Tri Yann. “La Jument de Michao”

La nostalgia se comporta como un microorganismo oportunista, se apodera de nosotros cuando nos entregamos a prácticas de riesgo, como escuchar una cinta de casete por el viejo método de poner una cara y, después, darle la vuelta. Dada la dificultad de encontrar el disco en internet, fue lo más sencillo que se me ocurrió para escuchar el álbum “La Découverte ou l’ignorance” (1976), de la banda bretona de folk-rock celta Tri Yann. Conocí a esta formación en el año 1995, gracias a la canción “La jument de Michao”, que escuchábamos y bailábamos en una discoteca de Poitiers (Francia) durante mi estancia postdoctoral. La expresión bretona Tri Yann significa algo así como “los tres Juanes”, haciendo alusión a los tres Jean fundadores del grupo (Jean-Louis Jossic, Jean Chocun y Jean-Paul Corbineu), aunque inicialmente el nombre que tomaron fue el de Tri Yann an Naoned, es decir, “los tres Jean de Nantes”. Comenzaron su andadura en 1969, siguiendo la estela de pioneros de la música celta como Alan Stivell, y grabaron su primer álbum en 1972 (“Tri Yann and Naoned”), aunque el disco que les dio a conocer fue el cuarto, el ya mencionado “La Découverte ou l’ignorance”, al que incorporaron instrumentos eléctricos que ayudaron a fusionar el rock con los planteamientos folk-celta característicos de esta formación. Aún siguen en activo, de hecho, es una de las bandas más longevas de Francia y, tal vez, la más conocida en el ámbito de la música celta francesa, junto con Gwendal.

“La jument de Michao” es una canción popular bretona que forma parte de un tronco común habitualmente conocido con el nombre de “J’ai vu le loup, le renard, le lièvre”, una “canción tipo” perteneciente al repertorio tradicional francés, probablemente de origen medieval, que debido a su transmisión oral ha dado lugar a canciones diferentes en función del territorio en el que se ha difundido; por ejemplo, en Borgoña se llama igual, en la región occitana “Ai vist lo lop, lo rainard, la lèbre”, en Quebec (Canadá) “Le loup, le renard, le lièvre”, en la zona Cajún (Luisiana -Estados Unidos-) “le loup, le renard et la belette”, y en Bretaña “La jument de Michao”. Esta última versión fue recuperada en 1973 por la banda Kourien y, de manera definitiva, en 1976 por Tri Yann. La mayor parte de las versiones existentes parten de la adaptación realizada por Tri Yann; aquí os dejo dos en registros diferentes, la de Nolwenn Leroy y la de los alemanes Saltatio Mortis. Puede escucharse a Tri Yann a través de Spotify, aunque no el disco que hoy nos ocupa, al menos completo; en este enlace los podéis ver interpretando en directo “La jument de Michao”. Quiero dedicar esta entrada a los amigos que hice en Poitiers; a los que regresaron a sus países de origen, a los españoles (espero que no se os haya olvidado jugar al mus) y a los que se quedaron en Francia. Gracias, Sam, por regalarme este casete, por tus deliciosas crepes y por explicarme lo que significa ser bretón.

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Gene Clark y Carla Olson. «Gypsy Rider»

The Byrds es una de las bandas más importantes e influyentes que ha dado el pop y el rock, y bien podría decirse que son los creadores de estilos como el folk-rock o el country-rock; ya han aparecido por aquí, a propósito de los temas “You’re Still on my Mind” y “Mr. Tambourine Man”. Sus integrantes (Jim McGuinn, David Crosby, Chris Hillman, Gene Clark, Michael Clarke o Gram Parsons) también han desarrollado carreras en solitario muy relevantes, y han formado parte de grupos tan importantes para el country, el folk y el rock como The Flying Burrito Brothers, Manassas o Crosby Still & Nash. Gene Clark tal vez fue el menos afortunado; aunque fue el principal compositor en la primera etapa de The Byrds (1964-1966), tuvo que encajar que los productores le apartaran de las tareas vocales en las canciones más emblemáticas y, también, la incomprensión de sus propios compañeros. Abandonó The Byrds tras la publicación del tercer álbum de estudio de los californianos (“Fifth Dimension”, 1966), iniciando así una carrera en solitario con discos tal vez no muy conocidos pero de gran calidad, como el último que grabó en colaboración con la compositora, guitarrista y cantante Carla Olson.

