Chris Rea es uno de esos guitarristas que, a pesar de su calidad y buen trabajo sobre las seis cuerdas a lo largo de sus cuarenta años de carrera, parece como si hubiera pasado de puntillas. De hecho, se le recuerda más como cantante de voz grave y profunda, y por determinadas composiciones aparentemente comerciales -como la que hoy traemos-, englobables en la categoría de rock melódico apto para todos los paladares, eso que se ha venido en llamarse AOR. Sin embargo, Chris Rea es mucho más que el producto musical que las discográficas han querido fabricar; es un prolífico compositor, de hecho él mismo ha reconocido que, a menudo, entraba en fases cercanas al autismo, donde componía casi de manera obsesiva; y, sobre todo, es un excelente guitarrista y multiinstrumentista, dominador de la técnica slide, que le permite dotar a su guitarra de una amplia gama de sonidos y texturas, hay quien ha querido ver en esta técnica un cruce entre la gaita irlandesa y el violín. En ocasiones me recuerda a Mark Knopler, otras veces a Ry Cooder o a J.J. Cale y, cuando se pone más blusero, a Eric Clapton. Grabó su primer álbum en 1974 y, desde entonces, no ha parado de trabajar; en los años noventa fue sometido a una serie de operaciones motivadas por un cáncer muy agresivo, aún así ha seguido componiendo, alejándose de los sonidos que le hicieron famoso y acercándose cada vez más a su querido blues y a otra de sus pasiones – junto con los coches de carreras-, la pintura. «On the Beach» (1986) es su octavo álbum de estudio, un disco de AOR muy elegante y relajante, en el que el jazz fusión, o smooth jazz, está también muy presente; algunos han querido ver en este trabajo un antecedente de lo que luego habría de conocerse como «chill out», movimiento con mucha aceptación en las Baleares. La romántica y evocadora canción que da nombre a este disco está inspirada en la isla de Formentera. Según ha manifestado Chris Rea, «es una canción que habla de no estar en la playa y de desear estarlo», exactamente la misma sensación que tengo después de muchos meses sin disfrutar del mar. La Guitarra de las Musas y yo nos tomamos unas vacaciones; nos vemos en septiembre con nuevas historias y temas sin fecha de caducidad, y con las «Cinco Canciones de tu Vida», esa nostálgica sección que espero siga hermanándonos y fomentando los recuerdos. Besos y abrazos para todos.
Categoría: Rock
Dale Hawkins / The Rolling Stones / Creedence Clearwater Revival. «Susie Q»
El primer éxito de la banda Creedence Clearwater Revival fue una versión del tema «Susie Q», compuesto por el cantante y guitarrista de Lousiana Dale Hawkins -aunque por imperativos discográficos también aparecen dos autores más-. Hawkins fue el primero en grabarla, en 1957, con un cierto aire de rockabilly-R&B pausado que también puede apreciarse en algunas de las versiones que se hicieron después, como las de Gene Vincent, Johnny Rivers, Loonie Mack, Jimmy and the Rackets, The Everly Brothers, Flash Cadillac & the Continental Kids, Sleepy La Beef o la de los Rolling Stones (segundo de los vídeos recomendados de hoy) que, con una duración inferior a los dos minutos, fue incluida en su álbum «The Rolling Stones No. 2» (1965), el segundo disco de los británicos, un interesante trabajo con varias versiones de temas clásicos. Hay otras buenas adaptaciones -como la de Quicksilver Messenger Service-, algunas singulares -véase la de Bobby Mc Ferrin– y otras más modernas (Open Road o Ron Evans Trio, por ejemplo), sin embargo la tercera destacada de hoy sólo podía ser la de la Creedence, grabada como single en 1967 e incluida en su primer álbum de estudio, llamado igual que la banda. Según señalan algunas fuentes, la intención inicial fue darse a conocer en la radio KMPX, de San Francisco, especializada en música psicodélica, progresiva y, en general, de formato libre, donde se respetaba la duración original de las canciones; de este modo, se animaron a recuperar una recreación de «Susie Q» que, al parecer, ya tocaban en directo antes de constituir el grupo, cuando se llamaban The Golliwogs; el tema duraba casi nueve minutos, por lo que hubo que partirlo para poder incluir una parte en cada cara del single. Pero, ¿quién fue Susie Q?; al principio se pensó en Suzi Quatro quien, por cierto, tiene su propia versión de esta canción, sin embargo parece difícil que una niña de siete años (Suzi nació en 1950) pudiera inspirar a Dale Hawkins. Tal y como se argumenta en el blog En Clave de Recuerdo, Suzie Q. es probable que fuera Susie-Jean Quealy, una bailarina rubia de ojos claros que puedo dar nombre a un conocido paso de baile popular (creo que es éste) al que se hace alusión en una canción, «Doin’ the Suzi Q«, interpretada en los años treinta por Lil Hardin Armstrong, cantante, pianista y compositora de jazz que, además, fue la segunda mujer de Louis Armstrong.
