The Flying Burrito Brothers. «My Uncle»

Cuando hace unos meses me ocupaba de Gram Parsons, a través de su canción “Return of the Grievous Angel”, ya comentaba la importancia que tuvo como creador e impulsor del country rock, primero con The Byrds y, posteriormente, con The Flying Burrito Brothers, banda norteamericana creada en 1958 por dos ex-miembros de The Byrds, el ya mencionado Parsons y Chris Hillman. A ellos se unieron el virtuoso de la steel guitar, “Sneeky” Pete Kleinow, y el bajista y pianista Chris Ethridge (ex miembro de International Submarine Band). Se instalaron en una casa situada en el californiano valle de San Fernando, finalmente conocida como “Burrito Manor”; allí comenzaron a grabar su primer album, “The Gilded Palace of Sin” (1969), en el que intervinieron diferentes baterías. En cierto modo, podríamos considerar que este album sigue la estela trazada por “Sweetheart of the Rodeo” (1968), el clásico de The Byrds, considerado como iniciador del movimiento country-rock y del que nos ocuparemos en otra ocasion. Mientras que el acercamiento entre entre el country y el rock, en el caso de The Byrds, se realizaba por la vía del folk electrificado, “The Gilded Palace of Sin” fusiona el country tipo Bakersfield con elementos rock procedentes del movimiento hippie y la psicodelia, algo que incluso puede constatarse en la portada y en las fotografías que acompañan a este disco. Al igual que hiciera con The Byrds, Gram Parsons pronto abandonó The Flying Burrito Brothers, concretamente en 1971, después de haber dejado grabados tan solo dos discos. Aunque Chris Hillman trató de mantener la banda, al menos al principio, ésta acabaría desintegrándose en 1972. Tres años más tarde, “Sneaky” Pete Kleinow y Chris Ethridge volverían a poner en marcha el grupo; a pesar de los habituales desencuentros, altibajos, cambios en la formación e, incluso, en el nombre, aún continúan ofreciendo conciertos. De verdad, merece la pena que escuchéis este disco entero (aquí lo podéis hacer); no obstante, para que os hagáis una idea de su estilo, os dejó un video del tema “My Uncle”, compuesto por Parsons y Hillman, que narra la historia de alguien que, para eludir la Guerra de Vietnam, acepta una propuesta de trabajo de un tío en Canadá.

JJ Cale / Eric Clapton /Nazareth. «Cocaine»

Slowhand, además del apodo con el que se conoce a Eric Clapton, es uno de sus discos en solitario más aclamados. Fue publicado en 1977, después de pasar buena parte de la primer década de los setenta luchando contra sus adicciones; en él se incluía el clásico «Cocaine», un tema compuesto por JJ Cale. Este músico norteamericano fue uno de los creadores del estilo conocido como «Sonido Tulsa», en el que confluyen géneros como el blues, el country y el rock & roll. Falleció hace dos años dejando una importante obra no excesivamente conocida por el público, en gran medida por su propia posición ante la música, el éxito y la vida; siempre huyó de la fama, actuaba de espaldas al público porque decía que así se comunicaba mejor con los músicos, creaba sus propias guitarras y prefería trabajar en la soledad de su casa, donde se construyó su propio estudio de grabación. Pese a todo, acabó convirtiéndose en un artista de culto, muy conocido y valorado en determinados círculos, especialmente por sus colegas; músicos como Randy Crawford, Waylon Jennings, Kansas, Lynyrd Skynyrd, Carlos Santana, Tom Petty o Eric Clapton han versionado sus temas, mientras que otros, como Mark Knopfler, no pueden ocultar la influencia de JJ Cale en su estilo; ese aire sosegado, tranquilo, casi arrastrado de JJ Cale, y su manera de tocar la guitarra, son bien reconocibles en los primeros trabajos de Dire Straits. «Cocaine» apareció en su cuarto álbum de estudio, «Trobadour» (1976), uno de sus mejores discos (aquí lo podéis escuchar). Un año después, como ya he comentado, fue grabado por Eric Clapton y, a partir de entonces, se han hecho algunas versiones; la última que os voy a proponer es la de Nazareth, incluida en sus álbumes «The Fool Circle» (1981) e «It’sNaz» (1981). «Cocaine» es una canción polémica, a menudo puesta como ejemplo de como el rock glorifica las drogas, y eso a pesar de la opinión de Eric Clapton que siempre ha manifestado lo contrario, es decir, que «Cocaine» es una canción antidroga que pretende fomentar la reflexión entre los jóvenes. Con el paso de los años, añadió a la letra las palabras «sucia cocaína», para que no quedaran dudas e, incluso, llegó a hacer donaciones a un centro de ayuda a la drogadicción. Con todo, algunos autores como Harry Shapiro (Historia del Rock y las Drogas. Barcelona: Ma non Troppo, 2006; pág. 214) mantienen que, en alguna ocasión, Clapton cambió la frase «She don’t lie» («ella no miente») por «She’s all right» («ella está bien»); yo nunca lo he escuchado, ¿y vosotros?

