The Pretenders. «Kid»

Si preguntáramos por The Pretenders a cualquier aficionado a la música pop medianamente informado, lo más probable es que nos contestase que ese es el grupo de Chrissie Hynde. Y, en efecto, así ha sido desde su creación en 1978 hasta la actualidad, pues creo que aún continúan en activo. Sin embargo, los dos primeros discos de esta banda –sobre todo el primero- fueron mucho más que Chrissie Hynde. The Pretenders acabaron inclinándose, como muchas formaciones ochenteras, por un rock melódico que se alimentaba de las buenas canciones de esta artista, líder absoluto de la banda; a pesar de todo, su álbum de debut (“Pretenders”, 1980) es uno de los mejores discos de New Wave que conozco, bastante rockero y con un sabroso aderezo punk, más evidente en la estética que en la propia música. Los responsables de este excelente trabajo fueron el bajista Pete Farndon, el batería Martin Chambers, el interesantísimo guitarrista James Honeyman-Scott -en gran medida el responsible de esos cambios de ritmo y esos riffs tan creativos y singulares- y, por supuesto, la norteamericana Chrissie Hynde, la vocalista y autora de todas las canciones. A finales de 1981, en pleno éxito musical de esta banda, la relación de Pete Farndon –ex novio de Hynde- con el resto de compañeros fue deteriorandose a causa de las drogas, lo que llevó a su expulsión del grupo en 1982. Mientras tanto, el guitarrista Honeyman-Scott había aprovechado las últimas giras para dedicarse a la misma peligrosa actividad que su compañero; murió el 16 de junio de 1982, apenas dos días después de la expulsión de Farndon, debido a un paro cardiaco ocasionado por una sobredosis de cocaína. Meses después, cuando trataban de recomponer la banda, fallecía Pete Farndon, ahogado en una bañera tras perder el conocimiento por una inyección de heroína. El siguiente disco (“Learning to Crawl”) lo sacaron en 1986 y, desde entonces, los cambios en la formación de The Pretenders han sido continuos. Volviendo a su primer trabajo (aquí podéis escuchar el disco entero), está lleno de buenas canciones: “Precius”, “Tattoed Love Boys”, “Stop your Sobbing”, “Brass in Pocket” y mi preferida: “Kid”, una hermosa balada que ha tenido alguna versión interesante, como ésta debida al dúo inglés Everything but the Girl publicada en su álbum “Love Not Money” (1985).

Stratovarius. «Black Diamond»

El heavy metal es uno de los estilos musicales preferidos por los aficionados al rock y el que tal vez cuenta con un mayor número de grupos y de sub-estilos. Nacido a partir del hard rock cultivado en los años setenta, durante los ochenta evolucionó y vivió su período de esplendor. En plena fiebre grunge, el heavy metal que podríamos denominar tradicional o clásico comenzó a ceder protagonismo en favor de una serie de movimientos alternativos, a menudo fuera de los circuitos comerciales, que los especialistas en la materia han agrupado en cinco categorías: doom metal, thrash metal, death metal, black metal y power metal (aunque la clasificación metalera más «molona» es ésta). Nunca he sido muy metalero, sí muy hardrockero e, incluso, seguidor del heavy tradicional; sin embargo, estos sub-géneros que acabo de mencionar, al igual que el grunge, nunca han sido muy de mi agrado excepto algunos grupos etiquetados como power metal, más concretamente los orientados hacia el metal neoclásico y el metal sinfónico; en definitiva, aquellos que se caracterizan por los siguientes elementos distintivos:
1.- Ejecución musical muy veloz (speed metal) en la mayor parte de las canciones, pero con nitidez y sin distorsiones notables.
2.- Tono épico, tanto en las letras (fantasía, mitología, historias medievaloides, etc.) como en la ejecución musical, con veloces crescendos que posibilitan este efecto.
3.- Voces poderosas y normalmente en tonos agudos, los guturales no me van mucho.
4.- Virtuosismo y riqueza instrumental; al contrario de lo que opinan buena parte de los metaleros, para mí los teclados son importantes.
5.- Uso de elementos barrocos, neoclásicos y, en general, procedentes de la música culta y, también, del rock progresivo.
6.- Gran protagonismo de la melodía y de las construcciones melódicas con gancho y pegadizas.
Con todo, he de reconocer que me pierdo un poco en el maremágnum de grupos existentes; hay muchísimos y en prácticamente todo el Mundo, muchos de ellos en los países escandinavos, fuente inagotable de grupos metaleros. Uno de los que más me gusta es Stratovarius, banda finlandesa creada en 1984 con un nombre que no es otra cosa que la fusión de dos términos: uno procedente de la música clásica (Stradivarius) y otro del rock (Stratocaster), toda una declaración de intenciones. Su álbum tal vez más importante, para muchos una de las cumbres del power metal, es «Visions» (1997), donde destacan temas como «The Kiss of Judas» y, por supuesto, «Black Diamond», himno metalero sobre un amor imposible que comienza (y acaba) con un teclado en modo clavicordio, que ha terminado siendo una de las señas de identidad de este grupo.