So Rebellious a Lover” fue publicado en 1987, con la ayuda de músicos como Chris Hillman, Stephen McCarthy o Randy Fuller. No os voy a recomendar ningún tema en concreto, excepto el que encabeza este post, porque con la parte os estaríais perdiendo el todo; aquí lo tenéis por si os animáis. Como bien dice el compañero Addison de Witt, “un disco crepuscular, acústico, folk y country; un trabajo de camino y granero, de olor a heno y sabor de maíz y licor de zarzaparrilla; un cancionero en el que, en muchos momentos, manda la melancolía y el rumor de la tristeza”. Lamentablemente, el torturado organismo de Gene Clark no pudo aguantar mucho más; el alcohol, las drogas y su delicada salud (física y mental) acabaron con él cuando apenas tenía cuarenta y seis años, el 27 de mayo de 1991. Antes fue capaz de dejarnos un disco maravilloso, con canciones tan profundas como “Gypsy Rider”, la triste historia de un perdedor que jamás recuperará a su chica. Os dejo algunas versiones de esta canción, en concreto las de The Kennedys (a partir del minuto 14.25), Midnight Choir, Johan Asherton, Tex Perkin & The Band of Gold, Jason Haywood y George Elliot, así como una interpretación en directo a cargo de nuestros protagonistas de hoy, Gene Clark y Carla Olson.

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Dino Valenti / Jefferson Airplane / The Youngblooods. “Let’s Get Together”

Chet Powers (1937-1994), también conocido con el nombre artístico de Dino Valenti, fue un compositor y cantante estadounidense que, durante los años sesenta, trató de abrirse camino en el movimiento folk californiano, en aquellos años tan brillantes para la música. Formó parte de la banda de rock psicodélico Quicksilver Messenger Service, aunque tal vez sea más conocido por ser el compositor de “Let’s Get Together”, uno de los himnos pacifistas por excelencia, una canción sobre la paz, el amor, el hermanamiento universal y la comprensión e interiorización del miedo. La primera grabación fue la del grupo folk The Kingston Trio; lo hicieron en directo, y la incluyeron en su álbum en vivo “Back in Town” (1964). Coetáneas son las versiones de Hamilton Camp y David Crosby, ésta última grabada antes de incorporarse a The Byrds, que comienza con el característico riff del “Twist and Shout” de los Beatles. En 1965 se grabaron las de We Five y The Mitchell Trio y, en 1966, una de las más conocidas, la de la banda de folk-rock y rock psicodélico Jefferson Airplane, formación que ya ha tenido cabida en este blog cuando hablamos del tema “Somebody to Love”; los californianos la incluyeron en su primer álbum, el titulado “Jefferson Airplane Takes Off” (1966), desde entonces se convirtió en una de las canciones de referencia en aquella Norteamérica pacifista de hippies, psicodelia y amor libre.

Un año después de que saliera al mercado la versión de Jefferson Airplane lo hizo la de la banda The Youngbloods, otra de las interpretaciones más populares que ha tenido esta canción; probablemente fue el éxito más importante que tuvo este grupo neoyorkino creado en 1965, sobre todo a raíz de que fuera utilizada por el National Council of Christians and Jews para su publicidad televisiva y radiofónica. Aunque se han seguido haciendo versiones de “Let’s Get Together”, también conocida como “Get Together”, tiene una huella tan sesentera que hoy he preferido mencionar sólo las grabaciones que se realizaron en aquella década; además de las ya citadas, también me gustaría recordar las llevadas a cabo por otros artistas, como H.P. Lovecraft, Linda Rondstad, The Sunshine Company, Carpenters, The Brothers Four o The Association. Los que seáis cinéfilos tal vez recordaréis esta canción en películas como “Forrest Gump”, “La Luna en directo”, “Miedo y asco en Las Vegas” o “Dewey Cox: una vida larga y dura”.

Leonard Cohen / John Cale / Jeff Buckley. “Hallelujah”

Entre el sexto y el séptimo álbum de estudio de Leonard Cohen pasaron cinco años. “Various Positions” se publicó en 1984, en una época de incertidumbre en cuanto al estilo del canadiense, sobre todo por parte de la discográfica Columbia, que no sabía muy bien cómo encajar a este autor en plena eclosión del pop y la new wave. Este Lp tiene dos de las canciones más conocidas de Cohen: “Dance me to the End of Love”, de la que nos ocupamos en una entrada anterior, y “Hallelujah”, protagonista de ésta. El proceso creativo de este clásico fue difícil, incluso angustioso para Leonard Cohen, que tardó varios años en componerlo; llegó a escribir hasta ochenta versos, la mayor parte de ellos finalmente desechados:

“Me encontraba en la habitación de mi hotel en Nueva York, en ropa interior, y golpeaba mi cabeza en el piso diciendo: ¡No puedo terminar esta canción!” (Leonard Cohen, consultado en El Trastero de Palacio).