Fairport Convention. «Fotheringay»
El 9 de septiembre de 1543 María Estuardo, hija del rey Jacobo V de Escocía y de María de Guisa, era coronada reina de Escocia con apenas nueve meses de edad. Vistieron a la niña con pesados trajes, con una capa de terciopelo sujeta a su pequeño cuello, largas mangas y todo tipo de joyas prendidas del ropaje; apenas podía moverse, sin duda un adelanto, a modo de perversa profecía, de lo que iba a ser su desdichada vida. Con dieciséis años ya estaba casada con el futuro rey de Francia, Francisco II, aunque tras su muerte -dos años después del enlace matrimonial- volvería a casarse varias veces, matrimonios a cual más desafortunado; intentaron hacerla abortar, fue raptada y probablemente violada por quien después sería su marido, abortó de gemelos estando encarcelada y la obligaron a abdicar del trono escocés en favor de su hijo Jacobo, de un año de edad. El 19 de mayo de 1568 fue capturada por la reina Isabel I de Inglaterra, acusada de haber asesinado a su segundo marido, Lord Darnbley; sin embargo, los motivos de Isabel eran otros, en realidad trataba de neutralizarla, de malograr cualquier oportunidad que aún pudiera tener de acceder al trono de Inglaterra. Estuvo encarcelada más de dieciocho años hasta que, el 8 de febrero de 1587, fue decapitada en el castillo de Fotheringay; quiso vestir de rojo, como una mártir católica. Tenía cuarenta y cinco años.
«Fotheringay» es, precisamente, el título de la canción de hoy, un tema compuesto por Sandy Denny, cantante, teclista y guitarrista de la banda Fairport Convention. Esta formación británica, pionera en el uso de instrumentos eléctricos en el folk, grabó su primer álbum en 1967 -titulado igual que el grupo- y el segundo un año después, fue el primero de Sandy Denny y lo titularon «What we did on your holidays«; en él se incluían temas compuestos por ellos -como «Fotheringay»-, adaptaciones de canciones tradicionales y versiones de músicos como Joni Mitchell o Bob Dylan. Ese año de 1969 llegaron a publicar tres álbumes, a cual más bueno: el que hoy nos ocupa, «Unhalbricking» -del que os hablaré en otra ocasión- y «Liege & Lief». Después, Sandy Denny abandonaría el barco para iniciar nuevos proyectos, como la efímera banda Fotheringay, llamada así en honor a la canción; incluso llegó a colaborar con Led Zeppelin dando voz, junto con Robert Plant, al tema «The Battle of Evermore«. «Fotheringay» reflexiona sobre los sentimientos de quien ha estado privado de libertad durante tanto tiempo y sobre su inminente desenlace. Es un tema bellísimo, de una gran sensibilidad, con momentos de guitarra mágicos y, cómo no, excepcionalmente cantado.