Kai Winking / Irma Thomas / The Rolling Stones. «Time is on My Side»

«Time is on My Side» fue uno de los primeros éxitos de los Rolling Stones, cuando aún no eran más que un excelente grupo especializado en versiones de soul y de R&B. Fue compuesta por Jerry Ragovoy (bajo el pseudónimo de Norman Meade), el mismo autor de la poderosa «Piece of My Heart«, ya escuchada en este blog; lo hizo por encargo de su colega Gary Sherman pensando en una pieza instrumental para orquesta y trombón, de tal manera que sonase a medio camino entre el jazz y el soul. Kai Winking, trombonista estadounidense de origen danés, fue el primero en grabarla (es el primer vídeo elegido para hoy), pero en última instancia los productores creyeron conveniente añadir una parte vocal que fue interpretada por tres artistas del sello Verve: Cissy Houston y las hermanas Dionne y Dee Dee Warwick; la letra de esta canción, ejecutada a modo de coros, se limitaba a las frases «Time is on my side» y «You’ll come runnin’ back». Poco tiempo después, a comienzos de 1964, fue grabada por la cantante de soul Irma Thomas, contemporánea de Etta James o Aretta Franklin aunque, inexplicablemente, menos conocida que ellas; dado que la letra era prácticamente inexistente, se recurrió al compositor Jimmy Norman y al arreglista H.B. Barnum para dar texto a la partitura e incrementar la intensidad del tema. El resultado lo podéis comprobar en el segundo vídeo, a mí me encanta. El resto de versiones negras que se hicieron después toman a la de Irma Thomas como eje de referencia, es el caso de las debidas a Wilson Pickett o, más recientemente, a Beverly Knight. Pero también lo fue para todas las de corte beat que aparecieron más tarde: The Moody Blues, Brian Poole & The Tremeloes, Paul Revere & The Raiders, Tony Ronald y sus Kroner’s (bien conocido en España por sus éxitos «Help» o «Dejaré la llave de mi puerta») y, por supuesto, la más exitosa de todas, la de los Rolling Stones; en palabras del compañero Adrián (Tu Crítica Musical) «un tema lento pero de una gran sensualidad», que comienza con una intro de órgano a cargo de Ian Stewart. Esta versión (la tercera destacada de hoy) apareció como sencillo en septiembre de 1964 y, después, fue incluida en los álbumes «12×5» (1964) y «The Rolling Stones No.2» (1965), aunque en este último caso se utilizó una nueva versión de la que desaparecieron los aportes vocales de Brian Jones y la intro de órgano, sustituida por la característica guitarra que casi siempre hemos escuchado. Aquí podéis oír esta adaptación, la que acabó triunfando y la que habitualmente se recoge en los recopilatorios de esta banda.

Noel Soto. «Noches de samba en Puerto España» / «Las Chavalas de mi Barrio» / «Deborah»