Los Pekenikes. «Embustero y Bailarín» / «Sombras y Rejas» / «Cerca de las Estrellas»

Los Pekenikes es uno de los grupos de rock más antiguos de España; su origen se remonta a marzo de 1959, cuando algunos compañeros del Instituto Ramiro de Maeztu crean una banda que comienza a ensayar en el sótano familiar de los hermanos Sainz, en la calle Montesa de Madrid. Al parecer, el nombre tuvo su origen en la juventud de sus componentes; con el objeto de que se viera mejor en la batería, alguien decidió sustituir la palabra «Pequeniques» por «Pekenikes». En 1961 firman con el sello Hispavox y comienzan a grabar algunos EPs de cuatro canciones, tan famosos en aquella época. Incluso llegaron a tocar en el chalet de Puerta de Hierro (Madrid) donde residía el ex-presidente argentino Juan Domingo Perón, exiliado en nuestro país desde el año 1960; Perón quedó encantado con la actuación y les comentó que si podía hacer algo por ellos; Alfonso Sainz, líder del grupo, le entregó una lista con los instrumentos que les hacían falta; varios meses después, con gran sorpresa, vieron como recibían todo lo pedido, entre ellos una Fender Stratocaster, tal vez la primera que entró en España. Aunque mantuvieron una formación base, las entradas y salidas del grupo fueron una constante; de hecho, por Pekenikes han pasado cantantes y músicos bien conocidos en el panorama musical de los sesenta, como Juan Pardo, Eddy Guzman, Tony Luz, Junior, etc. Nacieron con la vocación de ser un típico grupo con cantante, sin embargo las circunstancias acabaron transformándolo en una formación instrumental, sobre todo a raíz del gran éxito obtenido con el tema popular «Los Cuatro Muleros«, rescatado por Federico García Lorca y popularizado por algunas figuras del flamenco como Pepe Marchena. A menudo se ha comparado a este grupo con Los Relámpagos, aunque yo creo que son bien diferentes; éstos últimos basaban su sonido en las guitarras, al estilo de los británicos The Shadows, mientras que el sonido de Pekenikes era más complejo y en él tenían cabida instrumentos como el saxo, el trombón o la flauta. Nos han dejado grandes temas, como «Frente a Palacio«, «Romance Anónimo«, «Lady Pepa«, «Arena caliente» o los tres cortes destacados de hoy: «Embustero y Bailarín», compuesta por Alfonso Sainz (no os perdáis el vídeo); «Sombras y Rejas», en realidad una versión de «Asturias«, del maestro Albéniz; y «Cerca de las Estrellas», un interesantísimo tema en el que se pueden ver influencias psicodélicas y pseudo-progresivas, lo que tiene un gran mérito puesto que la canción es de 1968.

Yes. «Don’t Kill the Whale»