Eloy. «Poseidon’s Creation»
Todos los amantes del rock progresivo sabemos que este estilo tuvo su período de esplendor durante los años setenta, y que buena parte de los grupos que más hicieron por impulsar el género eran británicos; sin embargo, durante aquellos años, también se hizo muy buen rock sinfónico en lugares como Italia, España o Alemania. En este último país se cultivo un sub-género conocido como klautrock, kraut rock o kosmische musik, caracterizado por el uso de nuevas tecnologías, sonidos atmosféricos, improvisaciones en las que se mezclaban sonidos procedentes del jazz, la música étnica o el rock con elementos electrónicos ejecutados con sintetizadores y otros instrumentos más o menos complejos. Entre los grupos alemanes que destacaron dentro de aquel movimiento contracultural de reafirmación alemana, podríamos destacar a Tangerine Dream, Can, Kraftwerk, Embryo o Eloy, tal vez el menos klautrock de estas bandas alemanas. Digo esto porque, aunque es evidente que participan de algunas de las señas de identidad características de este estilo, también están muy influenciados por formaciones clásicas como King Crimson y, sobre todo, Pink Floyd; no en vano, son conocidos como los Pink Floyd alemanes. Fundada en 1969 por el guitarrista Frank Bornemann, esta banda toma su nombre de los «eloi», aquellos seres hedonistas y débiles que aparecen en la novela «La Máquina del Tiempo», de H.G. Wells. Publicaron su primer álbum en 1971 («Eloy»), aunque no empiezan a desarrollar su estilo hasta el siguiente («Inside», 1973); después vendrían «Floating» (1974), «Power and the Passion» (1975), «Dawn» (1976) y el álbum que contiene el tema que hoy presentamos: «Ocean» (1977), tal vez el mejor disco de estos alemanes que, con alguna interrupción, han continuado en activo hasta nuestros días, aunque con desigual fortuna en cuanto a la calidad de sus trabajos se refiere. Algunos de los detractores del rock progresivo suelen recurrir a este disco cuando intentan ridiculizar el género, sin embargo para mí es uno de los álbumes fundamentales del rock progresivo. «Ocean» es un álbum conceptual sobre el mito de la Atlántida, probablemente como recurso metafórico para referirse al carácter autodestructivo de la sociedad que les tocó vivir. Como suele pasar con estos álbumes importantes del progresivo, os animo a que lo escuchéis entero (aquí lo podéis hacer); si no os apetece o no tenéis tiempo, os recomiendo el primero de los cuatro cortes que conforman el disco: «Poseidon’s Creation»; si nunca lo habéis escuchado, os va a sorprender su sonido pinkfloniano, en ocasiones parecido a «Shine on you Crazy Diamond».
Mezquita. «Recuerdos de mi Tierra»
«Recuerdos de mi Tierra» es uno de los mejores discos de rock progresivo que se han hecho en España. Pertenece a los cordobeses Mezquita, banda que tiene su origen a finales de 1969, cuando José Rafa García (guitarra, voz), Randy López (bajo, voz), Rafael Zorrilla «El Pelucas» (batería) y Paco «Roscka» López (teclados), éste último incorporado algo después, crearon un grupo de rock llamado Expresión. Ensayaban en el céntrico barrio de Los Patios de San Francisco de su ciudad natal, aunque durante un período vivieron en Madrid; fue entonces cuando los descubrió el Mariscal Romero, quien incluso les llegaría a grabar una maqueta con Eurosonic. Ya de nuevo en Córdoba, y con el servicio militar cumplido, deciden modificar el nombre del grupo por el de Mezquita y añaden nuevos sonidos, arábigo-andaluces, al hard rock progresivo que ya venían practicando. Tras estos cambios fichan por Chapa Discos para grabar «Recuerdos de mi Tierra«, un álbum muy cuidado, con portada de Máximo Moreno, habitual en los trabajos de Triana, y arreglos de José Juan Almela, músico del departamento artístico de Zafiro. Publicaron un segundo álbum en 1981, titulado «Califas del rock», también muy interesante aunque, en mi opinión, no tanto como el primero, tal vez porque trataron de ajustarse (o ajustarlos) a lo que tenía tirón en aquella época: Barón Rojo y Obús; de hecho, mientras que su primer trabajo recuerda a Triana y a Medina Azahara, el segundo se acerca más a la propuesta de estos últimos. Tras este disco se separaron; en palabras de Randy López, «preparamos un tercer disco que nunca llegó a grabarse por el poco interés de la discográfica en invertir en rock, ya que fue en aquella época cuando llegaron los modernos a Madrid y se cargaron todo lo que con mucho trabajo habíamos conseguido los rockeros» (Salvador Domínguez. Los Hijos del Rock. Los Grupos Hispanos 1975-1989. Madrid: SGAE, 2004; pág. 437). Aunque «Recuerdos de mi Tierra» merece una escucha en su totalidad, os recomiendo el corte que da nombre al disco, una pieza fabulosa, llena de cambios, como si en siete minutos y medio hubieran querido resumir una suite progresiva de veintitantos minutos; a destacar toda la instrumentación y la evocadora parte cantada, que comienza hacia el minuto cinco.