En uno de esos arrebatos nostálgicos que me dan de vez en cuando me he acordado de aquellas noches de buena música, y mejor compañía, en El Rincón del Arte Nuevo, como ellos mismos publicitan, «un conocido café cantante madrileño (…) que se ha convertido en un clásico de la música en directo de la capital; situado en la calle Segovia 17, cuenta con casi 35 años de arte en vivo bajo sus bóvedas». Noel Soto era uno de los artistas habituales en los años noventa, un cantautor nacido en la ciudad fronteriza de Nador (Marruecos) aunque hijo de padres españoles. Comenzó su carrera musical muy joven, haciendo versiones con la Orquesta Escorpiones y, en 1974, grabó su primer disco en solitario («3,3,5,7»), un trabajo melódico con elementos procedentes del country, del blues y del rock -yo diría que algo bastante inusual para los usos y costumbres musicales de aquella época- en el que se incluyó el primer tema de hoy: «Noches de Samba en Puerto España». Su segundo Lp se tituló «Alfa y Omega» (1975), un interesante y atrevido trabajo conceptual en la línea de «La Huerta Atómica» de Miguel Ríos, es decir, englobable en la categoría de rock progresivo. Tras la publicación de este álbum, Noel Soto abandona el rock sinfónico para centrarse en su faceta de cantautor, sin abandonar nunca su identidad country y rockera. El segundo tema que os propongo es «Las Chavalas de mi Barrio», donde se puede apreciar claramente su vertiente más rockera, con un estilo muy a lo Sabina; aquí tenéis una de sus actuaciones (un tanto accidentada) interpretando esta canción en el Rincón del Arte Nuevo. Otros títulos conocidos de Noel Soto son «Ahora que somos dos» (incluido en el mencionado «Alfa y Omega»), «Hello, Hello«, «Para estar a tu lado«, «El cielo de Madrid«, «El blues de la cerveza«, «Canciones tristes» (con el que presentó su candidatura para representar a España en el Festival de Eurovisión de 2010), «A más de mil kilómetros» o la tercera de hoy: «Deborah», una preciosa balada con una bonita letra y una guitarra que, al menos a mí, me recuerda un poco a la de Mark Knopfler. También ha colaborado con artistas de renombre, como Joaquín Sabina, con quien ha co-firmado, al menos que yo sepa, dos temas: «Al otro lado del Edén» y «Doña Pura«, que podéis escuchar, interpretados por Sabina, en sus enlaces respectivos. Aún debe continuar en activo, aunque hace algunos años años que le perdí la pista. Wikipedia menciona el proyecto «The Sixties Band», un grupo dedicado a versionar clásicos anglosajones de los sesenta, aunque desconozco el alcance que haya podido tener.

Crucis. «La triste visión del entierro propio»

Crucis fue una banda argentina de rock progresivo creada en 1974 por un grupo de amigos y compañeros del colegio: Daniel Oil (teclados), José Luis Fernández (bajo), Daniel Frenkel (batería) y Gustavo Montesano (guitarra y voz); antes de grabar ningún disco ya habían abandonado los tres primeros, siendo sustituidos por Pino Marrone (guitarra), Aníbal Kerpel (teclados) y Gonzalo Farrugia (batería), mientras que Gustavo Montesano acabaría asumiendo las labores de bajista. Con esta formación grabaron, con RCA, su primer disco en 1976 (“Crucis”) y, un año después, su segundo y último trabajo, “Los delirios del Mariscal”, para muchos su obra más madura, aunque yo prefiero la espontaneidad del primero. Las portadas de estos álbumes (al final de la entrada los podéís ver) fueron diseñados por Juan Oreste Gatti, un artista argentino bien conocido por su trabajo de diseño gráfico para las películas de Pedro Almodóvar, aunque también ha colaborado con otros cineastas, como John Malkovich, Fernando Trueba o Alex de la Iglesia y, por supuesto con grupos españoles de “La Movida” y con buena parte de las bandas juveniles de rock argentino anteriores a la Dictadura. Ésta es, precisamente, una de las razones que influyeron en la temprana disolución de la banda, allá por 1977-1978; Gustavo Montesano ha manifestado en alguna occasion que la Dictadura les obligó a escapar de su país, algunos se fueron a México, otros a Los Ángeles (California) y él mismo emigró a España para trabajar con el productor Jorge Álvarez. Lo que más llama la atención de Crucis es la calidad instrumental de sus componentes, la gran riqueza melódica de sus composiciones y su original propuesta, donde se pueden observar influencias de varios de los grupos británicos de rock progresivo más conocidos (ELP, Camel, Genesis, etc.) pero siempre con un marchamo propio, un sonido made in Crucis. Los temas instrumentales son soberbios aunque no puedo decir lo mismo de las partes cantadas, de hecho, tal vez sean el talon de aquiles de esta formación. Aquí podéis escuchar su primer disco, “Crucis”; siete canciones a cual mejor, que no os van a defraudar. Si antes preferís escuchar algún tema concreto, os propongo “La triste vision del entierro propio”, creo que apta para amantes del progresivo y, también, para los que no lo son tanto, donde se puede apreciar un gran trabajo de teclados y guitarra.

Crucis_1976_Crucis

Crucis-LosDeliriosDelMariscal