Es difícil precisar lo que Cohen nos quiere transmitir en este poema musicalizado: amor, dolor, amargura y la propia existencia del hombre vista a través de la tradición judeocristiana y su simbología; a Cohen le preocupaba que “Hallelujah” se convirtiera en un himno cristiano, de ahí su esfuerzo para que esta gran metáfora pareciera algo así como una versión secular de la Biblia. A pesar de todo, algunas de las adaptaciones que se hicieron después cambiaron parcialmente la letra con el fin de descargar la canción de trascendencia metafísica o, simplemente, para adecuarla como himno religioso. La primera versión que se hizo fue la de John Cale, antiguo integrante de la mítica banda The Velvet Underground; lo hizo para un álbum homenaje a Leonard Cohen (“I’m Your Fan”, 1991), realizado para la revista francesa Les Inrockptibles; en total fueron dieciocho canciones, interpretadas por artistas como Pixies, Lloyd Cole, Nick Cave o el mencionado John Cale, precisamente el encargado de cerrar el álbum con “Hallelujah”. Esta interpretación es la que utilizó Jeff Buckley como punto de partida, él transformó la canción, la hizo más íntima y más melancólica; es una versión bellísima, diferente del original y, a la vez, respetuosa con él, que a menudo se pone de ejemplo de lo que debe ser una buena versión. Desde los primeros acordes de guitarra ya sabes que estás ante algo grande, cuando empieza a cantar Jeff la emoción no te abandona hasta el final de la canción. Su “Hallelujah” fue publicada en el único álbum de estudio que grabó: “Grace” (1994), un excelente trabajo que acabó convirtiéndose en disco de culto tras su temprana muerte, a los treinta años, apenas tres después de que “Grace” viera la luz. Debe haber más de trescientas versiones, sin embargo hoy no quiero restar protagonismo a las tres primeras, ni tampoco quiero dar pie a posibles comparaciones que, desde mi punto de vista, sólo pueden conducir a un mismo ganador.

¡Feliz Navidad! para todos, para los que sois creyentes, para los que no lo sois y para los que queréis creer y no podéis. Nos vemos el próximo martes con la última entrada del año. Besos y abrazos.

Barry McGuire / The Turtles / The Pretty Things. “Eve of Destruction”

En 1965 había quien pensaba que el Mundo estaba llegando a su fin. La Guerra del Vietnam se recrudecía, dejando a su paso destrucción, desolación y muerte; el segregacionismo aún se practicaba en algunas zonas de los Estados Unidos, incluso fue asesinado Malcolm X, uno de los históricos defensores de los derechos de los afroamericanos; el presidente John Fitzgerald Kennedy también había sido asesinado un par de años antes y, con él, muchas de las esperanzas que tenía un amplio sector de la ciudadanía estadounidense con este carismático político; el conflicto árabe-israelí ya empezaba a evidenciarse, apenas un par de años después, en 1967, eclosionaría en la Guerra de los Seis Días; la Guerra Fría entre Estados Unidos y la U.R.S.S. estaba en su pleno apogeo, con la crisis de los misiles cubanos aún en la memoria de todos; y, por si esto fuera poco, la amenaza de una posible guerra atómica se vio incrementada con la primera prueba de arma nuclear detonada por China, el 16-X-1964. Ante este panorama, un joven de apenas diecinueve años llamado P.F. Sloan decidió escribir una canción llena de rabia, energía y frustración para denunciar el mundo que le rodeaba, un relato áspero y pesimista de lo que él consideraba que era la “Víspera de la Destrucción”.

Eve of Destruction” es una de las grandes canciones protesta de todos los tiempos, de las más explícitas e incisivas que ha dado la música popular, con frases tan demoledoras como: “Tener la edad suficiente para matar, pero no para votar”; “Si el botón es presionado no hay escapatoria, no habrá nadie a quien salvar”; “Odia a tu vecino de al lado, pero no olvides decir gracias”, denunciando también la hipocresía de la sociedad con la que le tocó vivir; o “Puedes irte de aquí, durante cuatro días al espacio, pero cuando regreses será el mismo viejo lugar”, una alusión directa a la carrera espacial como cortina de humo para ocultar los verdaderos problemas de la gente. La canción fue ofrecida a The Byrds, aunque quien finalmente la grabó fue el cantautor estadounidense Barry McGuire; preparó una demo que se filtró en la radio, dado el éxito que tuvo decidieron registrar esta grabación provisional, que finalmente fue la que se comercializó. Algunos medios prohibieron la canción y otros la atacaron duramente, por considerar que se alineaba con el enemigo en la Guerra del Vietnam, incluso la pusieron como ejemplo de todo lo malo que acompañaba a la juventud. Al poco de publicarse el original de McGuire, se comercializaron otras versiones, como la del autor (P.F. Sloan), la de Jan & Dean o la de The Turtles, una de las más conocidas, la segunda destacada de esta entrada. Durante los setenta aparecieron más versiones como, por ejemplo, las de The Raiders o The Dickies y, en los ochenta, podemos destacar las de Johnny Thunders, Forgotten Rebels, Hot Tuna o The Pretty Things, nuestro tercer vídeo de hoy. Como puede comprobarse, no son pocas las bandas de punk que han hecho suya esta melodía, algo que ha seguido produciéndose después de los ochenta (ZSK o D.O.A.), aunque también ha sido interpretada desde el rap (Public Enemy), desde otros estilos (Will Hoppey, Billy Idol, etc.) o en otros idiomas (Claude François, Adriano Celentano, etc.)

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