sorteando todos los problemas a su paso. Sólo así, con esfuerzo, perseverancia y resolución, y no con la magia, puede llegar a conseguir sus propósitos. Utilizando esta imagen metafórica, Bernie Taupin escribió la letra de «Goodbye Yellow Brick Road» -con música compuesta por Elton John- para hablarnos de ese camino de baldosas amarillas que conduce al mundo de fantasía al que todos hemos querido ir en alguna ocasión, el que nos ayuda a encontrar las respuestas que buscamos para justificar nuestra propia existencia, y el que acaba por señalarnos el deseo de volver a la vida de siempre, tras la estancia en nuestros particulares mundos de Oz. Este tema formó parte del séptimo álbum de estudio del británico Elton John, titulado igual que la canción y publicado en 1973 como Lp doble; otro día os hablaré de él porque está lleno de buenas canciones, una incluso en la frontera con el rock progresivo. Hoy sólo vamos a recordar algunas de las versiones que se han hecho de «Goodbye Yellow Brick Road»; por ejemplo la segunda que destacamos, a cargo de la banda de rock progresivo Transatlantic, formada por grandes musicos como Neal Morse (Spock’s Beard), Pete Trewavas (Marillion), Mike Portnoy (Dream Theather) y Roine Stott (The Flower Kings); la incluyeron en su álbum «Kaleidoscope» (2014), en el segundo disco que formó parte de la edición especial de este álbum. La tercera versión es la de la cantante indie australiana Sarah Blasko, una preciosa versión acústica interpretada en directo en el programa «Like a Version» de la emisora australiana Triple J, en el que los artistas allí invitados suelen tocar una canción suya y una versión. Si queréis escuchar otras adaptaciones os recomiendo las de Dream Theather, Sara Bareilles, Hunter Hayes, Keane, Emmerson Nogueira o Ellie Drennan.
Sam Cooke / Rod Stewart / Nikki Hill. «Twistin’ the Night Away»
Un ferrari rojo, un motel de carretera y el cadáver de un hombre negro provisto de un sólo zapato y cubierto con una chaqueta. No es el arranque de una película policiaca o un thriller de cine negro, es la escena del crimen que se encontró la policía americana cuando llegó al Motel Hacienda, en las proximidades de Los Ángeles (California). El fallecido era Sam Cooke, uno de los mejores cantantes que han existido, dotado de un timbre privilegiado, único en su manera de frasear y capaz de emocionar por igual a negros y blancos. Apenas tenía treinta y tres años cuando la recepcionista del motel (Bertha Franklin) acabó con su vida de un disparo. Según he podido leer en el reportaje publicado por la revista Don, Sam Cooke acudió a una cena organizada por su productor; allí conoció a la joven Elisa Boyer, tomaron unas copas juntos y se marcharon en el coche de Cooke, quien condujo veintitantos kilómetros hasta llegar al mencionado motel Hacienda, allí se registraron como Sr. y Sra. Cooke (recordemos que Sam estaba casado con Bárbara Cooke). Según testimonio de Elisa Boyer, Cooke intentó violarla, ella se zafó de él y salió huyendo para llamar a la policía; según declaró la recepcionista, Cooke salió apresurádamente de la habitación y, visiblemente alterado, comenzó a discutir y a forcejear con ella hasta que cayeron al suelo, fue entonces cuando Bertha Franklin le disparó tres tiros, uno de ellos mortal. El jurado tardó quince minutos en decidir que Franklin cometió homicidio en defensa propia y para salvaguardar la integridad del hotel, sin que, al parecer, hubiera una investigación exhaustiva sobre el asunto. Pero existe otra versión: Elisa Boyer, para algunos una prostituta, robó a Cooke y éste salió corriendo tras ella, el resto ya lo conocéis. Sea como fuere, era un hombre negro muy conocido, de gran éxito como cantante y dueño de su propia discográfica, algo que tal vez incomodaba a ciertos sectores del poder blanco. A sus funerales, celebrados en diferentes ciudades, acudieron más de doscientas mil personas y su tema «A Change is Gonna Come» acabó convirtiéndose en un himno del movimiento en favor de los derechos civiles. Sin embargo, he preferido acabar con una canción alegre y vital: «Twistin’ the Night Away», versionada por muchos artistas próximos al soul (Paul Rich, Herbert Hunter, Keely Smith, The Marvelettes), al rockabilly y el doo-wop (The Runaway Boys, The Delltones, Little Franky and the Townbeats), al glam rock (The Glitter Band), al funk (Clarence Clemons) y a otros géneros más singulares (Hutti Heita), incluso algo grotescos (Divine). Además de la grabación de estudio de Sam Cooke (os aconsejo que escuchéis también ésta en directo, con una voz más rugosa y rockera), os propongo como destacadas las de Rod Stewart -gran admirador de nuestro protagonista de hoy-, publicada en su álbum «Never a Dull Moment» (1972), y la de la cantante de R&B Nikki Hill, una versión llena de fuerza que tuve la suerte de presenciar en directo hace un par de años.