La edad dorada del rock progresivo comenzó a declinar a finales de los años setenta, en gran medida debido al vigoroso empuje de otros movimientos musicales, como la New Wave y, sobre todo, el punk, que se declararon abiertamente contrarios a los postulados musicales y estéticos propuestos por los grandes dinosaurios del rock sinfónico. En España, los años 1978 y 1979 fueron francamente desconcertantes; apenas tenía quince o dieciséis años pero me acuerdo de escuchar los grandes clásicos de este estilo publicados varios años antes, como si fuera algo de rabiosa actualidad y, también, de renegar de los ultimos trabajos de estos mismos grupos por considerar que vulneraban la esencia misma del rock progresivo. Cuando salió al mercado «Tormato», en 1978, escuchaba «Fragile«, «Close to the Edge«, «Relayer» y «Going for the One», cuatro obras maestras que empequeñecieron, incluso sepultaron, los siguientes trabajos de Yes, asentados en una época y con unos músicos que hacían imposible perpetuar viejas glorias. «Tormato» no ha sido un disco bien tratado, ni por la crítica ni por los aficionados de Yes; su producción fue problemática y deficiente, las canciones no parecían responder a ningún patrón conceptual y no había ninguna de las largas suites características de este grupo, tampoco se respetó el nombre inicialmente propuesto («Yes-Tor», un enclave situado en el condado británico de Devon, con ciertas connotaciones de tipo mágico o místico) y, por si esto fuera poco, en la portada tampoco estuvieron muy afortunados. Acostumbrados al excelente trabajo de Roger Dean, el grupo Hipgnosis (que ya había realizado la portada del disco anterior, «Going for the One»), no estuvo muy brillante; de hecho, según cuentan los biógrafos de esta banda, el tomate que allí aparece es el que lanzó Rick Wakeman cuando vio la portada por primera vez. El último desaguisado, como váis a poder comprobar, lo protagonizó el vídeo-clip que se utilizó para promocionar «Don’t Kill the Whale», un pegadizo tema ecologista con un excelente trabajo del guitarrista Steve Howe. Sinceramente, a pesar de todo, me parece un disco interesante aunque no pueda compararse en calidad con los anteriores. Aquí lo podéis escuchar entero, incluso con bonus tracks; además de «Don’t Kill The Whale» hay otros temas también interesantes, como «Madrigal» o «Release, Release«, bien diferentes uno del otro. En el año 1978 lo repudié; hoy, con más años y menos dogmatismo militante, disfruto escuchándolo.

Stratovarius. «Black Diamond»

El heavy metal es uno de los estilos musicales preferidos por los aficionados al rock y el que tal vez cuenta con un mayor número de grupos y de sub-estilos. Nacido a partir del hard rock cultivado en los años setenta, durante los ochenta evolucionó y vivió su período de esplendor. En plena fiebre grunge, el heavy metal que podríamos denominar tradicional o clásico comenzó a ceder protagonismo en favor de una serie de movimientos alternativos, a menudo fuera de los circuitos comerciales, que los especialistas en la materia han agrupado en cinco categorías: doom metal, thrash metal, death metal, black metal y power metal (aunque la clasificación metalera más «molona» es ésta). Nunca he sido muy metalero, sí muy hardrockero e, incluso, seguidor del heavy tradicional; sin embargo, estos sub-géneros que acabo de mencionar, al igual que el grunge, nunca han sido muy de mi agrado excepto algunos grupos etiquetados como power metal, más concretamente los orientados hacia el metal neoclásico y el metal sinfónico; en definitiva, aquellos que se caracterizan por los siguientes elementos distintivos:
1.- Ejecución musical muy veloz (speed metal) en la mayor parte de las canciones, pero con nitidez y sin distorsiones notables.
2.- Tono épico, tanto en las letras (fantasía, mitología, historias medievaloides, etc.) como en la ejecución musical, con veloces crescendos que posibilitan este efecto.
3.- Voces poderosas y normalmente en tonos agudos, los guturales no me van mucho.
4.- Virtuosismo y riqueza instrumental; al contrario de lo que opinan buena parte de los metaleros, para mí los teclados son importantes.
5.- Uso de elementos barrocos, neoclásicos y, en general, procedentes de la música culta y, también, del rock progresivo.
6.- Gran protagonismo de la melodía y de las construcciones melódicas con gancho y pegadizas.
Con todo, he de reconocer que me pierdo un poco en el maremágnum de grupos existentes; hay muchísimos y en prácticamente todo el Mundo, muchos de ellos en los países escandinavos, fuente inagotable de grupos metaleros. Uno de los que más me gusta es Stratovarius, banda finlandesa creada en 1984 con un nombre que no es otra cosa que la fusión de dos términos: uno procedente de la música clásica (Stradivarius) y otro del rock (Stratocaster), toda una declaración de intenciones. Su álbum tal vez más importante, para muchos una de las cumbres del power metal, es «Visions» (1997), donde destacan temas como «The Kiss of Judas» y, por supuesto, «Black Diamond», himno metalero sobre un amor imposible que comienza (y acaba) con un teclado en modo clavicordio, que ha terminado siendo una de las señas de identidad de este grupo.